2. Desde la teoría
2.2 Imaginarios, ciudad y migración
sido creado (o vendido) de una vida mejor sin preocupaciones básicas como la búsqueda del alimento día con día. Las relaciones de poder se vuelven más evidentes a raíz que la distinción de la cultura propia y la ajena comienza a ser difusa (Hall, 2017b). Por eso hablar de límites y no de fronteras, no hay manera de (en)cerrar una cultura y que no interactúe. El espacio en el que se desenvuelve es tan ilimitado como sus manifestaciones, algo que quedó claro desde que los culturalistas tomaron prestado el método de la lingüística y no resolvió todos los cuestionamientos. A pesar de esto, desde un punto de vista político, los Estados han reaccionado con actitud defensiva que se demuestra en los cierres, en la inflexibilidad y reforzamiento de la frontera, como si fuera el migrante en sí mismo un peligro, y aislarse fuera un método eficiente contra la contaminación que pudieran cargar en sus mochilas y en sus prácticas (Hall, 2017b).
La respuesta contra el multiculturalismo por parte de quienes se encuentran en las sociedades receptoras ha ido en aumento, no obstante, no resulta suficiente aceptar las apariencias y producir interpretaciones como lleva haciéndose por un largo tiempo. Por eso, en esta investigación, retomamos un tema que ha sido poco tratado en los últimos años, que es la otra cara de la moneda de la migración en la ciudad. Desde una propuesta histórica-cultural, abordar la experiencia de los familiares de migrantes, y desde su visión, cómo está conformada la configuración cultural, da cuenta de sus representaciones, pero también de como consideran que es la constitución social de la ciudad.
Tanto en la postura ante la migración y los migrantes como los imaginarios que se crean en torno a la misma ciudad desde fuera conforme a los fenómenos que la caracterizan.
imaginarios urbanos en las ciudades y cuál es la relación que tienen con la migración. Estos se presentan como una forma de adentrarnos a la construcción social de la ciudad desde el punto de vista de los ciudadanos, además nos permiten entrever las repercusiones que tienen en la forma en la que se estructuran las relaciones sociales debido a las significaciones que se le atribuyen a los espacios.
Antes de adentrarnos, hay que establecer el precedente de este referente teórico.
En congruencia con el enfoque que presentamos en el apartado anterior, sumamos esta unidad de análisis que proviene del imaginario que se da en la dimensión histórico-social. Por un lado, se trata de los elementos que se encuentran en una determinada sociedad que se han ido instituyendo, estructurando y materializando, los cuales son productos de los procesos históricos. Por el otro, están aquellos nuevos elementos que se conformarán por los que ya están colectivizados, se añaden nuevas formas, a raíz de la vivencia de nuevos procesos, que a la vez contribuyen a una constante institución, estructuración y materialización en la sociedad (Castoriadis, 2013). Es la forma en la que se logra una continuidad que engloba a los que nos precedieron, a los que estamos y a los que nos sucederán.
Como se ve, es de una naturaleza dinámica, de cambios constantes en la que entran en juego la historia de las construcciones sociales, así como la forma en que interactúan nuevos elementos con éstas y los cambios que estos producen. Se requiere para su análisis, entonces tomar en cuenta la dimensión histórica (sociedad instituida) y la forma en que confluye con el presente (sociedad instituyente). Cabe aclarar que el imaginario no puede formarse tomando los elementos que se encuentran presentes y juntándolos, el todo es mayor que la suma de sus partes. ¿Por qué? Porque se trata de una mezcla ("magma de significaciones") cuyas circunstancias nunca son las mismas, son dependientes de contexto histórico-social por lo cual los elementos y su significación es única, ya que está determinada por el momento específico y por lo cual es irreconstruible (Castoriadis, 2013).
Además, el imaginario, si bien tiene una fundamentación teórica, en sociedad no la vamos a encontrar como tal; lo elementos que mencionamos antes se manifiestan a través de imágenes, historias, ideas o conceptos compartidos por un amplio sector social. Los imaginarios no se tratan de algo de un proceso de un grupo específico, sino que es la moneda corriente mediante el cual se permite la comunicación en la sociedad y se legitiman adquiriendo sentido las prácticas comunes (Taylor, 2006). La acción de los imaginarios es evidente, ahora, que tan consciente se presentan en la percepción de las personas es debatible. Sin embargo, consideramos que de manera general se trata de un arraigo profundo por lo que la forma en la que las sociedades (re)interpretan los elementos del imaginario es un proceso complejo al que es posible concebirlo desde una perspectiva acotada y no en su totalidad.
