José Luis Menéndez Fueyo Joaquín Pina Mira
Dentro del reconocimiento material de las huellas que forjaron el nuevo estado valenciano du- rante la segunda mitad del siglo XIII y la primera mitad del siglo XIV, creemos firmemente que las investigaciones que estamos desarrollando desde el año 2005 en la Pobla de Ifach (Calp, Alicante) pueden aportar muchos datos interesantes sobre el diseño y creación de nuestro territorio tal y como ahora lo podemos percibir. Entre todos los aspectos que el yacimiento nos está revelando y cuyas actuaciones hemos expuesto en el bloque dedicado a la materialidad de la pobla, el registro material es, sin duda, uno de los principales puntales que sostienen nuestro discurso arqueológi- co e histórico. Ifach ha mostrado un potente registro con una enorme diversidad de tipos. Entre ese amplio registro hemos documentado piedra tallada, metales, textiles, vidrio, objetos de hueso, materiales constructivos, restos antropológicos, malacológicos, arqueozoológicos, antracológicos y medioambientales. Sin embargo, a día de hoy, el registro que marca tendencia, que continúa explicando y aportando más datos para conocerla organización y funcionamiento cotidiano de los pobladores de Ifach, sigue siendo la producción cerámica, que se convierte por derecho propio en uno de los principales vehículos de conocimiento que tenemos sobre el yacimiento.
Por eso, este primer capítulo del bloque dedicado al registro material, debía tratar la producción cerámica en Ifach. Hasta ahora, hemos publicado algunas pinceladas centradas en mostrar los contextos completos que mostraban las fases constructivas y arqueológicas del yacimiento (Me- néndez Fueyo, 2010: 318-337; Menéndez Fueyo, Pina Mira, 2017: 101-133). Esos resultados son de enorme interés para nosotros, pues relacionan los diferentes tipos de producciones cerámicas, tanto las conocidas como obra aspra o sin decorar, como aquellas que muestran series decorativas con un taller de origen. Ese trabajo de ordenación de las primeras producciones del yacimiento era fundamental para nosotros, ya que permitía establecer cuáles eran las cerámicas que llegaban en el momento de creación de la pobla de Ifach. Aún quedan pasos que dar en esas líneas, ya que de- bemos poner en relación los conjuntos de materiales de las otras fases del yacimiento y establecer perduraciones o apariciones en momentos concretos del proceso de ocupación del yacimiento, dando lugar a formas nuevas que podrían coincidir con demandas de la propia comunidad de colonos de Ifach o bien proceder de movimientos del mercado que pone en circulación piezas que acaban siendo aceptadas y utilizadas por la sociedad. Ambas posibilidades ofrecen un panorama de estudio muy alentador para nosotros, que poseemos un amplio registro cerámico que este ca- pítulo pretende mostrar.
Lo que hasta ahora no habíamos realizado de forma con- creta era la presentación de todas las series formales que ahora mismo se encuentran identificadas en el registro ce- rámico de Ifach. Con más de 250.000 piezas, piezas frag- mentadas y fragmentos de piezas inventariados en nues- tros registros (Fig. 1), ya era hora de poner sobre la mesa la situación actual del registro formal con el que trabajamos en la investigación.
Una presentación, eso sí, sin el ánimo de generar una ti- pología formal, aunque su presentación obliga a disponer una agrupación de piezas a las que hemos preferido de- finir por sus características funcionales y no formales. La expresión “tipo”, usada con aquí sólo es un convencio- nalismo útil para entendernos, pero no se trata en ningún modo de construcciones teóricas abstractas sino de piezas específicas que remiten a producciones concretas. Obvia- mente, trabajamos un registro cuyo interés lleva décadas de investigación y que cuenta con registros formales que actualmente funcionan como referencias fundamenta- les para identificar y nombrar las formas que se localizan en cualquier yacimiento de época medieval cristiana. Me refiero a los trabajos de investigadores como Francesc Almela i Vives (1933), Manuel González Martí (1944), Vi- cent Ferris y Josep María Catalá (1987), Jaume Coll Conesa (1998, 2004: 301-365), Javier Martí Oltra y Josefa Pascual Pacheco (1987, 1988; 1998: 133-144), Josep Vicent Lerma Alegría (1992), Mercedes Mesquida (1995: 127-136; 2001) o Concepción Navarro Poveda (1992). Pero también hemos bebido en las aguas de trabajos del Equip Broïda (1984:
199-239), Guillem Roselló-Bordoy y María Barceló Crespí (1996) o Julia Beltrán de Heredia (1994: 46-58), que han hecho interesantísimas aportaciones al conocimiento de la cerámica medieval relacionando formas con las nomencla- turas ofrecidas por la documentación de archivo.
