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CAPÍTULO 3 LEVANTA LA CABEZA!, ¡ENDERÉZATE!, ¡ENDERÉZATE!

3.4 S ÍNTESIS INTERPRETATIVA

hablaba –¿quizás empezaba a balbucear? – cuando iniciaron los primeros estudios y las primeras cirugías.

¿Qué quiere decir Karina cuando afirma que su madre se desesperó y no la dejó crecer? En otros relatos ella enfatiza que había que esperar a que su cuerpo tomara su forma, ¿qué misterio de su propia corporalidad fue contenido o aparentemente controlado? Los procedimientos estuvieron enfocados a direccionar el cuerpo de Karina hacia un camino masculino –que ella nunca quiso– que respondió, no precisamente a su deseo, sino al de sus padres –como ella lo expone en uno de sus relatos– de un hijo varón.

La espera es importante para dejar crecer y sostener sin apropiarse de la vida de ese otro. Cuando se desespera no se deja crecer, sino lo contrario, se precipita en una urgencia de direccionar a un cuerpo hacia donde llama el deseo de los padres. La urgencia de hacer que Karina se apegara a rectitud no sólo fue una necesidad médica, sino familiar. Esas dediciones, que fueron violentas, precipitaron su cuerpo, se sintió deprimida y tensa, su cuerpo se acorazó hacia abajo.

La incertidumbre acumulada durante tantos años se imprimió en su cuerpo.

No solo fueron los fármacos, no solo fueron los quirófanos, también fueron las palabras, porque "las palabras están vivas, entran el cuerpo, perforan el vientre:

pueden ser piedras o pompas de jabón, hojas milagrosas, pueden hacer que nos enamoremos o herirnos." (Recalcati, 2016: 17). El llamado de su mamá es que se enderece, que levante la cabeza, pero Karina se niega. Karina se ha negado muchas veces, se ha resistido a esas intrusiones en las formas en las que ella ha podido desde sus edades más tiernas, ha desobedecido a los médicos y a su madre, se ha escapado de las enfermeras, y ha intentado oponerse a su madre armando un concierto en la cocina de su casa. Karina sigue enfrentando batallas en ese sentido.

artefacto/mecanismo social de apego a rectitud, corrección, constricción y sanción.

Además, está orientado hacia el cuerpo; los sentimientos y el deseo. Es decir, violencias simbólicas y físicas que deshumanizan y desubjetivan.

Ahora, la erótica del vínculo, o el deseo de alteridad contextualizado en la niñez y la adolescencia, está sujeta a los adultos o a las familias que juegan un papel crucial en los procesos de socialización de las personas. En algunos casos, las personas son decididas incluso a través de las tecnologías médicas. En otros, quizá los contextos estructurales de precariedad, de pobreza, o de la extensión de las familias generan otras condiciones de las relaciones familiares, por ejemplo, en algunos casos, de abandono o de desinterés. En este marco, está atravesado las metamorfosis del cuerpo en el proceso de sexuación.

De manera general, las narrativas de personas que no fueron atravesadas por las intervenciones médicas tienen trayectividades que se diferencian de manera importante de quienes sí fueron sometidos a cirugías desde edades tempranas. En los primeros casos, las constricciones sociales dirigidas hacia sus corporalidades, por ejemplo, hostigamientos, coerciones colectivas que provocan miedo, exclusión, tristeza y depresión, con la circulación o divulgación de comentarios o chismes sobre su corporalidad o su orientación sexual, que, además, tienen un efecto de corte en ciertos vínculos. Un indicador importante fue la relación de las familias con la institución médica, que tal parece mostrar que entre más fuerte es ese vínculo, mayor grado de penetrabilidad tienen las intrusiones corporales y la inoculación de la "incapacidad" de encontrarse en un Otro que no sea la familia.

En estos casos, la dirección que toman las familias se articula con las prescripciones médicas que devienen en procesos de desubjetivación que se mantienen vigentes en el cuerpo, es decir, en el sujeto como vigencias traumáticas encarnadas con distintos matices y simbolización en cada caso. Sin embargo, también encuentro que en estos relatos la resignificación de lo vivido y las interpretaciones que las personas hacen de su experiencia brindan salidas y escapes de esas sujeciones.

En las narrativas de personas que fueron intervenidas, el vínculo familiar es más ajustado y la relación entre ésta y la institución médica, más fuerte. Varios años

de la niñez se viven en convalecencias y en los hospitales. En ese tiempo las personas convivían únicamente con familiares y, particularmente, con sus madres.

Hay una tendencia a mantener ocultas las cirugías o el motivo de éstas y se instruye a las hijas para que eviten hablar de las intervenciones y que, si no hay posibilidad de mantenerlo en silencio, den respuestas que no ameriten más indagaciones y complicaciones explicativas.

¿Las restricciones en la socialización anteceden a las intervenciones médicas?, ¿son producto de la medicalización de la experiencia?, ¿el repliegue de las personas y la sobreprotección de las familias se exacerba con las intervenciones o es consecuencia de éstas?, ¿están produciendo subjetividades esos mecanismos de sujeción?, ¿quiénes asignan el sexo de los recién nacidos en situación de intersexualidad?, ¿qué disputas de autoridad ocurren entre médicos y madres y padres?, ¿el sexo médicamente asignado al nacimiento -con o sin cirugías genitales– es una contraposición de los deseos parentales? Además de las intervenciones médicas que, desde los relatos, se expresan como no decididas

¿qué otros cortes simbólicos existen? En estos relatos se restringen, se cortan, o debilitan los vínculos –particularmente en la adolescencia– que son un pilar en los procesos de socialización de la niñez y la pubertad. Relaciones que constituyen posibilidades de diferenciación, de encuentro con los otros, de ser reconocido y de vivir las derivas del deseo que como humanos enfrentamos.