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CAPÍTULO II. MARCO TEÓRICO Y REFERENCIAL

1.2 Gobierno de los bienes comunes

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25 del gobierno de los bienes comunes se ha realizado bajo el análisis del marco del sistema socioecológico, una herramienta analítica que sirve para sistematizar la recopilación de datos y conocimiento, con el fin de comprender cómo los atributos socioecológicos y sus interacciones afectan la sostenibilidad de los sistemas (Cole et al., 2014). Con esta herramienta la clave es integrar múltiples elementos al análisis, dejar atrás el estudio aislado de los ecosistemas y sumar elementos territoriales, sociales y culturales.

1.2.2 Apropiación y provisión

Los procesos de apropiación del recurso común se refieren a la extracción de unidades de recursos del sistema. Quienes se apropian del bien son los pastores, pescadores, regadores, entre otros, a quienes de manera genérica es posible referirse como usuarios. Las normas mediante las que se regula la colaboración de los usuarios para el aprovechamiento del bien común se conocen como normas de provisión y se orientan a operaciones de construcción, mantenimiento y protección de un bien (Ostrom, 1990).

La sobreexplotación de los recursos y servicios naturales compartidos es la mayor preocupación en el gobierno de los bienes comunes, y se considera apremiante el establecimiento de sistemas de gestión a múltiples escalas para mitigar su degradación (Berry, 2018).

El uso sostenible de los recursos compartidos depende del comportamiento de los usuarios con respecto a la apropiación y la provisión. Estudios demuestran que individuos que se apropian intensamente generan y respetan normas estrictas para mantener el recurso en condiciones óptimas, lo que a su vez afianza el compromiso para castigar a los infractores. Usuarios comprometidos obtienen mayores beneficios, y tienen un especial interés por mantener a largo plazo el sistema de recursos por lo que aplican y hacen cumplir la normatividad (Baur et al., 2014).

Ejemplo de las normas de provisión, son las jornadas de trabajo comunitario que desarrollan las comunidades totonacas en México, en las que el trabajo individual fomenta el beneficio común (Solano-Lara et al., 2018). Al respecto, Fuente- Carrasco et al. (2019) ilustran como el gobierno desde abajo integra tres

26 procesos: la apropiación del territorio rural, la transición a la democracia directa y la transición de la identidad campesina a la zapoteca.

Existe una fracción de usuarios en los que el nivel de esfuerzo en el trabajo colectivo se aleja de lo deseable, debido a que su lógica de pensamiento hace que se abstengan de participar en las acciones de provisión y por tanto, la calidad del trabajo comunitario se debilita (Bromley, 1998). De modo que, el conjunto de usuarios necesita promover incentivos positivos que ayuden a disminuir comportamientos no deseables.

Los beneficios que pueden obtener los usuarios no solo incluyen la extracción de recursos; también hay otros beneficios indirectos, como la captación de agua, la recolección de plantas y hongos medicinales, pago por servicios ambientales, conservación de la biodiversidad y el paisaje. Para los usuarios aumentar ese tipo de beneficios puede ser una transformación novedosa, en particular cuando hay momentos de exclusión en la sustracción de la unidad de recurso central (Sikor et al., 2017).

1.2.3 Marco institucional

Las instituciones son patrones sociales formales (leyes, contratos, autoridad) e informales (normas, costumbres, tradiciones) que rigen el comportamiento humano (North, 1991). En el gobierno de recursos compartidos, las instituciones son el conjunto de reglas complejas que regulan el uso de recursos comunes por individuos (Berry, 2018). Dada la naturaleza de estos recursos, las instituciones informales juegan un papel clave en la gestión de las exclusiones, mejorando la distribución de beneficios y movilizando a la comunidad local para la acción colectiva (Mekuria et al., 2021).

El componente clave en el marco institucional de las comunidades que gestionan recursos compartidos, es la adaptación, que emerge de forma natural entre entidades gestoras y las autoridades. Este es un proceso autónomo y autorregulado marcado por la innovación y el aprendizaje social, es muy difícil que surja mediante intervenciones externas (Decaro et al., 2017). Al respecto Elinor Ostrom et al. (2008), recomienda dejar de depender de modelos únicos, porque en consecuencia se reproducen las tragedias.

27 La gestión de pastizales basada en el diseño institucional contribuye a su uso sostenible. En este tipo de recursos, los usuarios tienen mayor interés en las ganancias económicas a corto plazo, lo que compromete la posibilidad de ver los impactos a largo plazo de la acción actual; contradiciendo la idea preconcebida de que la ausencia de medios de vida alternativos obliga a las personas a generar ingresos futuros (Beyene, 2015). El diseño institucional es un proceso recurrente, a medida que las personas aprenden más sobre el resultado de sus propias acciones y las de los demás, pueden cambiar las normas y estrategias que conducen a mejores o peores resultados para sí mismos y el entorno relevante (Ostrom, 2008).

Mantener la diversidad y la calidad de vida para los seres humanos es una tarea compleja, que asumen las comunidades dependientes de recursos compartidos.

Toman decisiones para sistemas de recursos en constante incertidumbre, porque hay importantes restricciones biofísicas; estas decisiones a veces se contraponen con los desarrollos sociales, económicos y tecnológicos que aumentan el daño a ecosistemas. Por lo tanto, el buen gobierno de los bienes comunes requiere que las reglas evolucionen (Dietz et al., 2003). Esta situación genera costos que surgen de la falta de cooperación si el recurso se degrada, porque simplemente los seres humanos diseñan formas de evadir las reglas de gobierno (Bromley, 1998).