Todos ellos desarrollaron en sus investigaciones unos patro- nes formales de identificación que, a día de hoy, se siguen manteniendo por parte de buena parte de la nómina de colegas que se dedican al estudio de la cerámica medieval cristiana; o de arqueólogos que todavía usan sus nomencla- turas para identificar en sus registros las producciones ce- rámicas medievales de un taller concreto. También hemos utilizado atributos definidores de la funcionalidad desde su naturaleza físico-química, como son la dureza de la pasta, el tratamiento de las superficies, la permeabilidad del vaso o su capacidad térmica. Todos ellos han sido utilizados para establecer las agrupaciones y sobre todo, para otorgar las denominaciones a cada forma que aparece en este capítulo.
Usando este mismo criterio hemos realizado lo que podría- mos denominar una sistematización de los registros pero no una tipología como tal. Precisábamos de establecer un re- pertorio de partida, una tabula rasa que ordenara las formas que íbamos documentando en el yacimiento, pero sin las in- jerencias exteriores de otras tablas tipológicas. Quizás, uno de los aspectos más negativos de la investigación actual sea la gran parcelación que sufre, donde prácticamente todos los investigadores han propuesto clasificaciones propias de las series, con denominaciones sui géneris y terminologías autónomas para determinar las piezas. El resultado es una desconcertante torre de Babel construida sobre un conjunto singularmente homogéneo de datos, que sólo el afán de no hacerse entender, ha convertido en argumentos para hipó- tesis encontradas. En el momento actual, en que tenemos a nuestra disposición más información que nunca, es im- prescindible conseguir un mayor grado de colaboración y una mayor puesta en común de las diferentes opiniones. A pesar de ello, la presentación de este capítulo prueba que cada día avanzamos cada vez más en el conocimiento del repertorio formal y decorativo, en especial de los períodos iniciales y de las producciones comunes, las menos trabaja- das hasta la fecha.
Tampoco pretende este capítulo atajar problemas o servir de solución salvadora a debates y problemas que siguen y seguirán abiertos, como es el caso de la polémica entre los diferentes centros por la preeminencia en la produc- ción, una discusión hasta cierto punto atávica, aunque intuimos que cada vez despiertan menor interés. Siempre ha existido un largo y sordo debate entre los que defien- den que en ciertos talleres valencianos como en Paterna, podemos encontrar una secuencia continua, formal y
Figura 1: Trabajos de ordenación del material cerámico en los almacenes del MARQ. Archivo Gráfico MARQ.
técnica de unas producciones cerámicas que tienen sus orígenes en unas fechas indeterminadas del siglo XIII, pero más cercanas a los inicios que al final de la centuria (Mesquida García, 2001; Manzanedo Llorente, 2010: 13);
y los que defienden una amortización absoluta de todos los centros alfareros documentados hasta la fecha en el šarq al-Andalus con la llegada de la conquista cristiana (Azuar Ruiz, 1998: 57-71), y la creación de una industria alfarera ex novo apuntalada, eso sí, por un elemento hu- mano que portaba el know how cerámico o patrimonio técnico, la tradición alfarera, elemento básico sobre los que construir los cimientos de una floreciente industria manufacturera convertida en símbolo del nuevo reino con fama y aprecio en todo el mundo mediterráneo (Martí Ol- tra, Pascual Pacheco, Roca Traver, 2007: 79-158).
