A nivel global, la tasa de realización de cesáreas es ampliamente conocida como indicador de la calidad general de los servicios de salud materna. La OMS ha reconocido el modelo de Robson Ten-Group como la herramienta adecuada para analizar objetivamente la causa de las cesáreas realizadas. Tomando como herramienta de análisis este modelo, se realizó un estudio transversal en el Hospital de materno infantil de la Universidad de Minia en Egipto (69). Se recopiló la información de los registros médicos del hospital para todos los nacimientos que ocurrieron entre abril y septiembre del año 2022. Se determinó la tasa total de cesáreas y los nacimientos de las mujeres se clasificaron en una de las diez categorías de Robson. Se obtuvieron datos de 3,860 nacimientos, de los cuales 2188 fueron por cesárea (56.6% del total de nacimientos) y 1672 partos vaginales espontáneos (43.3%). La mayor proporción de cesáreas proviene del Grupo 5, definido como un grupo de riesgo importante para el la realización de este procedimiento. El modelo Robson indicó que los grupos de alto riesgo tuvieron una incidencia mucho mayor de cesárea, por lo que los resultados de este trabajo ponen en evidencia la importancia de hacer una investigación a profundidad sobre los grupos de interés de Robson para identificar factores de riesgo potencialmente, así como para aprovechar las intervenciones específicas para reducir la prevalencia de las cesáreas. Se pueden lograr mejores resultados mediante una combinación de auditorías de métodos y áreas de tratamiento existentes para una mayor investigación sobre la razón y los resultados de la cesárea (69).
En otro trabajo reciente realizado en la universidad de Tel Aviv en Isarael, se investigó la asociación de la edad materna avanzada con el parto por cesárea y se evaluaron los factores de riesgo y los resultados perinatales. Para ello, se realizó un estudio de cohorte retrospectivo de todas las mujeres con embarazos únicos que intentaron un trabajo de parto (≥24+0 semanas de gestación) en un solo centro entre los años 2011 y 2017. La población a estudio se estratificó por paridad (nulípara o multípara) y subcategorizó aún más en tres cohortes: (1) mujeres <35
años al nacer (grupo de referencia), (2) mujeres de 35 a 40 años y (3) mujeres > 40 años. Se compararon las características de parto y resultados neonatales. Se incluyeron en el estudio 55089 mujeres de las cuales 39192 (71.1%) tenían menos de 35 años, 15,907 entre 35-40 y 3015 (5.5%) fueron mayores de 40. Entre las nulíparas, la tasa de partos por cesárea aumentó con la edad materna y se acercó al 25.3% en aquellas gestantes mayores de 40 años en comparación con el 8.9% para aquellas menores de 35 años. La asociación positiva entre las tasas de cesárea y la edad materna se observó también entre las multíparas, aunque en menor grado. Después de ajustar los factores de confusión, la edad materna se asoció significativamente e independientemente con el parto por cesárea de manera dependiente en mujeres nulíparas, AOR:1.56 (IC) del 95% (IC) 1.39-1.76) y 2.53 (2.07 –3.09) entre mujeres de 35 a 40 años y >
40 años, respectivamente. La edad materna no se asoció significativamente con resultados neonatales adversos. Este trabajo confirma que la edad materna avanzada es un factor de riesgo independiente para el parto por cesárea. Sin embargo, la mayoría de las mujeres que intentan una prueba de trabajo de parto, incluso si son nulíparas logran un parto vaginal sin un aumento en el resultado neonatal adverso (70).
La obesidad aumenta el riesgo de complicaciones durante el embarazo y la necesidad de la inducción del parto, aumentando así el número de complicaciones durante el parto.
Se realizó un estudio de cohorte retrospectivo de con 3772 mujeres con paridad mixta primigestas y multíparas con embarazos mayores de 34 semanas en presentación cefálica y sin cesárea previa, ingresadas para inducción del trabajo de parto en Soder hospital, Estocolmo, entre 2009–2010 y entre 2012–2013. Las participantes se agruparon según el IMC y se realizaron análisis estadísticos para comparar la proporción de cesáreas después de la inducción del trabajo de parto. Se encontró que la inducción del trabajo de parto en mujeres con un IMC alto dio como resultado un riesgo significativamente mayor de cesárea, con 18.4–24.1% de partos, dependiendo del grupo de IMC. Este resultado persistió después del ajuste en mujeres con IMC 25–29.9 (AOR 1.4; IC 95%; 1.1–1.7) e IMC 30–34.9 (AOR 1.5; IC 95%; 1.1–2.1).
