Jurisconsulto, periodista y político de fama, a quien Roa y Erostar- be (1895), uno de sus biógrafos, lo califica como “adalid de la democracia española”.
Nació en esta ciudad el 6 de mayo de 1821 y murió el 30 de marzo de 1883. Fueron sus padres Francisco Javier de Moya, vinculista y Regidor perpetuo de Hellín, y María Josefa Fernández Reina, quienes lo pusieron a estudiar en el renombrado seminario murciano de San Fulgencio –sigue afirmando dicho autor–. En él cursó la Filosofía y después la carrera de le- yes en Valencia y Madrid, en donde se recibió como Abogado con tan solo 23 años de edad.
Más inquieto por la política que por las leyes, a los 25 años forma parte de la redacción del célebre periódico madrileño El Eco del Comercio, a través del cual y entre otros trabajos, publica una serie de valentísimos artículos políticos titulados “Estudios sociales”, los cuales llamaron mucho
Estampa dedicada a la figura de nuestro hellinero Francisco Javier Moya y Fernández.
(Biblioteca Nacional. Madrid).
la atención por su espíritu democrático. Tras la desaparición de este perió- dico, tomó parte sucesivamente en la redacción de otros, como La Enciclo- pedia, La Reforma Económica, La Asociación, El Eco de la Juventud y La Creencia. Juntamente con el malogrado Sixto Cámara dirigió en 1851 La Tribuna del Pueblo y más tarde La Voz del Pueblo.
Sus campañas periodísticas le abrieron enseguida las puertas de la política. Con el triunfo de la revolución de 1854, se le nombra Secreta- rio del Gobierno Civil de Cáceres, pasando después con igual cargo al de Cuenca, en donde permaneció hasta el cambio político de 1856. Con la caída de Espartero, Francisco Javier MOYA presenta su dimisión y se tras- lada a Albacete, donde abrió su bufete de abogado. Su gran inclinación por el periodismo le lleva a publicar aquí durante dos años consecutivos (1858-59) un periódico titulado La Semana, puramente progresista. En este último año era el único órgano de prensa que existía en esta capital, aparte del Boletín Oficial de la Provincia.
La muerte de su padre, Francisco Javier de Moya, vinculista y regi- dor perpetuo de Hellín –como queda dicho al principio–, ocurrida en el año 1860, le obligó a trasladarse a su patria chica, desde donde colaboró asi- duamente con el periódico madrileño La Iberia. Dos series de sus artículos tituladas “La cuestión previa” y “La fuerza de la reacción”, claramente an- tidinásticos, le supusieron a su autor un proceso en 1865. Al año siguiente pasó a Madrid como redactor-jefe de dicho periódico, distinguiéndose de nuevo como propagandista político.
Cuando el movimiento revolucionario de 1868, fue presidente de la Junta Revolucionaria del Hospicio, redactando después el manifiesto elec- toral de la Junta del partido democrático de Madrid. Al presentarse entonces como candidato a la Diputación de Albacete, publicó un notable manifiesto de sus ideas y compromisos políticos en el que se declaraba partidario de la soberanía nacional; la monarquía democrática, junto con reformas como el establecimiento del juicio por jurados; abolición de quintas y pena capital;
supresión del sistema bicameral; la descentralización administrativa, etc.
Fue elegido en 1869 como Diputado, formando parte de las Cortes Consti- tuyentes, votando la candidatura de Amadeo de Saboya.
A partir de entonces, su carrera política iba de triunfo en triunfo. En 1870, fue Director General de Estadística; en 1871, Director General de Agricultura, Industria y Comercio; en ese mismo año, Fiscal del Consejo Supremo de la Guerra y nuevamente Diputado a Cortes; en 1872, Senador por la provincia de Albacete, y en 1874, Ministro del Tribunal de Cuentas.