Entendido esto, continuamos con la introducción del imaginario urbano, que, partiendo del concepto de Castoriadis, se trata de un desarrollo teórico que se ubica en una dimensión distinta a la
propuesta anterior. La gran diferencia, como lo propone Armando Silva, es que la composición es estética, "lo imaginado es el filtro desde donde vemos la ciudad real. La realidad no es lo real, sino el fantasma de lo real" (Vera, 2017, p. 335). Se entiendo que afecta de manera directa la forma en la que la ciudad es percibida por la vivencia del sujeto, aquí es donde radica el elemento de lo estético. En este sentido, hay que entenderlo como una forma de aprehender la realidad que no refiere al aspecto lingüístico, sino a una percepción estética que atribuimos y con las que vemos las experiencias relacionadas con la ciudad (Silva, 2006). Como puede deducirle, la historicidad sigue presente, la unicidad también, los imaginarios urbanos son específicos de los contextos conformados por los elementos socioculturales, los cuales permiten que adquieran una función práctica (no sólo teórica o abstracta) en la vida cotidiana. Cabe aclarar que no sólo se atiende a lo que es bello, sino a la transformación que adquiere la composición de la ciudad a partir de sentimientos producidos por los elementos mencionados, ésta es una composición estética, una producción imaginaria social. La cual, también, tiene como característica cierta localización, ya que es en relación con una sociedad concreta en torno a una ciudad específica (Silva, 2006).
Estamos frente al escenario en el que se desenvuelven los actores, los migrantes, pero, de igual manera, la ciudadanía de las sociedades receptoras, el campo de posibilidad de las configuraciones culturales. Como se ha hecho mención, la función práctica del imaginario hace que sirva para la construcción social de la ciudad. La manera en que los imaginarios se incorporan y, en un momento posterior, se relacionan con partes físicas (imaginadas) de la ciudad, atribuyéndole características culturales, asimismo la capacidad que nos brindan de estudiar la construcción subjetiva de la realidad desde la ciudadanía es el aporte de esta unidad de análisis.
Para Canclini, los imaginarios urbanos sirven asimismo como un complemento para lograr llenar los espacios que desconocemos y poder producir una concepción completa de la ciudad en la que se habita (Lindón, 2007). Si bien, los imaginarios son compartidos, no implica que no exista la heterogeneidad, otro elemento de las configuraciones culturales. Aquí retomamos la imagen del magma que propone Castoriadis para ilustrar como en una ciudad existen diversos imaginarios, que, a diferencia de otros elementos, la construcción física de la ciudad limita el espectro de variables que condicionan su creación. Por lo tanto, no tiene una relación directa con aspectos socioeconómicos, no obstante, sí con las preocupaciones que surgen de los acontecimientos que ocurren o con incidencias cuantificables (Lindón, 2007). Tal es el caso de las migraciones que han provocado que el imaginario se imponga sobre realidad, a pesar de que ésta se vea alimentado por datos duros. Un ejemplo que evidencia este proceso es el aumento de la llegada de migrantes laborales a las maquiladoras y la incidencia delictiva. Ambos pueden comprobarse, sin embargo, la relación que se
crean en la que se vincula a los migrantes como delincuentes o ladrones de puestos labores carece de evidencia, esto resulta de los ataques a la multicultural idea que se mencionó en el apartado anterior.