También hubo un riesgo significativamente mayor para cesárea entre las mujeres primíparas (AOR 3.6; IC 95%; 2.9-45) y si el recién nacido tuvo un peso ≥ 4000 gr (AOR 1.6; IC 95%;
1.3–2.0). Estos hallazgos mostraron que un IMC más alto aumentó el riesgo de cesárea después de la inducción de trabajo de parto en los grupos con IMC en un rango de 25-34. La paridad
parece ser el factor de riesgo más fuerte para la cesárea, independientemente de otras variables (71).
En otro estudio se evaluó la prevalencia y los factores asociados al parto por cesárea en Bangladesh. Para este propósito se analizaron los datos de la última encuesta de clúster de indicadores múltiples de Bangladesh (MICS, 2019). La prevalencia de cesárea fue del 67,4%.
El análisis multivariado sugiere que la edad de las mujeres, el nivel de ingresos del hogar, la asistencia al control prenatal y el parto en un centro de salud se asoció significativamente con la frecuencia de cesáreas. Las mujeres atendidas en un centro de salud privado tenían las más altas probabilidades de cesárea (OR 10.35 [IC del 95%, CI 8.55 a 12.54]). Las mujeres de 30 a 34 años tenían un riesgo 36% mayor de cesárea en comparación con las mujeres de 15 a 19 años (OR 1.36 [IC 95% 1.03 a 1.79]). La posibilidad de cesárea aumentó positivamente con el nivel de ingresos del hogar. Las mujeres que tuvieron al menos una visita al centro de atención prenatal tenían un riesgo 1.7 veces mayor de cesárea (OR 1.70 [IC 95% 1.26 a 2.30]). Este trabajo demuestra que las directrices de políticas sobre los partos por cesárea necesitan ser revisados en Bangladesh para evitar cesáreas innecesarias y proteger a las madres de las consecuencias (72).
En concordancia con el estudio anterior, Wehberg, Guldberg, Gradel y colaboradores estimaron los efectos de los factores de riesgo en la cesárea electiva y de emergencia y estimaron la variación entre hospitales de las proporciones de cesáreas ajustadas al riesgo, mediante un estudio de cohorte basado en el registro histórico de participantes, basándose en los partos únicos en unidades hospitalarias en Dinamarca desde enero de 2009 hasta diciembre de 2012.
El estudio incluyó un total de 226.612 nacimientos de 198.590 madres en 29 unidades de maternidad. Se estimaron las medidas de resultado primarias y secundarias (a) tasa de cesárea electiva y de emergencia ajustada para varios factores de riesgo, por ejemplo, índice de masa corporal, paridad, edad y tamaño de la unidad de maternidad y (b) proporciones ajustadas al riesgo de cesárea electiva y de emergencia para evaluar la variación entre hospitales. Los resultados encontrados permitieron afirmar que la proporción de cesáreas fue estable en 20 a 21%, pero mostró una amplia variación entre unidades de maternidad. Las unidades de maternidad grandes realizaron significativamente más cesáreas electivas que las unidades más pequeñas y el riesgo de cesárea de emergencia se redujo significativamente en comparación con
las unidades más pequeñas. Así mismo, los autores lograron encontrar que muchos de los factores de riesgo incluidos en el estudio influyen en el riesgo de cesárea tales como presentación podálica y cesárea previa (73).
Otro estudio, exploró los factores de riesgo, los perfiles y los resultados neonatales de las cesáreas entre una selección de mujeres en Omán, midiendo el grado de asociación entre las cesáreas y los principales factores de riesgo. Este fue un estudio de casos y controles en varios hospitales, con una muestra de 500 participantes (250 casos con cesárea y 250 casos con parto vaginal espontáneo) realizado durante el período de enero a marzo de 2009, encontrando que los predictores que se encuentran significativamente asociados con un mayor riesgo de cesárea son edad avanzada, cesárea previa, aumento del índice de masa corporal, extremos del peso neonatal (peso al nacer < 2.5 kg, OR = 5.2; peso al nacer > 4.0 kg, OR = 7.3; p <0.001) y diabetes pregestacional (56).
En un estudio más reciente se compararon los resultados maternos en embarazos posteriores de pacientes que tuvieron un parto por cesárea clásica previa, con aquellos con un parto de cesárea transversal baja previa, con nacimientos de feto único vivo después de 24 semanas de gestación.
