11. CATÁLOGO DE LAS ESCULTURAS
11.3. Elche de la Sierra (Los Villares)
14-EL. ESTELA FUNERARIA CON BUSTO DEL DIFUNTO EN RELIEVE Lám. 21 Museo Provincial - Albacete.
N.° de inventario: 8.651.
Hallada casualmente, en la primavera de 1983, en la zona suroriental del paraje denominado «Castiflico de Villares», situado a unos 800 m. de la aldea de Los Villares, a unos 2 Km. del Municipio de Elche de la Sierra' 80 , en el lugar donde se ubica una antigua necrópolis hispanorromana. Fue trasladada a un almacén de materiales de construcción, propiedad de A. Merenciano López, en el citado municipio, donde fue recogida por R. Sanz Gamo que la trasladó al Museo de Albacete. Junto a la estela se encontraron restos cerámicos, numismáticos y gran cantidad de tumbas saqueadas lo que llevó a pensar a Francisco Martín que en el paraje se emplazaba una antigua necrópolis iberorromana. No hay indi- cios en el lugar de otros tipos de estructuras o construcciones.
Alt. (del fragmento conservado): 0'612 m.; Anch.: 0'444 m.; Gr. del lateral iz- quierdo: 0'261 m.; del lateral derecho: 0'155 m.
Arenisca (salagón), de gran dureza, procedente de una cantera próxima al lu- gar de hallazgo 181.
J. FRANCISCO Zephyrus, 37-38, 1984-85, pp. 339-340, n.° 2, fotos 3-4;J. M.
ABASCAL 1990, pp. 72-73, n.° 41, lám. XX y fig. 11 g; J. M. NOGUERA Al - Basit, 31, 1992, pp. 21-22, n. ° 1, lám. 1, y pp. 25-43.
Estela funeraria de la que ha desaparecido el remate y el ángulo inferior derecho y sólo se conserva la mitad media e inferior. En las aristas y, en gene- ral, en toda la superficie tiene múltiples roturas y desconchados, así como
110J• Francisco Zephyrus, 37-38, 1984-1985, p. 339;J. M. Abascal 1990, p. 71.
181 J. Francisco Zephyrus, 37-38, 1984-1985, p. 339.
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trazos de percusión realizados por el instrumento de labra utilizado para con- formar la pieza. El artesano dispuso en la parte inferior un espacio, de 0 , 130 m. de altura por 0'444 m. de anchura, para contener el epígrafe sepulcral, mientras que en las zonas media y superior labró una hornacina rectangular, de 0'330 m. de anchura por 0'475 m. de altura conservada, flanqueada por sendas jambas, —de 0'075 m. de anchura y una altura preservada de 0'448 m.
la derecha y 0'465 m. la izquierda—, dentro de la cual labró, en relieve de 0'059 m. de grosor, la tosca imagen del difunto en forma de busto. La figura, evocada de forma muy sumaria, está constituida por el torso, desde el medio pecho hasta el cuello, —este último troncocónico, largo y estrecho—, y la ca- beza, de frente y también en forma de cono truncado, aunque invertido y más amplio. Predominan en toda la composición las líneas rectas, verticales y ho- rizontales, a excepción de las que señalan el perímetro de los hombros y del rostro cuyas facciones, —boca, nariz y orejas 182—, fueron evocadas de forma muy primaria y rudimentaria, aunque este factor está actualmente acrecenta- do como consecuencia del deterioro que con el transcurrir de los años ha su- frido la piedra. Desde las regiones orbitarias hacia la zona superior ha desapa- recido la testa, pero se distinguen sus huellas en la superficie de la hornacina, siendo dificil determinar si el individuo portaba algún tipo de peinado o toca- do característico.
En la parte posterior de la estela, que está fragmentada, se aprecia un premeditado rebaje ondulado en la superficie vertical, que abarca tres cuartas partes del espacio de la losa, y forma una especie de oquedad que, quizá, ayu- dó a sostener la lápida en su lugar de ubicación sobre la sepultura, aunque en opinión de Francisco es indicio de que la obra fue reutilizada, seguramente como tapa de una sepultura posterior 183.
