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La deportación al‘‘Castillo de la Al ola"

In document Ante la Conferencia de San Francisco (página 65-71)

Por Juan D ’A G R A M U N T .

AMBIENTE DE LUCHA

P

OR aquel entonce» el movimien­

to obrero vinculado a la C. N.

T. eetaba en pleno apogeo.

Atravesábanlo» loe años prósperos de la postguerra. Las industrias ca­

talanas tenían abiertos todos los mercados europeos a precios sin competencia. Fuó por estas (echas cuando el movimiento sindicalista revolucionario adquirió un poderoso desarrollo. La miiitancia sindical iba creando grandes concentraciones pro­

letarias, fundiendo las antiguas so­

ciedades de resistencia, dispersas y atomísticas, en fuertes y compacto*

factores de lucha, como lo fueron loe sindicatos únicos. A l mismo tiem­

po so transformaba la actuación pa­

siva y colaboracionista, atenta al so­

corro y a la intervención oficial, cambiando el disco hacia la acción directa e impregnando la conciencia de los trabajadores de espíritu revo­

lucionario.

La C. N. T. supo aprovechar en forma debida esta etapa do floreci­

miento industrial. El momento era in­

dicado para mejorar la desesperan­

te situación de la clase obrera. Un salarlo misero y un trato despótico eran las únicas compensaciones que obtenía, mientras los patronos logra- bran fabulosos beneficios. Tal injus­

ticia incrementó la lucha entre am­

bas partes. A l principio, toda peti­

ción, por modesta que fuese, era sistemáticamente desechada. La in­

transigencia patronal avivó el espí­

ritu de lucha de los trabajadores.

Su negativa fue contestada con la violencia de parte de los peticiona­

rios. La lucha fué dura e intensa du­

rante años, mejorándose grandemen­

te las condiciono» económicas y mo­

rales del proletariado.

La cerril intransigencia patronal, junto con la intervención desaforada o irritante de los gobiernos monár­

quicos a favor del capitalismo, exa­

cerbaron el natural antagonismo en­

tro patronos y obreros, hasta con­

vertirlo en un astado permanente de represión contra la d aso obrera or- ganiiada. Es interesante rememorar estos hechos que demuestran como si las clases redoras hubiesen esta­

do poseídas de un poco de compren­

sión y un elemental sentido de jus­

ticia. la lucha social que sostenía­

mos hubioso sido más incruenta: pe­

ro su coquera, su amor propio, su obtusidad, cuidaron de agudizar los problemas hasta convertirlos en in­

solubles. De este estado de cosas surgió el caráder violento y agresivo que adquirieron los conflictos soda­

les. Do ahí dimana toda la secuela de convulsiones y luchas sangrientas

que dieron una característica pocu- liar al movimiento obrero español, en especial al qeslado y desarrolla­

do por nuestra central sindical.

PROLOGO DE UNA CHUZADA

P

RECISAMENTE fuá durante los años que median entre el 1917 al 1921. cuando las luchaR sin­

dicales que culminaron con el céle­

bre movimiento de l a Canadiense adquirieron mayor volumen o impor­

tancia. A las negativas irreductibles de los patronos, se contestaba inva­

riablemente con la huelga: el loc- kaut era replicado con el sabotage.

Ton movimientos y conllictos obreros se sucedían con una rápidos verti­

ginosa y con violencia más acen­

tuada. Mientras la lucha prosoquía en la calle, las burguesía nacional, las viejas oligarquías y toda la Es­

paña olícial. entra medrosa e irrita­

da/ buscaba alanosa los modios y la terapéutica para aniquilar al mo­

vimiento ccnetista que los tanta ame­

drantados.

Como dato nnedóctico de las lu­

chas apasionados de aquellos días, recordamos qua, junto con los com­

pañeros Andrés Nin y Joaquín Mau- rín. ambos en aquel entonces mili­

tantes do In C. N. T.. nombrados ellos y al que suscribe como rodadores do Solidaridad Obrera, temporalmen­

te suspendida por orden gubernati­

va. luimos, en representación del movimiento, a visitar al gobernador de Barcolona. don Federico Carlos Bas, con el iin de que autorizara su publicación.

