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Modelos explicativos de conducta parental de crianza

CAPÍTULO IV: PRESENTACIÓN, ANÁLISIS E

2.2. Fundamentos teóricos

2.2.1. Modelos explicativos de conducta parental de crianza

35 decir, el niño castigado manifiesta mayor dependencia que el niño no castigado.

36 La conducta parental de crianza es definida como el conjunto de acciones, sentimientos y actitudes que los padres manifiestan hacia los niños y que tomados como un todo, generan un clima emocional favorable o desfavorable para el desarrollo de los niños (Darling y Steinberg, 1993).

También es la “Correspondencia entre las formas de interacción familiar, las pautas de socialización y el medio social de origen”. Manifiestan la existencia de dimensiones como la hostilidad – coerción y compromiso - soporte como factores de conducta parental de crianza familiar. Estas dimensiones resumen mejor las variaciones en la crianza ejercida por los padres dentro de la vida familiar. Lovejoy y otros (1999).

Este mismo constructo ha recibido diversos nombres tales como estilos educativos paternos o familiares y estilos parentales o de relación parental, dependiendo por lo general de si la perspectiva utilizada es pedagógica, sociológica, antropológica o psicológica.

Existen varios términos relacionados con el concepto de conductas de crianza parental, dentro de estos cabe clarificar que las prácticas de crianza se refieren a las acciones concretas que los padres de familia llevan a cabo para orientar la crianza de los niños.

Por otro lado, la noción de pauta de crianza hace referencia al canon que dirige las acciones de los padres, con el orden normativo que

37 dice al adulto qué se debe hacer frente al comportamiento de los niños. Finalmente, las creencias en torno a la crianza tienen que ver con las explicaciones que dan los padres sobre la forma como orientan las acciones de sus hijos. Se trata de un conocimiento básico acerca de cómo se deben criar a los niños; son certezas compartidas por los miembros de un grupo, que brindan fundamento y seguridad al proceso de crianza (Myers, 1994).

En la crianza de un niño, como en toda tarea, no siempre funciona el modelo ideal. Se puede decir casi con seguridad, sin embargo, que el modo autoritario de crianza funciona mejor que los otros estilos paternos en lo que es facilitar el desarrollo de la competencia social en el niño tanto en casa como en su grupo social. Asimismo los altos niveles de cariño, combinados con niveles moderados de control paterno, ayudan a que los padres sean agentes responsables en la crianza de sus hijos y que los niños se vuelvan miembros maduros y competentes de la sociedad.

Cuando un ser humano llega a ser padre cuenta con las herramientas precarias de su propia experiencia como hijo, sin muchas veces haber podido corregir errores sobre sus patrones de crianza, y sin muchas veces haber podido experimentar nuevas posibilidades o haber sido entrenado y corregido para desempeñar el papel de padre por medio de la experiencia; la misma que

38 finalmente adquiere empíricamente con sus propios hijos. Lo que pudo aprender por medio de ella, ya no lo podrá aplicar en sus hijos, pues éstos ya habrán crecido paradójicamente. Si bien el aprendizaje social puede ayudar a este propósito, quienes mejor podrán cumplir esta función socializadora y cultural son los núcleos familiares y la familia extensa, quienes en nuestra actual sociedad se alejan cada vez más unos de otros, haciendo difícil este tipo de aprendizaje.

Existe un cuerpo de conocimiento científico que ha avanzado en el área del conocimiento respecto a las necesidades del niño durante su desarrollo y a las habilidades necesarias para una satisfactoria y sana crianza. Este conocimiento es utilizado, la mayoría de las veces, para encauzar y corregir procesos patológicos o disfuncionales, desde distintas disciplinas.

Para estudiosos como Lovejoy, O’Har y Rubin (2005), a la correspondencia entre las formas de interacción familiar, las pautas de socialización y el medio social de origen es lo que se ha dado en llamar conductas parentales de crianza; dos son las dimensiones principales que caracterizan las diferencias de los estilos de socialización familiar: el control de los hijos y el apoyo parental; el primer parámetro se refiere al eje que discurre entre la permisividad y la coacción, la libertad de acción y la vigilancia; el segundo, relativo

39 al soporte emocional que los padres brindan a los hijos, se articula a lo largo de un continium que va de la calidez a la hostilidad.

