COMUNICACIONES D E CHILE
O) Manuscritos. Consular Letters, Valparaíso I
(2> Manuscritos. Consular Letters, Valparaíso, I.
DOCUMENTO 5 14: 29 DE ABRIL DE 1824 |299 sin ocuparse del contenido de sus disposiciones. En habiendo cien de
esos, la voluntad del Gobernador es la ley de la tierra y es implícita- mente obedecida.
Pronto se presentará otra oportunidad, de la que me valdré para tenpr el honor de comunicarle lo que pueda ser de interés. Con perfec- to respeto, etc.
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Heman Alien, Ministro de los Estados Unidos en Chile, a John Quincy Adams, Secretario de Estado
de los Estados Unidos (1) f EXTRACTOS]
S A N T I A G O , C H I L E , 29 de Abril 1824.
. . . En la ocasión de mi audiencia, mi discurso tendió a adaptarse al estado del país. Encontré al Gobierno en un estado bamboleante.
E l Supremo Director estaba ausente, mandando una expedición contra las islas de Chiloé, que había fracasado por completo. Una falta total de confianza se manifestaba por todas partes y generalmente se hablaba bastante de una contra revolución. Hallóme ahora incapaz de deter- minar si he tenido éxito en algún grado para impedir tan gran mal o en desviar la atención del gobierno hacia objetos de futura utilidad.
Sin embargo, es evidente que el discurso fué bien recibido, pues antes de retirarme del salón de audiencia el Supremo Director Suplente me pidió una copia para la prensa, observando que su publicación ¡sería altamente beneficiosa para el país. He satisfecho esa solicitud y me permito trasmitir a Usted aquí adjunta otra copia igual para la inspec- ción del Presidente, esperando que por todo eso mereceré su aproba- c i ó n . . . Durante algunos días ha circulado el informe de que la Pro- vincia de Coquimbo se ha declarado independiente; pero también esto es negado por el gobierno. E n todo caso, es claro que en todos los departamentos prevalece esa gran falta de satisfacción. . . Por lo tan- to, con respecto a esa materia, tengo que considerarla irregular en todo caso, el que este gobierno no reciba un Ministro, así sea del Papa o de cualquier gobierno extranjero hasta que hayan reconocido formalmente su independencia. Bajo tales circunstancias y como el empleo del Nun'-.
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cio es reconocido como perteneciente únicamente a asuntos espirituales sin ninguna conexión con lo temporal, he determinado no sostener correspondencia o relaciones con ese Nuncio, en calidad de Ministro Plenipotenciario, hasta que obtenga el beneficio del consejo de mi gobierno. Conozco el respeto que se les acuerda a los Nuncios del Papa entre los Ministros de los Estados Católicos; mas parece que los Esta- dos Protestantes no ceden en ese particular. E l Señor Egaña, Ministro del Exterior, ha salido en misión especial para Inglaterra, no siéndome conocido todavía su objeto especial. Sin embargo, creo que no se espera que permanezca allá largo tiempo. Pero antes de su partida, consideré de mi deber llamarle la atención, lo más especialmente, hacia las relaciones existentes entre su gobierno y el nuestro. Con esa mira, en una entrevista que con él tuve en su oficina, con ese propósito, le manifesté al Ministro del Exterior que, desde el alba de la Revolución en Chile, el Gobierno de los Estados Unidos de América había abraza- do su causa en todas las partes del mundo y, sobre todo, en el Congreso Aix-la-Chapelle, donde se creyó que nuestras representaciones les ha- bían impedido a los soberanos aliados tratar de ejercer el derecho de intervención en los asuntos de la América del Sur; que constantemente habíamos cultivado relaciones amistosas con su país; que el acto del reconocimiento de su independencia, cuya consecuencia era la presen- cia aquí de un Ministro y, m á s especialmente, el último Mensaje del Presidente sobre la materia, eran todos motivos que se le ofrecían y que no dudaba que su valor para Chile sería debidamente apreciado.