En nuestra humilde opinión, la solución al debate sobre el origen de las producciones valencianas no lo va a solu- cionar los datos aportados por las cerámicas de la pobla de Ifach. Eso sí, los datos que ofrecemos en este capítulo son muy significativos y fundamentados en una sólida se- cuencia estratigráfica apoyada en hallazgos monetarios; as- pectos éstos fundamentales para entender el yacimiento y su secuencia histórica, pero inválidos, a nuestro entender, para ser extrapolados y justificar un planteamiento teórico que resuelva un ya de por sí atávico debate científico. Esa secuencia, por ejemplo, puede permitirnos establecer qué formas muestran una cronología de amplio espectro convir- tiéndose en las producciones fundamentales del registro, ya que conviven en las principales fases del yacimiento; y por otro lado, la ubicación estratigráfica de unos tipos presen- tes en una única fase, puede aportar muchísima información que permitirá afinar su cronología de forma muy concreta.
LOS CRITERIOS DE CLASIFICACIÓN DE LA CERÁMICA ME- DIEVAL DE IFACH
La necesidad de sistematizar el registro arqueológico es fundamental, sobre todo en el caso del proceso de recogi- da de los materiales y su llegada al laboratorio, así como de la ordenación y clasificación de todo el material exhumado en el yacimiento, que debe ser estudiado antes de pasar a formar parte de los fondos de un museo. En el caso concreto de Ifach, ésta ha sido una de las principales preocupaciones por nuestra parte desde las primeras campañas, ya que el carácter multiestratificado del yacimiento, con diferentes momentos cronológicos y fases de ocupación, hacía compli- cada la ordenación y descripción de los materiales.
Todo ello nos hizo desarrollar un procedimiento estandari- zado de trabajo cuyo proceso se inicia con la primera toma de contacto con el material, que tiene lugar en el laboratorio de la propia excavación arqueológica, por lo que la persona o personas responsables del mismo se hacen cargo de una primera ordenación del material y, sobre todo, de la resolu- ción de cualquier tipo de inconveniente que se relacione con el mismo. Son ellos los responsables de que todo el material llegue al museo perfectamente etiquetado e identificado, para evitar problemas en fases posteriores del trabajo.
De esta manera, todo el material es ingresado en cajas eti- quetadas con su contenido para su lavado en los laborato- rios del MARQ (Fig. 2). Y cada bolsa de material, sea cual sea su naturaleza, contiene en su interior una etiqueta en la que se especifica, las siglas del yacimiento -en nuestro caso, Pobla de Ifach, PI- y el año de campaña, la fecha de exhumación, el sector del yacimiento y la unidad estratigrá- fica. Una vez que el material se ha ingresado en el museo, se comienza con la fase de inventario propiamente dicha (Fig.
3). El primer material en tratarse es la cerámica, ya que es la parte más numerosa del registro. Para ello, la primera tarea es la ordenación del material de cada unidad, siguiendo un criterio cronológico de más moderno a más antiguo. En el caso concreto del material que aquí nos ocupa, el cerámica medieval es dividida en diferentes producciones, atendien- do al tratamiento y características formales.
- Cerámicas vidriadas, todas aquellas que presentan reves- timientos vítreos en alguna de sus superficies. Dentro de ellas distinguimos entre los diferentes tipos de produccio- nes vidriadas: reflejo metálico, azul y reflejo metálico, azul, verde turquesa, verde y manganeso, vidriado monócromo, cerámica de cocina.
Figura 2: Lavado final de los materiales cerámicos en los laboratorios del MARQ. Archivo Gráfico MARQ.
- Cerámicas pintadas, todas aquellas que presentan algún tipo de decoración, quedando ordenadas primero las pin- tadas y luego las impresas, incisas, estampilladas, o de cualquier otro tipo. En este apartado incluimos las piezas con marcas o graffiti.
- Cerámicas comunes u obra aspra, todas aquellas consi- deradas como parte de la producción común sin series decorativas.