Los padres y las madres conforman el contexto de desarrollo de los hijos y de las hijas al construir los entornos de actividades, rutinas culturales y prácticas en los que éstos participan. A partir de múltiples vertientes, se han forjado una idea de la infancia y la adolescencia y de las conductas que cabe esperar en esos períodos evolutivos. Estas ideas y valoraciones relacionadas con la “urdimbre afectiva”, con la calidad de la experiencia durante las relaciones interpersonales inciden, lógicamente, en la relación que establecen todos los miembros del sistema familiar, conformando no sólo modelos diferentes, sino estructurando y provocando efectos diferenciados.

El interés por conocer la estructura familiar y las prácticas educativas familiares en su relación con los procesos de socialización durante la infancia y la adolescencia ha sido un tema central desde todos los campos de las ciencias como la psicología, la sociología, la pedagogía y otras.

En los estudios realizados sobre actitudes de crianza parentales, aparecen constantemente dos dimensiones básicas que parecen ser esenciales para conseguir las funciones de socialización de los hijos (Misutu y Lila, 1993). Estas dimensiones, factores, tipos

40 de socialización o crianza son: apoyo y control, ambos factores se encuentran repetidamente en una gran variedad de estudios, basados tanto en medidas de auto informe, como de observación. El apoyo se identifica con bajos niveles de castigo físico, la utilización del razonamiento por parte de ambos padres, la buena comunicación y la adecuada expresión de las emociones durante las interacciones padres- hijo.

Lovejoy y otros (2005) perfilan un modelo, en el cual se basa el presente estudio, estableciendo que el afecto o calor emocional, la sensibilidad y la mutua confianza son variables que se incluyen en la dimensión de apoyo, y son necesarias para el buen funcionamiento de las relaciones padres-hijo, sobretodo, para el desarrollo adaptativo del niño.

El control, por su parte, se considera la dimensión de la crianza restrictiva, controladora, que se caracteriza por un estilo autocrático y afirmación del poder. Esta dimensión está unida al uso frecuente de técnicas de castigo y al autoritarismo (Becke, 1962) que los padres utilizan en la crianza del niño. El control como técnica de disciplina para forzar la obediencia y sometimiento del niño a la voluntad parental, generalmente se ha relacionado con problemas de conducta en el niño, como por ejemplo, baja independencia o autonomía. Sin embargo, en algunos estudios, los datos

41 encontrados no son claros y ello no permite llegar a conclusiones tajantes o definitivas sobre el efecto negativo que produce en el niño este estilo de crianza, sobretodo, en estudios transculturales, donde los resultados son ambiguos (Brody y Douglas, 1997).

La mayoría de los autores indican que estas dos dimensiones (apoyo y control), cruzadas entre sí, pueden dar lugar a varios tipos de crianza parental; y cuyos modelos más conocidos son: autoritario, autorizado y permisivo (Baumrind, 1967, 1991; Bentley y Fox, 1991;

Cohn, Cowan, Cowan y Pearson, 1992; Feldman y Wehnzel, 1990;

Parishy Mc Cluskey, 1992; Patterson, Reid y Dishion, 1992). Citados por Lovejoy y otros, 2005, p.22)

Cada uno de estos modelos poseen características específicas que van a tener consecuencias en la adaptación social y emocional del niño. El autoritario se caracteriza por un exceso de control; el permisivo por la ausencia de normas y reglas de disciplina; mientras que la característica más acusada del modelo autorizado es el afecto y apoyo parental, junto con normas claras de disciplina consistente. Evaluar el tipo de crianza paterno supone la posibilidad de conocer los elementos que permiten la correcta adaptación social de los niños.