E n esa entrevista le fué a d e m á s manifestado al Ministro del Exterior que antes del último Mensaje del Presidente se entendía, por notas recibidas de Mr. Rush, nuestro Ministro en Londres, que los asuntos de esos países serían otra vez discutidos por los Soberanos Aliados en una Conferencia próxima a reunirse con ese propósito y que se abriga- ban temores del resultado de sus deliberaciones; que en Agosto último, Mr. Canning le propuso a Mr. Rush, con el objeto, según declaró, de evitar la inminente tempestad, que los dos gobiernos publicaran una representación conjunta y simultánea dirigida al mundo, sobre que nunca consentirían en la intervención de ninguna potencia extranjera con respecto a la independencia de estos países; que, cuando Mr. Rush carecía de instrucciones de su gobierno sobre ese punto, había ofrecido por vía de contestación, que si el gobierno británico hiciera un recono- cimiento incondicional de la independencia de ellas, él asumiría la responsabilidad e inmediatamente cumpliría la proposición de Mr. Can- ning; que, después de esto, Mr. Canning se tornó indiferente al particu-
DOCUMENTO 514: 29 DE ABRI!. DE 1824 | 3 Q j lar, cerrándose la correspondencia, sin que se efectuara el objeto; y
que después de eso el Mensaje del Presidente había aparecido conte- niendo la expresión de los sentimientos del gobierno americano sobre ese punto, en forma separada y clara. Que desde mi llegada había descubierto una impresión muy general de que los Estados Unidos e Inglaterra estaban procediendo de concierto sobre ese punto y que yo había sido inducido a formular esta representación a fin de que este gobierno pudiera estar debidamente informado y de que Inglaterra no obtuviera aplauso inmerecido. Entonces hice observaciones sobre la cuestión de los cónsules ingleses que estaban por llegar aquí, a fin de prevenir a este gobierno para que no considerara eso como acto alguno de reconocimiento. A todo lo cual contestó el Ministro con gran fran- queza que el gobierno de Chile había mirado uniformemente a los Estados Unidos como su mejor y más poderoso amigo y que, dada su conducta durante su lucha revolucionaria, no había experimentado nada que no fuera la satisfacción más completa; que el acto de recono- cimiento y los actos subsiguientes de nuestro gobierno y, finalmente, el Mensaje del Presidente, había alegrado todos los corazones y que se preveían grandes beneficios de esas relaciones que estaban a punto de abrirse entre las dos naciones. Que no estaba hasta ahora en conoci- miento de la naturaleza de la correspondencia entre Mr. Rush y Mr.
Canning a que me había referido; pero que su Ministro en Londres les había escrito con fecha de Octubre último que Inglaterra había solicitado de España que reconociera la independencia de este país y que no miraba el nombramiento de cónsules británicos como un re- conocimiento de su independencia; pero que esperaba que eso sería seguido por ese acto. Entonces le manifesté al Ministro del Exterior que después de mi recibimiento no había perdido tiempo en revelarle como el órgano adecuado de su gobierno los únicos motivos que habían influenciado la conducta de mi gobierno con referencia a los Estados suramericanos y que consistían en que al pueblo de estos países, como al nuestro, debía permitírsele gozar de los beneficios de la libertad civil y religiosa; que nuestro acto de reconocimiento era el que era debido por una nación independiente a otra; que todo lo que deseába- mos y todo lo que en cambio podíamos esperar era ser colocados en todos respectos bajo una igualdad a la nación más favorecida; y que mientras rechazábamos para nosotros el deseo de todo privilegio exclusivo de cualquier clase, no podíamos, sin embargo, convenir que de alguna manera se lo concedieran a otros. A estas declaraciones mías, el Ministro del Exterior volvió a contestar que p o d í a continuar
