• No se han encontrado resultados

La probabilidad y su relación con el conocimiento

In document UNIVERSIDAD PANAMERICANA (página 85-89)

El tema de la probabilidad en el trabajo de Hume es muy extenso y puede tomar dimensiones muy complejas. Para efectos del presente trabajo, mi interés se centra, exclusivamente, en dejar asentado el carácter de posibilidad que otorga a las inferencias relacionadas con el diseño natural, así como el papel que juega como eje central en el llamado a la moderación de las conclusiones que se afirman con carácter de irrefutables.

El punto de partida en este tema se encuentra en la identificación de los grados de evidencia existentes, que separa la razón humana en tres tipos:

la del conocimiento, la de las pruebas y la de las probabilidades. La primera se refiere a la que surge de la comparación de las ideas; la segunda, a los argumentos que se derivan de las relaciones de causa y que se encuentran libres de duda e incertidumbre; mientras que la última, a aquellos argumentos cuya evidencia es incierta y que se dividen en conjeturas que se derivan de causas y conjeturas que provienen puramente de la posibilidad. El argumento del diseño sería, pues, del primer tipo, que se deriva de la observación atenta de causas y efectos:

The idea of cause and effect is deriv’d from experience, which presenting us with certain objects constantly conjoin’d with each other, produces such a habit of surveying them in that relation, that we cannot without a sensible violence survey them in any other. On the other hand, as chance is nothing real in itself, and properly speaking, is merely the negation of a cause, its influence on the mind is contrary to that of causation; and ‘tis essential to it, to leave the imagination perfectly indifferent, either to consider the existence or non-existence of that object, which is regarded as contingent. (T, pp. 206-207)

Los argumentos que tienen como base una observación causal son reconocidos por Hume como superiores a aquellos que se refieren a una mera posibilidad, sin el respaldo de una observación causal que les apoye:

For if we affirm that one chance can, after any other manner, be superior to another, we must at the same time affirm, that there is something, which gives it the superiority, and determines the event rather to that side tan the other: That is, in other words,

[86]

we must allow of a cause, and destroy the supposition of chance;

which we had before established. (T, p. 207)

A la luz de la afirmación hecha en este párrafo, el ejemplo clásico de la bola de billar de Hume quedaría relegado a la pura probabilidad, debido a que no tenemos un recuento fiable de una bola que golpea a otra y deja a las dos inmóviles. Ciertamente, es probable que no contemos con ninguna evidencia causal que nos ayude a soportar semejante propuesta.

El caso del argumento del diseño es diferente, pues su probabilidad se encuentra fortalecida por la existencia de un evento causal, la existencia de la cadena causal misma, así como por su regularidad, que nos invita a pensar en la existencia de una causa original de dicha cadena, separándole definitivamente de un argumento que está basado en pura posibilidad. En este sentido, la relación de la probabilidad con la creencia se encuentra en la cantidad de posibilidades que el argumento demuestre para un evento determinado. El ejemplo clásico es el del dado que cuenta con todas las caras iguales menos una, donde la cantidad de posibilidades de que caiga en una de las caras iguales es mayor a la desigual, si bien la probabilidad de que caiga en la cara desigual estará latente, con lo que la forma de operar de la mente nos llevará a la creencia de que es más probable que caiga en una de las caras iguales. Dice nuestro autor:

The probabilities of causes are of several kinds; but are all deriv’d from the same origin, viz. THE ASSOCIATION OF IDEAS TO A PRESENT IMPRESSION. As the habit, which produces the association, arises from the frequent conjunction of objects, it must arrive at its perfection by degrees, and must acquire new force from each instance, that falls under observation. The first instance has little or no force: The second makes some addition to it: The third becomes still more sensible; and ‘tis by these slow steps, that our judgment arrives at full assurance. (T, pp. 215)

En el caso del argumento del diseño, la cadena causal es una regla natural que nos ha enseñado a través del tiempo que todo aquello que existe proviene de una causa, y es en ese sentido que la probabilidad de una causa primaria se fortalece. Sin embargo, la imposibilidad de observación directa del evento causal original relegará el argumento a uno probable y no uno seguro:

[87]

But, philosophers observing, that almost in every part of nature there is contain’d a vast variety of springs and principles, which are hid, by reason of their minuteness or remoteness, find that

‘tis at least possible the contrariety of events may not proceed from any contingency in the cause, but from the secret operation of contrary causes. (T, p. 217)

Ésta es la otra raíz de la posibilidad del argumento del diseño: para Hume, la pura posibilidad de concebir una sola contrariedad a un postulado lo convertirá, automáticamente, en probable, sin importar el número de las evidencias —será la cara del dado que es diferente a todas las demás—, lo cual hace imposible que el argumento sea del todo seguro. Es por ello que el verdadero filósofo deberá ser cauteloso con las conclusiones que defienda. En cambio:

A peasant can give no better reason for the stopping of any clock or watch tan to say, that commonly it does not go right: But an artisan easily perceives, that the same force in the spring or pendulum has always the same influence on the wheels; but fails of its usual effect, perhaps by reason of a grain of dust, which puts a stop to the whole movement. (T, p. 217)

El ejemplo anterior invita a no apurar conclusiones como lo haría cualquier ignorante; el verdadero filósofo deberá sopesar las posibilidades existentes antes de expresar una conclusión definitiva.

En este sentido, toda experiencia pasada será un regulador de los juicios relacionados con las posibilidades que otorgamos a los efectos y, por tanto, a sus probabilidades. La existencia de una sola contrariedad a algo que consideramos seguro da por terminado su carácter de regla, y disminuye su probabilidad. En la ciencia, el efecto es aún más dramático, debido a que postulados que han sido tomados como leyes por años pueden ser derribados bajo la prueba de una sola observación.

La repetición de eventos fortalecen las creencias, de forma tal que para ciertos eventos creemos que el futuro será como nos lo ha enseñado el pasado —argumentación que no se funda en postulados de ningún tipo, sino que se deriva del hábito—. La creencia de que mañana amanecerá se deriva del hábito que genera la observación del amanecer diario. En ese sentido, la creencia del diseño se cimenta en la observación de una causa

[88]

para todo efecto, misma que, acompañada de la creencia de que todo tiene un inicio —creencia que, a su vez, parte de la observación de la naturaleza— nos lleva a la creencia de una primera causa diseñadora de la cadena causal observable. Sin embargo, podemos concebir la existencia de una cadena infinita basada en la idea matemática del infinito, misma que, desde el punto de vista de la evidencia, se debilita por la incapacidad de experimentar el infinito.

Para que un argumento sea probable, necesariamente se requiere de la concepción del argumento contrario, ya que, de otro modo, la probabilidad se desvanecería, convirtiéndose en certidumbre. Sólo podemos tener certidumbre de lo evidente y, dada la imposibilidad de evidencia directa de la creación del cosmos, el argumento del diseño quedará, irremediablemente, en el terreno de la probabilidad.

[89]

In document UNIVERSIDAD PANAMERICANA (página 85-89)