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Imágenes de la incompletud como procesos (de)subjetivantes

CAPÍTULO 4 CUERPO, IMAGEN Y ALTERIDAD. APERTURAS DESEANTES Y

4.3 A NÁLISIS HEURÍSTICO INTERPRETATIVO POR LÍNEA DE RELATO

4.3.7 Imágenes de la incompletud como procesos (de)subjetivantes

Según los relatos de Mairim, algunas veces pesó más la relación con su madre que buscaba mantenerla todo tiempo en la casa; otras veces ponderó más lo que ella deseaba. Eso se mantuvo en su juventud y en la vida adulta. Los mandatos y direcciones familiares, de alguna forma, se incorporaron como hechos y

contrariedades propias en momentos de apertura deseante hacia otra persona (en un sentido amoroso o de la sexualidad). Por ejemplo, las ideas instruidas en la niñez y la adolescencia, particularmente por su madre, sobre no estar capacitada para las relaciones de pareja y, por tanto, prohibir los vínculos con un otro en una condición que –material y/o idealmente- no permite suponerse con ese otro en la sexualidad.

Otro tipo de condicionamientos pronunciados en las consultas médicas configuraron una imagen de incompletud o falta, por ejemplo, cuando la doctora apela a que si no se toman ciertos medicamentos se quedará plana, es decir, sin pechos, y por otro, que la falta de vagina trae consigo la idea de una mujer incompleta, no solo por la misma materialidad, sino porque lo que significa convertirse en mujer en la medida en que se tienen relaciones sexuales con un hombre y a través del coito.

Ese discurso de la doctora plantea un escenario que desencadena ideas, traducidas incluso a imágenes mentales: ser mujer es igual a tener coito con un hombre, para tener coito normativo se requiere de una vagina, por tanto, ser mujer es igual a tener una vagina. En la condición intersex particular de Mairim, se postergó la cirugía genital para crear una vagina, las consultas médicas fueron suspendidas y no se concretó esa cirugía en ese tiempo. Pero años después, los encuentros con otras personas en una búsqueda de pareja convierten a la operación en una condición necesaria para estar con un otro en un sentido sexual o amoroso.

Se abre otra cadena de ideas: ser mujer es igual a tener una vagina, para tener una vagina hay que crearla quirúrgicamente, por tanto, para ser una mujer hay que hacerse esa cirugía. En los relatos de juventud y adultez, la idea de operarse constituyó la opción para contrarrestar sentirse "incompleta" o no sentirse "suficiente como mujer".

Los programas de televisión crean representaciones que reproducen estereotipos de las relaciones amorosas y sexuales. En sus narrativas ella expone, a manera de reflexión, que imaginaba que sus encuentros amorosos y sexuales tenían que ser como esos programas que ella veía y que no tenía posibilidad de platicar nada de lo que sentía en su casa, porque además había una prohibición de no tener parejas y de no salir.

Una pregunta constante en sus relatos es si decir o no decir sobre su corporalidad intersexual a las personas con que salía y/o intimaba. Esto plantea una serie de decisiones que, en este caso, se desprenden según mi análisis de la siguiente manera: En el caso de la pareja 1) no decir nada y mantener el cuerpo oculto, de la cintura para abajo, sin dejarse tocar la zona que se deja cubierta (zona además que se ordenaba descubrir y exponer al escrutinio médico con la presencia de muchas personas, con el cuerpo expuesto, los genitales expuestos y en revisión), sentir limitado el placer asociado al desconocimiento que el otro tiene de su cuerpo y que no se siente con la confianza de abrir; Pareja 2) exponer la situación previamente y encontrar en el otro la respuesta a otras posibilidades placenteras, pero ya en el encuentro cuerpo a cuerpo, eso no se sostiene y genera frustración;

Pareja 3) transformar el cuerpo para adecuarlo a un encuentro idealizado que cumple con las condiciones normativas del acto sexual como un coito, pero en el camino, descubrir que esa modificación no necesariamente, ni consecuentemente, terminará con las idealizaciones sobre la propia imagen en el encuentro con ese otro.

En la relación con la pareja 1), está asociado un proceso de desubjetivación de la secrecía que hemos observado en otros relatos (Irina, Noém, Pilar), un mecanismo ambivalente que, por un lado, genera una sensación de sentirse protegido(a) al no ser descubierto y, por otro, crea condiciones de sujeción que pone en vulnerabilidad a las personas. Por ejemplo, en la experiencia de Mairim, la relación se vive como cosificante –incluso evoca la imagen de una muñeca inflable–

enfocada al goce de otra persona y no propiamente por reconocerse en el deseo de ese otro. Esta situación es una violencia de desubjetivación en la que encuentro importantes tres puntos: la reducción de una persona a orificios corporales penetrables; la definición de la parte por el todo de que una vagina es una mujer; el miedo que provoca un discurso de saber sobre el cuerpo que asegura que, de no hacer una vagina, una penetración por ese orificio puede causar la muerte.

Mairim decidió terminar esa relación. Fue como un regreso a su cuerpo, una etapa de autoexploración y de autoerotismo. Esa etapa estuvo fuertemente relacionada con decidirse a concretar metas que ella tenía en su vida como terminar

de estudiar y trabajar. En los relatos de Mairim el tema del placer es constante, ello lo expone como algo que ha buscado sentir, no únicamente ella misma con ella misma, sino que enfatiza en la importancia que ha tenido para vivirlo con otra persona.