La cerámica queda organizada en las diferentes producciones, y dentro de cada una de ellas, se clasifica por rasgos formales, iniciándose en el borde de la pieza y finalizando en la base de la misma. En el caso de los informes de cerámica común se agrupan y se cuentan, dando un número único a todos ellos.
El resto de materiales del registro se ordenan por tipología de materiales, siguiendo siempre el mismo orden. Así tras la cerá- mica se sitúa el material de construcción, fundamentalmente, ladrillos y tejas.
Una vez que todo el material que compone una unidad estrati- gráfica ha sido ordenado, se pasa a su siglado. Todas las pie- zas cerámicas deben tener una sigla que se colocará siempre que sea posible en un lugar donde no sea muy visible de la pieza y en la que se indicará el yacimiento -en nuestro caso mediante las siglas PI-, la dos últimas cifras de año al que corresponde la campaña de excavaciones, la unidad estrati- gráfica en la que apareció la pieza y el número correlativo de fragmento en el inventario. De esta forma, la sigla PI’07/1004- 1 significará que es el fragmento número 1 de la UE 1004, ex- humada el año 2007 en la pobla medieval de Ifach.
Finalmente, desde la campaña de 2008, se emplea para reali- zación del inventario, una ficha informatizada y estandarizada, para poder ser usada en diferentes yacimientos y con materia- les de épocas muy diferentes. Esta base de datos está basada en la desarrollada por el Área de Arqueología de la Universidad de Alicante y está realizada en el programa Microsoft Access (Abad Casal, Sala Sellés, 1995: 265-277). Los diferentes (Fig. 4) campos que constituyen la “ficha” de cada fragmento se en- cuentra representado por las iniciales, en mayúscula y negrita, de un término que hace referencia a un aspecto concreto de la descripción de los materiales:
- C(ampaña): año de la campaña de excavación.
- SEC(tor): nombre del sector de la excavación.
- Ue(Unidad Estratigráfica): número de la unidad estratigráfica.
- Nume(ro): número de inventario.
- For(ma): forma del fragmento. Cuando un fragmento com- prende dos o más partes, se indica relacionándolos por medio de un guión, lo que supondría que dispone de todas aquellas formas que quedan englobadas en el guión; o bien mediante una barra (“/”) que indica que dispone de cada una de esas formas.
Figura 3: Trabajos de inventario e identificación en los almacenes del MARQ. Archivo Gráfico MARQ.
Figura 4: Volcado de la información del material cerámico a la base de datos informática que genera el inventario. Archivo Gráfico MARQ.
- Des(cripción): desarrollo de la forma del fragmento. En el caso del campo de descripción se indica colocando sus dígitos separados por una barra. Normalmente se emplea para los bordes cerámicos, ya que se debe indicar el tipo de borde y de labio del fragmento.
- Cx(Contexto): indica el momento histórico, al que perte- nece la pieza, por posición estratigráfica. De esta forma, se señala la época en la que se formó la deposición que contiene el material, con independencia de su época de fabricación. Como por ejemplo, materiales ibéricos halla- dos en una unidad estratigráfica de época medieval lleva- rán en este campo la sigla MEIS/MEC.
- Ac(Adscripción cultural): indica el ambiente cultural al que corresponden los materiales per se, independiente- mente de su carácter residual, hace referencia al contexto productivo originario, donde se tiene en cuenta tanto la época de fabricación como la tradición de estudio de los distintos tipos de material.
- Tpm(Tipo de material): indica el tipo de material al que pertenece el fragmento. Los diversos objetos de un mate- rial concreto, exceptuando la cerámica, comienzan con la misma letra para facilitar el tratamiento informático pos- terior: terracota (T), metal (L), piedra (D), varios (V).
- Tipo: precisa aún más el apartado anterior.
