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El tatuaje, modificación como texto y encarnación corporal

Capítulo 2. Prácticas corporales e identidades en los jóvenes

2.4. Prácticas, modificaciones y transformaciones corporales en el

2.4.5. El tatuaje, modificación como texto y encarnación corporal

que no sea extraordinaria, estos elementos configuran la identidad, pero no son peculiarmente exteriorizados en situaciones cotidianas.

Al mismo tiempo, las marcas del cuerpo definen una afiliación con la piel, un sentir individual pero también colectivo y que, en tiempos tradicionales, se acompañaba como rito de iniciación para ser parte de la comunidad y, en ese sentido, asumir responsabilidades demandadas por el grupo.

Son muchos los ritos de iniciación que podrían fortalecer una propuesta más específica sobre la teoría del cuerpo inmersa en esta práctica y modificación o modificaciones corporales 29 . Por ello, es importante repensar esa relación de nuestro cuerpo con los cuerpos, en relación con este tipo de modificación corporal y esto requiere de un análisis hermenéutico, permitiendo así, ser visto desde campos que materialicen simbologías, marcas o, como lo menciona Planella (2013) en su presentación del libro Corpografías: exploraciones sobre el en la educación, como “un cuerpo cultural que puede presentar una gran variedad de estados y de ahí su posible mirada poliédrica que nos debe permitir traspasar lo cárnico, para adentrarnos así, en lo corpóreo” (p. 03).

En ese sentido, Le Breton (2002) expresa que “la escritura del cuerpo es también memoria de la piel, narra los momentos señalados en la vida del individuo: sus hazañas” (p. 10). Lo que concentra en el joven metalero de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, una historia y memoria grafiada en la piel, ya sea por gusto de una banda en específico, un tipo de creencia e ideología, dioses paganos, historias nórdicas, calaveras que convocan la muerte, hasta un homenaje y recuerdo de un ser querido o algún artista que idolatran o idolatraban.

La escritura en el cuerpo tiene diversas significaciones que encarnan una experiencia, un sentimiento vivido para convertirlo en historia y memoria, en poder de discurso. No obstante, así como el tatuaje relata

29 Signes d’identité. Tatouages, piercings et autres marques corporelles.

David Le Breton, 2002 Traducción: Raoul Albé. Editor digital: Titivillus.

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muchas veces una historia, también hace parte de una moda donde la estética y la belleza de grafiar la piel, de inscribir sobre ella, solo es una pretensión de consumo mediatizado por influencias globalizadas.

Lo que hace cuatro a cinco siglos suscitaba la marca en el cuerpo como “salvajismo” o “censura” por las sociedades occidentales al llegar a América del Sur, hoy es una adopción inmediata para interiorizar y exteriorizar una (re)construcción corporal que demanda ser vista por el contexto en el que se está inmerso. Lo anterior es referido ya que en la actualidad el tatuaje es cada vez más aceptado por la sociedad y ha llegado a todas las esferas de las clases sociales.

Si antes, el tatuarse tenía una consideración de resistencia sobre un enorme sistema de represión, hoy es un tema alternativo y mayoritario, que en palabras de Heath y Potter (2004) “Cada vez que el sistema

“asimila” un símbolo de rebeldía, los muchachos de la contracultura se ven obligados a avanzar un paso más para establecer esa pureza de su credo alternativo que les permite diferenciarse de las odiadas masas” (p.

173-174).

La inscripción corporal se confronta a un estado de cosas de manera exagerada, la marcación extrema para diferenciarse de aquellos que lo hacen por moda. Esto lo podemos observar con las pandillas o la Mara Salva Trucha o la Mara-18, sus modificaciones corporales son símbolo de identificación, status y pertenencia a un grupo, es esa escritura en la piel que nunca se irá. No obstante, ¿por qué tatuarse? Algunas investigaciones mencionan que los sujetos plasman en su piel un tatuaje con el fin de ser y sentirse diferente o singular, creando un sentimiento de propiedad hacía el cuerpo que provee beneficios en términos de identidad y socialización (Manca, 2011; Sastre, 2011; Soto & Morett, 2004).

Aunque, lo que no se deja en claro, es si se hace por satisfacción consigo mismo o solo es una estrategia para adaptarse a un entorno. Esto se menciona, en relación con los jóvenes que escuchan y viven el metal extremo en la ciudad. En la práctica, el tatuaje puede que sea por un

vínculo directo con el sentir de la música o por ser parte de un grupo y así formar un tipo de identificación.

Así, Citro (2006) expone en un artículo denominado: “Variaciones sobre el cuerpo. Nietzsche, Merleau-Ponty y los cuerpos de la etnografía”, que: “el cuerpo inevitablemente es atravesado por los significantes culturales y él mismo se constituye en un particular productor de significantes en la vida social” (p. 01).

De ahí que emerja una necesidad de ser reconocido o que la hagan exclusiva frente a la sociedad (Sastre, 2011). Aunque esta práctica corporal sigue forjando cierta rudeza, masculinidad, virilidad, actualmente hay una gran concentración de población que encarna esta práctica como suya, ya sea como estética corporal, moda o como consciencia corporal. Pero es claro que en el metal, tanto en la mujer como en el hombre, esta práctica corporal es un símbolo de fuerza y rudeza.

Por ello, grabar una imagen, símbolo o sentir en la piel, en el cuerpo, trae consigo significaciones, manifestaciones de control y poder sobre el propio cuerpo. No hay que negar la posibilidad de que ciertas esferas dominantes aún estigmaticen y cataloguen a sus practicantes en indeseables o desviados del canon estético-normal. No obstante, algunos espacios institucionales ante todo gubernamentales han sido más condescendientes con las modificaciones y transformaciones corporales, primero, porque hay muchas más personas que encarnan este tipo de modificaciones y, segundo, en los discursos de algunos de los jóvenes metaleros que se entrevistaron y que más adelante serán palabra de estas vivencias corporeizadas.

Aun así es necesario dejar claro que otras instituciones no dejan de ser homogeneizantes, y regularizan el cuerpo cuando se encarna éste y otro tipo de prácticas corporales que visualmente son ajenas a su pensamiento tradicional y de poder. Lo que recae en una vigilancia y control de los cuerpos, más allá del pensamiento del ser, de quien encarna otra forma de ver y sentir su cuerpo, su mundo. La finalidad de estas

instituciones jerárquicas es que la presentación física no irrumpa con sus preceptos y en ese tiempo-espacio sea un cuerpo de propiedad y diferencia.

Se declara también que una persona sufrirá mayor estigmatización cuando su marca corpórea sea visible (Varas, Serrano, & Toro, 2004). Entre más visible, hay una negación vista por el otro, que se manifiesta en actitudes y acciones dominantes proyectadas por estructuras de poder que pueden ir desde lo cultural, social, político, hasta lo religioso. Lo anterior, se podrá evidenciar más adelante con el análisis de la información, a partir de los discursos de los jóvenes metaleros que encarnan esta práctica y la hacen cuerpo, memoria e historia.

CAPÍTULO 3. DISEÑO METODOLÓGICO DE LA