42 Para tener un amplio panorama de la realidad de estos modelos tenemos que tener en cuenta referencias en términos más específicos.

a) Crianza

La crianza está claramente relacionada con el contexto cultural al que pertenece la familia. Si la cultura refuerza la competitividad y la independencia, es probable que los padres deseen que sus hijos sean independientes y seguros de sí mismos. Si el individualismo excesivo no es bien visto, es más probable que los padres busquen una condición familiar más interdependiente (Richaud de Minzi, 2002).

Es así que la crianza es una expresión de la relación entre padres e hijos. Esta relación es bi- direccional y por lo tanto, las acciones, actitudes y sentimientos de los padres deben acomodarse a las importantes transformaciones que sus hijos experimentan en las diferentes etapas de su desarrollo.

Durante el proceso de desarrollo nos refiere Ainsworth (1989) que el ser humano, desde el momento de su nacimiento, establece diversas relaciones sociales;

unas, son breves y sin consecuencias. En cambio,

43 otras, como las que se desarrollan con los padres, son mucho más asiduas y duraderas y pueden influir de forma importante en el desarrollo posterior del niño y en su personalidad.

b) Actitudes de crianza

Las direcciones de las investigaciones para el siglo XXI implican ausencia en estándares universales para el trabajo óptimo hacia el niño. No obstante por una parte, se estudia la prevalencia aún de prácticas abusivas y maltrato infantil, (Korbin 1991), y por otro lado se estudian las actitudes de los padres hacia el uso de la disciplina y las reglas en la educación. La tendencia general es dar a los jóvenes adolescentes una amplia gama de libertad de elección y rechazar el uso del castigo físico en niños preescolares. (Varming 1992).

El propio Hernández y Jiménez (1983, p.76) había comprobado que "Los padres pueden mostrarse con sus hijos de forma afectiva y dominante a la vez;

afectivos y permisivos; rechazarlos y controlarlos o rechazarlos y ser permisivos".

A pesar que existen muchos instrumentos que valoran las actitudes de los padres hacia la crianza, el

44 cuestionario de crianza parental PCRI-M cumple con estas expectativas de actualización, puesto que las actitudes hacia la crianza han cambiado sustancialmente en las dos últimas décadas.

c) Estilos de crianza

A diferencia de la simple descripción de prácticas particulares utilizadas por los padres con sus hijos, el concepto de estilos alude a la complejidad de la crianza en la cual están involucradas no solo acciones sino también emociones, actitudes y valores.

El dar cuenta de esta complejidad facilita la predicción del tipo de influencia que ejerce la crianza sobre el futuro comportamiento de los niños (Baumrind, 1971).

Aunque la crianza vista a través de los estilos puede adquirir distintas formas y trasmitir distintos contenidos, la finalidad es siempre la misma en todos los grupos humanos, esto es, asegurar la supervivencia de los niños, su desarrollo integral y su adecuada incorporación a la vida social. A través de la crianza los padres pueden comunicar a los niños las diferentes exigencias sobre las actividades cotidianas y la importancia que tiene su cumplimiento para la vida

45 familiar, e influir sobre el comportamiento infantil, ya sea controlando algunas conductas o impulsando otras.

En este sentido, la crianza se da en una atmósfera marcada por distintas actitudes, sentimientos, creencias, y conductas específicas de los adultos. En consecuencia, a través de la crianza se transmiten tanto los valores como las formas de pensar y de actuar que tendrán fuertes repercusiones en el futuro de los niños, facilitando u obstaculizando su incorporación en la sociedad (Baumrind, 1971).

d) Estilos de socialización y crianza familiar

Un número importante de investigaciones han mostrado cómo los efectos de diferentes conductas expresadas en los estilos de socialización no se limitan a corto plazo, sino que se prolongan en manifestaciones psicológicas y conductuales muchos años después. En este sentido, las técnicas de disciplina familiar se han destacado como fundamentales en la socialización infanto-juvenil. Y no sólo de forma conductual, es decir, cómo influyen directamente sobre la actuación posterior de los chicos

46 y de las chicas, sino de cómo estos perciben e interpretan esa disciplina. La centralidad otorgada a la percepción de la educación familiar, puede considerarse como un giro copernicano, al considerar al niño como auténtico protagonista de su desarrollo y como activo constructor de la realidad que le rodea. La percepción de la disciplina familiar, resulta determinante en posteriores cogniciones y conductas.

