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Experiencias en México

3. CLIMA SOCIAL ESCOLAR, VIOLENCIA Y CONVIVENCIA ESCOLAR

3.5 Programas Preventivos Sobre Violencia y Convivencia Escolar

3.5.1 Experiencias en México

Desde hace una década, en México iniciaron las acciones para combatir la violencia y el acoso escolar en escuelas de educación básica, que va desde preescolar hasta secundaria, tales como el Programa Escuela Segura, Eduquemos para la paz: por ti, por mí por todo el mundo, y el Proyecto a Favor de la Convivencia Escolar (PACE) (SEP, 2010; Bustos, 2006; Gobierno del Estado de México, 2012; SEP, 2016b).

Tales programas se centran en la elaboración de guías impresas dirigidas a docentes, familias y alumnos de escuelas de educación básica, y en el caso del tercer programa a estudiantes de educación media superior.

El Programa contra la violencia, “Eduquemos para la paz, por ti, por mí, por todo el mundo” se basa en impartir talleres a docentes, padres y alumnos por parte de promotores voluntarios, el proyecto fue implementado en el Estado de México, con un enfoque informativo, con temas como la violencia y sus efectos, la educación para la paz, y resolución no violenta de conflictos.

Sin embargo, al evaluarse se encontró que es difícil de aplicar en escuelas de educación especial, se carece de una agenda de actividades precisa, la participación de los padres es pasiva, y los resultados están basados en las percepciones que tienen los promotores sobre la utilidad del programa, ante lo cual manifiestan que éste logró sensibilizar, más que erradicar comportamientos violentos (Bustos, Op. Cit).

El Programa Escuela Segura da inicio en el 2007, y atiende la recomendación de la UNESCO, de promover la articulación de tres procesos: prevención, protección y autocuidado. Pretende generar condiciones favorables para que las escuelas de educación básica lleven a cabo procesos

49 participativos de gestión de seguridad, promuevan una cultura de la prevención y de la legalidad para ser espacios seguros, libres de violencia y adicciones.

Incluye actividades y material didáctico para estudiantes, docentes y familias, así como para personal directivo. El material contiene información básica, actividades reflexivas individuales y grupales y breves advertencias de riesgo, además de un directorio de instituciones a las cuales el joven puede acudir a solicitar apoyo.

En el estado de Sonora, en el año 2014 se implementó el Programa Mi escuela libre de violencia en 123 escuelas primarias y secundarias públicas, el cual consistía en acciones, tales como: el buzón contra el abusón, sketchs sobre la prevención de violencia, eventos deportivos, impartición de temas en el marco de la asignatura estatal sobre ciudadanía, recolección de juguetes bélicos, acciones de prevención terciaria o para atención a casos de alto riesgo.

Las actividades estaban dirigidas por un psicólogo asignado por la Secretaría de Educación y Cultura (SEC, 2014). Se estima que alrededor de 10, 500 estudiantes fueron beneficiados con el programa, sin embargo se carece de mayor información sobre los resultados.

En 2016 entra en operación Psicología en Convivencia. En dicho programa, colabora un grupo de 13 psicólogos asignados a escuelas secundarias públicas ubicadas en polígonos de violencia en los municipios de Navojoa, Obregón, Guaymas, Hermosillo, Caborca, y Nogales. Este programa maneja una perspectiva de equidad de género y derechos humanos, sus acciones son enfocadas a la prevención e intervención en los diferentes tipos de violencia escolar, promoción de una convivencia democrática, inclusiva y pacífica, con actividades grupales e individuales dirigidas a estudiantes, docentes y familias, así como condiciones organizacionales en la escuela.

Este tipo de programas de intervención dirigidos a prevenir o intervenir en problema de violencia en la escuela pueden clasificarse como: aquellos centrados en la persona, centrados en la situación o contexto, y los centrados en la interacción entre la persona y el contexto.

Aquéllos programas que surgen del modelo ecológico contextual de Bronfenbrenner (1999), asumen el riesgo de la interacción entre el niño y las características del contexto, los déficits de habilidades no están en función de las características inherentes del niño, sino de su vulnerabilidad ante el contexto particular físico y social que le rodea, así se pretende modificar el ambiente para eliminar las causas del desajuste.

De tal forma, que plantean proporcionar recursos en el entorno para facilitar el desarrollo de habilidades y producir cambios y modificaciones de condiciones que son potencialmente

50 peligrosas; ya que su premisa es que promover la competencia social y la resolución constructiva de conflictos interpersonales incide en la prevención de la violencia escolar (Sánchez, Rivas, y Trianes, 2006).

La mayoría de los programas de intervención descritos anteriormente, plantean la participación de los principales actores educativos: estudiantes, personal docente y familias. Sin embargo, una de las limitantes de los programas de este tipo es la falta de acciones dirigidas a la comunidad o al barrio en el que se ubica la escuela o donde viven sus estudiantes.

De acuerdo con Oliva, Antolín, Estévez y Pascual, (2012) durante la adolescencia, es mayor el tiempo que niños y niñas pasan fuera de casa y de la escuela, lo cual indica mayor exposición a factores del barrio en el que viven. Esto, afecta de manera directa el comportamiento que tienen los adolescentes en sus contextos inmediatos. De tal forma que, en un programa de intervención resulta necesario contemplar acciones enfocadas a la comunidad.

De acuerdo con la clasificación de Volokh (1997; citado en Villalobos, 2007), los programas implementados en otros países, así como los realizados en México comparten algunas características:

1). Programas basados en la administración escolar y vinculación con la policía para controlar la disciplina estudiantil;

2). Programas basados en el currículo o plan de estudios;

3). Programas basados en la modificación del entorno para el cambio comportamental de los estudiantes.

Igualmente, consideran que para lograr cambios positivos en la socialización escolar es necesario dar seguimiento al programa a mediano o largo plazo, el reto sigue siendo incluir a las familias en las actividades y que existan acciones enfocadas al personal directivo y personal docente de la escuela.

Los programas de prevención de la violencia en contextos escolares buscan finalmente transitar de una sociedad donde se carece de habilidades para resolver conflictos de manera pacífica, y una falta de competencia en gestión de emociones a una cultura para la paz.

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