- Clasificac(ión): espacio reservado para la tipología propia del yacimiento. El marcado carácter medieval cristiano del material ha llevado a que, con el paso de las sucesivas campañas arqueológicas, se haya desarrollado una cla- sificación propia del yacimiento, mediante la definición de tipo o series de las que contamos con un total de 37 series. En este campo se indica el tipo o subtipo al que corresponde la pieza descrita según la clasificación de la tipología del yacimiento.
- Past(a): tipo y color de la pasta y tamaño del desgrasante.
Este campo está compuesto por cuatro dígitos consecuti- vos, el primero indica la fabricación, el segundo el tipo de pasta, el tercero el color y el cuarto el tipo de desgrasante.
Cada uno viene marcado por unos códigos específicos1.
- Supe(rficie): indica el tratamiento exterior e interior. Este campo también se compone de cuatro dígitos, pero solo se utilizan dos tipos de códigos, de este modo, la superfi- cie se describirá empleando los dos primeros dígitos para el tratamiento y el color exterior y los otros dos para los exteriores.
- Deco(ración): señala el tipo de decoración. En el caso de la decoración se emplea el mismo sistema que en el campo anterior, de este modo los dos primeros espacios están ocupados por la decoración exterior, mientras que los dos últimos se emplearán para la decoración interior.
Este orden es inalterable, de forma que si una pieza sólo tiene decoración interior, los dos primeros espacios esta- rán ocupados por 0-; en el caso de piezas sin decoración ponemos 0-0-.
- Comp(lementos): se emplea para incluir observaciones y para completar o precisar alguno de los campos anteriores.
En este campo se desarrollarán exclusivamente los asteris- cos correspondientes a los campos anteriores. En el caso de dos asteriscos se separarán por medio de una barra (/).
- Observacio(nes): espacio reservado para anotaciones di- versas. Este campo está ideado para señalar aspectos fue- ra de lo común, aunque existen algunos elementos como marcas de fuego, graffitis, laña o agujeros de suspensión, o cualquier decoración extraña, etc.
- NF(Número de fragmentos): indica el número de frag- mentos pertenecientes a una misma pieza o de caracte- rísticas similares contabilizados bajo el mismo número de inventario.
- Relaciones: establece las relaciones de las piezas inventa- riadas con las de otras UU.EE.: así, la indicación 2248-34, hace referencia a que la pieza que estamos describiendo está relacionada con la número 34 de la UE 2248, y a su vez en la casilla de esta última pondremos la indicación de a pieza que estamos describiendo. Este campo indica que la pieza en cuestión se relaciona con alguna otra unidad.
En caso de que haya más de un fragmento relacionado se separarán mediante punto y coma (;). Todos estos campos poseen una serie de claves que simplifican en muy pocos
1 En el caso de los campos PAST, SUPE y DECO, se emplean siempre 4 dígitos, y en el caso de que alguno no se pueda indicar se coloca un guión (“-”). De igual forma, cuando uno de los dígitos es compuesto, como en el caso de las pastas de tipo sándwich, se coloca un “*”, especificándose los dígitos comple-
mentarios en el campo COMP.
dígitos y siglas toda la información que debe ser descrita en cada apartado.
LAS SERIES FORMALES DE LA CERÁMICA MEDIEVAL DE IFACH Las cerámicas que hemos documentado en la pobla de Ifach están caracterizadas por rasgos típicos que afectan a los re- pertorios cerámicos de la segunda mitad del siglo XIII y los primeros años del siglo XIV, donde se conjugan elementos de dos tradiciones culturales. Por un lado, veremos que el reper- torio muestra piezas surgidas directamente de la tradición ce- rámica musulmana, que en estos años aporta el enorme peso de su experiencia técnica y un buen bagaje formal. Por otro lado, la tradición cristiana introduce formas nuevas, en parti- cular, aquellas ligadas a la preparación de alimentos (ollas) y a su consumo (jarros y platos en particular). Esta producción se orienta, como es lógico, a un nuevo consumidor, el colono cristiano, que ocupa las tierras recién conquistadas del nuevo Reino de Valencia. En este momento, no será descartable la llegada de alfareros propios de los lugares de origen de los pobladores, como es el área catalana y aragonesa, que pu- dieron introducir nuevas técnicas, por ejemplo, en la cocción reductora y, con ella, el repertorio formal que la acompaña.
