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EN TIERRA AJENA: JORNALEROS Y PROLETARIADO AGRÍCOLA

In document universidad autónoma chapingo (página 88-131)

El proceso de ampliación de la “colonización de la agricultura mexicana”, para usar la expresión de Feder (1981), extendido desde la década de los 90 y que hemos caracterizado como transnacionalización, fue el resultado de la estrategia de reestructuración hacia afuera tras la crisis de sobreacumulación del sector agrícola de EE. UU en la década de los 80. La exposición del proceso por el cual se desarrolló la agricultura transnacional tiene por intención, como lo señala Paré, entender el proceso de formación del proletariado agrícola por medio de explicar

“los mecanismos de penetración del capital en el campo y la descomposición del campesino” (Paré, 1977, p. 15).

Hemos apuntado que la transnacionalización se soportó fundamentalmente en la baratura tanto de la fuerza de trabajo como de la tierra. El tema de la tierra, lo abordaremos en el capítulo 5, por el momento nos concentraremos en analizar la morfología del proletariado agrícola de las regiones agroexportadoras de Michoacán, debido a que como apunta V.I. Lenin (1975) “es la manifestación principal del capitalismo agrícola”. El objetivo es demostrar que la precarización y abundancia de fuerza de trabajo agrícola en Michoacán es una de las condiciones de posibilidad del traslado de la agricultura estadounidense a México,

Esta investigación solo abordó a los trabajadores de la agricultura vinculada a la agroexportación del estado de Michoacán en las regiones agrícolas productoras de aguacate, zarzamora y fresa, aunque en algunos subtemas se abordaron los casos de los trabajadores y trabajadoras agrícolas de otras regiones, con el objetivo de contrastar o exponer dinámicas y procesos en su conjunto. Solo se analizará al trabajador que participa en el proceso de producción propiamente agrícola:

preparación de la tierra, siembra, cosecha de los campos de cultivo, huertos e invernaderos; dejando fuera del análisis los procesos de empaque para el mercado, traslados y comercialización.

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Este capítulo se divide en dos subtemas. El primero se refiere al carácter de clase de los jornaleros agrícolas y el segundo describe la situación objetiva del mercado de fuerza de trabajo rural en Michoacán.

Proletariado agrícola y el carácter de clase de las y los jornaleros

La Ley Federal del Trabajo, en el Capítulo VIII Trabajadores del campo, artículo 279 Ter., caracteriza a los jornaleros de la siguiente manera:

Artículo 279 Ter.- Los trabajadores estacionales del campo o jornaleros son aquellas personas físicas que son contratadas para laborar en explotaciones agrícolas, ganaderas, forestales, acuícolas o mixtas, únicamente en determinadas épocas del año, para realizar actividades relacionadas o que van desde la preparación de la tierra, hasta la preparación de los productos para su primera enajenación, ya sea que sean producidos a cielo abierto, en invernadero o de alguna otra manera protegidos, sin que se afecte su estado natural; así como otras de análoga naturaleza agrícola, ganadera, forestal, acuícola o mixta. Puede ser contratada por uno o más patrones durante un año, por periodos que en ningún caso podrán ser superiores a veintisiete semanas por cada patrón. No se considerarán trabajadores estacionales del campo, los que laboren en empresas agrícolas, ganaderas, forestales, acuícolas o mixtas que adquieran productos del campo, para realizar actividades de empaque, re empaque, exposición, venta o para su transformación a través de algún proceso que modifique su estado natural Como se observa, la definición de la LFT resalta como determinación fundamental para ser considerado como jornalero o jornalera el carácter eventual o estacional del trabajador; veintisiete semanas de contratación, lo cual supone que si trabaja más dejaría de ser considerado como tal. En este sentido, la ley distingue al jornalero más que por las relaciones laborales que entabla, por el tipo específico de labor que desarrolla o por lo que Marx denominaría como trabajo concreto. Además,

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aunque apunta que son contratados, como se observa, la definición legal omite el tipo de contrato, una característica fundamental del jornalero, su carácter de asalariado. En contraste, es más acertada la definición de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, que considera al jornalero como trabajador asalariado desposeído.