Después de la restauración borbónica, ingresó en el partido acaudi- llado por Sagasta, que en 1881, le nombró Fiscal del Tribunal de Cuentas,
siendo el mismo año elegido de nuevo Senador por la provincia de Albace- te. Estaba en posesión de varias condecoraciones, entre ellas, la Gran Cruz de Isabel la Católica y la Dignidad de Gran Oficial de Nischan Iftijar de Túnez, y perteneció a gran número de sociedades filantrópicas, las protec- toras de los niños y de los animales y plantas. Fundó, asimismo, la “Liga madrileña contra la ignorancia”.
Dejó escritos una serie de estudios de carácter político-social, ti- tulada “La ley providencial del progreso”, y “La teoría del derecho y del deber”, que publicó primero en La Revista de España y luego en volumen aparte, en 1881. Años antes había editado también una obra que “dio mu- cho que hablar”, aparecida en dos volúmenes con el título de La infalibi- lidad del Papa. (Del poder temporal y de la supremacía espiritual que se atribuye al Pontífice romano). Madrid, Imprenta de Sres. Rojas, 1871-72.
Posteriormente y ya en nuestros días, descubrimos otra publicación no ci- tada anteriormente, también del mismo año e imprenta denominada De la primacía del Papa, obra traducida libremente de la edición franco-latina.
Portada de los dos libros arriba reseñados. (El de la izquierda conservado en la Bibliote- ca del I.E.A. y el segundo colección del autor).
En 1875, MOYA FERNÁNDEZ había empezado a publicar una obra li- teraria de gran envergadura, escrita en colaboración con Agustín María de la Cuadra (primer fundador de la Acade- mia de Jurisprudencia y Legislación de Sevilla, entre otros méritos), de la que sólo salieron a la luz siete cuadernos.
Era un Diccionario geográfico, históri- co, estadístico, arqueológico, artístico, industrial, político, bibliográfico y bio- gráfico de España y sus posesiones de Ultramar, que se vio malogrado por la muerte de este galardonado y distingui- do hellinero, cuyo nombre ha quedado perpetuado desde 1986 en una calle de su ciudad natal dentro del popular y an- tiguo barrio del Carmen. Años antes lo decidió Albacete, su capital, eligiéndo- le una de sus más vistosas vías urbanas, como corresponde a la categoría de tan ilustre hombre público.
BIBLIOGRAFÍA:
-BAQUERO ALMANSA, Andrés, Hijos ilus- tres de Albacete, Madrid, 1884 (Biblioteca del I.E.A.).
-ROA Y EROSTARBE, Joaquín, Crónica de la
provincia de Albacete, Albacete, vol. II, 1895, pp. 408 a 412. (Biblioteca del I.E.A.).
-ESPASA CALPE, Enciclopedia Vniversal Ilvstrada, Madrid, vol. XXXVI, 1918, p.
1.543. (Biblioteca del I.E.A.).
-OLIVER, Ángel, Crónica y guía de las provincias murcianas, Madrid, 1975. (Colección del autor).
-FUSTER RUIZ, Francisco, Aportación de Albacete a la literatura española, Albacete, 1975, pp. 99 a 101. (Biblioteca del I.E.A.).
-MORENO GARCÍA, Antonio, Gente de Hellín, Albacete, 1982, pp. 92-95.
-OSSORIO Y BERNARD, M., Ensayo de un catálogo de periodistas españoles del siglo XIX, Madrid, 1903, p. 294. (Bibliografía según Fernando Rodríguez de la Torre).
-MORENO GARCÍA, Antonio, Miscelánea hellinense, Murcia, 1993, pp. 129-130.
-Enciclopedia de Castilla-La Mancha, Madrid, Ericsa, 92, vol. X, 1999, pp. 128-129.
(Biblioteca Pública de Albacete).
Francisco Javier Moya intentó, con esta obra, superar al famoso “Madoz”
pero su prematura muerte lo impidió.
Sí lo logró en los primeros cuadernos aparecidos que, como buen hellinero, los dedicó a su provincia. Eso sí hay que agradecérselo. Estos fascículos se conservan en el Archivo Histórico Provincial.