Los datos se obtuvieron de pacientes hospitalizadas entre 2016 y 2019. Se evaluó el modo de parto, la ocurrencia de ruptura uterina y morbilidad materna severa (SMM), según lo definido por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. La muestra incluyó a 1.671.249 pacientes, 25.540 con cesárea clásica previa y 1.645.709 parto con cesárea transversal previa. El parto por cesárea ocurrió en el 95.5% de los pacientes con cesárea clásica previa en comparación con el 91.3% de aquellos con un parto transversal previo (p <.001 OR:0.99, IC del 95% 0.85-1.16). La ruptura uterina ocurrió en 1.1% y 0.3%, respectivamente (p <.001 OR 2.17, IC 95% 1.40-3.36). Entre las pacientes con parto por cesárea clásica previa, la ruptura uterina se produjo en el 10.6% de los que se sometieron a trabajo de parto comparación con el 0.3% de los que no lo hicieron (P <.001). Las tasas de morbilidad materna severa fueron 5.9% y 2.0% en los dos grupos, respectivamente (P <.001; método de puntaje de propensión: o 1.87, IC 95%
1.53–2.29). El parto vaginal en pacientes con cesárea clásica previa se asoció con un mayor riesgo de ruptura uterina y morbilidad materna severa, en comparación con aquellas que habían tenido parto por cesárea transversal previo, incluso después de tener en cuenta las características clínicas, sociodemográficas y hospitalarias de las pacientes (74).
Patel y colaboradores investigaron los factores sociodemográficos, médicos, prenatales y fetales asociados con el parto vaginal (espontáneo y asistido) en comparación con la cesárea (electiva y de emergencia) así como considerar los mismos factores en términos de sus asociaciones con mujeres que intentan un parto vaginal o una cesárea electiva. Usando una cohorte poblacional de 12.944 embarazos únicos, nacidos a término, lograron evidenciar que en 11.791 mujeres la vía del parto fue vaginal y 1.153 por cesárea (685 de emergencia, 468 electivas). Los factores que obligaron a la realización de cesárea fueron presentación podálica, cesárea electiva, antecedente de cesárea previa y cesárea indicada de forma emergente. Los extremos del peso neonatal se asociaron con un mayor riesgo de cesárea (todas las cesáreas y la de emergencia) en comparación con el parto vaginal al igual que el aumento de las circunferencias cefálicas neonatales. En todos los análisis, la mayor edad materna se asoció de forma independiente con más alta probabilidad de cesárea (48).
Tadevosyan y colaboradores investigaron los factores que contribuyen al rápido aumento de las tasas de cesárea en Everán- Armenia y si los costos reales de las cesáreas y partos vaginales son diferentes de las tasas de reembolso del Programa de Certificado Estatal de Atención Obstétrica del Ministerio de Salud. Por medio de un estudio cuantitativo-cualitativo concurrente parcialmente mixto, se encontró que el costo variable directo promedio estimado por caso fue de (94.72 USD) para parto vaginal y (216.19 USD) para cesárea. El monto de los pagos de bonificación a los proveedores autoadministrados fue 11 veces mayor para los casos de cesárea que para los partos vaginales, lo que indica que los proveedores autoadministrados pueden tener una motivación financiera significativa para realizar cesáreas sin indicación médica. El análisis del estudio cualitativo reveló que los incentivos financieros, la solicitud materna y la falta de regulaciones podrían estar contribuyendo al aumento de las tasas de cesárea en este lugar (75).
Kaniz, Fateema identificaron los factores asociados con el aumento de las tasas de cesárea en Bangladesh y exploraron cómo se toman las decisiones para el procedimiento quirúrgico. La autora fundamentó su investigación a partir del rápido incremento de la tasa de partos por cesárea en Bangladesh (4% en 2004 al 23% en 2014). Se identificó que existe una combinación entre el lucro privado y la demanda de mujeres con un estatus socioeconómico más alto, particularmente en áreas urbanas, que contribuye al reciente aumento de la tasa de cesáreas en Bangladesh. Sin embargo, la demanda inducida por el proveedor y el incentivo económico al
realizar este procedimiento son los determinantes principales en la decisión de llevar a cabo una cesárea. La autora aseveró que el sistema de salud de Bangladesh está mal regulado y no hay pautas basadas en la evidencia para la toma de decisiones sobre el parto por cesárea que contribuyen a su alta tasa (76).