5.5. LA CARTHAGINENSIS
5.5.2. La zona granadina
Como hemos visto, la actual provincia de Granada formaba parte tanto de la Baetica como de la Carthaginensis. Analizada ya la primera, procedamos a ver esta última, donde radican dos importantes ciudades, Acci y Basti, tradicionalmente consideradas entre aquellas que cayeron bajo el control de los milites, si bien, algunos autores cuestionan que los imperiales controla- sen algún lugar al norte de Sierra Nevada, no ya sólo la ciudad accitana, sino tampoco las de Iliberris o Egabrum273.
Con todo, el hecho de que en esta región bastetana tengamos constancia explícita a través de una cita de Juan de Biclaro (Chron. ad. a. 570.2) de la presencia de los milites, contra los que Leovigildo lanza su expedición (repulsis militibus), hace sugerente la fugaz inclusión de Acci y Basti en Spania, máxime cuando sólo se documenta la asistencia de sus prelados a partir del III Concilio de Toledo.
270 Junto al mencionado ejemplar, también hay otro de genérica procedencia jiennense, vid. así RIPOLL, 1998, fi g. 51. Para el famoso tesoro, vid.PALOL, 1968, p. 24 y fi g. 121-122.
271 Acerca de las acuñaciones jiennenses, vid.SALVADOR, 1990. Sobre los tremisses hallados en la provincia, BARRAL I ALTET, 1976.
272 CARMONA BERENGUER, 1998, p. 77-79, lám. 7.
273 THOMPSON, 1971, p. 367; y DÍAZ, 2004, p. 42.
5.5.2.1. Acci
Lo cierto es que no es mucho lo que se puede esgrimir para defender la pertenencia de la ciudad a la provincia bizantina. En este sentido, uno de los pocos datos fi rmes es que en 589 es con certeza visigoda, como muestra el hecho de que su obispo Lilliolo suscriba el III Con- cilio toledano, y posteriormente hago lo mismo su sucesor Clarentius con respecto al IV y V Concilio.
La situación previa es, en cambio, dudosa, y así, los autores se debaten entre considerar que nunca fue imperial, y aun siéndolo, habría caído ya con Atanagildo, o bien suponerle un destino común a Basti, sobre la que no faltan dudas, y en consecuencia, defender una corta presencia bizantina hasta que Leovigildo marcha sobre la Bastetania, c.570274.
De esta forma, un hipotético dominio imperial, sólo puede defenderse para escasas dos décadas que, obviamente, apenas pueden tener implicaciones materiales.
Por cuanto se refi ere a material bizantino, únicamente podemos destacar un follis de Hera- clio, acuñado en la ceca de Constantinopla, y que se convierte, después del hallazgo de Santa Pola, en la moneda bizantina más tardía conservada en ámbito peninsular275, circunstancia que muestra su llegada en un momento en el que la ciudad es claramente visigoda.
También los depósitos cerámicos dan cuenta de la circulación del repertorio vascular propio de esta etapa, si bien tampoco ello implica una presencia efectiva de los milites.
A este respecto, podemos referir la presencia en un silo romano en el actual casco urbano de Guadix, amortizado en los siglos VI-VII, de cerámicas fi nas romanas, que se consideran «muy tardías» y un posible spatheion276.
Como decimos, en cualquier caso, mientras la representación de estas producciones se siga revelando exigua, esporádica, nada lleva a cuestionar que no se trate más que de una muestra de la actividad comercial que penetra con difi cultad en el interior del territorio, a diferencia de los contextos masivos y diversifi cados que hemos de esperar en un lugar bajo soberanía de los milites.
