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La invisibilización de la mujer en la guerra corresponde a una concepción que diferencia entre lo masculino y lo femenino, siendo la guerra parte de la cultura de los hombres (Seijas, 2012), en el caso de las mujeres, los autores Villa Guerrero et al. (2022) manifiestan que su papel en la guerra muchas veces se encontraba supeditado a los cuidados hacia los hombres, quienes mantenían una posición activa en el campo de batalla. Sin embargo, la guerra como un asunto masculino debe analizarse desde una perspectiva netamente histórica, durante cientos e incluso miles de años la figura del guerrero masculino ha prevalecido en el imaginario colectivo como completamente opuesta a la figura frágil y femenina de las mujeres, aunque lo cierto es que el cuerpo debe ser entrenado para la guerra.

En el testimonio de la ex combatiente, se puede entrever que, aunque todos los guerrilleros debían pasar por el entrenamiento que les permitiría responder a las exigencias físicas propias de la guerra y el combate, aun prevalecían subjetividades en las que la mujer se sitúa como inferior al hombre:

La primera arma que me dieron fue una pistola CZ corta, me la dio el camarada Jorge.

A mi hermano le dieron una Pietro Beretta blanca grande, con tres proveedores. ¿Y por qué me está dando una pistola tan chiquita y a mi hermano una grande?, le pregunté. El camarada Jorge me respondió: Es normal, porque es una niña y es para que la pueda cargar mejor (p. 156).

De esta manera, Milena había mentido sobre su edad para poder ser reclutada, las FARC no reclutaban a menores de 15 años y ella solo los cumpliría hasta dentro de 6 meses, aunque según su testimonio aparentaba más edad, de este modo, para sus camaradas ella y su hermano tenían la misma edad, pero el camarada Jorge solo hace referencia a ella como una niña. Con relación al entrenamiento, Milena expresa que este sirve para medir al guerrillero, su temple y también su moral e incluso manifiesta que este fue el inicio de su cambio de vida. Respecto a la parte física, la ex combatiente no niega lo difícil que resultó para ella:

Para mí lo peor fue el esfuerzo físico en el curso, porque siempre fui muy floja. Por ejemplo, cargar un equipo de tres arrobas con economía -la remesa-, más la ropa que uno se pone y toda la dotación del guerrillero… (p. 157).

El entrenamiento o curso, como lo denomina la excombatiente, cambia el modo de vinculación entre el sujeto y su cuerpo, puesto que este último es instrumentalizado para la guerra. Para Milena el fortalecimiento producto del intenso esfuerzo físico cotidiano resultó

en un empoderamiento de su ser, incluso como parte de la subcomisión de género de La Habana no compartía la victimización que ejercían sobre las mujeres por cuenta de las diferentes actividades que debían ejecutar en los campamentos día a día que otrora habían sido reservados solo para los hombres y así mismo los hombres también podían realizar actividades que la sociedad había relegado a las mujeres como el cocinar.

En la guerrilla éramos empoderadas y lo que hacía el hombre lo hacía la mujer. Y lo que hacía la mujer también lo hacía el hombre. Si yo cocinaba todo el mundo hacía lo mismo, y no había ningún privilegio para nadie (p. 164).

Aunque en la guerrilla Milena se sentía empoderada, la repartición equitativa de actividades no solucionaba la cuestión de lo femenino en la guerra. Si se enfoca desde una concepción tradicional, la vida de combatiente de Milena la hacía romper con su género

“nosotras como guerrilleras aprendimos que no necesitamos de un hombre para que nos haga las cosas, que es lo que pasa en las sociedades, que las mujeres dependen del hombre. En la guerrilla aprendimos a hacer las cosas sin depender de nadie” (p.164). Es así como Milena como combatiente en ciertos aspectos podía identificarse con aquellas características que han sido atribuidas a los hombres “en la guerrilla se veía el machismo pero de una forma positiva, como que al momento de transportar o cargar algo era igual para todos” (p.162). Milena es consciente de que aunque las actividades propias del campamento así como su comportamiento debía estar a la par que el de los hombres de manera que no eran hombres y mujeres dentro de la organización sino guerreros.