El texto epigráfico, dispuesto en dos líneas, es el siguient& 84: L. AEMILIUS.FLA
[viu]S.AN.LXXX.L. S.E. S.
El campo epigráfico tiene unas dimensiones aproximadas de 0 , 135 m. de altu- ra por 0'444 m. de anchura. En la primera línea las letras tienen una altura media de 0'045 m., mientras que en la segunda son de 0'03 m. No se advier- ten interpunciones y son inexistentes los espacios interlineales.
182 Especialmente la derecha de la que se conserva casi todo el pabellón auricular.
183 J Francisco Zephyrus, 37-38, 1984-1985, p. 339.
184 Cuyo desarrollo completo sería: L(ucius) Aemiius (FIa/fviujs an(norum) LXXX (l(ocus) s(ibi) e(t) s(uis), siendo la traducción Lucio Emilio Flavio, de 80 años de edad, hizo esta sepultura para él y los suyos. Los datos técnicos del campo epigráfico aparecen en J. M. Abascal 1990, p. 72.
En el marco de Hispania, la de Castillico de Villares se puede incluir en el grupo de imágenes de carácter sepulcral insertas dentro de un nicho u hor- nacina. Sus elementos fundamentales la alejan de los modelos más puramente clásicos y la ponen en estrecha relación con otras piezas de concepción simi- lar, procedentes del occidente y noroeste peninsular, propias del arte popular y exponentes de los más puros gustos y ancestrales tradiciones de los pueblos autóctonos 185 . Con estas obras, la estela tendría en común un aspecto rudo y dejado que revela la mano de un artesano indígena que pretendería trabajar,
«al estilo itálico» 18 , creaciones destinadas a estratos sociales pobres y poco exigentes, en vías de romanización o ya romanizados, que deseaban adoptar los gustos y formas netamente latinas' 87 . Pero se distingue de la mayoría en el hecho de que únicamente se representa el busto del difunto cuando en la ma- yoría suele aparecer su imagen frontal y de pie dentro de la hornacina 18.
En general, nuestra estela se encuadra en el nutrido grupo de cipos fu- nerarios que García y Bellido denominó como estelas con togados bajo hor- nacinas, por lo general de un arte no excesivamente refinado, que tiene su ámbito de expansión geográfica en las regiones sur y sureste, con ramificacio- nes que ascienden por Extremadura hasta Salamanca, Norte de Portugal y Ga- licia189 . En todas ellas suele estar grabada la imagen del finado al que se alude en el texto epigráfico dispuesto, normalmente, en la zona inferior 190 . Uno de
III A. García y Bellido ArchEspA, XL, 1967, pp. 110-120.
P. Pensabene RM, 82, 1975, pp. 263-266, define las características de las obras de este tipo halladas en Taranto, y que, como acertadamente señala, son aplicables a muchas obras simila- res que se pueden encontrar en otros ambientes alejados de la isla, ya físicamente, ya crono- lógicamente. Dichas características las podríamos resumir de la siguiente manera:
1.0) Son obras sobre las que se aprecia la influencia de un filón de arte itálico.
2. 0 ) Son encuadrables dentro de una producción popular.
3.0) En ellos se ve el intento de imitación de los escultores locales privados de la cultura artís- tica greco-romana y que intentaban satisfacer las demandas de una clientela poco exigente y pobre, claramente distinguida de otros grupos sociales que encargaban y compraban obras de mayor calidad.
117 En este sentido, estas obras se insertan en el más amplio grupo de creaciones realizadas por parte de talleres indígenas que, sin perder sus más rudas y destacadas marcas de personalidad propia, adoptan determinadas formas del mundo romano que actúa sobre ellos ejerciendo un influjo romanizador, como ocurre, por ejemplo, con la estela con togatus dentro de hornaci- nade Cartagena (1. M. Noguera 1991, pp. 81-86, n.° 16, lám. 21, 1, con más bibliografía), los togati del Cerro de los Santos (vid, nuestros n.° 25-MO a 39-MO) o los del área catalana (A. Ba- h¡ RGuimar, LXX, 1-2, 1960, pp. l07-131;J. Guitart 1976, pp. 160-162, n.a 1-2, láms. XLII, 1-XLIII, 3; A. Balil VI, StA, 73, 1983, pp. 31-34, n.a 135.136, láms. XV, 3, y XVI, 1; E. M. 2 Koppel 1985, pp. 87-88, n.° 115, lám. 46, 1-3).
