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LOS HOSPITALES DE SEGUNDA LÍNEA

In document DE LAS BRIGADAS INTERNACIONALES (página 159-165)

Los Hospitales de segunda línea eran para heridos ligeros y heridos no transportables. Había dos hospitales de esta categoría, en Saelices (Guadalajara), en Villanueva de la Jara (Cuenca) y en Quintanar “de la República”.

SAELICES (Guadalajara)

El denominado Hospital Americano de Saelices (Guadalajara), tenía dos departamentos en Castillejo y Villapaz, uno de ellos con 100 - 200 camas, para heridos y enfermos, y el otro, de 200 camas, para fracturas.

En 1937 el complejo hospitalario de Saelices atendió en Castillejo a 837 heridos, con un promedio diario de 84, y en Villapaz a 629 heridos, con un promedio diario de 70.169

La dotación personal de estos hospitales americanos fue la siguiente:

Equipo Americano I: Villapaz.

• Comandante Médico: Dr. Barsky.

• Capitán: Dr. Friedmann.

168 Servicio Histórico Militar, leg. 1265, Carpeta 11, documento 1.

169 Servicio Histórico Militar, leg. 1265, Carpeta 11, documento 1.

• Tenientes Médicos: Dres. Friedman, Phil Golland, Jaime Guzmán, Klein, Karl Matson, Rintz, y Allan Sorrel.

• Equipo Americano: Castillejo.

• Tenientes Médicos: Dres. Bloom, Weissmann y Pérez.

• Alférez: Wilkes.

• Comisario político de compañía: Al Stone.

• Después se creó otra instalación con el nombre de Villapaz II.

• Equipo Americano: Villapaz II.

• Comandantes Médicos: Dres. Barsky, Busch, y Pitts.

• Capitanes Médicos: Dres. Posner y Weismann.

• Tenientes Médicos: Dres. Burns, Byrne, Donove, y Zachary Stats.

• Tenientes: Larsen, y Martin.

• Alférez: Kornblum.

VILLANUEVA DE LA JARA (Cuenca)

Con los primeros internacionales que vinieron a Villanueva de la Jara llegó un médico canadiense llamado Eugenio Fogarty. Como el médico que había en el pueblo había sido detenido, el canadiense era el único que atendía el servicio sanitario de la población, no sólo a los internacionales sino a los españoles. Después se organizó un Hospital Internacional de bastante importancia y, para atenderlo, llegaron otros médicos, españo- les y extranjeros, así como quince o veinte enfermeras extranjeras.

Era un Hospital de 2ª línea, para heridos leves y medianos, con 230 camas (posteriormente se cita para 300 camas). Estaba instalado en una enorme casa solariega de la Plaza Mayor, propiedad del antiguo diputado don Manuel Casanova y Ponderama, ingeniero industrial, que llegó a te- ner altos cargos dentro de su profesión. Este Hospital, según el diario De- fensor de Albacete era “de gran capacidad, muy bien instalado y atendido

cuidadosamente en todos sus detalles”.170 La enorme casa, de tres pisos, tenía además de las salas para heridos otras destinadas a operaciones, botiquines, almacenes de productos farmacéuticos, etc.

Los internacionales hicieron varias reformas para acondicionar el edificio como Hospital, tirando muchos tabiques de sus numerosísimas habitaciones, para hacer grandes salas donde instalar a los heridos. Sobre todo donde más reformas hicieron fue en el tercer piso, ya que estaba an- teriormente destinado para cámaras, es decir, para almacenes de granos.

Pero los internacionales lo acondicionaron muy bien para atender a las necesidades de los heridos.

Muy pronto se establecieron en este edificio las seis o siete salas más precisas de todo Hospital. Una de ellas la llamaban humorísticamente los heridos como “la sala de los cara rotas”, por estar destinado a heridos de la cabeza. Había otras salas distintas para cirugía, medicina, reposo y para distintas enfermedades. Aparte del jefe del Hospital había diferen- tes médicos que tenían la categoría de jefes de sala.

Al final de alguna campaña importante, como las batallas del Jarama, Brunete, del Ebro, etc., a los cuatro o seis días, solían venir remesas de alrededor del centenar de heridos internacionales, que eran enseguida atendidos eficazmente. Estos heridos se iban después, en cuanto se recu- peraban, para encuadrarse de nuevo en sus unidades.