… en su Recomendación general 36/2019 sobre la situación de la población jornalera agrícola en México: “los trabajadores agrícolas asalariados son aquellos que laboran en los campos de cultivo, huertos, invernaderos, unidades ganaderas e instalaciones de procesamiento básico para producir los alimentos y fibras. Se consideran asalariadas porque no poseen ni arriendan la tierra que trabajan, así como las herramientas y equipos que utilizan, lo cual les diferencia de las personas agricultoras (CESOP, 2019, p.

5).

El carácter de desposeídos de tierra e instrumentos de producción, que los diferencia de los campesinos o agricultores, es la condición de posibilidad de que el jornalero venda su fuerza de trabajo por un salario y, por tanto, el fundamento de su condición objetiva de clase, como proletario agrícola. Aunque es importante considerar al trabajador y trabajadora agrícola asalariada o jornalero/jornalera agrícola, como proletario agrícola, el problema teórico aparece debido a que el jornalero, que vende temporalmente su fuerza de trabajo al capitalista agrícola, quien lo incorpora al proceso de producción -trabajo y valorización- agrícola a cambio de un salario, aparece ligado a las unidades campesinas. ¿El trabajador agrícola asalariado en los huertos, ranchos y plantaciones es un campesino que vende estacional o eventualmente su fuerza de trabajo para completar su ingreso y garantizar la reproducción de la unidad familiar, o es un proletario agrícola que complementa sus salarios con la producción de bienes de autoconsumo en la unidad familiar?

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La discusión sobre el carácter de clase del jornalero agrícola o peón agrícola dista de ser nueva, se presentó de forma amplia en la década de los 70 y 80, se enmarcaba en el debate sobre las causas que explicaban la persistencia campesina en el capitalismo contemporáneo y sus implicaciones políticas en la transición del capitalismo al socialismo. En este debate polemizaban campesinistas y descampesinistas/proletaristas (Rubio, Blanca, 2006) (Bartra, 2006). En lo referente al carácter de clase de los jornaleros11, la polémica orbitaba en torno al vínculo estructural entre el asalariado agrícola y el campesino, ya que el desarrollo del capitalismo en la agricultura no se realiza de forma homogénea convirtiendo todas las unidades de producción en unidades capitalistas. En este sentido, el problema sobre el carácter de clase de los trabajadores rurales es que las y los asalariado del campo no aparecen de forma pura, siendo la persistencia campesina un factor sustancial en el debate sobre el desarrollo capitalista en la agricultura, y particularmente la ligazón del proletario agrícola con la unidad socioeconómica campesina.

Persistencia campesina y proletario agrícola

En los análisis sobre la persistencia campesina es común reconocer que si bien la tendencia histórica predominante que recae desde el exterior sobre el campesino es la reproducción ampliada de capital que lo empuja hacia la proletarización, también existe la consideración de que esta puede ser revertida y frenada por la

11 Theotonio Dos Santos, en su libro Concepto de clases sociales señala, refiriéndose al capítulo 52 del tomo tres de El Capital, que no es casual que Marx aborde el problema de las clases sociales en la parte final de la Crítica de la Economía Política. Dos Santos señala “La ubicación del concepto de las clases sociales, en la obra de Marx nos muestra el nivel de abstracción en que Marx lo trataba […] esta ubicación nos muestra que el concepto de clases sociales surge teóricamente para Marx al nivel de concreción de análisis de un modo de producción (Dos Santos, 1973). En la misma sintonía Lenin define las clases sociales de la siguiente manera:

“Las clases son grandes grupos de hombres que se diferencian entre sí por el lugar que ocupan en un sistema de producción social históricamente determinado, por las relaciones en que se encuentran con respecto a los medios de producción (relaciones que las leyes refrendan y formulan en gran parte), por el papel que desempeñan en la organización social del trabajo, y, consiguientemente, por el modo y la proporción en que perciben la parte de la riqueza social de que disponen. Las clases son grupos humanos, uno de los cuales puede apropiarse el trabajo de otro por ocupar puestos diferentes en un régimen determinado de economía social” (Lenin, 1961, p. 123)

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acción del Estado, por medio de una reforma agraria, o como parte de la lucha de clases en el campo (Kautsky, 1984: Sáez, 1986; Polanco, 1977; Bartra, 2006, 2008).