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seguro de que Chile no daría nunca paso alguno para contraer ninguna estipulación con otras potencias sin consultarnos y que siempre había tratado de que si le concedía ventajas a alguna otra nación sería a nosotros; que, de ningún modo, nada se les concedería a los demás que no se nos concediera. También observó que un Ministro de grado correspondiente había sido nombrado para los Estados Unidos; que se embarcaría más o menos en un mes y que, ya por su órgano o el m í o , este gobierno intentaba proponernos una alianza para oponernos a cualquier empeño sobre los derechos de uno de los dos por potencias extranjeras. Agité la discusión de ese punto diciéndole que presumía que él no deseaba considerarlo entonces, en lo cual consintió muy rápi- damente. Además, en esa ocasión no dejé de llevar a la mente del Ministro de Relaciones Exteriores el que nosotros esperábamos que en ninguna circunstancia Chile consentiría nunca en que a alguna raíz o rama de la monarquía se le permitiera gobernar en él; sino que tan pronto como las circunstancias lo permitieran avanzaría gradual- mente hacia el régimen representativo y el establecimiento permanente de una forma de gobierno que le asegurara a sus ciudadanos el com- pleto goce de la libertad civil y religiosa. E n contestación, el Ministro del Exterior dijo que esoa eran los grandes objetivos que tenían a la vista; que estaban resueltos por el gobierno propio; pero que el pueblo no se hallaba ahora lo suficientemente ilustrado para poder admi- tir un cambio tan grande; y que podía esperar confiadamente en que no existía disposición alguna a recibir como mandatario a ningún Prín- cipe o Potentado extranjero. Aquí terminó la conversación, expresan- do el Ministro la gran satisfacción que había derivado de ella y asegu- rándome que no dejaría de impresionar suficientemente con ella a su sucesor en el cargo.
Que el cumplimiento de todas esas seguridades pueda realizarse del todo es grandemente deseado; y que el gobierno y las instituciones de Chile ofrezcan un amplio campo para el mejoramiento es un punto que creo no se aventurará a controvertir el observador más superficial.
[ A N L i X O ]
A
E X C E L E N T Í S I M O S E Ñ O R : Hallándose los Estados Unidos de A m é - rica profundamente impresionados con la importancia de los sucesos que han libertado a este país de la dominación extranjera y que lo capacitan para asumir un rango entre las naciones de la tierra, han practicado constantemente relaciones amistosas a lo largo de esa lucha
DOCUMENTO 514: 29 DE ABRIL DE 1824 1303 trascendental hasta donde se lo permitió su carácter neutral; y en un momento mejor calculado para realizar el acto de la manera más solemne e incondicional, reconoció la independencia de Chile y me designó por su Representante para residir ante esta Corte con el pro- pósito de cultivar las relaciones de paz y de amistad y para el inter- cambio de bondadosos oficios mutuos en términos de la más perfecta reciprocidad entre las dos naciones.
Asumiendo, como se espera, en el progreso de esta grande obra como su única base la soberanía del pueblo y los iguales e inalienables derechos del hombre, todas las simpatías de mi país se comprometen profundamente, aun cuando pueda ser difícil y árduo para Chile el curso que tiene que recorrer. Pero un pueblo libre nunca desespera.
Sincero para consigo y justo para los demás, él puede desafiar cual- quiera coalición que amenace su reposo.
E n el suave régimen de sus leyes, en las libres y cultas institucio- nes de su país y en el libre y liberal ejercicio de relaciones amistosas con otras naciones, créese que Chile está destinado a gozar no sólo de dicha en su interior sino a ocupar un puesto distinguido entre las naciones del mundo.
Conservad, pues, una herencia de tan alto valor. A d e m á s , vano e inútil habrá sido el gasto del tesoro público que a s í se ha creado;
además, vano habrá así corrido la sangre de vuestros héroes; y, ade- más, no podrá llorar la posteridad vuestra imbecilidad si toleraseis que esos bienes inestimables desaparecieran de vosotros, a no ser con el último rayo de vuestra existencia.
