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LA MANCHA DE ALBACETE

A) Rasgos geomorfológicos de la provincia de Albacete

4. LA MANCHA DE ALBACETE

La llanura albacetense impone su horizontalidad al relieve. Recientemente se han descubierto im- portantes acuíferos subterráneos.

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(1868) de Federico Botella no se disponía de datos geológicos sobre la Mancha. Después Lucas Mallada (t 911) y Royo Gómez (1926) hicieron ob- servaciones sobre esta región natural. Otto Jessen en 1930 realizó su es- tudio sobre la Mancha que fue publicado en España en 1946. Dupuy de Lóme y Gorostízaga confeccionaron las hojas del Mapa Geológico 1/50.000 de Minaya (1934) y junto con De Novo las de Albacete (1931), La Gineta (1932) y La Roda (1944) pero sus resultados han sido algo modifi- cados en estudios posteriores.

Es básico el estudio que realizó Ed. Hernández Pacheco (1949) sobre la constitución geológica y litológica de la Mancha y recientemente el I.N.C., EDES (1966), Sánchez de la Torre, Peláez Pruneda y Agueda Villar (1969) y otros trabajos del Departamento de Geología Económica del C.S.I.C. y del Departamento de Estratigrafía de la Facultad de Cien- cias de la Universidad Complutense, resumidos en el Mapa Geológico de Síntesis 1/200.000 (1972-73), han completado con sus investigaciones la constitución geológica de la Mancha.

La Mancha (ccMa'ancha» = sin agua, de los árabes9) geológicamente es una amplia depresión tectónica, originada en el mioceno por los mo- vimientos alpinos, delimitada por dos sistemas montañosos plegados y recubierta con materiales sedimentarios continentales y lacustres al fi- nal del Terciario y comienzos del Cuaternario.

Sus límites, según Hernández Pacheco y comúnmente aceptados, se sitúan en los páramos de Ocaña, Tarancón y Cuenca por el Norte; Mon- tes de Toledo y Campo de Calatrava, al Oeste; Campo de Montiel y Sierra de Alcaraz, por el Sur y la Sierra de Montearagón y las estriba- ciones meridionales del Sistema Ibérico por el Oeste. En realidad, por el Este y por el Sureste, los límites no están claros y en otro tiempo, quizá Almansa (su nombre pude tener relación con Mancha), fue considerada

' Esta acepción es generalmente la usada por todos los autores. Sin embargo, el prof. García An- tón, de la Universidad de Murcia, encuentra otras variantes etimológicas:

MANYA = refugio, abrigo. Según el diccionario TRAINI (árabe-italiano).

MANYA = lugar elevado, meseta. Refugio, asilo, según el diccionario BELOT, clásico (árabe- francés).

MANYA = refugio, lugar seguro, y

NAYWA (con M delante se convierte en nombre de lugar) = Meseta. Según el diccionario WEHR, moderno (árabe-inglés).

Si se tiene en cuenta que las mesetas o lugares altos eran los refugios y lugares seguros entre los

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por los árabes —según sugiere Otto Jessen— como dentro de la Mancha propiamente dicha; el Campo de Hellín sería la transición a las tierras del Sureste, pero con caracteres todavía meseteños.

La parte de la llanura correspondiente a Albacete, se suele denomi- nar la Mancha Oriental, la Mancha de Montearagón (así llamada en tiempos de Cervantes y que incluiría las tierras altas al Este de Chinchilla) o, simplemente, Mancha de Albacete, denominación que no- sotros utilizaremos. Ocupa unos 6.300 Km 2 , que equivalen al 21 % de la región manchega (Toledo, 17%; Cuenca, 24% y Ciudad Real, 38%) y el 42% de toda la provincia de Albacete.

En el sector que ocupa la Mancha no se dieron episodios geológicos de gran importancia y su historia se reduce a la evolución de una región de plataforma de escaso relieve.

La transgresión triásica recubre completamente el basamento de la meseta y sus sedimentos, en Casas Ibáñez —como en Alcázar de San Juan y Campo de Montiel— yacen discordantes sobre el substrato paleo- zoico.

En el Jurásico inferior (Lías) se inició una gran regresión y la línea de costa sólo llegó hasta el borde oriental de la región manchega; la transgresión cretácica es mucho más restringida que la triásica, apare- ciendo sedimentos de este período únicamente al Norte y Oeste de Villarrobledo y Norte de La Roda.

