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FISONOMÍA URBANA Y ARQUITECTURA DE ALCARAZ

Fotos 3.1.1 – 3.1.59. Cuadros 3.1.1 – 3.1.13

La importancia, desarrollo y riqueza de Alcaraz en las épocas medieval y renacentista hicieron posible la construcción de numerosos edificios religiosos y civiles con interés arquitectónico: cinco iglesias parroquiales, siete conventos –cinco de frailes y dos de monjas–, varias ermitas –entre las que, a partir de finales del siglo XV, destacaba la de Nuestra Señora de Cortes, extramuros de la ciudad–, el conjunto de las Casas del Concejo de la plaza de Arriba, la espléndida plaza Mayor, la denominada de Abajo, un monumental acueducto, quizás alguna puerta de la muralla, varios edificios públicos y numerosas casas señoriales y algunas eclesiásticas.

Las iglesias parroquiales, todas de origen medieval, fueron las de San Ignacio de Antioquía, Santa María de la Asunción, San Pedro, San Miguel Arcángel y Santísima Trinidad.

A finales del siglo XV estaban fundados ya cuatro conventos: Observantes de San Francisco y Santo Domingo, los dos de frailes, Santa María Magdalena, de franciscanas, y Sancti Spiritus, de monjas dominicas. En la centuria siguiente, y tras algunas tentativas, fue fundado el convento de San Agustín. En la segunda década del siglo XVII se construyó el convento-hospital de San Juan de Dios y se comenzó, tras intentos anteriores, el colegio de la Compañía de Jesús, que pronto vio detenidas sus obras hasta mediados de siglo, en que se reanu- daron, si bien, la institución tuvo corta vida ya que fue cerrada a principios del último tercio del siglo XVIII.

Nada más concluirse la reconquista comenzaron a levantarse las Casas del Concejo, viviendas de la nobleza y clero y varias ermitas, la mencionada de Cortes ya existía en 1222.

La plaza Mayor y el acueducto fueron construyéndose durante los últimos años del siglo XV, el XVI y primeros años del XVII y las casas de los hidalgos proliferaron en esa época en los aledaños de la nueva plaza y a lo largo de la calle Mayor.

A partir de finales del siglo XVI, Alcaraz empieza a sufrir un agostamiento económico y un descenso de la población que le llevará a una profunda y gradual decadencia que tuvo como una de sus consecuencias la pérdida de numerosos edificios significativos de la ciudad85.

Las parroquias de San Ignacio, Santa María y San Pedro amenazaban ruina desde finales del siglo XV y aunque se hicieron intentos de reedificación y se efectuaron ciertas obras de consolidación en las dos últimas y se levantó en un emplazamiento diferente una nueva de San Ignacio, en la que intervino Vandelvira, –que, al parecer, no se construyó completamente–, las fábricas siempre estuvieron en precario estado.

85 SÁNCHEZ FERRER, J. «Alcaraz, urgencia de la protección y difusión de un patrimonio poco conocido». Actas del Primer Congreso Internacional Las ciudades históricas. Patrimonio y sociabilidad. Córdoba 15-17 de abril de 1999. Córdoba, 2000. Pp. 167-182.

Hacia 1690, ante la escasez de feligreses, la parroquia de San Pedro se incorporó a la de Santa María.

Posteriormente, la nueva de San Ignacio y la de Santa María fueron incorporadas a las de San Miguel y Santísima Trinidad, respectivamente, quedando primero abandonadas y luego arruinadas. Esto dio lugar a un lento y progresivo proceso de concentración de los bienes artísticos muebles en las iglesias parroquiales que iban quedando al culto.

Tras la creación de la provincia de Albacete, en 1833, se agravó la decadencia de Alcaraz. A partir de ese año, por segunda vez en su historia volvieron a ir segregándose sus antiguas aldeas al convertirse en municipios independientes y en 1836, con la desamortización, todos los conventos, excepto el de Santa María Magdalena, que ha mantenido ininterrumpidamente su función hasta la actualidad, y el colegio de la Compañía de Jesús, que cerró antes (a finales del siglo XVII), fueron suprimidos. «La Desamortización de bienes del clero y de los municipios acarrearán en Alcaraz una transformación profunda de la propiedad y un rico patrimonio que pasará al Estado pero que, incapaz de gestionar eficientemente el ingente volumen de fincas rústicas, urbanas y bienes artísticos, deparará en un claro abandono, expolio y ruina, que Pedro Román plasmó magistralmente en sus fotografías. Imágenes lacerantes de un pasado sin retorno»86.