Ha llegado una nueva era. L a ignorancia y la superstición, el verdadero castigo de la libertad civil, están en todas partes cediéndole su puesto a la virtud y a la inteligencia; y el progreso de la mente humana, ante el cual tiemblan los tiranos, esos potentados creados por sí mismos, dan indicios de ser demolidos en su camino y de devolverle al hombre lo que el creador le adjudicó. ¿Habremos, pues, de contri- buir con nuestros esfuerzos a la terminación de esa fábrica o sufrir con negligencia que la fábrica sea destruida? Créese que, al igual de los Estados Unidos de América, Chile no dejará de aceptar lo primero.
De los representantes de un pueblo libre, cuyo suelo, como el de Chile, no ha sido manchado por la mano de los tiranos, esos sentimien- tos han sido ilícitos. Puedan ellos ser recibidos con ese espíritu de amistad con que han sido sometidos y, bajo la protección divina, pueda el árbol de la libertad que ha sido elevado en esta tierra altamente favorecida y consagrada por la sangre de héroes continuar siendo
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regada por el rocío del cielo, expandiéndose y produciendo frutos hasta el tiempo más remoto y que nunca ¡oh, nunca! pueda decirse de esta naciente República que una Vez fué libre, una vez feliz y una vez independiente.
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Heman Alien, Ministro de los Estados Unidos en Chile, a John Quincy Adams, Secretario de Estado
de los Estados Unidos W [EXTRACTO]
S A N T I A G O , C H I L E , 26 de M a y o de 1824.
. . . He dejado de añadir unas pocas observaciones, aun cuando no está en mi poder agregar mucho a la información que contienen.
Sin embargo, la experiencia diaria sirve de manera más completa para confirmar la precisión de las observaciones que están expresadas aquí y provocar los m á s lúgubres temores por lo que hace al destino ulterior de estos países. Es asombroso advertir la apatía general que prevalece aun entre aquellos que componen la actual Administración; siendo tal el extremo a que se ha llevado esa indiferencia que puede muy justa- mente dudarse de si aun ahora creerán ellos mismos que el país legí- timamente les pertenece. Con la constitución, copia de la cual acom- paña esta y anteriores despachos, todas las personas de inteligencia, con excepción del clero, parecen disgustadas. E n mis relaciones con algu- gunos funcionarios del Gobierno y con la gente principal, sus expre- siones de hostilidad son ruidosas y francas tanto contra el régimen del gobierno como contra los que lo administran, pareciendo no despertar ningún interés especial francos actos de traición, pasando inadvertida hasta la propia traición. Desde la adopción de esta Constitución, el Supremo Director Freire ha estado comprometido en una expedición contra Chiloé, no habiendo regresado aún a la Capital. Dícese que también es opuesto a ese instrumento y que al regresar o renuncia o destruye sus disposiciones. E s un favorito del ejército y en ello con- siste su principal confianza. E l infortunado fracaso de la expedición a Chiloé, el que únicamente se atribuye a algunos de los oficiales de tierra y mar, será un asunto que Chile y otras naciones tendrán que
(1> Manuscritos. Dispatches from Chile, I.
