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Gestión y Planeación Turística Sustentable

3. MARCO TEÓRICO REFERENCIAL

3.7. Gestión y Planeación Turística Sustentable

medio ambiente y los recursos naturales; en esta propuesta se hacía evidente la preocupación ecológica que predominaba en esa época y por tanto no se hacía explícita la necesidad del respeto al patrimonio cultural sobre todo en la categoría de lo intangible (Rivera Lozano et al., 2010).

Para 2008, la Organización Mundial del Turismo de la ONU pronunció sus “Criterios Globales de Turismo Sostenible”, proclamándose así a favor de un desarrollo turístico que tomara en cuenta una plataforma sustentable. Definió el concepto de turismo sustentable como aquel que «responde a las necesidades de los turistas actuales y a las regiones receptoras, protegiendo y agrandando las oportunidades del futuro». A la sustentabilidad se le presentaba como rector de todos los recursos de modo que las necesidades económicas, sociales y estéticas pudieran ser satisfechas manteniendo la integridad cultural de los procesos ecológicos esenciales, la diversidad biológica y los sistemas en defensa de la vida. En este concepto ya se hacía explícita la relevancia de la conservación de los rasgos culturales como un componente de la sustentabilidad (Rivera Lozano et al., 2010).

Entre estos nuevos esquemas emerge el ecoturismo. Chávez (2005) lo define como «aquella modalidad turística ambientalmente responsable y consistente en viajar o visitar espacios naturales relativamente sin perturbar el ecosistema, con el fin de disfrutar, apreciar y estudiar los atractivos naturales de dichos espacios; así como cualquier manifestación cultural del presente y del pasado que puedan encontrarse ahí, a través de un proceso que promueve la conservación, tiene bajo impacto ambiental y cultural e induce un involucramiento activo y socio-económicamente benéfico de las poblaciones locales». La necesidad ha hecho que comunidades opten por explotar los servicios turísticos como medio para obtener ingresos.

Otra nueva modalidad es denominada turismo rural. Valdez (2004) describe al turismo rural como

«la oferta de actividades recreativas, alojamiento y servicios afines, situada en ambientes rurales, en contacto con la naturaleza y con sus gentes».

De acuerdo a Sancho Pérez (2001, p. 5-16) es la administración pública la que debe de adecuar sus planes de desarrollo turístico a la investigación para un crecimiento turístico, equilibrado y sustentable. Las instituciones educativas, como transmisoras del conocimiento, deben estimular la investigación para posicionar el sector entre los más desarrollados. Una política turística eficaz, que rentabilice las inversiones de la iniciativa privada y aplique los recursos públicos allí donde sean más necesarios, requiere el conocimiento científico de la realidad y la disponibilidad de información de carácter prospectivo. Esto es especialmente importante en el sector turístico que se caracteriza por su dinamismo, estacionalidad e inter-operatividad con otros sectores productivos (Ibíd., 2001).

En el ámbito del turismo cultural, Rivera Lozano y colaboradores (2010) denominan como actores a aquellos sectores de una sociedad que al coordinar esfuerzos y articular sus funciones intervienen en la planeación, desarrollo y puesta en operación de la actividad turística cultural, así como la gestión y puesta en valor de sus atractivos. Entre los actores se desarrolla una dinámica de colaboración para desarrollar actividades en el proceso productivo del turismo en un determinado territorio, sea éste un destino consolidado o en formación (ver figura 3).

Figura 3. Actores del turismo cultural

Fuente: Rivera Lozano et al., 2010.

El centro del fenómeno turístico cultural lo constituyen las comunidades receptoras —miembros de las comunidades y su organización interna, autoridades locales (religiosas, sistema de cargos, usos y costumbres), artesanos, artistas, comerciantes locales y empleados—. Resultan de gran apoyo las entidades a nivel internacional, encargadas de la conservación y promoción de la cultura, instituciones relacionadas con la promoción cultural a nivel nacional como instituciones bancarias, de beneficencia o empresas, institutos culturales estatales y municipales, además de las asociaciones locales de productores y prestadores de servicios relacionados con la cultura. La iniciativa privada está integrada tanto por la industria de la hospitalidad (hospedaje y sector restaurantero), guías de turistas, tour operadores y agencias de viajes, transportistas, como por miembros de las comunidades con emprendimientos o intereses enfocados al turismo. Las negociaciones y acuerdos a los que puedan llegar los actores de un destino turístico, así como su

disposición al trabajo colaborativo pueden determinar el éxito o fracaso de proyectos donde sea necesario el aprovechamiento del patrimonio con fines turísticos (Rivera Lozano et al., 2010).

De acuerdo a la “Declaración de Camboya” de la Organización Mundial de Turismo y la UNESCO (2015) es imperativo impulsar y conservar el patrimonio natural y cultural. El reto es fortalecer el desarrollo social y económico a partir del aprovechamiento de los recursos turísticos, pero también conservarlo como parte de la riqueza natural y de significados simbólicos que aporta para las identidades locales, mediante acciones que fomenten una revaloración y protección de los sitios patrimoniales. Al mismo nivel de importancia, destaca el aportar estudios que apoyen políticas sustentables que permitan entender las distintas formas de expresión cultural a través del respeto y la tolerancia. La “Declaración de Camboya” aboga por la promoción de cadenas de valor sustentables que garanticen calidad y creatividad en las exposiciones o espectáculos, formación y enseñanza a fin de incentivar la inversión. Para respaldar la contribución del turismo cultural al desarrollo es necesario alentar las tradiciones culturales abandonadas, la colaboración con las comunidades locales ofreciendo oportunidades de desarrollo socioeconómico en condiciones de igualdad para la integración social y cultural. Es decir, fomentar y facilitar el turismo creativo y el turismo especializado, museos, patrimonio y momentos de conmemoración (OMT y UNESCO, 2015).

La sustentabilidad de un proyecto se produce cuando la planificación y el plan de manejo incluyen el reconocimiento y respeto a las comunidades y a sus expresiones culturales, permitiendo al mismo tiempo que los miembros se involucren y se comprometan con la protección del patrimonio al percibir que el proyecto les reporta más beneficios que costos. Las manifestaciones culturales se mantienen por las dinámicas sustentables de las comunidades que las generan, no por factores exógenos, por lo que es necesario analizar sus capacidades locales de gestión, sus valores culturales y su sensibilidad social con respecto al visitante (Rivera Lozano et al., 2010).

Siempre deben tenerse presente como una prioridad los intereses comunitarios en cualquier emprendimiento de carácter turístico. En un principio, resulta de gran importancia hacer notar que muchos de los recursos sujetos de aprovechamiento turístico cultural forman parte íntima de la identidad de un grupo humano, que con ella se diferencia de otros grupos haciendo uso de su

derecho a expresarse de manera única y respetable. Un proyecto sustentable debe, por tanto, poseer un enfoque ético y elementos que permitan el reconocimiento de la otredad de las comunidades y su cultura, lo cual redundará no sólo en un mejor aprovechamiento del recurso para convertirlo en atractivo, sino en una mayor participación y colaboración de los beneficiarios o detentadores del patrimonio, quienes a través de estos procesos pueden estar conscientes de él, valorarlo, protegerlo y difundirlo para el disfrute de los visitantes (Rivera Lozano et al., 2010).