De esta forma, con la lucha agraria o por medio de determinantes políticas se explica la permanencia del campesino parcelario o ejidatario. Sin embargo, también se reconoce que no basta la explicación histórico-política para dar cuenta de la persistencia campesina, por lo que se requiere dilucidar las funciones estructurales del campesinado dentro de las lógicas contradictorias de la reproducción capitalista en la agricultura, particularmente su relación con el mercado de fuerza de trabajo, que es por demás relevante en la medida que el obrero agrícola es el elemento principal del capitalismo agrario (Kautsky, 1984).

Visibilizar la relación estructural entre campesino y el desarrollo del capitalismo en la agricultura, mediada por el proletariado agrícola fue uno de los puntos expuestos por Kautsky y V.I. Lenin. Karl Kautsky (1984), en su célebre obra La cuestión agraria, resaltaba el papel de la unidad campesina para proveer de trabajadores agrícolas ante la carencia de la fuerza de trabajo, lo cual era resultante de la ley demográfica capitalista que reduce de forma absoluta y proporcionar la población rural sobre la urbana. Las unidades campesinas familiares son para Kautsky, en gran medida, “centros de producción de fuerza de trabajo” para las grandes haciendas capitalistas. Es la falta de fuerza de trabajo lo que obliga a la restitución de la unidad campesina, ya que la dotación de tierras a los jornaleros agrícolas permite la subsistencia y reproducción de la fuerza de trabajo rural que será explotada por las grandes haciendas capitalistas. Sin embargo, señala el autor, en la medida que proliferan las pequeñas unidades de producción “se multiplica el número de la fuerza de trabajo puesta a disposición de la gran hacienda y así aumenta su vitalidad y su superioridad sobre la pequeña”12 (Kautsky, 1984, p. 191).

12Contrariamente a lo que se divulga, Kautsky reconoce que la pequeña unidad de producción campesina no necesariamente sucumbe ante la gran hacienda capitalista, pues como lo apunta Marx, la agricultura, mientras subsistan las relaciones burguesas, se mueve en un ciclo de concentración y fraccionamiento de tierras.

“Cuando las cosas han llegado a este punto, la gran hacienda y la pequeña no se excluyen, sino que se condicionan, al igual que el capitalista y el proletariado, pero el pequeño agricultor asume un modo creciente la condición de proletariado” (Kautsky, 1984, pp. 193-196)

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De todo ello resulta que no hay que suponer que la pequeña hacienda agraria se encuentra a punto de desaparecer en la sociedad moderna y deba ser completamente sustituida por la gran propiedad…. nada es más absurdo que la idea según la cual la pequeña propiedad se mantiene porque es capaz de enfrentar la competencia de la grande.

Subsiste, en cambio, porque deja de ser competitiva frente a la grande y tener importancia como vendedora de aquellos productos que aquella produce en su vecindad… Entonces, se transforma de vendedora a compradora de los “excedentes de productos” de la gran hacienda; pero también ella produce un excedente de una mercancía que es el medio de la producción que la gran hacienda requiere, ante todo: la mercancía fuerza de trabajo. (Kautsky, 1984, p. 195)

La estrecha relación entre la unidad campesina y el jornalero agrícola, llevo a Kautsky a reconocer que el obrero que no posee absolutamente nada es una rarísima excepción. Por su parte, V.I. Lenin consideraba que “los obreros agrícolas provenían de las capas más pobres de los campesinos”, reconociendo con ello que, aunque una buena parte de los jornaleros tienen tierra o parcelas, esta es insuficiente o insignificante para garantizar su reproducción como campesinos (Lenin, 1975, p. 241). En este sentido, Lenin considera proletarios a los obreros agrícolas, aunque estos jurídicamente poseyeran porciones de tierra comunal. Es importante señalar que V.I. Lenin consideraba a los campesinos pobres como parte de los obreros asalariados con nadiel, ya que una buena parte de las unidades campesinas son incapaces de subsistir sin vender su fuerza de trabajo, por lo que la “base jurídica de su derecho al trozo de tierra es del todo indiferente para su clasificación” (Lenin, 1975, p. 176). Por ello, el autor consideraba que la unidad campesina no es antagónica al capitalismo, por las contradicciones que desenvuelve se convierte en la base firme y profunda para su desarrollo. Para V.I.