DOCUMENTO 515: 26 DE MAYO DE 1824 j 3 0 5 deplorar largo tiempo. L a guarnición de ese Asilo Pirático fué com-
pletamente sorprendida y sólo faltaba un curso debido die conducta para haber asegurado su rendición. Pero el momento favorable había pasado; y Quintanilla, el Gobernador, con una fuerza de 4.000 hom- bres, ha sido dejado en posesión tranquila de una plaza capaz de las defensas más fuertes y la que en la mayor parte de las estaciones del año solamente los elementos la tornan inaccesible. E n este estado de alarma me han dicho muchos ciudadanos distinguidos que, como Re- presentante de sus grandes amigos, los Estados Unidos, debo aconse- jarlos. De acuerdo con las miras del Presidente sobre semejante asun- to, así como de conformidad con mi propio sentido del decoro, inva- riablemente he contestado a esas insinuaciones que si en algún caso tocante al interés de Chile, en el que no estuviera interesado mi propio país, se me creyera capaz de poder prestar algún servicio al prime- ro, sería grato placer para mí el hacerlo; pero que yo no debía nunca pensar en distraer la atención del gobierno con el ofrecimiento de ningún consejo no solicitado. Sin embargo, en algunas de esas conversaciones, sobre todo con el Señor Campino; Ministro nombrado para los Estados Unidos, no he podido refrenar la expresión de mi sorpresa cuanto a ese rasgo de su constitución que ordena una religión establecida. Ese caballero parece ser el más inteligente de todos los directores a quienes he conocido; es muy franco en sus denuncias de todos sus actos y acciones y en respuesta a mis observaciones sobre ese asunto ha observado que el clero era muy hostil al éxito de la causa patriota y que su influjo era ilimitado. ¿Por qué, le pregunté entonces, ponen Ustedes en manos de sus mayores enemigos tan poderosa má- quina? Porque, contestó, ningún miembro del Congreso que ha adop- tado ese instrumento se atrevería a confesar ningún sentimiento con- trario por temor de ser asesinado; y porque los clérigos primero morirían como mártires antes que someterse a ese principio. Entonces traté de dirigir su atención a la suprema imposibilidad de llegar a esta- blecer un gobierno republicano con tan odioso rasgo adherido al mismo, lo que parecía aceptar, aunque parecía considerar invencible dicho obstáculo. L a gran dificultad es que todos se quejan justamente del mal; pero que ninguno posee suficiente firmeza y capacidad para acometer la reforma. Muy naturalmente surge la pregunta ¿qué ha alcanzado entonces Chile en la convulsión que últimamente ha experi- mentado? cQué gran ventaja ha asegurado para sí cuando en el momento mismo de la victoria y casi en posesión de su anticipada libertad ha sido realmente arrojado por un acto suyo en manos de un
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enemigo infernal, cuya gran consecuencia y, aún, más, cuya propia existencia casi depende de la destrucción de esos principios tan nece- sarios para su prosperidad y dicha y por los cuales se ha desangrado y ha vencido? Pues es tan claro para mi mente, como causa y efecto, que a no ser que él pueda de algún modo, sea por graduación o de otra manera, sacudir ese incubus que ahoga su crecimiento, será impo- sible para la continuación del camino que ha emprendido y por cuyo desarrollo nuestras ansiedades se han despertado tanto. Siendo ese un rasgo muy objecionable en la formación de este gobierno y el único que hasta ahora he tratado de considerar, me he permitido suministrar algunas de sus peculiaridades, no porque haya considerado que he descubierto algunos nuevos principios, sino meramente para demostrar que aquí se trata de ese asunto. Desde mi última, han llegado los cónsu- les ingleses y Mr. Nugent, el Cónsul General en Chile, ha sido reconoci- do, aun cuando sus poderes reconocen este país meramente como una Provincia. Entiendo que dice que la conducta de Inglaterra con res- pecto a estos países no sufrirá ahora ningún cambio. E l objeto de la misión del Señor Egaña a Inglaterra consiste en inducir al gobierno de ese país a reconocer la independencia de éste. No descubro ni en el gobierno ni en el pueblo de este país ninguna gran parcialidad por ningún gobierno europeo, fuera del apego del viejo partido español por la madre patria; mas parecen considerar que los Estados Unidos e Inglaterra, conjunta o separadamente, los sostendrán en cualquier emergencia contra alguna invasión extranjera. Con respecto a los pri- meros, he tratado de llamar la atención sobre el Mensaje del Presidente como el criterio de nuestra conducta; y, con respecto a la segunda, satisfacerlos de que meramente se estaba reservando para proceder con- forme lo requieran su política y sus propios intereses.