Las deformaciones de la orogenia alpina determinaron las grandes lí- neas del relieve actual: entre las cordilleras y los plegamientos se forma- ron grandes depresiones falladas. El arco de Alcaraz cerró la cuña de la depresión del Guadalquivir y esta quedó separada de la depresión de la Mancha, en cuyo borde meridional una línea tectónica prolonga la gran falla del Guadalquivir.

La cuenca queda cerrada, iniciándose la sedimentación, cuyos mate- riales fueron primero aluviones fluviales favorecidos por un clima hú- medo; después, un período más seco provocó un régimen endorreico en zonas pantanosas que la aridez podía desecar, recubriéndose la superfi- cie de yeso y sal; sólo al final de mioceno, con un clima de nuevo llu- vioso, se formaron grandes lagos de agua dulce, donde se produjo preci- pitación química.

Los materiales, pues, se ordenan en tres series, que se pueden apre- ciar en el tajo del Júcar: la inferior con predominio de conglomerados de gravas y areniscas; la del medio, con sedimientos ricos en margas ye-

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y el piso superior (pontiense), con calizas margosas equivalentes a las calizas «de páramo», que se acuña hacia el Este y adquiere gran espesor en la zona de los Llanos.

En el Plioceno, mantos de escombros y gravilla, materiales detríticos y amplios conos de deyección fosilizaron grandes superficies ose depo- sitaron sobre suaves depresiones, emergiendo, después, sobre los mis- mos materiales unas placas de salitre por la evaporación de aguas car- bonatadas, en un período de clima más seco.

El Cuaternario dio origen a manchones de litología variada: derru- bios de ladera con amplio desarrollo, relleno de rambas con cantos re- dondeados y depósitos sobre zonas pantanosas desecadas y en dolinas o depresiones cársticas.

El conjunto mioceno conserva su disposición tabular, horizontal y subhorizontal, aunque en algún caso muy localizado desequilibrios de bloques profundos parecen tener cierto reflejo en sedimentos miocenos.

Los movimientos epirogénicos postpliocenos levantaron el relieve del borde meridional aislando así la cuenca y reactivarían la erosión re- montante de los ríos cuyo resultado más espectacular es el cañón de pa- redes verticales que el Júcar ha excavado a su paso por la Mancha.

Morfológicamente, en la Mancha predomina la línea horizontal. La llanura es impresionante en los alrededores de Albacete. De esta ciudad a La Roda (36 Km.) y a La Herrera (26 Km.) la altitud no varía más de 30 m. (Albacete, 685 m.; La Roda, 716 m.; La Herrera, 710 m.). En direc- ción a Peñas de San Pedro, las capas se van levantando al contacto con la Sierra de Alcaraz, sin que se haya llegado a modelar un relieve en cuesta, propio de los bordes de las cuencas sedimentarias.

La caliza pontiense del techo del mioceno se muestra, en ocasiones, afectada por la actividad cárstica y aparecen dolinas y zonas deprimi- das.

También quedan restos de cauces de la época diluvial, que, en oca- siones, constituyen el lecho de esporádicas lagunas en los períodos de lluvias, aunque a veces éstas se alojan en depresiones debidas a la lixi- viación del suelo yesífero o salino.

El relieve es más movido en aquellas zonas en las que aflora el triási- co (Fuentealbilla-Casas-Ibáñez-Alborea-Casas de Ves), pero el único acci- dente de importancia es el cañón del Júcar, estrecho y profundo, donde las poblaciones apenas pueden establecerse; el fondo aluvial está inten- samente ocupado por los cultivos hortícolas. Los depósitos de las terra- zas se dejan ver colgados sobre el cauce actual.

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Los valles laterales son ramblas más o menos hondas; a veces, cauces colgados en el desfiladero, de encajonamiento más rápido; y otras veces, valles amplios, de fondo plano y de paredes verticales —como el arroyo de Abenjibre— en las que se producen, al igual que en el Júcar, despren- dimientos de grandes bloques.

Los meandros son frecuentes, a veces impresionantes, y constituyen espléndidos asentamientos de los pueblos de Jorquera —en la confluen- cia del Abengibre y el Júcar— y Alcalá del Júcar.

El sector de Minaya sirve de divisoria inapreciable entre la cuenca del Júcar y la del Guadiana.