Ahora, hemos considerado que este elemento teórico es indicado por que, encima de encontrar expresiones de éste empíricamente en Ciudad Juárez (León García, 2021), hay diversas formas en las se relaciona con el fenómeno migratorio, por lo que la posibilidad de encontrar una vinculación entre ambas en nuestro estudio nos parece coherente. Un primer caso donde se expresan los imaginarios urbanos con la migración es cuando, conforme va en aumento el número de migrantes en las ciudades, la demanda por cubrir sus necesidades socioculturales también incrementa, ¿esto qué quiere decir? Implica que se crea una distinción entre lo de nosotros y lo de los otros. Como consecuencia se identifican ciertos elementos culturales (lugares) con los oriundos, los cuales se posicionan arriba en una jerarquía, y otros con los que los extranjeros empiezan a apropiarse y construir. La forma de asegurar su primacía sobre lo de los migrantes, quienes se conciben como merodeadores, es a través de las transformaciones estéticas del espacio, que, para el caso de Juárez, suelen tomar la forma de medidas seguridad, ya que a que es una forma en que se resignifica el imaginario urbano que es alimentado por el miedo al migrante (Zukin, 1995). No se tiene que ir muy lejos para encontrar cómo se asta desde los gobiernos, la militarización de regiones, por lo general fronterizas, que contemplan como plan de acción la contención de los flujos migratorios responden a las llamadas políticas del miedo. Lo que se busca es tener identificadores que seccionen a la ciudad y que se lleva a cabo mediante la privatización de los espacios públicos. Un ejemplo resulta las plazas comerciales o los parques de atracciones, lo cuales se proyectan como espacios públicos por la cantidad de personas que acuden con el mismo fin, empero, representan un mecanismo de expresión de identidad, en el que se tiene un control total de los usuarios que acudan a consumir lo que se ofrece.
Así, la ciudadanía empieza a integrarse en una cultura pública privatizada que permite diferenciarse del otro, que además brinda la sensación de seguridad.
Lo siguiente tiene una relación muy estrecha, aunque se encuentra más en una dimensión social que cultural y, en cierta medida, lo anterior resulta una manifestación que es posible gracias a este fenómeno. Dentro de la ciudad, entonces, los imaginarios se encargan también de establecer divisiones las cuales, son elegidas por aquellos que tienen capacidad para hacerlo, ya que no debemos olvidar que en todo proceso migratorio siempre existen las relaciones de poder y la desigualdad, no se trata de un mero encuentro entre iguales (Grimson, 2011). Lo anterior se observa en las delimitaciones espaciales que cumplen la función de segregar a los residentes de una comunidad, que por un lado brindan un tipo de solución a la ansiedad que les genera compartir la ciudad el espacio con el otro (Sibley, 1995). Categorizar los espacios e individuos no es una tarea sencilla y como es
de esperarse no es posible en su totalidad. En ciudades en las que naves industriales y zonas residenciales colindan, como el caso de Juárez, añade incertidumbre a dónde establecer la división.
Como vemos, los imaginarios urbanos, son un componente importante al hablar de la migración. Atribuyen a los espacios de significados a lo que aquellos que llegan tiene que adaptarse, incluso en ciertos contextos, se añade el discurso gubernamental alimenta la construcción de la realidad mediante la creación de un espacio contradictorio en el que se reproduce la idea de los migrantes como males para la sociedad, sea como carga para el sistema se seguridad social y fiscal o como promotores de la precarización laboral, lo que los obliga a establecerse en zonas que han tenido una transformación estética (imaginadas) para ellos. Esto termina beneficiando a las esferas privadas, desvalorizando a los migrantes y por lo tanto abaratando su mano de obra, además de mantener en relativa calma a los residentes oriundos o con poder (Delgado Wise et al, 2009). La ausente labor de publicitar el aporte de la migración en las sociedades receptoras, como la falta de espacios donde puedan ejercer su derecho a la ciudad, nos lleva a la pregunta de cómo interactúan los imaginarios de los migrantes con aquellos ya establecidos, qué surge de la interacción de estos y cómo afectan las zonas imaginadas que se relacionan con el fenómeno migratorio. También cómo se da el reconocimiento de parte de los residentes a las transformaciones estéticas de los espacios en donde han sido obligado a establecerse aquellos que llegan en calidad de migrantes.
Para adentrarnos en ese tema, también echaremos mano de una otra categoría de análisis que más que enfocada al fenómeno en general, tiene como centro al individuo migrante, esta son las representaciones. Ambas categorías están relacionadas y se complementan, bajo el entendido que se ubican en dos niveles distintos que, sin embargo, para nuestro trabajo nos aportan una perspectiva más completa y son necesarias para cumplir los objetivos, por lo que se abordan de manera conjunta.