7. LA FARMACIA VIVIENTE EN LA TRADICIÓN INDÍGENA
7.2. La Farmacia Viviente
172 que ha desarrollado estrategias evolutivas para competir con un cultivo. Así surge en el siglo XXI, como símbolo de identidad nacional, en este tenor las plantas medicinales deben de cosecharse para el bienestar social desde una perspectiva humanista que anteponga los valores mostrados por la tradición, por encima de la vorágine económica racional.
La seguridad social relativa a la salud, no se procura en la medida en que sean suministrados los medicamentos alópatas, sino en la habilidad de no depender de la tecnología y los recursos importados, en este sentido es preciso recuperar los saberes de la medicina tradicional, por lo que el equipo que configuró esta investigación, propone como una vía de reapropiación, la edificación de Farmacias Vivientes tomando como guía los principios filosóficos, sociales y multifuncionales que tienen los indígenas acerca de las entidades biológicas medicinales, ya que estas significan pasado, presente y futuro al mismo tiempo.
173 se concibe como un espacio interactivo donde el sistema de acciones comunitarias sea la manivela que dé rumbo al uso de la botánica médica, de tal forma que el área donde se instalen las plantas medicinales no funja como un
“ecomuseo” donde se muestre al público la flora curativa como una simple y banal mercancía, tampoco que sólo sea entendida por los investigadores, sino que sea activada por la cotidianidad de los habitantes y así abrir una hendidura que permita la entrada de una luz que alumbre y avive las ideas de reapropiación y valoración de los recursos biológicos.
Para delimitar con precisión los alcances de este trabajo, es pertinente citar a Hernández-Xolocotzi (2004). Dicho autor afirma que los estudios etnobotánicos y la exploración están encaminados a la búsqueda de materiales con potencial para satisfacer las necesidades humanas, además han servido de base para la detección de productos y especies vegetales útiles para la curación de enfermedades nuevas, mismas que son generadas por las actividades humanas, entre ellas la sobrepoblación, el hacinamiento, la tensión nerviosa debida a la actividad intensa y el deterioro del ambiente. Entre estas enfermedades se cuentan la arteriosclerosis, la alta presión arterial, las deficiencias mentales, la tensión nerviosa, el cáncer y el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA). Como resultado de estas investigaciones se han descubierto nuevas especies susceptibles de ser domesticadas para los fines deseados, en este caso están: el barbasco (Dioscorea composita) para anticonceptivos, el toloache (Datura sp.) para enfermedades respiratorias, y la vinca (Catharanthus roseus) para el cáncer. Con estas investigaciones se ha incrementado el gran acervo genético de las plantas domesticadas.
En esta corriente de pensamiento, gran parte de los investigadores visualizan al conocimiento de los indígenas sólo como tributario, lo que significa que únicamente les son útiles cuando tienen información novedosa y en la medida en que se les van extrayendo datos, van dejando de ser interesantes. Cuando ya se acabó de extraer la información, ésta es absorbida por el sistema racional
174 con sus acciones globales y se distribuye a nivel mundial el conocimiento para curar enfermedades como el cáncer, ¡qué irónico panorama!, pues lastimosamente los científicos han funcionado como vasallos de las grandes empresas farmacéuticas multinacionales.
El canal conceptual de la Farmacia Viviente es distinto al mecanismo previamente citado, ya que en la Farmacia Viviente no solamente son importantes las plantas medicinales por su infinidad de compuestos químicos lucrativos para la industria, sino que desde la visión espacial son más importantes los sistemas de pensamientos que posaron su intelecto y su intención en los objetos medicinales e hicieron posible el espacio de la medicina tradicional. Por lo cual no es lo mismo tener en exposición plantas medicinales en un jardín botánico, que expresan estáticamente las herencias y las relaciones entre hombre y naturaleza, a que los actores indígenas en la Farmacia Viviente animen el espacio y conjuguen la memoria viva en sus acciones, en una relación carente de inmutabilidad como en un jardín botánico, además las acciones contemporáneas indígenas son intrínsecamente pasado y futuro.
De tal manera que el espacio de la Farmacia Viviente no es estático, ni tampoco mantiene sus atributos a través del tiempo, ya que está determinado por las acciones de los individuos que generan el espacio, es decir, si en la época de Netzahualcóyotl realizaban curaciones, danzas y rituales propios de la cotidianidad del siglo XV, en la contemporaneidad de Ixcanelco se llevan a cabo baños, visitas al cube, al río, diagnósticos a través de la lectura de maíz, invocaciones a los tepeyotes, entre otras acciones.
Con la Farmacia Viviente no se quiere invocar a un nostálgico pasado grandioso donde los mexicanos fueron muy buenos, sino que se pretende promover un espacio para librar del mal de ojo histórico que ha sufrido la medicina tradicional y así llevar a cabo una limpia con plantas fragantes que
175 pueda repeler el espanto y los malos aires del sometimiento que ayuden a curar la patológica realidad de México, quien es uno de los países con mayor riqueza cultural y biológica en el mundo, sin embargo, los portadores de esta fortuna se encuentran en la marginalidad extrema.
Las entidades biológicas medicinales cobran un sentido diferente cuando se encuentran dentro del espacio de la Farmacia Viviente porque al internalizar la proyección de las intenciones se genera un movimiento consciente y una direccionalidad que difiere de una cosa encontrada en estado silvestre carente de propósito humano. Por ello, la interpretación de un mismo objeto situado en espacios diferentes, le confiere a éstos significaciones distintas y por ende configura espacios disímiles.
Es decir, en potencia existen tantos espacios como tantos niveles de conciencia y significaciones que se puedan posar sobre una planta medicinal, así como las posibilidades que los individuos le puedan descubrir y atribuir.
Una planta medicinal puede estar insertada en un circuito de mercadotecnia mundial con una marca registrada, empaquetada y con patente, al mismo tiempo se podrá ubicar en un área no deseada como una maleza que provoca problemas para el agricultor, simultáneamente un curandero la estará utilizando a través de una tisana para sanar a un convaleciente, es posible que este mismo objeto funcione como un fitoamuleto protegiendo o dañando a un individuo. En este contexto, cuando se interpreta a los objetos se edifica el espacio, ya que no puede haber un espacio sin objetos, ni estos sin intencionalidad, lo que quiere decir, que el movimiento intencionado le confiere sentido y significado al espacio.
Por lo cual la Farmacia Viviente está concebida para generar un proceso dialéctico donde puedan coexistir el quimiotipo diferenciado que tenga actividad sobre una célula específica, así como la recuperación del tonalli a partir de la
176 suave caricia de los foliolos y glándulas odoríficas de una mata. Pues el reconocimiento de los dos extremos no implica donar la conciencia a dios o al diablo, como lo refiere Touraine (2006b), es imposible llamar moderna a una sociedad que busca ante todo organizarse y obrar de conformidad con una revelación divina o con una esencia nacional.
“La transformación de un mundo desgarrado y desorientado, dividido entre dos universos sin comunicación mutua, en un campo social en donde los actores entablan relaciones de conflicto o cooperación, no se efectúa, en el mundo que observamos, mediante el recurso a un principio superior de sentido y por lo tanto en nombre de una ley, ya sea la de Dios, la del pueblo o la de la razón. Sólo puede efectuarse a partir de una exigencia del individuo, que no soporta estar dividido con respecto a sí mismo o sometido a una doble dependencia”.
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