5. EL SECTOR DE TIERRAS ALTAS DE ChINCHILLA, PÉTR OLA Y CARCELÉN

En este sector queremos incluir el extremo suroriental de la meseta.

No es tan homogéneo como el Campo de Montiel o la Mancha y su rasgo común consiste en constituir un conjunto de altas tierras en el límite de la encrucijada de las alineaciones de orientación bética, al Sur, e ibéri- ca, al Este, y en estar elevadas de 100 a 400 metros por encima del nivel de los llanos de la Mancha.

Sus límites se distinguen nítidos al Norte y al Oeste, siguiendo la iso- línea de los 800 m. que recorre el norte de Alatoz y Carcelén, por Pozo Lorente hasta Chinchilla. Por el Este, el conjunto traspasa la frontera provincial y penetra por Valencia hasta la zona tectónicamente conflic- tiva de Ayora y Jalance. Por el Sur, puede llegar a la línea Mugrón de Al- mansa, Bonete y Pétrola, enlazando, ya sin cambios bruscos, con el sec- tor de cuencas y valles corredores que forman propiamente parte de los conjuntos béticos plegados, como antes indicamos.

Estructuralmente, el carácter de transición nos lo refleja el hecho de que en Hellín-Tobarra el secundario está fuertemente plegado; un poco más al Norte, en Pozo-Cañada-Pétrola, el mismo secundario está suave- mente ondulado y ya en la sierra de Chinchilla es francamente tabular.

Esta misma transición aparece en torno a Caudete-Almansa, con una tectónica ibérica al Norte y otra bética al Sur.

En el conjunto del área montuosa, a la que nos referimos, se pueden distinguir dos sectores:

a) El septentrional lo constituye la alineación de calizas cretácicas desde Chinchilla y Hoya-Gonzalo a Alatoz y Carcelén.. La altura media oscila en torno a los 1.000 m., alcanzando la cota máxima en el Molatón, al Noroeste de Higueruela, con 1.245 m. Es considerada como la almea-

En el interior del sector nioritanoso de Albacete, se abren numerosos valles longitudinales y ovala- dos a expensas de los materiales plásticos del Trías. En la fotografía, vega de Riópar. Al fondo el

macizo cretácico del Calar del Mundo.

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ción más septentrional del Sistema Bético, dentro ya de la Meseta.

La alimentación, muy fracturada, ha sido atacada por la erosión re- montante de los numerosos ((barrancos» y «vallejos, resultando un paisaje montuoso con innumerables «cerros» redondeados o alargados entre los talwegs, pero terminados en superficie plana (por ejemplo en el sur de Alatoz y en la Sierra de la Caballa). En la parte interior y más oriental, por encima de los 1.000 m. se desarrollan amplias y frías al- tiplanicies, desde Higueruela a Carcelén, ocupadas por un monte bajo y algunas áreas de pobres cultivos (Muela de Peña Negra, Muela del Gene- ral o de Carcelén, la Muela, en el término de Alpera).

b) El sector meridional, al sur de Hoya-Gonzalo e Higueruela, lo forman un mosaico de materiales, donde las alineaciones cretácicas (Cerro Cuadrado, las lomas desde Horna a Villar de Chinchilla, los cerros desde Pétrola a la laguna de Salobralejo y los cerros de Bonete), junto a algunos retazos del jurásico, se encuentran fragmentadas entre amplias cuencas de materiales pliócenos y cuaternarios. La altura me- dia es de 850-950 m.

De Norte a Sur, en el extremo oriental aflora un diapiro triásico, des- de Alpera hasta Montealegre.

La presencia de mioceno marino, muy general hacia el sur de esta zo- na, apenas se ha detectado aquí (junto a la laguna de Pétrola).

Morfológicamente da un paisaje de colinas y cerros, entre dilatadas cuencas de línea horizontal que confieren a esta zona un carácter mese- teño9a.

La red hidrográfica no está formada y la escasa escorrentía superf ial determina la presencia de lagunas y charcas, a veces desecadas, entre Higueruela-Pétrola-Bonete: la laguna de Pétrola, cuyos sedimentos de sales magnésicas son objeto de explotación industrial, la laguna del So- lobralejo, lagunas Seca, Lagunillas, la de Corral-Rubio, la del Mojón Blanco, del Saladar, de Hoya Rasa y otras muchas pozas.

B) Características climatológicas: los sectores climáticos