Marco Teórico
4.2 QUIEN TE QUIERE, TE HARÁ LLORAR
4.2.1 TEORÍA DE GÉNERO
4.2.1.1 GENDER, GENR, GÉNERO…
Comenzaremos este apartado preguntándonos cuándo comenzó a hablarse de género. La fecha exacta no se sabe; sin embargo, de lo que se habla en los diferentes textos sobre el estudio del mismo es que existe una ambigüedad en la palabra, pues género va a depender del idioma en que se hable. La palabra gender comenzó a gestarse en los años 70 en el lenguaje anglosajón, y denomina “lo físico y bilógico del ser humano” (Cassin, 2002:01), mientras que su traducción al francés recrea todo un concepto filosófico que denomina a la
“sexualidad como un carácter sexuado de la humanidad”. (Cassin, 2002:02).
Como podemos notar, la conjunción de ambas traducciones del término, nos da como resultado una categoría más completa. Y es en esta categoría resultante, en donde se van a situar las feministas, quienes además ven al género como “la forma de referirse a la organización social de las relaciones entre sexos”, (Scott, 1996:04) ya que no pueden tomar
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sólo los aspectos físicos, o sólo los culturales,14 o sólo hablar sobre mujeres; lo que importa ahora es, precisamente, comprender el significado de los sexos y descubrir el alcance de los roles sexuales. Por otro lado, Rosa Cobo dice que “género” designa las construcciones culturales de lo que es femenino y masculino y no los hechos naturales. (1995:01)
La concepción de género ha influido de tal forma que se han precisado comportamientos específicos, actitudes e incluso cómo vive las emociones cada género. Si, según Cobo se trata de lo femenino y lo masculino, tiene entonces que ver con la identidad más que con la asignación. Y mucho menos contiene una relación directa con los elementos físicos que caracterizan a un hombre o mujer; de tal manera que el género tendría que ser una elección personal y no una asignación cultural. Por otro lado, si es notorio que la concepción de género ha generado roles sexuales.
Para Scott, género15 comprende cuatro elementos interrelacionados:
“Primero, símbolos culturalmente disponibles que evocan representaciones, múltiples (y menudo contradictorias)” (1996:23). Por ejemplo, no hay ni ha existido en la historia un concepto único e inmutable de “mujer”; sin embargo, contemplar este elemento de género repercute también a un análisis comunicativo, pertinente en el interaccionismo simbólico;
es decir, ¿cómo significan las personas el amor?, ¿Qué representación tiene de sí mismas como mujeres? ¿Cuál de hombre? ¿Cuál de relación? No es entonces una categoría dada, sino un constructo cultural.
“Segundo, conceptos normativos que manifiestan las interpretaciones de los significados de los símbolos, en un intento de limitar y contener sus posibilidades
14De hecho, en los lenguajes indoeuropeos existe ya una categoría asexuada o neutra, no sólo femenino y masculino.
15 Como elemento constitutivo de las relaciones sociales
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metafóricas. Esos conceptos se expresan en doctrinas religiosas, educativas, científicas, legales y políticas, que afirman categórica y unívocamente el significado de varón y mujer, masculino y femenino.” (Scott, 1996:23) Esta descripción, considero que está en el mismo campo de la significación, pero tiene que ver con un receptor, es decir cómo me están llegando los mensajes y cómo los decodifico o interpreto. También considero que este tipo de análisis está filtrado por la naturalización de las prácticas. No hacerlo, es un acto apolítico que tiene que ver con el orden que se nos ha asignado y con la aceptación del mismo. Es decir nos volvemos ajenos a repensar nuestra posición en el mundo y reproducimos la que está dada.
“Tercero el sistema de parentesco que incluya no sólo a la familia sino también (en especial en las complejas sociedades modernas) el mercado de trabajo (un mercado de trabajo segregado por sexos forma parte del proceso de construcción del género), la educación (las instituciones masculinas, las de un solo sexo, y las coeducativas forman parte del mismo proceso) y la política (el sufragio universal masculino es parte del proceso de construcción del género)” (Scott, 1996:24). Entiendo que el término género es ambiguo y repercute en él toda forma de interacción sociocultural y, a la vez, incluye otras formas de convivenciaque se dialoguen desde su otredad y no sólo desde la autoridad impuesta. Creo también que el género como parentesco se va construyendo en cada contexto y formas de vivir, pues, a veces, nos falta imaginación para darnos cuenta de todos los posibles sentidos de la realidad. Este elemento tiene que ver con la complejidad de la realidad, es investigar la forma en que se construyen las distintas identidades, actividades e incluso representaciones culturales, en su contexto específico, es aceptar que los seres humanos interpretamos, reinterpretamos y actuamos según el contexto en el que estemos. Igual
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equivale a pensar cómo está organizado el sistema en el que vivimos y cómo es que lo vivimos. ¿Quién nos marca el orden?, ¿Quién hace las leyes y normas?, ¿Para quienes están pensadas?, ¿Cabemos todos y todas en la universalidad del amor, de la violencia, de la paz?
, ¿Quiénes construyen las interacciones, los significados?, ¿De qué manera nos involucramos políticamente en cuestiones de la vida cotidiana como tener pareja?. ¿En qué repercute como sistema social volvernos ajenos a repensar la violencia?
El cuarto elemento para Scott es la identidad subjetiva, propone “investigar las formas en que se construyen esencialmente las, identidades genéricas y relacionar sus hallazgos con una serie de actividades, organizaciones sociales y representaciones culturales, históricamente específicas”. (1996:25) Esta propuesta, abre la posibilidad de construir nuevas identidades de género y analizarlas desde la base de su construcción.
“El género es una forma primaria de relaciones significantes de poder. Podría mejor decirse que el género es el campo primario dentro del cual o por medio del cual se articula el poder. (Scott, 1996:27). Cuando resignificamos la organización social y las representaciones de poder, abrimos la puerta a nuevas formas de convivencia y por tanto, de interacción, es aquí en donde se puede replantear el amor alejado de prácticas violentas, porque no es un caso privado, nos afecta a todas porque ha sido montado por el sistema patriarcal y machista.