188 A. García y Bellido ArchEspA, XL, 1967, p. 110.
A. García y Bellido ArchEspA, XL, 1967, p. 110; A. Balil VI, SM, 73, 1983, p. 22.
190 A. García y Bellido ArchEspA, XL, 1967, pp. 110-120.
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los mejores paralelos hispanos para la estela de Castillico es una de Valdun- ciel, al norte de Salamanca, en la que bajo un nicho de remate semicircular se labró el busto del difunto con los brazos cruzados sobre el pecho, mientras en la parte inferior se dispuso una inscripción, prácticamente perdida en la ac- tualidad' 91.
Abascal relacionó la estela de Castillico de Villares con las de Augusta Emerita (Mérida) 192 . Las estelas emeritenses 193 , datadas desde finales del siglo 1 a. de C. al III, son obra de talleres locales que abastecían las necesidades de una población romana culta o, al menos, de elevado estatus adquisitivo, que gustaba de ser evocada de esta forma en sus tumbas, como ocurre en otras provincias del Imperio, como Aquitania, la zona del Reno y del Danubio o la propia Italia' 94 . Los monumentos emeritenses fueron definidos y estudiados por García y Bellido que indicó que se trata de monumentos en los que, den- tro de un nicho, se grabó la imagen de uno o varios individuos a los que se aludía en el epitafio fúnebre 195 . En este sentido, la estela albaceteña presenta en común con las de Mérida el nicho de remate superior, en forma desconoci- da, y el busto del finado dentro de aquél. Pero el relieve de Castillico, si bien es sepulcral, es fruto de un taller local de carácter popular destinado a satisfa- cer la demanda de unos determinados individuos pertenecientes a un colecti- vo, bien indígena en vías de romanización, bien de gentes de escasa posición cultural y socio-económica (colonos, licenciados y veteranos de guerra, etc.) 196 . Sin embargo, las gentes representadas, el estilo y la ideología que trasciende en las obras lusitanas está muy alejada de las características que re- flejan las composiciones en las que se encuadra la estela de Elche de la Sierra.
Ésta se puede adscribir al grupo de obras, propias de una determinada clase de retratística funeraria de carácter indígena 191 , que se extienden fundamen-
C. Morán 1946, p. 48; A. García y Bellido ArchEspA, XL, 1967, p. 117, n.° 9, fig. 9.
192J M. Abascal 1990, p. 73.
193 Estudiadas por A. García y Bellido 1949, pp. 285-30 1, n.° 278-298, láms. 278-298; más re- cientemente T. Nogales y A. Velázquez Homenaje,a Samuel de los Santos, 1988, pp. 215-224.
194 Para este tipo de obras vid., por ejemplo, S. Ferri 1931; Id. 1933; F. Braemer 1959; H. Walter 1974; véase también M. Borda RM, 80, 1973, pp. 35-57, pp. 49-51, láms. 17, 1-2; 18, 2; y 20 (para las estelas republicanas con bustos procedentes de Aquileia) y H. Pflug 1989. Vid. tam- bién, en general, para las estelas de tipo provincialJ. Toutain REA, XIII, 1911, pp. 165-175; A.
Schober 1923; L. Linckeheld 1927; Id. RevCeI, XLVI, 1929, pp. 29 Ss.; L. Hahl 1937; J. J. Hatt 1945; G. A. Mansuelli 1967.
195 A. García y Bellido ArchEspA, XL, 1967, pp. 110-120.
En el mundo romano oriental tenemos también manifestaciones de este tipo de arte cuyos mejores exponentes proceden de las zonas de Dura y Palmira donde, como señala E. Will, se aprecian las mismas tendencias que en el arte de las provincias occidentales (E. Will El Arte y el Hombre, 1. 1965, pp. 356-357).
Este punto quedaría confirmado también por las huellas de indigenismo que conserva el tra- zado de la letra A en la inscripción (J. M. Abascal 1990, p. 71).
talmente por el sur y sureste peninsular, con aludidas ramificaciones por las regiones occidentales de la península 198.