Lenin, el desplazamiento de campesinos empobrecidos a proletarios rurales configura los mercados de mano de obra requerida por el mercado de fuerza de trabajo agrícola capitalista; en este sentido apunta:

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Esa masa de “campesinos” que abandonan su casa y su nadiel (quien los tiene) atestigua de manera palmaria el gigantesco proceso de transformación de los pequeños agricultores en proletarios rurales, la enorme demanda de trabajo asalariado por parte del capitalismo agrícola en auge (Lenin, 1975, p.

239).

Es importante señalar, que al igual que Kautsky, Lenin matizaba el alcance e impacto de los efectos disolventes de la unidad campesina resultantes de la reproducción ampliada de capital, que implica inherentemente el proceso de escisión entre productor y medios de producción en el campo, puesto que el proceso de desarrollo capitalista en la agricultura se desenvolvía de forma contradictoria, una de estas formas, era la asignación de tierra al obrero agrícola para completar su ingreso y garantizar su reproducción. Es por ello que V.I. Lenin apunta:

Cabe agregar que en nuestras obras se comprende a menudo con excesiva rigidez la tesis teórica de que el capitalismo requiere un obrero libre, sin tierra.

Eso es del todo justo como tendencia fundamental, pero en la agricultura el capitalismo penetra con especial lentitud y a través de formas extraordinariamente diversas (Lenin, 1975, p. 175).

Las perspectivas de Kautsky y V.I Lenin sobre la persistencia campesina son por decirlo de alguna manera, las concepciones clásicas, y aunque el desarrollo del problema teórico sobre la persistencia campesina en el capitalismo se ha abordado de diferentes ángulos, sigue presente la explicación que considera fundamental el vínculo entre capitalismo-campesino por medio del mercado de fuerza de trabajo.

Por ejemplo, Guerrero (1977) señalaba que la persistencia del campesinado de continuar con la propiedad de la parcela y con los medios de producción propios, aunque sean raquíticos, es debido a que el campesino es un semiproletario, cuyas condiciones de campesino una parte del año y proletario la otra parte, impiden la

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proletarización agrícola por completo. En este sentido el argumento “es la versatilidad de labores con las que cuenta el campesino, ya que según esta posición el campesino hace de todo, es artesano, corta leña, etc.” (Guerrero, 1977, p. 21) . Astorga, por su parte, observaba desde la década de los 80 que el minifundio o la pequeña explotación eran parte consustancial del capitalismo en la agricultura, ya que la economía campesina “es la principal expulsora de fuerza de trabajo en forma definitiva o temporal,” en este sentido la economía campesina es más una productora de hombres [y mujeres] para el mercado de trabajo y no tanto una productora de bienes (Astorga, 1985, p. 14).

Un trabajo sobresaliente sobre los jornaleros agrícolas fue elaborado por Luisa Paré (1977), a partir de examinar las posiciones teóricas de R. Stavenhagen, A. Warman, Roger Bartra y Armando Bartra. Sobre el carácter de clase del jornalero, la autora señala que

“Respecto del proletariado agrícola, es necesario distinguir entre lo que sería un proletario en el sentido restringido y en sentido amplio. En sentido restringido, debería referirse -a nuestro juicio- a todos los asalariados del campo, sean eventuales o permanentes, estén totalmente desvinculados o no de sus medios de producción. El criterio fundamental sería el de la proporción mayoritaria de si su ingreso proviene del salario[...] Los semiproletarios son campesinos en su carácter de productores independientes y proletarios en su carácter de asalariados. La semiproletarización no es sólo la situación de los campesinos que a la vez son jornaleros, aunque ésta sea la predominante, sino también la de los jornaleros que son arrendatarios o medieros” (Paré, 1977, p. 50).

