Cuando hablamos de conservación de los bienes culturales, antes que priorizar una operación técnica sobre la materia del objeto, debemos tener en cuenta que se trata de una valoración crítica que busca identificar ese objeto con sus características propias, definir o sacar a la luz los valores o significados particulares que lo distinguen y justificar su perdurabilidad a través del tiempo.
La restauración se refiere hoy a toda práctica no abusiva de las reconstrucciones. Como la posibilidad de comprender el objeto como valor estético e histórico depende de su estado de conservación y, en particular, de la interpretación de las modificaciones que haya podido sufrir por causa del tiempo y de los hombres es evidente que las operaciones técnicas de análisis y el diagnóstico histórico y crítico deben siempre proceder en estrecha correlación, de acuerdo a un movimiento de ida y vuelta para un control recíproco.
Es importante, entonces, antes que abordar el estudio de los materiales y las técnicas de pintura mural, que nos preguntemos por sus características específicas, por los valores y significados particulares que caracterizan y distinguen de otras formas de arte pictórico, valores y significados que requieren del restaurador una atención y una preparación crítica especiales.
Unida a un muro y por consiguiente a la arquitectura, la pintura mural adquiere un status diferente de aquella unida a un objeto. No solo difieren las condiciones materiales de ejecución, sino que con la modificación del contexto se modifica también la naturaleza íntima de la imagen; podríamos decir, su “status de realidad”. Lo que mejor explica esta consideración es el problema del marco. A diferencia de los cuadros, la pintura mural no tiene necesidad de un marco que la sujete a la arquitectura o a un espacio: su marco es la arquitectura misma o el entorno, en el cual está comprendido el espectador.
El marco de una pintura mural es siempre, entonces, el espacio que la rodea o un marco ficticio que la pintura se da a sí misma. Si esa unión orgánica se pierde, la pintura mural se convierte en una especie de tapiz, y se altera su valor.
En todas las épocas, el color y la decoración pictórica fueros previstos ab initio como parte integrante del conjunto monumental, bien sea que se trate de una tumba egipcia, de un templo griego, indio o budista, de una iglesia bizantina, románica, gótica o barroca, de un palacio renacentista o de los esfuerzos del Siglo XIX con sus innumerables murales.
30 Por Elisa Martínez
Cuando el restaurador interviene una pintura mural, no trabaja sino con una parte de un conjunto más extenso que constituye el todo al que se tiene que referir, tanto desde el punto de vista estético e histórico como desde el punto de vista técnico (estructura, humedad de los muros, iluminación, clima, etc.)
Es importante que el restaurador conciba desde el principio su intervención en relación con ese todo: lo que implica, por un lado, su comprensión histórica, estética y técnica y, de otra parte, una colaboración interdisciplinaria con expertos especializados en los aspectos relacionados con el problema, ya sea historiador del arte, arqueólogo, ingeniero o arquitecto idóneos en el tema, y no como sucede en muchas de nuestras ciudades, intervenciones abusivas, dañinas, sin ningún criterio fundamentado, donde predomina el gusto personal o la moda con el mayor de los desconocimientos, provocando así daños muchas veces irreversibles o la destrucción del bien.
El respeto de la unidad mural y entorno sobrepasa la variedad de técnicas y artes que se hayan empleado, por tanto, una exigencia fundamental conlleva que la norma de la conservación de las pinturas murales no puede ser otra que su mantenimiento in situ, respetando siempre su contexto.
Los pasos a seguir para garantizar protección y perdurabilidad en el tiempo, son los siguientes: A- Inventario científico, sin esta información de base, no es posible realizar ningún programa racional. Muchas veces, por carecer de esta herramienta, los murales se destruyen o desaparecen antes de ser registrados. B- Servicio de mantenimiento, no realizar estos servicios es hacer vanas las restauraciones realizadas y condenar a las obras a la repetición de intervenciones graves que no consiguen impedir la aceleración del degrado. C- Formación de especialistas, una de las mayores dificultades es la escasez de restauradores especializados. Con frecuencia, la pintura mural se le confía, con el pretexto de los materiales empleados y de la extensión de las obras, a artesanos apenas cualificados, y en algunos casos, para operaciones específicas, a obreros que, cualquiera sea su experiencia en materiales de construcción, ignoran completamente la problemática de la restauración.
Un equipo conformado por un restaurador calificado, encargado de la dirección técnica de las obras, de dos a cuatro técnicos restauradores que cumplan tareas específicas bajo la supervisión del restaurador calificado y aproximadamente dos artesanos u obreros candidatos a restauradores para tareas anexas, garantizan un óptimo trabajo.
Figura N° 8: Elisa Martínez.
Figura N° 9: Elisa Martínez.
“Mural de la Correntinidad”, obra realizada en el año 1997, en proceso de recuperación;
compuesto por 15 paños, ubicado en la explanada del puente Chaco-Corrientes, su extensión es de 3,50m x 7m.
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