Por tanto, la estela de Castillico de Villares documenta en el sureste his- pano y, en concreto, en la zona meridional de la meseta sur, un tipo de monu- mento funerario que, según Balil, sólo se atestiguaba en las áreas norocciden- tales. Otros ejemplares del área oriental costera serían un desaparecido sillar funerario de Barcino (Barcelona) y las estelas de Ondara (Alicante) y de L'Alfa- rella (Villajoyosa, Alicante)' 99 . Nuestra estela manifiesta, en una etapa de fuer- te romanización de la región, espíritus y creencias indígenas inherentes a las sociedades ibéricas anteriores a la llegada del impulso romanizador. Testimo- nios como éste son, en general, propios de un «arte provincial» funerario popular200 , definido por un cierto descuido y tosquedad de las formas, que está diseminado por diferentes provincias del Imperio, incluida la propia pe- nínsula Itálica 201.
Estelas extrapeninsulares de caracteres similares serían, por citar algu- nas de las más semejantes y significativas, un cipo del Museo de Trier, con ni- cho de remate semicircular en el que sólo se representó el busto del difunto con los brazos abiertos 202 , el grupo de estelas austriacas con hornacina donde se inserta el torso del finado 203 y algunos de los cipos con cabeza-retrato de la necrópolis de Tarant0 204 . La estela-retrato de Villares, así como otras simila- res en las que aparece el difunto dentro de una hornacina, presenta igualmen- te un lejano, pero a la vez claro, parentesco con el arte de la capital (Roma) 205.
A. García y Bellido ArchEsA, XL, 1967, p. 110.
199 A. Bali! VI, StA, 73, 1983, p. 22; algunas generalidades sobre este tipo de monumentos en el Imperio y la propia Hispania en A. Balil y, StA, 71, 1982, pp. 5-6, n.° 76.
200 0 lo que otros autores denominan como producciones «populares' (vid. supra P. Pensabene RM, 82, 1973). Sobre el concepto de «arte provincial» y su discusión véase R. Bianchi-Bandinelli yF. CoareIliEAA, VI, 1965,s. y. Romana, Arte, pp. 939-1.024; R. Bianchi-Bandinelli Storici- tá dell'arte classica, 1950, pp. 229-260; G. A. Mansuelli EAA, VI, 1965, s. y. Arte provinciale, pp. 519-527; A. Giuliano EUA, XI, 1958, s. y. Pro vinciale, Arte, cols. 163-164. Para estas pro- ducciones en Hispania vid. A. Balil RGuimar, LXX, 1-2, 1960, pp. 107-131; íd. Colloquio
¡talo-spagnolo su! tema: Hispania Romana, 1974, pp. 47-64.
201 Como es el caso de una estela del Museo Provinciale de Torcello donde, dentro de un nicho y labrado en un relieve muy burdo, hay un personaje ataviado con amplia túnica y con el rostro simplificado y desproporcionado (vid. F. Ghedini y G. Rosada 1982, pp. 149-150, n.° 59;
véase también P. Pensabene RM, 82, 1975, pp. 263-297, láms. 81-102).
020 F. Hettner 1893, p. 79, n.° 153.
203 Véase G. Piccottini 1977, pp. 31-46, n.° 133-167, láms. 18-41. Destaca una muy similar a la nuestra con rostro irreconocible y los brazos cruzados sobre el pecho (L. Eckhart 1976, pp.
38-39, n.° 37, lám. 11).
204 P. Pensabene RM, 82, 1975, p. 278, n.° 13-15, lásns. 88-89.
205 B. M. Felletti 1977, p. 242.
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Probablemente el remate del monumento sería de formato semicircu- lar, como es habitual en otras zonas de la península 206 , aunque no sería extra- ño que fuese adintelado, como ocurre en el ejemplar de Valdunciel y en otros de diferentes ámbitos provinciales 207.