En el testimonio de Milena se percibe que como mujer se autoimpone el superarse así misma al punto de igualar al hombre en sus tareas, aunque las condiciones físicas sean diferentes el superar sus propios obstáculos genera una realización como guerrillera y aunque

esto signifique exceder barreras pulsionales asociadas al cuerpo femenino en nombre de la igualdad:

Que unas muchachas tienen el período cómo las van a poner a marchar. Para mí eso es algo normal. A todas nos tocó marchar con peso y con el período. Para nosotros eso no era incapacitante. O pobrecitas porque les tocó cargar con mucho peso.

¿Cuáles pobrecitas? Al contrario, eso fue lo que nos hizo fuertes y nos permitió mostrar que las mujeres sí podemos (p. 164)

Entonces la formación de Milena la hace asumir pensamientos y actuar conforme las necesidades de la guerra, ella fue una combatiente y para combatir es necesario tener fortaleza, resistencia, temple, decisión, todas estas son características que antiguamente solo se atribuirían a los hombres y por esto es que solo los hombres iba a la guerra, porque eran identificados por estos atributos, pero la entrada de mujeres en la guerra demostró que estas cualidades no son particulares de un género, sino que hacen parte de los requerimientos necesarios para ser militante en una organización involucrada en un conflicto armado, esto se evidencia porque Milena solo se identifica con estas cualidades que antes habían sido asignadas a los hombres, pero no renuncia a aquellas que podría decirse son propias de su género:

Había días en que no teníamos una moña y tocaba improvisar, así fuera con un pedazo de fique. Cuando estaba china no me maquillaba, pero uno crece y empieza la vanidad (…) Si había presupuesto, se hacía la lista de dotación básica y nos preguntaban quienes se querían tinturar el cabello. Todas levantábamos la mano y cada una decía de qué color lo quería. También se pedía esmalte para uñas, labial, pestañina, lápiz de ojos y lápiz de cejas y a veces sombras (p.165).

Estos artículos, que históricamente han sido usados mayoritariamente por las mujeres solo podían ser adquiridos si la organización contaba con los recursos suficientes para costearlos, en caso de que no fuera así simplemente podía prescindirse de ellos al no ser de primera necesidad, la vanidad podría esperar, pero las armas no. Así que ser guerrillera era sinónimo de ser guerrero y la vida militante exige renunciar a algunas singularidades femeninas que no son de utilidad para el interés colectivo superior.

6.2 ¿La organización como el Otro?

El fenómeno de los movimientos guerrilleros no ha sido estudiado ampliamente por el psicoanálisis, considerando que desde la perspectiva del superyó de Freud, las organizaciones armadas, independientemente de su pertenencia o no al estado o de la naturaleza de sus ideales debe ser considerada como una elección que es forzada por una elección que se encuentra encaminada hacia la adversidad de la cual la organización no es responsable sino que corresponde a las singularidades que son delimitadas por un goce que se encuentra ignorado y reprimido por lo que el superyó se encarga de que salga a flote. En el relato de Milena ella manifiesta como la violencia fue parte de su vida incluso desde antes de nacer y moldeo su infancia al ser desplazada de su lugar de origen por cuenta de diferentes riñas familiares y ante la pregunta por su decisión para ingresar a las FARC ella misma dice que fue “por loca”, las circunstancias de su reclutamiento son muy particulares, luego de su desplazamiento su vida no estuvo orientada por los combates en los que la población civil se vieron involucrados que caracterizaron al país durante su infancia, aunque en su pueblo si se presentaban hechos violentos, estos fueron ajenos a ella y además no contaba con una formación ideológica que le permitiera identificarse con la organización guerrillera y el ingreso a la organización no se presentaba como una elección sin consecuencias, algo de lo

que Milena estaba enterada aunque tal vez no plenamente consciente, esta elección supuso hacer parte de una masa artificial guiada por los ideales de colectivo y una causa que exige la renuncia, el sacrificio y en algunos casos la muerte.