Esta llegada de productos mediterráneos, de ejemplares cerámicos y numismáticos, aun escasa, es posible gracias a la estratégica situación de la ciudado en la red de comunicaciones, sirviendo de enlace interior entre Cartagena y Málaga. En concreto, unida a Basti y Eliocroca, daba acceso a Iliberris y Anticaria, así como fi nalmente a la ciudad costera bética, siendo así un punto vital en las comunicaciones de la provincia imperial, hasta que las campañas de Leo- vigildo en la Bastetania c.570, rompan esa continuidad, y aboquen a una comunicación litoral entre las dos principales urbes imperiales277.
También la riqueza minera del territorio pudo motivar las apetencias de ambos contendientes.
No en vano, en la zona de Guadix, llegan a localizarse varios hornos de fundición para este momento, como Cañadilla, Graena o Cauzón, hitos de un poblamiento que acabará generando en la etapa posterior una red de alquerías emirales, y del que ahora debemos destacar asentamientos del tipo de Las Cazuelas o Huélago278. En cuanto a la primera, sería una aglomeración de carácter
274 THOMPSON, 1971, p. 375; GOUBERT, 1946, p. 85-86; y GARCÍA MORENO, 1991, p. 176. VALLEJO GIRVÉS, 1993a, p. 148 insiste precisamente en esa incertidumbre difícil de despejar.
275 MAROT, 1997, p. 185.
276 GONZÁLEZ ROMÁN, et alii, 1994, p. 162.
277 A este respecto, vid.VALLEJO GIRVÉS, 1996b, p. 99.
278 BERTRAND, 1986, p. 236; y BERTRAND, SÁNCHEZ VICIANA y GARRIDO GARCÍA, 1999, p. 32.
disperso donde parecen mezclarse sin organización aparente, las viviendas, de pobre factura, con muros de tapial o adobe sobre pequeño zócalo de piedras, y las instalaciones metalúrgicas.
En cuanto al segundo, superpuesto a un yacimiento del Cobre/Bronce, se trata de un pequeño asentamiento con la misma distribución suelta del poblado, donde cada casa cuenta con sus propias instalaciones metalúrgicas. Igualmente, tampoco falta algún núcleo cementerial tardío, aunque anterior a nuestra etapa, como el de Paulenca279.
Poco es, en cambio, lo que conocemos de la misma urbe accitana, para la que sigue siendo difícil individualizar claramente las estructuras del período. Así, quizá correspondan a éste algunos de los muros que, caracterizados por la «reutilización de sillares, de construcciones anteriores, en esquinas y a veces en el interior de los muros», se consideran genéricamente tardíos280.
De esta forma, su panorama es bastante similar al de otras sedes episcopales ya vistas, como Asido o Egabrum, para las que la evidencia material es también bastante reducida, no dejando ver la categoría urbana que habría de suponerles a partir de ese papel en la administración ecle- siástica. Comoquiera que sea, no cabe duda que en virtud de esa condición episcopal, a pesar de que no tengamos constancia material por ahora, Acci, con una sólida comunidad cristiana cuyos comienzos tratan de ponerse en relación con Torcuato, uno de los Siete «Varones Apos- tólicos», y de cuya temprana organización da cuenta la asistencia de su obispo Félix al concilio de Elvira, debió contar con estructuras de culto destacadas, en tanto parece ser que la misma actividad de los prelados accitanos se extendió a la vecina Iliberris, sin embargo, perteneciente a la provincia bética281.
Así las cosas, la presencia bizantina en la ciudad no deja de ser del todo hipotética, y aun de haberse dado, ciertamente reducida, de tal forma que para nuestra etapa de estudio debemos considerarla sobre todo visigoda. En este sentido, se encuentra dentro del grupo de ciudades béticas que acuña moneda, compartiendo grabador con las cecas de Mentesa, Tucci, Eliberri, Castelona, así como probablemente Córdoba, y la recientemente reconocida Iliocri [ca]282. 5.5.2.2. Basti
Aun con algunos datos más que para la vecina Acci, tampoco es mucho lo que se puede afi r- mar respecto a una hipotética presencia imperial en este núcleo de las iuga orospeda, el extremo oriental norte de la Depresión Intrabética, correspondiente a la actual sierra de Baza.