La aparición de los cipos y estelas romanas con imágenes del difunto no se puede llevar más allá de los primeros años del siglo 1 a. de C.208 y, desde en- tonces, experimentaron pocas evoluciones y transformaciones formales y te- máticas que ayuden a establecer cronologías más o menos rigurosas, siendo los remates y la evolución del arte de la retratística, con sus múltiples modas y variantes, las bases fundamentales para establecer las dataciones. También son importantes las aportaciones que, en este sentido, conllevan la estructura y los caracteres formales de las grafías de los epitafios. La cuestión se compli- ca cuando el retrato de los finados son del estilo del de Elche de la Sierra pues sus caracteres y conceptos perduran a través de los siglos sin ostensibles mo- dificaciones. Por ello, para intentar datar nuestra estela, debemos recurrir al análisis de su formato y a las particularidades epigráficas de su texto.
La estela de Castillico de Villares fue datada por Abascal en la segunda mitad del siglo 1209, frente aJ. Francisco que propuso insertarla a fines de la si- guiente centuria 210 . Fue realizada por un artesano indígena que sintió cierto deseo de reflejar en su obra determinados modelos (estela-nicho) muy de mo- da en su época. El tipo de remate ayudaría considerablemente a su ubicación temporal pues los coronamientos semicirculares son más antiguos que los rectos pero, por el momento, este aspecto no contribuye a matizar la crono- logía de la pieza. También sería interesante considerar el cognomenflavius co- mo indicio cronológico pues sugiere su inclusión en la órbita de un munici- pium de creación flavia, hipótesis que sólo determina una fecha de partida que, en cualquier caso, corrobora la datación propuesta anteriormente. El nombre del difunto, Lucius Aemiluis Flavius, evidencia su ciudadaía romana, lo que indica que el impulso romanizador era lo suficientemente intenso co- mo para poder adquirir dicho estatus y usar el nomen romano, aunque no lo bastante potente como para producir un abandono de las formas rudas y tos- cas del arte indígena anterior 211.
200 A. García y Bellido ArchE.spA, XL, 1967, p. 110.
207 Vid. F. Braemer 1959, p. 113.
200 B. M. a Felletti 1977, p. 202.
209 J M. Abascal 1990, p. 73, en razón al nombre del difunto en nominativo, la fórmula funeraria y la morfología de la estela.
210J• Francisco Zephyrus, 7-38, 1984-1985, p. 340.
211 En un sentido semejante se expresa Balil en relación al Cerro de los Santos, enclave sito en la misma provincia de hallazgo de nuestra pieza (A. Balil RGuimar, LXX, 1-2, 1960, p. 120).
15-EL. ESTELA FUNERARIA CON CABEZA DE DIFUNTO EN RELIEVE Lám. 22 Museo Provincial - Albacete.
N.° de inventario: 8.650.
Hallada casualmente al practicar unas tareas agrícolas en la finca «El Mojón», propiedad de M. Montes, situada cerca de la aldea de Los Villares, a unos 2 Km. del Municipio de Elche de la Sierra 212 , en el lugar donde se emplazó una necrópolis hispanorromana. La losa apareció junto con diversos restos cerá- micos y monedas tardías 213 . Fue trasladada a la casa del dueño de la finca en la citada localidad, donde fue recogida por R. Sanz Gamo que la trasladó al refe- rido Museo.
Arenisca (salagón), procedente de una cantera cercana al lugar del hallazgo 214 Alt. (del fragmento conservado): 0'70 m.; Anch.: 0'31 m.; Gr.: 0'174 m.
J. FRANCISCO Zephyrus, 37-38, 1984-85, pp. 337-339, n. ° 1, fotos 1-2;J. M.
ABASCAL 1990, pp. 71-72, n.° 40, lám. XIX, fig. 11 c; J. M. NOGUERA Al- Basit, 31, 1992, pp. 22-23, n.° 2, lám. 2, y pp. 27-43.
Estela funeraria con diversos desperfectos y roturas en los vértices y molduras de remate, especialmente en el espacio comprendido entre la cen- tral y la contigua derecha, así como en los laterales de la hornacina central y en la mejilla izquierda del tosco retrato del difunto 215 . La parte inferior, que está fracturada, contiene el epitafio funerario estructurado en tres líneas de las que se pueden leer las dos superiores y la mitad de la inferior.
