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IV. RESULTADOS DE LA INVESTIGACIÓN: DESARROLLO DEL ANÁLISIS SITUACIONAL

2. LOS SENTIDOS DE LAS MUJERES

2.1. Estrategias de acción colectiva

En efecto, el motivo principal que todas las mujeres reconocen para el ingreso al comedor es la situación de pobreza que atraviesan y que les dificultó en algún momento de su vida resolver las necesidades alimentarias de sus hijos/as. Es decir, aunque su salida del ámbito privado se realice reforzando su rol tradicional de género como madres, o cuidadoras, es lo que a su vez las motiva a trascender al barrio como espacio público, a formar parte de un colectivo.

Sin embargo, muchas de ellas no pertenecen al barrio y, además, han recibido otro tipo de ayuda o asistido a otros comedores. Aquí emerge como clave el rol de Gabriela y los vínculos que ella logra generar:

Creo que vienen acá porque las tratamos bien, les hablamos. Yo no juzgo a nadie, sé lo que es pasar necesidades y sé que a nadie le gusta pedir. Yo les hablo mucho para que puedan salir adelante. Las escucho mucho, a muchas les faltaba eso y creo que por eso se quedan.” (Gabriela)

Todas las mujeres se convirtieron en “colaboradoras” por pedido de Gabriela.

Como mencionamos anteriormente, el grupo actual se conformó hace dos años aproximadamente. Para ella, la tarea de conformar el equipo de trabajo no fue sencilla.

Sin embargo, actualmente se siente satisfecha porque han logrado consolidar un grupo unido.

Indagando en torno a las motivaciones de las mujeres para integrarse y dedicar gran parte de su tiempo al comedor, encontramos distintos argumentos que nos permiten afirmar que este espacio se constituye mucho más allá de un modo de obtener alimentos o garantizar la reproducción de la vida, sino que supone una compleja trama relacional a partir de la cual resuelven muchas de sus necesidades.

Gabriela y Rosa, que presentan una trayectoria de vida diferente a las demás integrantes, mencionaron como argumento principal para formar parte de este espacio a su vocación de servicio:

“Y, es la vocación, yo ayudé toda mi vida, siempre tuve empatía. Me gusta, es algo que me nace, no lo veo como algo que tenga que hacer o que me cueste, soy así, es vocación supongo” (Rosa)

“Después de muchos años, yo veía lo que hacía mi papá y mi mamá en el comedor, ellos me inculcaron eso, siempre lo vi. Y un día, estaba escuchando la palabra del señor y hablaba sobre los desprotegidos, y dije, yo no puedo estar sin hacer nada por el otro, sin ayudar. Y ahí decidí volver con esto del comedor, yo creo que fue el señor que me iluminó y es

el que me da fuerzas y no me desampara” (Gabriela).

Las demás integrantes mencionaron, en primer lugar, la situación de haber estado

“del otro lado”, de ser empáticas y de lograr resolver sus problemas -aunque más no sea a corto plazo- a partir de la ayuda de sus pares:

“Sé lo que es no tener nada para darles de comer a tus hijos, no tener nada. Ir a golpear puertas y que nadie te ayude, desesperarte. Por eso las entiendo y por eso ayudo” (Iris)

“y, yo crié a mis hijos sola. En su momento venir acá me dio una mano grande, no solamente para darles de comer a los chicos, a veces tenía algunos problemas de conducta y la Gabi me ayudaba, los contenía mucho. Muchas veces a mí no me daban bola pero a ella sí, a mí me ayudó mucho. Y me gusta ayudar a otras que pasan por lo mismo porque sé lo que se siente” (Paula)

En el relato de Paula, al igual que en el de la mayoría, se integran algunos argumentos más relacionados con lo emocional y de contención que con lo material.