Una ves terminada la conversa­

ción do rigor en torno a la solicitud hacha, el señor Bas, cuya aduación al trento del Gobierno Civil había si­

do tolerante y benigna, nos dijo:

Tengan en cuenta que quien va a decirles unas palabras no es el gobernador, sino un ciudadano cual­

quiera, que Ies expondrá con clari­

dad la situación en quo se encuen­

tran ustedes y e l movimiento a que pertenecen.

Sepan que ayer hubo una reunión de autoridades y de elementos re­

presentativos, donde se convino en la necesidad do acabar con e l esta­

do caótico do Cataluña y de España, aunque cueste la vida a miles de afiliados y militantes a la C. N. T.

l a ejecutoria de este plan me fue encomendada a mí. Yo contestó que sería un gobernador iracasado, pe­

ro no un gobernador asesino. Mar­

tines Anido replicó que él se senti­

ría muy honrado en llevar a térmi­

no dicha ejecutoria. Y a lo saben us­

tedes. Procuren, por los medios que sean, evitar e l menor acto de vio­

lencia. Piensen que la muarte se cierne sobro sus cabezas y las de sus compañeros de lucha.

Esto es cuanto tenía que decirles.

La verdad es que iué la vos de una conciencia honrada la que nos puso sobro aviso de cuanto nos iba a suceder. Salimos de la entrevista profundamente preocupados. Infor­

mamos en seguida a l Comité Regio­

nal de la C. N. T. Aquel atardecer hubo reuniónos y conciliábulos con

el Un de parar el golpe. Dléronee instrucciones precisas a los delega­

dos de taller para contestar a la provocación. Visitamos a l señor Lay- ret, siempre dispuesto a servir a la C. N. T., quien después de eiectuar unas visitas nos confirmó que. efec­

tivamente, aquella misma noche en­

traría en funciones de gobernador civil de Barcelona el general Mar­

tines Anido.

IA BATALLA A LA C. N. T.

E

S a partir de ocupar el cargo de gobernador dicho sujeto, cuan­

do todas las fuersae regresivas de la España oficial deciden ahogar con sangre proletaria el magnífico movimiento obrero cenetista, que con­

taba en sus realixaclones el hecho de haber elevado a los trabajadores españoles a un nivel moral y eco­

nómico casi similar al de sus com­

pañeros del resto de Europa, y que.

a la ves, representaba por la auda­

cia y la cantidad de sus adherentes la esperansa más positiva para pro­

piciar la liberación de España. Es a partir de este momento cuando el Fomento del Trabajo Nacional, de Barcelona, órgano patronal, y el go­

bierno presidido por Eduardo Dato, acuerdan dar la batalla. El sombrío Bugallal, desde el Ministerio de la Gobernación, preside la «u sa d a . Co­

mo es Cataluña la sede del movi­

miento protestatario. confieren carta blanca e inmunidad absoluta a dos generales despóticos y crueles: Mar­

tines Anido y Miguel Arlegul, quie­

nes, desde el Gobierno Civil y la Je­

fatura de Policía, emprenden la ma­

cabra tarea de descabezar ef sindi­

calismo, según frase gubernamental.

¿Para qué describir lo que siguió luego? ¿Pora qué hacer desfilar la gama multiforme de violencias y de horrores que se cometieron contra la militando coniederal? Bastará con decir que una represión tan cruenta y monstruosa seguramente no había tenido par en otro país. H ay que te­

ner en cuenta que por aquel enton­

ces las atrocidades salvajes del na­

zismo aun eran desconoddas y que el general Franco no había podido poner en práctica sus Instintos v e ­ sánicos y criminales. Reconozcamos do plano que Martines Anido y A rle­

gul fueron unos simples precursores en criminalidad comparados con el actual didador español. N o obstan­

te, la cosa fué seria. Las cárceles, buques y castillos fueron atiborrados de carne proletaria. A los encarta­

dos en procesos se los mandaba a presidio, violentando las normas más elementales de la Justicia oficial.