La familia en general, los padres y las madres en particular han sido considerados como uno de los agentes más universales y decisivos en la conformación de la personalidad del hombre y en su inicial socialización, adaptación a las normas y adopción de los valores de la sociedad normativa. Son sus metas educativas que aún sin hacerse explícitas día a día, constituyen auténticas guías para la acción socializadora.

En la literatura actual, existe casi un conceso general en establecer algunos estilos de socialización y crianza familiar:

 El contractualista, que se distingue por la importancia que los padres dan a la

47 autorregulación y a la autonomía del niño, así como por el énfasis puesto en los valores de la imaginación y la creatividad. Desde el punto de vista de las técnicas pedagógicas, ello significa una escasa insistencia en la obligación, el control o la coacción y un énfasis correlativo en la incitación, el estímulo o la motivación están abiertos a las influencias del exterior, y los roles educativos de los padres se hallan poco diferenciados.

 El autoritario se sitúa en el polo opuesto al anterior, por la gran importancia que concede a la obediencia y a la disciplina, al tiempo que implica una menor valoración de la autorregulación y la sensibilidad del niño; sus métodos pedagógicos apelan mucho más al control que a la motivación o a la relación. La distancia entre padres e hijos son considerables, los roles sexuales netamente separados y la reserva ante los agentes de socialización del exterior es bastante significativa.

 El maternalista o paternalista se caracteriza también por la acomodación (obediencia y

48 conformidad) más que por la autonomía o la autodisciplina, y sus técnicas de influencia se basan más en el control que en la motivación o en la relación. Sin embargo, existe una gran proximidad entre padres e hijos, se organizan muchas actividades en común y la comunicación entre ellos es frecuente y relativamente íntima, aunque los papeles educativos de los padres tienen perfiles distintos y la apertura a las influencias del exterior es bastante limitada.

Según Goodnow y Collins (1990), al considerar el origen de las ideas de los padres es posible distinguir dos orientaciones: por un lado, la que se ha dado en llamar personalista, en ella se asume que la principal fuente de ideas de los padres es su experiencia directa e individual con los niños o la tarea de ser padres, y que estas ideas se elaboran de un modo científico: los padres observan, comprueban, resuelven problemas, revisan ideas, es decir, prueban la realidad.

En el polo opuesto se encuentra la tradición sociocultural, que destaca la absorción pasiva de información, de modo que los sujetos reciben, sin más,

49 un conocimiento manufacturado sobre el que no se realiza la más mínima reflexión. No obstante, todavía existiría una tercera, la socioconstructivista, ésta se encontraría en medio de las otras dos y supone que los sujetos no pueden ignorar los contenidos que le proporciona la cultura, pero tienen un papel activo en la reorganización, selección y elaboración de esos contenidos.

50 e) Teoría de Estilos Paternales de Crianza

La propulsora de la teoría de estilos paternales de crianza es Baumrind (1980), quien identificó tres estilos generales de formas de actuación paternal: autoritario, permisivo y democrático.

Según Baumrind (1980), los padres autoritarios dan énfasis a la obediencia, utiliza el carácter para poner freno a la voluntad de los niños, los mantiene subordinados, restringen su autonomía y desalientan el intercambio verbal. Este tipo de padres tienden a utilizar la disciplina severa, tratan de moldear a los hijos según estándares de conducta, son menos afectuosos que otros padres.

Por otro lado, afirma también que los padres permisivos valoran la expresión de los niños por sí mismos y la autorregulación exigen poco y permiten que los niños controlen sus propias actividades. Ellos consideran que deben ser un apoyo para sus hijos, no modelos de normas. Estos padres no controlan, son relativamente cálidos, los hijos tienden a ser inmaduros (tienen menos autocontrol) son menos exploradores.