Más factores determinaron el ocaso de Alcaraz: su aislamiento –al haberse quedado fuera de las grandes rutas de comunicación–, un sistema económico basado en la gran desigualdad de la propiedad de la tierra, en una ganadería y una agricultura de autoabastecimiento, baja producción y pobres rendimientos y en una industria textil, antaño importante, apegada a procesos de transformación tradicionales que cubría las necesi- dades domésticas de los vecinos, pero que era incapaz de competir en un mercado externo.

La población comenzó a bajar ininterrumpidamente, pasando de 7.325 personas a mediados de siglo87 a 4.501 en el año 1900 y del censo de 1877 se deduce que a finales del siglo XIX eran analfabetos más del ochenta por ciento de los habitantes. Durante los años en los que Pedro Román fotografiaba y pintaba su pueblo, la población experimentó una tendencia ligeramente alcista, alcanzando la cifra de algo más de cinco mil habi- tantes en 1930, pero la ciudad en la que nació y que él dio a conocer con sus imágenes ya era una población extraordinariamente venida a menos.

El convento de San Francisco se convirtió en casa de beneficencia y su iglesia fue cerrada; el de San Agustín lo vendió el Estado a particulares; el de Santo Domingo se fue arruinando; la iglesia del conven- to-hospital de San Juan de Dios quedó cerrada y sin destino y sus dependencias pasaron a propiedad de

86 VALERO DE LA ROSA, E. Pedro Román y Alcaraz. Con vistas al tiempo. Albacete, 2019. P. 22.

87 Proporciona una amplia panorámica de la situación de Alcaraz en esta época el Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus Posesiones de Ultramar de Pascual MADOZ. Madrid, 1845.

particulares; a finales del siglo XIX y principios del XX los dos edificios que constituían el convento de dominicas del Sancti Spiritus se modificaron profundamente, convirtiéndose en dependencias públicas y en casas particulares.

Todas las ermitas y humilladeros fueron deteriorándose lentamente y desapareciendo, excepto el santuario de Cortes, que se mantuvo con pujanza religiosa, dignidad arquitectónica y cierta riqueza artística.

La decadencia también afectó a las obras civiles: lo que quedaba del castillo a principios del siglo XVI se fue desmoronando hasta quedar en pobres ruinas; la plaza de Arriba se convirtió en un despoblado y sus edificios públicos comenzaron a hundirse llegando hasta el arrasamiento y se plantearon verdaderos problemas económicos para reparar los continuos deterioros de la plaza Mayor. El acueducto, debido al alto coste de su mantenimiento, fue paulatinamente funcionando peor hasta que dejó de ser utilizado, arruinándose su fábrica.

Las casas de los hidalgos y de los eclesiásticos también fueron desapareciendo y las que llegaron al siglo XX se encontraban, en su mayor parte, deterioradas materialmente, desnaturalizadas estilísticamente y trans- formadas estructuralmente. Las casas de la gente humilde fueron degradándose y convirtiéndose en buena parte en viviendas destartaladas.

Pedro Román era plenamente consciente del declive económico y del atraso social de su ciudad natal, como queda patente en uno de sus artículos: «Alejada de la Corte y desprovista de medios rápidos de comu- nicación por su situación, antiguamente tan ventajosa, decayó rápidamente. Su famoso castillo, sus murallas, su soberbio acueducto, iglesias y casas señoriales se fueron arruinando, y aun se derribaron para aprovechar sus materiales, y el olvido más absoluto remplazó su pasada gloria»88.

Su legado fotográfico y pictórico está cargado de afecto, nostalgia, tristeza y deseos de revitalización, logro que era ya imposible, y es un testimonio fidedigno de la Alcaraz noble, altiva, medio derrumbada, atrasada y empequeñecida en la que nació y vivió su niñez. Siempre defendió la gloria que atesoraban sus monumen- tos y, quizás, siempre confió en que la situación de Alcaraz cambiara «para ser merecedora de ser visitada y admirada»89.

Trabajó para conseguirlo; sus herramientas fueron fotografías, pinturas y palabras escritas. Elvira Valero ha estudiado sus artículos sobre Alcaraz y dice que «presentan una estructura similar, constan de una intro- ducción histórico-legendaria de su pasado, una evocación de su situación geográfica, una alabanza del paisaje privilegiado para contrastar con el presente, caracterizado por el abandono y el ostracismo de la ciudad (…)».

88 ROMÁN, P. Artículo publicado en La Esfera, nº 544, fechado el 7 de junio de 1924.

89 Tomado de VALERO DE LA ROSA, E. Pedro Román….– Op. cit. P. 24

Su prosa y sus imágenes «(…) muestran el capital, no sólo histórico, sino cultural de esas ‘piedras’ genuinas, donde se asienta el espíritu de las generaciones precedentes, las que ganaron para Alcaraz un lugar en la Historia»90.

90 Ibidem. Pp. 25 y 26.

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