Los asaltos domiciliarlos se efectua­

ban sin el menor requisito. Las pol­

vorientas carreteras españolas se vieron Invadidas por interminables caravanas de obreros en camino del destierro. Las deportaciones en cali­

dad de rehenes se efectuaron en el castillo de la Mola. La criminal ley do lugas fué aplicada sistemática­

mente a centenares de compañeros y contra quienes eran capaces d e impugnar tales monstruosidades. El asesinato policiaco se pradlcó fría y alevosamente, todos los días y en cualquier lugar público, prosiguten-

do así la monstruosa tarea de ex­

terminar a los militantes de la C. N.

T.. con sus asesores y defensores públicos.

¿Acaso la mentalidad energumé- nica de un Anido o de un Arlegui, era capas de apreciar los matices do derecho, de sensibilidad y de com­

prensión que caracterizaba el mo­

vimiento coniederal? Ellos cumplían órdenes. Su lema era: ¡disparad a la barriga!

¿Acaso la burguesía catalana y los oligarcas españoles, frente a la perspectiva de aplastar a un movi­

miento obrero pujante y poligroso para sus interoses, iban a pararse en remilgos ante la inmunidad par­

lamentaria o la inviolabilidad de la toga? Bastaba con ser amigo, sim- patizante o defensor de los sindica­

listas, para que les reservaran la parte correspondiente en la cruzada represiva y a muerte que se efec­

tuaba contra la d a s e obrera organi­

zada y rebolde.

DE LA CARCEL AL

“GIRALDA”

M

ILES de obreros fuimos dete­

nidos en toda España. Di­

mos con nuestros huesos en la mansión carcelaria de la calle Entensa. A llí vegetamos unos meses.

A l anochecer del 20 de noviembre de 1919 oímos un gran revuelo de puertas y gritos. ¿Qué ocurre? Por fin, los ordenanzas nos llaman albo­

rozados.

— ¡Vengan con todol (Van uste­

des en libertad!

A l reflexionar un poco vimos cla­

ramente que no sería verdad tanta belleza.

-•¿Salen muchos? — Inquirimos.

— Si, unos cuarenta.

En seguida comprendimos que ha­

bía gato oncerrado. El proso guber­

nativo que ha repetido la suerte va ­ rias veces, conoce a la perfección si el clima es propicio para obtener la libertad, o bien si, por el contra­

rio, se podía esperar una m ala pa­

sada a la salida. Aquel momento no era propicio para sentir la me­

nor alegría.

Recogimos los bártulos y, hechos los trámites debidos, se nos condu­

jo a l dospacho del director. Una ves allí, vimos claramente que algo s*

tramaba en contra nuestra. La sig­

nificación de los individuos presen­

tes denotaba bien a las claras que so trataba de deportarnos o de algo más grave todavía.

¿Cómo íbamos a figurarnos que mientras quedaban entre rejas cen­

tenares de simples cotizantes, iban a soltar a los elementos más activos y responsables del movimiento sin­

dicalista? Presentes estaban Seguí.

Companys, Botella, Barrera, Albari- das. David Rey. Ocaña, Abás, Am a­

dor, y asi, hasta el número de 36 compañeros. Los reunidos no h a d a ­ mos más que discutir sobre la suer­

te que se nos tenía reservada. Al- quien insinuó que en calidad de re­

henes íbamos a ser deportados. ¿En qué lugar? N adie lo sabía. La incer­

tidumbre aumentaba la inquietud g e ­ neral.

Todas las preguntas que se le ha­

d a n a l director de la cárcel eran eaateetadae coa encogiaientoe de hombreo. La ealidtud para comunicar a nueetroe familiares la situación en que noe encontrábamo* fuá denega­

da. Después de mucha ineietencla, el director noe dijo: Tengo orden rigu-

guraea de que ninguno de ustedes comunique con el exterior. Todo lo más que puedo hacer es transmitir a sus lamillares, dentro de unos dios, lasnotas y cartas que me sean entregadas.

