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El turismo y la conservación del patrimonio cultural

CAPÍTULO II. MARCO TEÓRICO CONCEPTUAL Y METODOLÓGICO

2.2. Turismo y Globalización

2.2.3. El turismo y la conservación del patrimonio cultural

41 obtención de ingresos y servicios sociales para las comunidades anfitrionas, y que contribuyan a la reducción de la pobreza.

El desarrollo sostenible del turismo exige la participación informada de todos los agentes relevantes, así como un liderazgo político firme para lograr una colaboración amplia y establecer un consenso. El logro de un turismo sostenible es un proceso continuo y requiere de un seguimiento constante de los impactos para introducir las medidas preventivas o correctivas que resulten necesarias. El turismo sostenible debe reportar también un alto grado de satisfacción a los turistas y representar para ellos una experiencia significativa, que los haga más conscientes de los problemas de la sostenibilidad y fomente en ellos unas prácticas turísticas sostenibles (OMT, 2004).

42 parte, el derecho al disfrute de este patrimonio es un estandarte de dichas instituciones que establecen políticas patrimoniales derivadas de estatutos internacionales, como “La declaratoria de Patrimonio de la Humanidad”, de la UNESCO, o la PNUD y el Banco Mundial, que a partir de los años setenta otorgan financiamiento para la conservación del patrimonio, la producción y venta de artesanías (Ibíd, 2008).

Ante la amenaza de destrucción del patrimonio cultural y natural, la UNESCO adoptó y aprobó en 1972 la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural, con el propósito de impulsar un sistema colectivo de salvaguarda al considerar que ciertos bienes del patrimonio cultural y natural presentan un interés excepcional que exige se conserven como elementos del patrimonio mundial de la humanidad entera (UNESCO, 2010).

México al igual que otros países, han vislumbrado el interés por potenciar el turismo a través del patrimonio cultural, como si fuese una materia prima que genere productos turísticos para diversificar la oferta turística. La diversificación de productos turísticos culturales genera efectos positivos y negativos; por un lado los beneficios económicos recibidos por los organismos internacionales para la conservación del patrimonio, las cuotas de entrada a los sitios, la venta de artículos representativos del lugar, el uso de guías turísticos, la venta de alimentos, etc. Sin embargo, la capacidad de carga excedida en los sitios con declaratoria, el deterioro que sufre el bien patrimonial con la presencia de los visitantes o la banalización del mismo, son los impactos a considerar para la protección del sitio (Ramos, 2011).

González (2005), advierte que el peligro del deterioro patrimonial siempre estará presente con o sin visitantes, y que el papel del turismo es fomentar la cultura de la conservación y debido uso de los bienes a través de las campañas de promoción y comercialización de los productos turísticos. No obstante a ello, el cuidado del patrimonio corresponde a todos, “los unos y los otros”, los encargados de la custodia del patrimonio, los que lo visitan, los que lo promueven y los que lo poseen, es decir: organismos públicos y privados,

43 relacionados con el patrimonio cultural, los visitantes, gestores de cultura, comunidad receptora y dependencias de turismo.

Por su parte, Arroyo señala que la gestión del patrimonio cultural tangible e intangible tiene una connotación de participación colectiva, donde los intereses de todos converjan en un común denominador de preservación, divulgación y disfrute del legado cultural. Aprovechar el patrimonio cultural como un elemento de motivación o atracción del turismo conlleva la responsabilidad de conservarlo a través de políticas culturales, de rentabilidad social y medio ambiental que garanticen la sostenibilidad de los sitios patrimoniales (Arroyo, 2003).

En este sentido, el patrimonio constituye una prioridad comunitaria, que cobra un verdadero sentido al ser asumido por la misma comunidad. Su gestión ha de redundar necesariamente en el progreso general de la sociedad, al convertirse en instrumento fundamental para la redistribución social de la riqueza y para el equilibrio territorial. En consecuencia, la correcta difusión de los bienes culturales que posee la comunidad, las posibilidades de uso y disfrute, constituye una responsabilidad pública, así lo manifiesta Ruiz Ortega (2005:115).

En la Ley de Turismo Art. 25, se determina que la Secretaría promoverá la Concertación Social con los prestadores de servicios turísticos para elevar la cantidad y calidad de servicios turísticos. Así mismo, el Art. 3, (Frac. V, a), cita la responsabilidad que tiene las universidades de educar, investigar y difundir la cultura.

Como ejemplo se citan los paseos culturales que organiza y vende El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), son visitas guiadas por especialistas cuya finalidad es difundir el patrimonio cultural para conocer todos aquellos sitios de interés arqueológico, etnológico, antropológico, histórico, artístico y geográfico, contribuyendo al fortalecimiento de nuestras raíces culturales. También El Camino Real de Tierra Adentro es un programa regional de cooperación cultural, académica y técnica entre, instituciones mexicanas y

44 Estados Unidos, con propósitos de desarrollar proyectos binacionales de investigación y conservación del patrimonio cultural, su difusión y la posibilidad de favorecer la creación de circuitos turísticos entre los dos países. Entre sus primeras acciones se encuentra el rescate Arqueológico El Carrizal en Chihuahua y el Paraje de San Diego en las Cruces, Nuevo México.

Acerca de la protección legal en México del patrimonio cultural popular tangible e intangible, La Constitución Política mexicana reconoce la diversidad cultural del país (Art. 4), que establece una diversidad cultural sustentada originalmente por los pueblos indígenas así como la protección y promoción de su desarrollo.

Según G. López (2002:38), los retos de esta época aconsejan encontrar una plataforma común, una sinergia entre turismo y cultura, que responda a los intereses del desarrollo de ambas ramas.