Entonces, podríamos hablar de un entrecruzamiento de motivaciones individuales y colectivas. Colectivas, porque en su accionar reconocen el beneficio para otros/as;

individuales porque a partir de su pertenencia al grupo se sienten contenidas y valoradas:

“Vos volves a tu casa tranquila, como cuando te acostas, sabes que por lo menos hoy hiciste el bien” (Roxana)

“Muchas veces la comida no alcanza para nosotras, nos hemos ido de acá con las manos vacías, pero no nos importa porque sabemos que es más importante que los otros tengan” (Mónica)

“Cuando yo sé que voy a cocinar para otros me da mucha alegría, malcriarlos, mimarlos, que disfruten. Igual que a las chicas, yo siempre mimo a todos, soy como una abuela, y a mi dar y hacer para otros me hace feliz” (Rosa)

“Vos sabes lo que es, cuando ves por ejemplo cuando festejamos los cumpleaños y vienen todos los chicos, y están contentos, vos los ves felices.

Eso es lo que te empuja a seguir, te da ganas. Porque esos niños los conoces de antes y antes eran distintos, ni jugaban, y ahora los ves contentos, ellos mismos te lo dicen. Les gusta venir acá. (Iris)

Incluso, en muchas oportunidades remarcaron que ir al comedor es parte de su rutina y un momento que esperan toda la semana. También la mayoría mencionó que, en

enero, a raíz de que se tomaron un descanso de las actividades del comedor por dos semanas, utilizaban el grupo de WhatsApp para seguir en contacto:

“Y, cuando no vengo acá al comedor estoy muy encerrada, triste. A veces me pongo a pensar cosas y sola me pongo triste. Pero acá estoy contenta, feliz diría. Nos llevamos bien con las chicas y si alguna tiene un problema ahí no más la ayudamos entre todas.” (Roxana)

“Cuando nos fuimos de vacaciones, uy, fue re duro, todas nos extrañábamos, nos decíamos ¿cuánto falta para volver? Parece que no, pero se extraña todo esto.” (Rosa)

Otro elemento que mencionaron muchas de las integrantes es la culpa que les genera gozar de “ciertos beneficios” -aunque no sea más que un plato de comida- mientras hay personas que no tienen nada para subsistir. Esta situación surgió como una de las motivaciones recurrentemente mencionada.

Y luego, en todas las entrevistas mencionaron la dimensión material, ya que su participación en el comedor les permite que sus familias puedan vestirse y contar con el almuerzo dos veces por semana, lo cual les significa un alivio en la economía familiar:

“Por ejemplo, ahora que iban a empezar las clases, mis hijos no tenían nada, todo me lo dio la Gabi de acá, los útiles, todo.” (Paula)

“¿Viste como está vestida de hermosa mi nena? Todo lo llevé de acá. Ella tiene todo usado, cosas que traen acá al comedor, pero me re salvan. Está hermosa vestida y son todas donaciones que trae la gente acá.” (Ana)

“El comedor a mí me gusta mucho y no cobro un mango por eso, yo siempre le digo a mi familia que al principio empezamos invirtiendo en el comedor y hoy el comedor nos da. La ropa y mercadería que se les da a los otros también la reciben mis hijos… Nos da, y eso queda en la casa y lo recibe toda mi familia, mi marido y mis hijos.” (Gabriela)

“De acá me llevo las porciones para mi familia y también para mis nietos, que ellos viven al frente de mi casa. Yo le hacía ver eso a mi marido, que nosotros comemos y nos vestimos gracias al comedor. También yo traigo la ropa que no usamos, ayer traje una bolsa llena de zapatillas. Y la repartimos, hacemos así, todo vuelve.” (Roxana)

En este sentido, las mujeres consideran que construyen redes de ayuda mutua, en las que ponen a disposición sus saberes y su tiempo para poder obtener recursos útiles al sostenimiento de sus familias, pero valoran aquello que “no paga la plata”, haciendo

referencia a que no hay mayor satisfacción que “la sonrisa de un niño” (Rosa).

2.2 Transformaciones en las subjetividades de las mujeres a partir de la