CAPITULO 1. La producción del espacio social y el patrimonio cultural. Aproximaciones
2. La construcción del patrimonio cultural y la patrimonialización
2.5 Implicaciones del turismo en el ámbito social y cultural
Para poder analizar algunas de las repercusiones que el desarrollo del turismo ha generado en México, tomaré como punto de partida dos aspectos que retoman López y Marín (2010, 237-246): el primero, el poder del Estado y su papel de agente regulador de los proyectos turísticos; el segundo, la reacción de las comunidades locales ante la actividad turística y las políticas del desarrollo global.
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Respecto al primer aspecto, es bien sabido que el Estado se considera uno de los agentes centrales en la construcción de iniciativas turísticas, puesto que las acciones que utiliza para impulsar el turismo no sólo consisten en estrategias de carácter estructural (planificación de proyectos turísticos, comercialización de tierras, promoción de destinos etc.), sino que también desempeña una función relevante en la elaboración de discursos y representaciones simbólicas que tienen que ver con el significado, la singularidad y la identidad de los lugares en los que interviene (López y Marín, 2010: 239). Así, sus políticas culturales residen básicamente en destacar el nacionalismo mexicano a través de la producción de estereotipos legitimados que se formulan en torno a la idea de una cultura única la cual, posteriormente, se presenta como una postal ante el mundo globalizado.
Este tipo de estrategias están representadas en lo que se denomina marca país, que es la “narratización” de la identidad mexicana a través de símbolos distintivos que personifican a las diferentes etapas de nuestra historia milenaria, desde el pasado prehispánico hasta el México contemporáneo (Machuca, 2012: 80; López y Marín, 2010:
240; Zorrilla, 2010: 77).
El registro de una marca país ha sido de gran utilidad pues representa una herramienta promocional para competir en la esfera mercantil global, al mismo tiempo que promueve el patrimonio cultural como un atractivo para la industria turística (López y Marín, 2010: 240). No obstante, el planteamiento anterior resulta ser una paradoja, ya que la marca país en vez de ser un signo de autenticidad, tiende a fortalecer la noción de una cultura homogénea, que reproduce un mismo esquema en todas partes y a la vez suprime la diversidad cultural.
Otra de las implicaciones que reproduce el Estado a través del turismo, es que sus políticas de desarrollo llegan a tener notables efectos sobre el crecimiento urbano de zonas periféricas. Es decir, las inversiones se concentran en el mejoramiento y embellecimiento de los centros históricos para convertirlos en enclaves de consumo, lo cual produce desigualdades socioeconómicas y altos grados de exclusión social entre los diferentes sectores de la población receptora así como elevados costos en el uso del suelo (López y Marín, 2010: 242). Dicha dinámica conlleva a que en las ciudades se den los denominados procesos de gentrificación, que se originan dentro de la nueva lógica del mercado global, en
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la que las intervenciones urbanas tienen como objetivo producir espacios de bienes y servicios para el consumo (Proenca, 2010: 53).
El segundo aspecto a tratar es la respuesta de las sociedades locales ante las acciones turísticas que el Estado y otros sectores empresariales realizan, las cuales se reconocen a partir de procesos de lucha y resistencia que están dirigidos a detener los efectos de la actividad turística o, por el contrario, a disputar los beneficios que ésta genera, que los lleva a adaptarse a las nuevas condiciones (López y Marín, 2010: 243).
Por ejemplo, llegan a existir reacciones subversivas de diversos grupos cuando se ven afectados por la construcción de infraestructura especializada para el turismo, ya que tal acción no sólo genera cambios radicales en la imagen urbana tradicional, sino que también invade espacios que antes eran de uso habitacional u ocasiona la destrucción de contextos medioambientales (ibíd.: 44). Otro tipo de actitudes de resistencia tiene que ver con el mantenimiento de los modos de vida. En este sentido, llegan a haber altos grados de descontento cuando las localidades visitadas ven amenazada su identidad o su espacio vital por la “invasión” de turistas (Toselli, 2006: 179).
Finalmente, también existen contiendas encaminadas a disputar los beneficios del turismo, en donde los grupos locales reclaman su derecho a ser partícipes de los ingresos que genera la industria, perpetuando su legitimidad sobre bienes o lugares patrimoniales.
Esto se puede ver reflejado cuando ciertos sectores de la comunidad desafían a las instituciones, tomando y apropiándose de espacios naturales o culturales para explotarlos turísticamente (tal es el caso de la Selva Lacandona y otras reservas naturales en los Altos de Chiapas, cerca de San Cristóbal de Las Casas, que son sostenidas y administradas por comunidades indígenas aledañas). Dicha cuestión no siempre trae efectos favorecedores, pues por falta de recursos y regulación para el mantenimiento de los sitios, se puede originar su deterioro o incluso su destrucción paulatina.
De igual manera no se pueden dejar de mencionar los procesos de hibridación y adaptación sociocultural que ocasiona el turismo, en los que las poblaciones receptoras han adoptado una imagen estereotipada de ellos mismos (promovida por el discurso hegemónico) como parte de su identidad y su memoria colectiva o en donde sus tradiciones o manifestaciones culturales se mezclan con elementos foráneos y son aceptados como
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propios por la comunidad (aunque estos también pueden provenir de fenómenos como la migración).
En resumen se podría decir que cada vez son más notorias las consecuencias negativas que está produciendo el turismo en los lugares donde se instala como actividad económica. Además de adaptarlos estructuralmente para cumplir con sus necesidades, está generando procesos homogeneizadores de la cultura, situaciones de conflicto y de exclusión social y alteraciones en los modos de vida de las poblaciones.
San Cristóbal de Las Casas no queda exento de esto, pues como se verá en el siguiente capítulo, la actividad turística es uno de los principales factores que está provocando reconfiguraciones socioespaciales en el núcleo urbano de la ciudad, las cuales se ven reflejadas no sólo en el embellecimiento del centro histórico y en la total marginación de la periferias, sino también en la producción de relaciones sociales cada vez más complejas que son el resultado de la intensa presión que dicha actividad ejerce sobre los espacios.
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