La parte superior está coronada por tres molduras o resaltes, la central de forma triangular a doble vertiente, y las dos laterales, muy deterioradas, de dibujo semicircular. En el espacio central de la estela hay labrada una curiosa hornacina, de perímetro elíptico y unas dimensiones aproximadas de 0'25 m.
de anchura máxima y 0'43 m. de altura total, en cuya zona superior se grabó en medio relieve, el rostro semielíptico del difunto, —de 0'215 m. de anchu- ra y 0'255 m. de altura—, en el que están plasmadas sus facciones básicas, a saber, la boca, mediante una ancha y profunda incisión horizontal de extre- mos ligeramente apuntados hacia abajo, la nariz, casi desaparecida, y los ojos, realizados mediante sendos diminutos agujeros circulares inscritos dentro de
212J. Francisco Zephyrus, 37-38, 1984-1985, p. 337;J. M. Abascal 1990, p. 72.
213 J. Francisco Zephyrus, 37-38, 1984-1985, p. 337.
214 J. Francisco Zephyrus, 37-38, 1984-1985, p. 337; J. M. Abascal 1990, p. 72.
215 Esta última provocada por el arado que la exhumó.
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unas pequeñas depresiones que simulan las cavidades globulares. No se apre- cian señales de evocación ni de las orejas ni del cabello.
El texto epigráfico conservado es el siguiente 216: LIC. GAL.LI . O
NIS.AN .XL Y H.S.E.S. T. T. [11
El campo epigráfico tiene unas dimensiones de 0 , 135 m. de altura conservada y 0'31 m. de anchura máxima. Las letras de la línea superior tienen una altura media de 0'053 m., las de la central 0'039 m., mientras que las de la inferior se aprecian únicamente en 0'027 m. El espacio interlineal superior es de 0'006 m.
y el inferior de 0'005 m. Las interpunciones son irregulares, circulares, triangu- lares y cuadradas. Las astas de las letras están rematadas en apéndices.
En la estela de El Mojón encontramos el mismo motivo que en la anali- zada anteriormente 217 , es decir, un tosco y descuidado relieve con la imagen del difunto, aunque con la diferencia de que, en este caso, la evocación de és- te consiste únicamente en la representación de su rostro, de forma ligeramen- te elíptica y facciones tan sólo abocetadas, olvidando todo deseo de realismo y fidelidad al finado. Ello se debe a dos hechos fundamentales que se unen y configuran las características genéricas de esta clase de monumentos. En pri- mer lugar, la escasa habilidad de los escultores indígenas y los deficitarios re- cursos económicos con los que contaban las gentes que encargaban este tipo de cipos funerarios 218 . Pero sería incorrecto argumentar este motivo como único causante del descuidado arte inherente a estas obras. En ellas subyace una clara concepción intelectual, es decir, no hace falta ejecutar con exacti- tud los rasgos del difunto pues se tiene conciencia de quién es, hecho al que, no debemos olvidarlo, alude también el texto epigráfico. Es este un arte que
«existió siempre al lado del solemne arte oficial, estatal, y hubo de ser ejercido por artistas de extracción igualmente popular y, como tal, propensos a todos los primitivismos y convencionalismos propios de esta clase de arte (frontalidad, ri- gidez, composición axial, simétrica, perspectivas convencionales, diferenciación
210 Cuyo desarrollo completo sería: LIC(inius). GAL.LI.O/NJS (fllius).AN(norum).XL V/H(ic).
S(itus).E(st).S(it). T(ibi). T(erra).fI(evis)J, es decir, Licinio, hijo de Galionis, de cuarenta y cinco años de edad. Aquí yace. Que la tierra te sea leve. Los datos técnicos referentes a la inscrip- ción pueden verse en J. M. Abascal 1990, p. 71.
217 N.° 14-EL y 1-AL, procedentes de Castillico de Villares (Elche de la Sierra) y Casas del India- no (Alcaraz) respectivamente. Véase igualmente un cipo con togatus exhumado en Cartagena (Murcia) (J. M. Noguera 1991, pp. 81.86, n.° 16, lám. 21, 1).
218 Véase lo aducido respecto a estas cuestiones en nuestro n.° 14-EL, donde se recogen las opi- niones referentes al tema de P. Pensabene RM, 82, 1975, pp. 263-266.