A pesar de estos pacientes de sangre, generalmente los que más abun- daban eran heridos internacionales que estaban en plan de descanso y convalecencia. Solían pasear por el pueblo y por los alrededores, a me- nudo acompañados por las bellas enfermeras, con sus batas blancas y sus cofias, que ponían una nota simpática y pintoresca en el paisaje.

Eugenio Fogarty, el médico canadiense antes citado, contrajo matri- monio con una señorita del pueblo y tuvo con ella dos o tres hijos. Des- pués de la guerra, a través de la Embajada canadiense, enviaba todos los meses un giro destinado a su mujer y a sus hijos. Este fue el único caso que se dio en Villanueva de la Jara de un extranjero que se casara con una

170 Defensor de Albacete, 21 julio 1937.

chica del pueblo. Había también otro matrimonio, entre un practicante ruso y una española, pero ella no era del pueblo.

En el Hospital había también médicos españoles. Uno de ellos era el doctor Lafora, valenciano, que hizo en el pueblo una excelente labor, digna de todos los elogios.

Cuando en abril de 1938 se marcharon de Villanueva de la Jara todas las tropas internacionales, en el Hospital quedaron tan sólo algunos he- ridos que no podían ser trasladados. Aún quedaban algunos de ellos a la terminación de la guerra y el doctor Lafora se preocupó de recogerles todas las armas que tenían, para que no hubiera incidentes. Él fue tam- bién quien se preocupó de entregar el Hospital a las fuerzas nacionales, que siguieron manteniéndolo durante algún tiempo como Hospital de Sangre, dadas sus buenas condiciones y su excelente material. El enorme edificio es ahora una espaciosa fonda.

Mis comunicantes orales de Villanueva de la Jara me contaron una anécdota interesante, que revela la cultura y la sensibilidad de unos de los médicos internacionales. Enfrente del Convento de las Carmelitas estaba la vivienda del capellán del mismo, Padre Pedro Tomás, que fue asesinado durante la guerra en las Costas de Garraf, cerca de Barcelo- na. Este fraile era un gran artista y había pintado una figura del Cristo Crucificado en la pared de su celda, a la cabecera de la cama. Aquella habitación fue destinada para un médico de las Brigadas Internaciona- les, quien, al darse cuenta del gran valor artístico de la pintura y com- prendiendo que si la dejaba a la vista de todos estaba en peligro de des- aparecer por culpa del fanatismo y de la impiedad de sus compañeros, la cubrió con una gruesa capa de cal, de modo que quedara totalmente oculta. Contó lo que había hecho a algunas personas del pueblo que eran de su confíanza, diciéndoles que más tarde sería fácil descubrir otra vez la obra de arte, quitando la capa de cal. Y en efecto, después de la guerra apareció otra vez, intacta, la maravillosa pintura del Cristo, que yo pude admirar, pues aún se conservaba en 1971.171

171 Informe oral que me facilitaron en 1971 don Tranquilo Garrido Bueno y don Joaquín

En 1937 fueron atendidos en Villanueva de la Jara 792 heridos, con un promedio diario de 88.172

En agosto de 1937 el jefe del hospital era el capitán médico, Dr. Willi Glaser, norteamericano (17-8-1937). Posteriormente Médico Director del Hospital: Theodor Van Reemst, holandés (marzo 1938).

Teniente médico: Jean Brosko.

Otros doctores en Villanueva de la Jara: Fogarty, Gardoni, Schell, Viessner Zdenek.173

QUINTANAR DEL REY (entonces QUINTANAR DE LA REPÚ- BLICA):

Existía una enfermería o botiquín de urgencia situado en un edificio particular, requisado, en la placeta de la Concepción. Generalmente era servido tan sólo por un médico internacional, y no había enfermeras, ya que no existían enfermos permanentes y tan sólo se atendían las cosas ordinarias de urgencia. Cuando había algún caso más grave lo enviaban a Villanueva de la Jara, a Mahora o a cualquier otro centro hospitalario de mayor importancia.174 En septiembre de 1937 la enfermería estaba a cargo del Dr. Hauptmann, posiblemente alemán.175 En el pueblo me ha- blaron también de otro médico francés al que llamaban París, sin duda como apodo.

Costa Moya.

172 Servicio Histórico Militar, legajo 1265, carpeta 11, documento 1.

173 Servicio Histórico Militar.

174 Informe oral de 1971, facilitado en Mahora.

175 Servicio Histórico Militar.

Capítulo 5

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