El Campus Monterrey.
Luis Felipe Alvarado
Tecnológico de Monterrey
Esta entrevista fue realizada en el curso de valores Socioculturales de México y Latinoamérica que se imparte a través de la Universidad Virtual del Tecnológico de Monterrey.
LFA.- ¿Cuándo y por qué decidió ser escritor Antonio Skarmeta?
AS.- Maravillado por la fantástica circunstancia de estar vivo; es decir, el mundo siempre me pareció un lugar apasionante, misterioso. Entre toda la gente con la cual me comunicaba, tenía una relación mucho más fácil con escritores que trataban de explicarse: ¿por qué vivo? ¿quién soy? ¿cómo puedo llegar a ser feliz en la vida?, de modo que me interesó mucho la literatura a partir de la literatura y luego tuve la arrogancia, desde muy joven, de pensar que ese punto ínfimo, microscópico del universo que yo era, aunque no era nada ni nadie, tenía como cosa más cercana mi cuerpo y las circunstancias en que nací y viví. Creí que esto era poco, pero que era irremplazable y que valía la pena dejar un testi- monio para mí mismo de lo que era mi percepción de la vida, del mundo, del universo y sobre todo de cosas muy cercanas: mis amigos, mis amores, mis juegos y fantasía verbal, mis ansias de comunicarme, de establecer relaciones con la gente que no fueran estrictamente convencionales y rutinarias y luego muy tempranamente descubrí que en las palabras tienes un elemento seductor y algunos de los alumnos o espectadores que nos ven deben recordar que éste es un elemento esencial en una obra tan conocida como El Cartero de Neruda o la película El Cartero.
LFA.- Hablando de El Cartero y yéndonos un poquito más atrás, en el Tec de Monterrey hemos tratado de seguir la huella de Antonio Skarmeta. Sabemos que ha publicado Tiro Libre, Desnudo en el Tejado,
que tiene novelas tan importantes como Soñé que la nieve ardía, No pasó nada y El Cartero o Ardiente Paciencia. Sé que es una pregunta difícil pero ¿cuál es su trabajo más acabado, más redondo?
AS- Profesor, me alarma mucho que usted conozca todo mi prontuario...
LFA,- Le hemos seguido la huella.. .
AS.- ... de pronto temo que aparezcan unas preguntas indiscretas que me pondría en aprieto responder. Cada obra literaria, en mi caso, corresponde a un movimiento espontáneo de mi alma y a circunstancias históricas muy concretas que me ha tocado vivir. En todas estas obras, sin embargo, hay algo que yo considero frater- nal; es el hecho de que yo pongo atención a seres muy pequeños, mínimos, que tienen grandes aspiraciones y se confrontan con una realidad que les es, en general, hostil y frente a la cual tienen que actuar y llegar a resoluciones. Yo creo que esto es algo que se extiende a lo largo de toda mi obra, podríamos decir que es mi obsesión mayor. Ahora, cada época tuvo su necesidad expresiva.
El tiempo de Soñé que la nieve ardía era en mi vida y en el espacio que me tocaba vivir, el Chile con su intento de socialismo libertario de los 70, un mundo en expansión y el lenguaje de esa novela es también equivalentemente expansivo, caótico; tiene voces corales, distintos narradores; es un mundo donde el lenguaje reina, es una novela acerca de cómo el lenguaje y la imaginación política, lírica van por un lado y cómo la realidad va violentamente por otro destrozando todo eso. Una novela como No pasó nada también es una novela por la cual siento afecto porque yo viví largo tiempo en un exilio voluntario solidarizándome con el exilio de tantos chilenos que abandonaron el país y decidí contar el exilio desde la perspectiva de un niño de 14 años; ¿para qué? para que no fuera una novela ideológica sino de alguien que tiene que ser fiel a la tradición de sus padres, que lo han traído al exilio europeo, y al mismo tiempo, y eso me interesaba mucho, ser fiel a sí mismo, es decir, aceptar el mundo que tiene que vivir con sus dificultades. En buenas cuentas, un chico que se veía obligado a madurar y que termina siendo, de alguna manera metafórica, padre de sus pa- dres.
Por ultimo, aunque con esto no completo todo el prontuario, voy a mencionar la novela El Cartero de Neruda que se llamó en su
Luis Felipe Alvarado 89 primera versión Ardiente Paciencia donde la intención básica fue vincular poeta y pueblo en una especie de paraíso perdido que yo sentía que Chile era desde la perspectiva del exilio. Esta obra, independientemente de lo que opinen los críticos o los lectores, tiene un valor grande para mí en el sentido de que eso que escribí es lo que yo quería escribir, o sea que existe una concordancia entre el proyecto anímico, estético y el resultado; lo que no siempre se da en una obra literaria.
LFA.- Precisamente comentábamos cómo en Ardiente Paciencia hay un énfasis en el aspecto humano y también en el enclave histórico...
AS.- Sí, en este enclave histórico, sí quiero decir que yo nunca pretendo crear personajes simbólicos y emblemáticos de nada...
LFA.- Correcto, qué bueno que lo menciona.
AS.- ...buceo en la intimidad de los personajes y buceando en la intimidad de ellos, en el mundo tan especial, individual en el que viven; a veces son seres muy extravagantes, por mi parte dejo siempre una capa de porosidad hacia la realidad en la cual se mueven y esto significa que habitualmente mis libros pueden ser leídos como historias muy privadas pero también un lector avezado o un crítico con alguna curiosidad puede llegar a encontrar elementos significativos no solamente para la vida de esos personajes, sino también para la colectividad y el tiempo histórico en que esos personajes viven. Por decirlo de una manera un poco poética, lírica y algo sentimental, yo diría que mi aspiración como escritor sería hacer que de alguna manera muy personal e indi- vidual, el corazón de mis héroes lata al ritmo del corazón colectivo.
Espero, profesor, que haya contestado a su pregunta.
LFA.- Ahora, esta entrevista se transmite a varias ciudades de México y a varios países de América del Sur a través de la Universidad Virtual. ¿Quisiera enviar algún mensaje a todos los estudiantes a los que actualmente estamos llegando?
AS.- Queridos estudiantes de este curso, el profesor me ha pedido que les mande un mensaje pero habiendo creado yo un cartero tan popular, dejo que él lo haga y yo me abstengo de tan delicada tarea.
LFA.- (Risas) Muchísimas gracias, muy amable.
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