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NOVIAZGO EN EL SIGLO XIX

In document Violencia “Amorosa” (página 32-37)

2. ANTECEDENTES “ROMÁNTICAMENTE” VIOLENTOS

2.2 DATOS PUNTUALES SOBRE EL NOVIAZGO

2.2.1 NOVIAZGO EN EL SIGLO XIX

Prácticas y costumbres sobre el amor.

Este sub apartado comienza con un recuento de algunos acontecimientos de la época del siglo XIX, ya que hubo un movimiento social importante para México como fue su independencia. Nos dice Isauro Rionda: “Los criollos y clérigos a inicios del periodo independiente, no desean perder los privilegios tenidos en el periodo colonial, como a su vez, los mestizos e indígenas luchan por adquirir un estatus de ciudadanía democrática”.

(Rionda, s/a: 11) México marcharía sin la corana española, aunque sí con un mestizaje incluso cultural.

Martha Eva Rocha, historiadora, plantea que el México de finales del siglo XIX era conservador lleno tradiciones y buenas costumbres, ya había crecimiento urbano, clase media y estos aspectos eran propios del “régimen porfirista”. (Rocha, 1995:119)

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El concepto de amor en esta época era el amor virtuoso, espiritual, eterno y, sobre todo, jerárquico: “se expresa en la posesión y dominio del hombre sobre la entrega y sumisión de la mujer.” (Rocha, 1995:122) Entonces, dice Rocha, el noviazgo cobra sentido en las relaciones lícitas y honestas sostenidas entre un joven y una señorita que pretenden contraer matrimonio. Por lo tanto en la relación decimonónica con del noviazgo, el fin era el matrimonio.

En el noviazgo, los jóvenes tenían la oportunidad de experimentar el afecto y el conocimiento mutuo; pero para esto, las madres enseñaban a sus hijas la educación moral, en donde la pureza y honestidad de las señoritas tendría mucho peso social.

“El noviazgo, era entonces el periodo de preparación y aprendizaje de las tareas domésticas, ámbito y responsabilidad de las futuras esposas.” (Rocha, 1995:124) Sí había cortejo en las relaciones de noviazgo, se iba a los bailes, se mandaban cartas, había declaración amorosa, generalmente por carta o en un evento social, la aceptación de la señorita formalizaba el noviazgo, y entonces, el “novio” podía visitar a la señorita a su casa y con la autorización de sus padres. Así, el amor romántico en esta época responde a un sentimiento unido siempre a lo religioso y moral determinado.

Hasta aquí hemos hecho un recorrido de acontecimientos históricos que versó sobre los conceptos básicos, amor, noviazgo y matrimonio. Hemos visto que en el siglo XIX las familias inculcaban un peso moral a las mujeres, mientras que el noviazgo era el vehículo para el matrimonio. Ahora, trataremos históricamente el tema de la violencia amorosa y de género.

27 2.3 SOBRE LA VIOLENCIA AMOROSA.

Desde el mundo romano, podemos intuir violencia a la mujer, sobre todo a la mujer casada, es decir, “la esposa es vista como una criatura pequeña a la cual se le puede pegar” (Ovidio, 1999:36), en esta época, ya existía el concepto de infidelidad pero sólo la podía ejercer el marido.

Cuando hablamos de infidelidad nos referimos a la acción de tener una pareja fuera del matrimonio, en contraste con la fidelidad que es una norma social ahora naturalizada, que comenzó con el matrimonio, pero que antes no existía. Revisando a Federico Engels, encontramos lo siguiente:

“El estudio de la historia primitiva nos revela un estado de cosas en que los hombres practican la poligamia y sus mujeres la poliandría y en que, por consiguiente, los hijos

de unos y otros se consideran comunes. A su vez, ese mismo estado de cosas pasa por toda una serie de cambios hasta que se resuelve en la monogamia. Estas modificaciones son de tal especie, que el círculo comprendido en la unión conyugal

común, y que era muy amplio en su origen, se estrecha poco a poco hasta que, por último, ya no comprende sino la pareja aislada que predomina hoy”.

(Engels, 2012: 18)

Así, la fidelidad e infidelidad han sido un constructo cultural que va cambiando con cada cultura.

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La mujer es vista por el hombre como niña7, siempre tiene que depender de alguien, un padre, un tío o bien un tutor, hasta que se case y dependa de su marido. (Ovidio, 1999:37) Cuando una mujer se queda viuda, dice Paul Veyne, lo más probable es que los

“cazadores de viudas” (Simonnete, 2010:48) acudan a las mujeres no por ser mujer, sino por el dinero, pues es la forma más fácil de hacerse de una fortuna.

Por otro lado, después del casamiento podemos encontrar aspectos violentos, por ejemplo, dice Simonnet que en el mundo romano, la noche de bodas era una violación legal. (Simonnet, 2010:49)

Con la moral cristiana encaminada por los romanos, la violencia física es sin duda una práctica legitimada, “se puede golpear a las esclavas y si ésta fallece tras un plazo de tres días, la dueña no se considera responsable”. (Simonnet, 2010:49)

Posteriormente, la violencia pasa de ser evidente para ocultarse en el discurso amoroso y es con Ovidio con quien encontramos estos rasgos. Dice por ejemplo:

“Convéncete bien de que siempre serás el vencedor, y no habrá mujer que se te resista si tiendes con astucia tus redes, antes cesarán de cantar los pájaros

en primavera y las cigarras en verano y los perros huirán de las liebres, que una mujer rechace las pretensiones solícitas de su adorador.”

(Ovidio, 2010:75)

Entonces, si ponemos atención en el fragmento anterior, se está naturalizando la idea de que las mujeres no sabemos decir “no” a un hombre, que las mujeres no nos resistimos a

7 Recordemos también, que las mujeres fueron dotadas de derechos ciudadanos hasta el siglo XVIII, XIX.

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la conquista amorosa; cuando se tienden las redes es para cazar y esas redes son parte del amor cortés, así podemos inferir que en el discurso amoroso existe cierta violencia simbólica.

En el renacimiento, nos dice Simonnet, “los casos de incompatibilidad en las pareja son cuantiosos, y violentas las relaciones conyugales”. (Simonnet, 2010:76) De igual manera, es bien sabido el adulterio por parte del hombre era bien visto; sin embargo, si a una mujer se le acusaba de ello, era considerado delito, por lo cual su marido disponía de un “derecho de gracia” (Simonnet, 2010:47), con él podía interrumpir la ejecución de la mujer, para que ésta se reintegre a su familia.

En el siglo XIX, "la mujer se somete ya no por presión sino por amor. Porque con el amor también llegan todas las manipulaciones afectivas, como los celos tiránicos ejercidos por algunos maridos" (Simonnet, 2010:124), según nos dice Alain Corbin.

De este microrecuento impreciso surgen algunas dudas sobre cómo fue que las formas legitimadas de violencia dejaron de ser y cómo fue que aparecieron nuevas formas.

Una respuesta posible que me surge, es que las formas legítimas de violencia dejaron de serlo después de muchos años de que alguien las haya enunciado o no permitido, cuando se pensaron otras formas posibles de vivir distinto a la opresión o maltrato en que se vivía.

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