Así tué. En aquel momento de in- certidumbre, cada cual trazó unas lineas a loe suyos, tratando do tran­

quil liarlos. Una ves cumplido este cometido entró en funciones la guar­

dia civil. Nos maniataron fuertemen­

te por parejas. Un camión hermético y mal oliente nos esperaba a la sa­

lida de la cárcel.

Entre los conducidos todo eran su- puniciones y conjeturas:

— ¿Nos llevarán a Montjulch?

— ¿Será Fernando Páo el lugar de destino?

— ¿No oe parece que somoe dema­

siados para que nos apliquen la le y de fugas?

Mientras tanto, los más Inquietas Iban mirando por los intersticios del coche, refiriéndonos la trayectoria que seguíamos:

— Ahora estamos en la calle de Urgel.

— Entramo* y a en el Paralelo.

— Vamos en dirección a l muelle.

A llí fuá el final da la primera eta­

pa. A l descender del camión vimos que estaban presentes todas las fuer- la s d e Barcelona. Estaban reunidos más generales, jefes, clases y guar­

dias, de diversas instituciones, que durante la * jornada* sangrientas de julio de 1936 defendiendo a l fran­

quismo.

¿Qué finalidad perseguían con ta­

maña ostentación militaresca? ¿Aca­

so temían que lo* trabajadores, a l enterarse de que se efectuaban de­

portaciones, vinieran a rescatamos violentamente? ¿Era una demostra­

ción del miedo que sentían? ¿Equi­

valía a una amenosa contra la cla­

se obrera? Lo evidente os que para contemplar la triste odisea que su­

frían tres docenas justas de presos, debidamente osposados y custodia­

dos, sobraban, en cantidad desorbi­

tada, tantas precauciones y tal nú­

mero de fuersas.

¿Qué otra cosa podía esperarse del genisarismo español, más que ex­

hibiciones fanfarronas y espectacu­

lares? Los movimientos obreros ser­

vían de piedra de toque para com­

probar la fidelidad a l régimen de la fauna militaresca. Cuando más impotente e incapas se sentía frente a otro ejército y ante un enemigo extraño y aguerrido, más bravucón e Insolente se mostraba contra e l paisanaje Inerme a indefenso. To­

dos los fracasos ruidoso* del ejérci­

to español en Marruecos se trocaban en campañas gloriosas ante los cam­

pesinos andaluces, los minoro* astu­

rianos y los trabajadores del resto de España. Así, en la España mili­

taresca do aquellos días, la profe­

sión do militar se confundía con la dd revienta huelgas. Además, la bru­

talidad desplegada contra la clase obrera era equivalente a que lea

fueran reconocida* *u* hazañas co­

mo méritos de guerra.

En lo intimo, aquella aparatosa de­

mostración de lu en a venía a decir a la clase obrera que sus demandas, huelgas y conflictos, en lo sucesivo, serían ahogados con sangre, gracias a la abnegada y meritoria interven­

ción dol ejército, puesto descarada­

mente a i servicio de las oligarquías españolas, agazapadas tras las fi­

guras siniestras de dos generales que. Investidos de pleno* poderes, desde sus lugares de mando tenían

en un puño a la España liberal y progresiva, en especial a l movimien­

to cenetista, a l que iban a someter a las más duras y terribles pruebas.

No obstante, la provocación ofi­

cial fué contestada con la huelga general revolucionaria en Barcelona y las principales poblaciones de Ca­

taluña. Es de constatar que en aquel momento nos encontrábamos perfec­

tamente solos en la lucha abierta y franca contra e l poder coercitivo del Estado español.

♦ * *

El pueblo sólo tiene tres caminos para librar­

se de su triste suerte; lo* dos primeros son Ja taberna y le iglesia; e l tercero es e¡ de la re­

volución social.

BAKUNIN.

* * *

Un soldado es un anacronismo del que do- bomas desembarazarnos.

G. BERNABE SHAW.

* * *

La decisión final de una guerra no debe con­

siderarse absoluta. La nación vencida suele mirar la derrota como un mal pasajero, que puede repararse en tiempos posteriores por me­

dio d e combinaciones políticas.

Von CLAÜSEWm.

In document Ante la Conferencia de San Francisco (página 65-71)