En este sentido, Paré establece que lo que define el carácter nítidamente del jornalero es una dimensión cuantitativa: el peso del ingreso proveniente del salario, y no tanto cualitativa: las relaciones sociales de producción que entablan.

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[…] El semiproletario son los trabajadores agrícolas que tienen tierras, pero dependen cada vez más del trabajo asalariado que representa una parte mayoritaria de su ingreso…El proletariado agrícola es aquel que depende íntegramente de su ingreso asalariado (Paré, 1977, pp. 56-57).

Además, apunta que los jornaleros en cuanto asalariados son proletarios, en cuanto a productores independientes, campesinos, lo que coloca en una situación esquizofrénica a los trabajadores del campo.

Por su parte, Blanca Rubio ha visibilizado que si bien la unidad campesina pasó de una dominación incluyente del capital: como productores de alimentos baratos y materias primas entre 1945 y 1990, a un dominio excluyente, al ser marginado de las actividades productivas y excluidos de su otrora función de productora de productos de bienes básicos baratos para la contención salarial. Según la autora, el campesinado constituye el refugio de gran parte de la mano de obra subempleada de la que dispone estacionalmente la industria capitalista y, por tanto, la unidad campesina es un espacio reproductor de la fuerza de trabajo (Rubio, 2012, pp. 131- 135).

Armando Bartra apunta que la unidad campesina, al estar subsumida a la economía capitalista, cumple con funciones básicas para el desarrollo capitalista como la transferencia de valor a la economía empresarial por medio de los mercados de dinero y productos, así como la reproducción de gran parte de la fuerza de trabajo necesaria para el sistema a través de mecanismos de retención y liberación controlada (Bartra, 1980.). además de evitar el pago de la renta de la tierra a los capitalistas agrarios (Bartra, 2006). Es importante señalar que, para Bartra, aunque la oferta de fuerza de trabajo es un factor que explica la persistencia campesina, ya que “por fortuna para el capital global, ahí está la economía doméstica para sustentar mediante la producción de autoconsumo a los jornaleros de tiempo parcial” (Bartra, 2006, p. 25), es la evasión de la renta la principal explicación de la persistencia campesina.

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Y es que es ahí, en las perversiones propias de la renta, donde se encuentra una de las razones estructurales de la permanencia y reproducción de la economía campesina en el capitalismo avanzado: el que los productores domésticos puedan ser forzados a trabajar por debajo de la ganancia media y en ocasiones en el simple punto de equilibrio. De esta manera el capital se ahorra el sobre precio que tendría que pagar por bienes agropecuarios generados exclusivamente por empresas capitalistas (Bartra, 2006, p. 21).

Por su parte, Boltvinik (2012), observa que la persistencia y la pobreza campesina están estructuralmente vinculadas al capitalismo debido al carácter estacional de la agricultura capitalista que desfasa el tiempo de producción y el tiempo de trabajo, lo que obliga a emplear estacionalmente la fuerza de trabajo agrícola, que a su vez, implica no pagar la reproducción total de la mano de obra, por lo que esta requiere, para mantener su subsistencia, refugiarse en las unidades familiares campesinas.

El autor deriva su tesis de las ideas expuestas por Marx en los Grundrisse. El texto de Marx al cual hace referencia Boltvinik es el siguiente:

Hasta aquí hemos supuesto que el tiempo de producción coincide con el tiempo de trabajo. Pero nos encontramos ahora, por ejemplo, en la agricultura, con interrupciones del trabajo que tienen lugar dentro de la producción misma, antes de que el producto esté terminado. Se puede emplear el mismo tiempo de trabajo y ser diferente la duración de la fase productiva, porque el trabajo se interrumpe […] La duración desigual que requieren los diferentes productos, aunque en ellos se emplee sólo el mismo tiempo de trabajo (esto es, trabajo acumulado y trabajo vivo sumados) constituye la question. Suponemos aquí que el capital fixe actúa completamente solo, sin trabajo humano, como por ejemplo la semilla entregada al seno de la tierra. En la medida en que se requiere trabajo humano, hay que sustraer éste. Planteemos el problema de manera pura. Si bien aquí el tiempo de circulación es el mismo, la rotación será menos

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