A este respecto, sólo sabemos que en 589 era visigoda, como se desprende de la asistencia de su obispo Teodoro al III Concilio de Toledo, y que, previamente, c.570, Leovigildo había lanzado una expedición contra la Bastetania y Malaca, «repulsis militibus», como nos informa Juan de Biclaro (Chron. ad. a. 570.2), sin especifi car si la misma únicamente había afectado a sus territoria o también de forma directa a los mismos centros principales de éstos283.
279 CARMONA BERENGUER, 1998, lám. 5.
280 PUERTA TORRALBO et alii, 2001, p. 451. Por otro lado, en el momento de concluir estas líneas, hemos tenido conocimiento de la exacavación del área de Huerta de los Lao, que ha proporcionado algunas estructuras mo- numentales de época altoimperial. Dado que no hemos tenido oportunidad de consultar el informe de la intervención, desconocemos si el yacimiento registra también datos para nuestra etapa.
281 Por orden de cita, SOTOMAYOR MURO, 1979, p. 156; CARA BARRIONUEVO, 2000, p. 13; y GOUBERT, GOUBERT, GOUBERT 1946, p. 85-86.
282 KURT Y BARTLETT, 1998, p. 33
283 THOMPSON, 1971, p. 366, n. 10 y VALLEJO GIRVÉS, 1993a, p. 143-148.
Lo cierto es que la ciudad gozaba de características como para despertar el interés de ambos contendientes, muy especialmente su evidente situación estratégica controlando la vía de co- municación interior entre las dos principales urbes bizantinas, Cartagena y Málaga, motivo que pudo impulsar un interés inicial por parte de los milites284, y posteriormente, también la campaña leovigildiana. Ese mismo carácter del que disfruta en conjunto la denominada Hoya de Baza, explica que no sean raros los yacimientos en ésta, y que precisamente por ello se consideren enclaves fortifi cados dentro de la articulación de un supuesto doble limes285. No en vano, a partir de la mencionada campaña leovigildiana, Basti aparece como punto central para avanzar sobre el corazón de la zona bizantina, ya hacia Eliocroca, o a través del Almanzora hasta Baria.
Poco es, en cambio, lo que sabe sobre la misma urbe bastetana, Poco es, en cambio, lo que sabe sobre la misma urbe bastetana,
Poco es, en cambio, lo que sabe sobre la misma urbe bastetana que se considera situada en el Cerro Cepero, en las cercanías de la actual ciudad de Baza. De este modo, apenas se dispone de documentación arqueológica que refrende su condición de sede episcopal de larga trayectoria, atestiguada ya en el concilio de Elvira, donde aparece representada por su titular Euticianus286. No obstante, recientemente se ha documentado la ocupación de antiguas estructuras altoimpe- riales durante los siglos VI-VII. Igualmente, cabe destacar el hallazgo de un tablero de altar en mármol en el cercano Cerro de los Quemaos. A pesar de que no es mucho lo conservado, parece sugerente identifi car el personaje citado en la inscripción con el obispo Eusebio que acude al IV (633), V (636) y VI (638) Concilio de Toledo287.
Asimismo, una de las pocas evidencias de datación tardía es el núcleo cementerial de la Ermita de Santa Cruz, que se ha relacionado con la ciudad, si bien se encuentra algo distante del Cerro Cepero. Lamentablemente, no obstante, el temprano descubrimiento de aquel en la segunda mitad del siglo XIX ha impedido un conocimiento preciso, si bien las referencias, que mencionan cistas reutilizadas o un olpe cerámico, como es propio del mundo funerario durante los siglos VI-VII, muestran su encuadre en esta etapa288. En este sentido, de aquí procede una jarra piriforme tipo Izquierdo 11, presente en zonas con seguridad imperiales, como San Pedro de Alcántara, pero igualmente también en otras visigodas, como la Meseta o la zona extremeña289.