Así que la decisión de Milena no parece estar guiada por actos violentos, ideológicos o por algún hecho particular de su entorno, aunque en su entorno siempre tuvo contacto directo o indirecto con las FARC, la ex combatiente es clara en su testimonio acerca de que para su ingreso estuvo determinada por quienes se encontraban realizando las actividades de reclutamiento, de alguna forma se sintió identificada por sus condiciones igualitarias, al menos en cantidad, como ella misma lo manifiesta: “Pero hubo algo que me generó mucha curiosidad: las mujeres. Era una comisión de seis y tres eran mujeres: Yira, Lucía y otra de quién no recuerdo el nombre” (p. 153). Es así como el hecho de que la imagen de las mujeres y los hombres como iguales fue suficiente para que Milena decidiera ingresar a las filas guerrilleras aun cuando no cumplía con la edad requerida para ser reclutada.

En cualquier organización la ideología corresponde al protagonista principal alrededor del cual se unen sus diferentes miembros, aunque Milena manifiesta que su ingreso no fue producto de su afinidad ideológica con la organización e incluso una vez dentro de las filas guerrilleras, el componente político no fue muy importante pues como ella misma lo manifiesta en un principio no le generaba interés:

También hubo instrucción política. Me sentía como mosca en leche cuando hablaban de marxismo y de leninismo. Veía a los camaradas y a los compañeros cantando los himnos de las Farc y La Internacional con una fuerza y un fervor enormes.

“Juemadre, ¿esto qué es?”, pensaba (p. 156).

Aunque debe hacerse la salvedad acerca de la concepción política en defensa de la mujer y el hecho de la prohibición del maltrato al estar directamente en contra de sus

principios guerrilleros en los que ellos eran los nuevos hombres y mujeres y como luego de pasar por diferentes situaciones propias de los combates, Milena toma consciencia de que ella como adolescente no debería estar combatiendo en la guerra sino que debería estar estudiando, pero esto no fue posible por las condiciones económicas de su familia, así que no hubo protección del estado y esto derivó en su ingreso en las filas guerrilleras.

Es así como la guerrilla se presenta como un conjunto de significantes amos a partir de los cuales se identifican un grupo de individuos que se caracterizan por trabajar en una causa común. Ante estos significantes, los guerrilleros independientemente de su posición jerárquica deben supeditarse aunque tengan o no una conciencia de clase definida y también sin importar de los peligros ante los cuales se encontraron y de sus sacrificios, pues la identificación con los mismos significantes constituyen imperativos que son cumplidos tanto por el colectivo como por la singularidad de sus combatientes.

Entonces nos repartieron entre las unidades antiguas. Carlos Antonio nos recogió a los cincos que éramos del Antonio Nariño y no me pude despedir de mi hermano, que estaba pendiente de mí y era un alivio. Él iba adelante cuando nos dijeron: “Ustedes se quedan aquí”. Me puse a llorar porque no me pude despedir. Murió en el 2008 en un bombardeo por los lados de Uribe, Meta. Su cuerpo no lo hemos recuperado (p.

158).

Durante su estancia en la guerrilla, hasta el inicio de los procesos de paz, Milena sufre varias perdidas, algunos de sus amigos y compañeros en la guerrilla así como su hermano como la perdida más cercana se dan por cuenta de los combates aun así, ella acepta estas muertes de forma estoica porque para ella esto hace parte de las cotidianidades de la guerra y estos sacrificios nunca son presentados en vano en su testimonio sino que se dan en pos de los ideales de la organización. De esta forma, la guerrilla es el Otro que está constituido a

partir de significantes amos que son identificados por los individuos que la componen debido a que se reconocen en estos intereses, así el Otro-guerrilla hace que este conjunto de militantes trabajen por una causa en común y se encuentran sometidos a los principios de la organización.

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