Esta presentación se inscribe dentro de los marcos teóricos de la economía so- cial o popular en transición o búsqueda de formas solidarias; es decir, se vincula
135 con aquellos enfoques que valorizan el trabajo de los que viven de su trabajo, sean
actividades unipersonales, familiares o asociativas; que bregan por una economía que pueda resolver las necesidades legítimas de todos sus habitantes cuidando a un tiempo el medio natural que sustenta esas necesidades para avanzar hacia la reproducción ampliada de la vida (Coraggio, 2010). Asimismo, asumo la teoría de Bourdieu (2001) que sostiene que la posición de los agentes en los diferentes cam- pos en los que actúan se define según el volumen y la estructura de los capitales que poseen (económico, el más importante para el autor, social, cultural, simbólico y político). Algunos de sus conceptos los tomo para proponer la construcción de tramas de valor en la economía social, popular y solidaria (Caracciolo, 2014). Así, podemos comprender que los mercados son un campo en el que juegan actores con diferentes capitales y que de las relaciones entre ellos surgirán determinadas reglas que favorecerán más a unos que a otros. Por otra parte, para abordar la com- prensión de los mercados me baso en Melo de Lisboa (2004), quien sostiene que los mercados funcionan desde la antigüedad y que son construcciones políticas que reflejan en cada momento correlaciones de fuerza y no el resultado del libre juego de la oferta y la demanda guiado por una mano invisible. Para Melo de Lisboa es necesario diferenciar una sociedad de mercado como la actual, que pretende au- torregularse, de una sociedad con mercados que constituyen espacios necesarios para el intercambio de productos.
El sistema agroalimentario atraviesa desde hace años un proceso de concentra- ción económica en cada uno de sus eslabones (producción, industrialización, dis- tribución y consumo), al ritmo de los vaivenes de los ciclos de acumulación de capital de la economía mundial. se consolida de este modo un esquema de corpo- raciones multinacionales con capacidad de imponer condiciones en las economías domésticas acerca de quién produce, qué y cómo se industrializa, cómo se distri- buye y, en definitiva, qué alimentos consume la población (soler Montiel, 2007).
Asimismo, con la capacidad de apropiarse del valor generado por buena parte de los agricultores familiares y de otros actores de la economía social y popular y de las pymes. Coyunturalmente, el sector se ve muy afectado por las políticas de este gobierno: particularmente, por los tarifazos, la dolarización de los insumos y la caída de la capacidad de consumo de la población. En los periurbanos, vemos cre- cientemente afectada la tenencia de la tierra por la presión de desarrolladores in- mobiliarios.
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En lo metodológico, recurrí a estudios basados en encuestas a integrantes de diversos espacios comerciales realizadas por varias instituciones y tesistas, así como a mi propia observación participante y no participante luego de muchos años de actuación en el sector y de tres años como integrante de la Cooperativa de Con- sumo La Yumba.
¿A qué llamamos, entonces, espacios, canales o mercados alternativos de co- mercialización? “A aquellos espacios que escapan a la lógica del capital, consistente en maximizar una tasa de ganancia sobre el capital invertido –mercados conven- cionales– y buscan la satisfacción de las necesidades de las y los actores que parti- cipan en intercambios principalmente comerciales aun cuando las experiencias existentes evidencian que también se realizan intercambios sociales, culturales y políticos” (Alcoba, Dumrauf et al., 2011). “se hacen amigas y amigos, aprenden otras formas de ser mujer –me decía una feriante–, se politizan, pelean por el es- pacio, etcétera”.
Algunos antecedentes empíricos de este trabajo se ubican en 20121, en relación con el inTA, y en 2017, como parte del Observatorio de la Comercialización de la Agricultura Familiar del Foro de Universidades y Agricultura Familiar de la Región Pampeana.
En un trabajo muy reciente editado por inTA (2019)2en el Marco del Proyecto Mercados y Estrategias Comerciales3utilizamos como criterio principal clasifica-
1 Ya en 2012, en el Programa en Economía solidaria de la Universidad de san Martín (UnsAM) junto con el iPAF Pampeano y el Pro-Huerta del inTA y la secretaría de Agricultura Familiar (Caracciolo, Dumrauf, Moricz et al., 2012), identificamos y caracterizamos seis modalidades alternativas de comercialización de la AF respecto de las convencionales, sin intermediarios o con mínima intermediación: 1) ferias del productor al consumidor, 2) compre público, 3) relación directa productor-consumidor con gestión es- tatal, 4) comercializadoras de intermediación solidaria (Cis), 5) cooperativas mayoristas o federaciones de cooperativas, 6) cooperativas de comercialización de agricultores familiares (Caracciolo et al., 2012).
2 En 2019, se realizó un Proyecto Específico del inTA coordinado por sergio Dumrauf.
3 En 2017, en el marco del Foro de Universidades y Agricultura Familiar, elaboramos un proyecto de Ob- servatorio de la Comercialización de la Agricultura Familiar en donde nos propusimos analizar las di- mensiones que diferencian a unos espacios de otros, entre otras cuestiones.
137 torio de los espacios comerciales al tipo de actor encargado de organizar y decidir
en cada uno y a los actores con los que se relaciona. Así, planteamos cuatro tipos:
productores, consumidores, intermediación solidaria y Estado. Es decir, en princi- pio, dejando de lado la modalidad feria, bolsón de verduras, comercio minorista o mayorista, etcétera; y también dejando de lado la forma jurídica porque no serían variables determinantes como la señalada antes. Esta tipología es la que voy a pro- fundizar hoy.