CAPITULO II. MARCO ECONÒMICO AGRÌCOLA
2.5. El maíz en el contexto del TLCAN
Después de la crisis de 1982, México inicio una reestructuración en el modelo económico a través de la sustitución de importaciones, buscando el crecimiento de largo plazo con medidas de desregulación comercial y adelgazamiento del Estado: entre algunas medidas adoptadas están: firma de acuerdos comerciales, reducción de tarifas arancelarias que con el tiempo han ido bajando cada vez más, eliminación de algunos apoyos internos a la producción de bienes no competitivos, entre otros. Estas políticas no son exclusivas de México, su adhesión al Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) en 1986 hoy llamado Organización Mundial de
30 Comercio (OMC) han venido impulsando políticas de ajuste estructural en beneficio de la liberalización económica, culminando en México con el Tratado de Libre Comercio (TLC) firmado con Estados Unidos y Canadá en 1993.
A partir de los últimos años del decenio de los ochenta y hasta principios de los noventa, el Estado se alejó de las políticas de seguridad alimentaría de decenios anteriores, con lo que se desmantelaron los mecanismos de apoyo estatal que incluían el otorgamiento de créditos con tasas de interés más bajas que las del mercado, la comercialización de productos agrícolas y la venta de insumos a precios subsidiados.
México redujo las operaciones de Banrural, el banco estatal de crédito al campo;
eliminó el monopolio de la Compañía Nacional de Subsistencias Populares (CONASUPO) respecto de la comercialización de alimentos básicos, con excepción del maíz y el frijol, y redujo los servicios de investigación y extensiones rurales (Von, 2004:
p761).
Figura 6. Producción de maíz en México
En el acuerdo agropecuario del TLCAN con Estados Unidos algunos bienes fueron liberalizados desde su inicio; otros, considerados sensibles, lo hicieron paulatinamente para alcanzar el “libre comercio” en enero de 2003 ó 2008 (Yunes, 2008: p1). Era de esperarse al inicio del tratado que la producción nacional de maíz se desplomara, sin embargo hay evidencias numéricas de lo contrario, la producción no solo se ha
31 mantenido sino que ha seguido un proceso de crecimiento. Se observa que a pesar del aumento en las importaciones, la producción mexicana del grano se ha elevado. Además del aumento en la productividad del maíz cultivado bajo riego, ello se debe a los subsidios que los grandes productores han recibido, al crecimiento de la demanda, como lo ha sido también el tipo de reacción ante las reducciones de precios de los productores campesinos, es decir de los hogares rurales (Yunes, 2008: p7).
En el sector rural, se sigue produciendo maíz y frijol, los precios y la liberalización comercial parecieran no afectarlos. La agricultura significa sólo una reducida fuente de ingresos para los pequeños agricultores que cuentan con toda una cartera de actividades productivas... la liberalización del maíz afecta de manera apenas marginal la prosperidad de la familia campesina (Von, 2004: p769).
El sector ha resistido los esfuerzos gubernamentales en pro de su modernización: entre una de las razones es la pobre adaptación a las condiciones agroecológicas de cada región de las variedades comerciales (híbridos), otra es el costo que implica las nuevas tecnologías como semilla, fertilizante, plaguicidas, etc.; suficientes para explotar el máximo potencial. El acceso al crédito inseguro. Una segunda razón de adopción acotada de híbridos y variedades mejoradas de polinización libre, deriva del uso cultural del maíz como alimento. Las más de 59 razas nativas de maíz cultivadas mayormente en tierras de mediana, baja calidad y marginales, son ingredientes especializados insustituibles de la cocina pluricultural mexicana, que incluye más de 600 preparados comestibles (alimentos y bebidas) a base de maíz nativo nixtamalizado- incluyendo 300 tipos de tamales. Hay una estrecha relación entre la raza nativa y el preparado, e.g., la tortilla especial “tlayuda” de la cocina oaxaqueña solo puede ser preparada con grano de la raza nativa “bolita”, a la vez el “totopo” también de la comida oaxaqueña, solo puede ser preparado con grano de la raza nativa “Zapalote chico” (Turrent, 2012: p9).
Un tema que ha generado polémica dentro del marco de la liberalización comercial, es la seguridad alimentaria, la cual argumentaba la dependencia de las importaciones en productos de alimentación básica como el maíz: el crecimiento en las importaciones se
32 ha hecho evidente, pero lo mismo ha crecido la producción nacional. La seguridad alimenticia no se consigue necesariamente con la protección comercial, ya que se logra cuando la población tiene el poder adquisitivo necesario para alimentarse adecuadamente. Además, es sabido que al aumentar el ingreso de los habitantes de cualquier país crece su demanda por carnes, frutas y hortalizas (Yunes, 2008: p8).
La producción en México no ha presentado una reducción, ha aumentado sin embargo este aumento no ha sido suficiente para cubrir el consumo nacional. A pesar del incremento en la producción de maíz de México, la dependencia en su importación aumento desde 7 por ciento en los años 1990, hasta 34 por ciento en años recientes (2006-08), como parte de la creciente importación generalizada de granos estratégicos y de carnes desde EEUU. Esta dependencia se ha vuelto muy costosa para México, especialmente después de los incrementos de precios internacionales del maíz en el periodo 2007-2008, que llevaron el costo de importación de alimentos hasta el orden de 10 mil millones de dólares anuales (Turrent, 2012: p4).
México no puede correr riesgos de escasez de alimentos y la producción domestica de maíz constituye un problema de seguridad nacional por lo que habrá que movilizar todos los recursos humanos, financieros y de infraestructura, así como los técnicos y científicos para generar un entorno propicio para el desarrollo de este grano (Vega, 2004: p9).