51 En contra posición a los anteriores estilos, dice la autora explica que los padres democráticos respetan la individualidad del hijo, pero al mismo tiempo le inculcan los valores., dirigen sus actividades de manera racional, confían en su capacidad para guiar a los niños, son amorosos y exigentes, su comportamiento es coherente y respeta las decisiones independientes de los hijos, son firmes en la acatamiento de las normas de los castigos moderados. Estos padres tienden a ser seguros, calmados, dominantes, exploradores y contentos. Por otra parte de acuerdo a sus investigaciones realizadas por la autora los padres autoritarios y permisivos retrasan el desarrollo de sus hijos o debido a que éstos fomentan la dependencia el miedo, la inseguridad, en ocasiones la delincuencia y otros vicios sociales. Sin embargo los padres democráticos aceleran el desarrollo de sus hijos ya que forman niños seguros, independientes, adaptados socialmente y exitosos que benefician a la sociedad.

Además este tipo de crianza describe los comportamientos específicos que los padres democráticos utilizan y el papel que estos juegan en el fomento del desarrollo social en al cual nos referimos a

52 los altos niveles de cariño, combinados con niveles moderados de control moderados de control paterno, que ayudan a los padres a ser agente responsables en la crianza de sus hijos y que los niños se vuelvan miembros maduros y competentes de la sociedad llegando a la conclusión de que para ella, el estilo de crianza ideal son los padres democráticos.

Aclara también, que una familia autoritaria o autocrática no es la única que puede producir ciertas reacciones en sus miembros, principalmente en los hijos, sino también una familia democrática y/o complaciente que se quiere llamar anárquica, producen circunstancialmente diversas manifestaciones comportamentales que podrían generar conflictos internos. Pues el hecho que una familia cuyos padres den mucha libertad, no necesariamente establece un clima de confianza y seguridad, de buen comportamiento de los hijos.

Finalmente postula que la calidad de vida familiar y, a su vez el clima hogareño, reflejan a menudo el status socioeconómico de la familia. La clase de hogar con que cuenta la familia y su ubicación

53 en la comunidad, la vestimenta, el dinero que puede gastar el niño (refrigerios, útiles de escritorio, pasajes, etc.). y demás símbolos de status son elementos que afectan su status social en el grupo de padres.

En tal sentido: Baumrind (1980, p.27) asume que los estilos de crianza paternal “Es la manera en que los padres y las madres se relacionan con sus niños, tomando decisiones acerca de su cuidado, guía y (más tarde) disciplina”. Por su parte Quebles (1999, p.12), afirma que “Los estilos de paternidad son diferentes tipos de crianza, comportamientos, actitudes que toman los padres hacia sus hijos y que a su vez traen consecuencias que pueden ser negativos o positivas dejando secuelas durante toda la vida”. Según este estudioso, la palabra fundamental aquí es: “Actitudes, que asumen los padres”. En nuestra sociedad observamos a diario diversas actitudes de los padres, unos son permisivos otros autoritarios y sólo algunos son padres democráticos.

Específicamente refiriéndose a los autores podemos afirmar que ambos consideran que los estilos de paternidad están orientados a educar a través de la

54 interrelación o sea el comportamiento de los padres con respecto a los hijos, este comportamiento e interrelación se da en la cotidiana convivencia en el hogar.

El estudio de las modelos de crianza se relaciona con el papel de las tradiciones y de la cultura como trasmisora de conocimiento y con el papel que juega en el sujeto en la transformación de toda esa información. La familia es uno de los numerosos pequeños grupos cara a cara, que son denominados grupos primarios, cuya función esencial es la social o socializadora y en especial la del cuidado y crianza de los niños.

De otra parte, las relaciones interpersonales dadas en el seno familiar es una dimensión de análisis que trata de captar el modelo o las conductas predominantes de crianza que en ella se fomenta y que constituye una de las notas más singulares que la distingue de otros aspectos de análisis de la vida en común que llevan los integrantes de la familia. Contiene dos vertientes de análisis: a) el estudio de las relaciones tendentes a establecer lazos afectivos y emocionales entre los miembros de la familia, y b) el estudio de las relaciones que tienen como propósito el establecer controles y regulaciones en el proceso socializador de adquisición de normas y