2. La Iglesia de El Salvador
2.4. La torre
Situada a los pies de la nave central, se yergue la torre de la Iglesia (ver foto 15) de planta cuadrada. Posee unas dimensiones aproximadas de once por once metros de lado y más de cincuenta y cinco metros de al- tura desde el suelo (curiosamente, hemos de decir que posee la misma altura que longitud tiene el largo de la iglesia, incluyendo la sacristía) (ver fig. 4).
Se alza sobre un basamento de algo más de un metro, dividiéndose en tres cuerpos más chapitel; con unos veinte metros de altura el primer cuerpo es el más alto llegando a igualar el nacimiento del tejado. Lo
separa del segundo piso una imposta lisa. Posee una única ventana a la parte del W y en la parte del mediodía, posee una puerta de subida. En la esquina que la une a la nave de la epístola, sobresale en una sección de cuarto de círculo, la escalera de caracol, embutida entre parte de los muros de la torre y los de la nave de la epístola y que sólo llega hasta el segundo piso. En el interior de este primer cuerpo, se encuentra una cúpula inconclusa y ciega, que se apoya sobre arcos torales de medio punto asimismo ciegos.
El segundo piso posee una altura de diez metros y tres ventanas en sus caras libres, estando la restante pegada al cuerpo de la iglesia, en la que abre una puerta que comunica a la falsa del tejado, desde donde puede verse el armazón que sujeta las dos vertientes.
Una imposta algo más ancha que la que separa los cuerpos primero y segundo da comienzo al tercer piso, que con las mismas dimensiones del anterior, posee cuatro ventanas de arco de medio punto de mayores proporciones que las del segundo piso, destinadas para campanas. En el paño del mediodía de este tercer cuerpo, debajo o al lado de la ventana ha estado siempre el reloj.
Sobre el tercer cuerpo, se asienta una excelente cornisa volada (foto 19) que se divide en dos partes: un friso con mensulillas que se alter- nan con espacios vacios y que le proporcionan a la cornisa una enorme elegancia; y una segunda parte formada por superposición de molduras constituyendo el saledizo propiamente dicho. Sobre él, una baranda de piedra toda corrida constituye el final del cuerpo de la torre. Está decorada esta baranda por los típicos elementos escurialenses de pirámide y bola en las cuatro esquinas y dos bolas dividiendo proporcionalmente cada lado.
Sobre el tercer cuerpo y a modo de grandioso remate está “el pin- cho” de la torre, apodo popular del enorme chapitel piramidal de más de quince metros rematado en bola de hierro y cruz, además de pararrayos (ver foto 2); en su parte superior posee cuatro ventanas pequeñas que hacen de respiraderos.
Debido a su traza maciza, se ha hablado frecuentemente de su ori- gen herreriano (30), cuestión que no es totalmente cierta, pues haciendo un análisis estilístico pormenorizado, vemos que corresponde a un tipo de torre corriente en La Mancha y castilla hasta mediados del siglo xvi
(aunque este tipo aparece normalmente sin chapitel) que la emparentan con modelos sobre todo toledanos, como la torre de Quintanar de la orden, ejecutada en 1576 (ver foto 16) (31), con la que hay que obser-
ANÁLISIS ARTíSTIco: UNA IGLESIA coLUMNARIA TARDíA 91
var enormes similitudes: igual estructura, superficie lisa de los paños, impostas separando los cuerpos, baranda de piedra en el límite superior, igual escalera de caracol, etc… aunque también existen elementos que las diferencian, siendo el más destacado la ausencia de chapitel, muy corriente este extremo en la provincia de Toledo (ver las torres de El Toboso y la de Villanueva de Alcardete, fotos 3 y 5).
Vemos pues, como las influencias en el cuerpo de la torre, las recibe de castilla, mientras que, “el diseño de la cornisa volada y el énfasis en marcar la parte superior denota una influencia italiana que se dejaría sentir en los campanarios del Marquesado de Villena” (32); baste para ello que la comparemos con dos ejemplos de torres de mediados del si- glo xvi: (y que por lo tanto muy poco tienen que ver con lo escurialense) nos referimos a la torre de la Iglesia de Santiago de Villena (Ver foto 17) y a la torre de la Iglesia Vieja de Yecla (ver foto 18); ambas poseen un esquema muy parecido en las cornisas voladas, (en extremo pareci- das a la de La Roda, aunque esta algo más tardía, menos volada y más simplificada) barandas y aguja o chapitel sobre la parte alta (aunque, a diferencia de La Roda, en ambos casos el chapitel sea poligonal).
En general podemos decir, que además de las influencias castellanas y las que recibirá de los campanarios levantinos en la parte superior, a última hora, va a recibir influjos escurialenses, sobre todo en la decora- ción típica de pirámide y bola, y algo en el diseño general del chapitel.
En la comarca existen varias torres que entran en conexión con los modelos anteriormente citados, pero casi todos ellos son de fechas pos- teriores a la de La Roda y ya generalmente con destacadas influencias escurialenses: Munera, Tarazona de la Mancha, Pozo Rubio, Lezuza, Montalvos, etc.
como ya vimos en el capítulo de fábrica, su cronología oscilaría entre 1569 en que sabemos que ya está comenzada y 1604 en que ya está terminada, ejecutándose por tanto en la obra renacentista, buena prueba de ello serían sus contrastes de luz y sombra, y el matiz de purismo que posee, aunque sin llegar a la sequedad de las décadas siguientes.
Destaca en ella, sus grandes dimensiones que con su limpieza de formas y el carácter robusto y macizo de sus muros juntamente con su altura, le hacen elevarse por encima de los demás edificios de la pobla- ción, divisándose desde muchos kilómetros de distancia. Todas estas características, hacen de ella, como en otras muchas ciudades y pobla- ciones el símbolo inequívoco de la Villa (33).