No obstante, el grueso de la mano de obra que trabaja en las nuevas tierras, debía ser mayoritariamente musulmán, como demuestran la escasa documentación notarial referida a contratos de maestros alfareros de la segunda mitad del XIII (López Elum, 1984).
Todo este contingente técnico desembarcado, junto a un mayoritario elemento humano musulmán, que custodiaba el know how cerámico o patrimonio técnico, la tradición alfa- rera; y el apoyo decidido del nuevo poder establecido en Va- lencia con la intención de convertir la cerámica en una marca más del nuevo reino con la que colonizar no sólo su terri- torio, sino que alcanzara todos aquellos lugares que fueran horadados por la Corona, formarán los elementos básicos sobre los que se construirán los cimientos de una florecien- te industria manufacturera convertida en símbolo del nuevo reino con fama y aprecio en todo el mundo mediterráneo (Martí Oltra, Pascual Pacheco, Roca Traver, 2007: 79-158).
Junto a estas producciones del nuevo reino, encontraremos exogenismos convertidos en producciones procedentes de otros lugares de la corona, como por ejemplo, el área cata- lana, cuya impronta podemos considerar residual pero clara en el registro cerámico de la pobla.
Con todo ello, pasamos a presentar los diferentes reperto- rios cerámicos con los que actualmente contamos en el re-
gistro cerámico de la pobla. Las agrupaciones formales se corresponden con 7 conjuntos funcionales que responden a las denominaciones de cerámicas de servicio de mesa y agua; cerámicas de cocción; cerámicas de uso múltiple; ce- rámicas de transporte, contención y almacenaje; cerámicas de uso lúdico; Cerámicas de uso doméstico y cerámicas de uso constructivo.
Las cerámicas del servicio de mesa y agua
El primero y más importante de todos es el denominado como cerámicas del servicio de mesa, que agrupa a casi el 40 % de las series formales documentadas en Ifach -13 de 36- y, por tanto, también es el domina las estadísticas relativas al número de fragmentos localizados en el yacimiento (Fig. 5).
Este grupo engloba, por un lado, aquellas formas que siem- pre han representado el servicio de mesa; y por otro lado, aquellas que tradicionalmente se las venía relacionando con las formas de agua que, nosotros hemos querido definir algo más como formas de agua y vino. Esta distinción no se hace a la ligera en nuestro repertorio, ya que buena parte de las no- vedades formales que se introducen en este momento están vinculadas directamente con el renovado y abierto consumo público del vino, una práctica que había quedado reducida a la privacidad oculta de las casas y de los poemas durante el tiempo del dominio islámico. Si bien el cultivo de la vid había seguido siendo intenso bajo el poder del Islam, el comercio y el consumo público estaban prohibidos. La reapertura del consumo bajo el poder cristiano genera una demanda social donde la cerámica ocupa un lugar predominante al sacar al mercado nuevas formas con las que almacenar y consumir el dulce néctar de la vid fermentada. Por ello, la muestra de piezas que presentamos en este repertorio es amplia y diver- sificada, acorde con lo que constituye uno de los rasgos más característicos del repertorio cerámico usado en el occidente cristiano a partir del siglo XIII.
La propuesta de clasificación que pasamos a mostrar se ha ba- sado, primero, en la agrupación de formas bajo entornos fun- cionales próximos. Para ello, hemos identificado las diferentes series bajo los denominativos otorgados por las clasificacio- nes tipológicas generales y conocidas para la cerámica me- dieval, así como por la ofrecida por los inventarios y registros de la documentación notarial de la época, que ha establecido unos referentes nominales para las piezas, lo que nos facilita enormemente la identificación visual. En cuanto a sus pastas, todas ellas muestran una alta depuración, con texturas bizco- chadas de tonalidad anaranjada con intrusiones minerales de medio y pequeño tamaño y baja densidad.