CAPÍTULO 4. LAS FORMAS DE HABLAR SOBRE LAS PERSONAS
4.2 Muerte y desaparición
En las narrativas de las desapariciones en el barrio hay una relación intrínseca entre la desaparición y la muerte. A diferencia de otras narrativas en donde se privilegia la ambigüedad para nombrar al desaparecido. Sobre todo, en los casos de desaparición en los que el tiempo de regreso de la persona desaparecida se ha ensanchado y la esperanza de que se encuentre con vida traspasa el umbral entre el duelo y el duelo irresuelto. La muerte trae
133 consigo la certidumbre de la partida, mientras que la desaparición habita la incertidumbre.
No es igual el asesinato de una persona pues genera un alto dolor, a una desaparición forzada que además genera altos grados de incertidumbre.
La relación que los vecinos hacen entre la desaparición y la muerte se puede deber a la necesidad de certeza que invaden las desapariciones de personas, incluso después de que el cuerpo anhelado haya sido encontrado y restituido. En los casos de desaparición — cobijados por la impunidad— Colombo (2017) advierte como en los espacios en donde se sabe se cometieron crímenes, hay siempre un esfuerzo de compresión de lo sucedido, una necesidad de que el cuerpo, las sensaciones, la relación con los objetos y los espacios crean un ensamblaje envolvente. Fueron varias las afirmaciones que consideran que quienes fueron desaparecidos están más cerca de haber sufrido una muerte violenta. Sobre esta relación pregunté a Fermín:
Raúl: y ¿qué hay de sus amigos qué no volvieron?
Fermín: Sí [...] después de que yo la libré se llevaron a Mario, un amigo mío. A él le encajaron un talache en la espalda. A Tacho, a otro de aquí también, nombre son varios, nomás que a todos les dieron piso. Sí, bastantes han muerto de aquí. Amigos míos.
Raúl: ¿Están desaparecidos o los mataron?
Fermín: […] Pues […] hay unos que, que…bueno, es que todo se sabe, los que andaban ahí entre la bola (con los Zetas) pues eran de aquí mismo, sabías de volada, le avisaban a otro y otro te decía a ti, pero bastante gente aquí ha muerto por ellos (22 de noviembre de 2019).
Cuando le pregunté a Fermín sobre jóvenes desaparecidos me dice:
Fermín: Hay bastante desaparecido chavalillo, pero ya no se han visto, ya les dieron piso también Raúl: ¿Sabe si sus familiares los siguen buscando?
Fermín: No, ya se dieron por vencidos, ya. Por eso de repente vienen y les dejan veladoras a San Juditas.
Lo digo porque de repente los miro en el Facebook que publican ahí. Pero bueno, yo digo que ya no van a regresar. El que se sube ya no regresa ahí. Gracias a dios, estoy contando todavía (22 de noviembre de 2019).
Sin embargo, esta relación entre la muerte violenta y las desapariciones no se expresa públicamente, mucho menos frente a los familiares de las personas desaparecidas. Al contrario de jóvenes asesinados en el barrio, la desaparición es un acontecimiento que cuesta expresar.
Esta diferencia de exposición pública entre la desaparición y la muerte violenta la noté con el caso de Jhona, un joven de la colonia que fue asesinado en un enfrentamiento por el ejército en la colonia las Palmas en Piedras Negras. Un vecino lo describe como un buen joven que después de una separación familiar comenzó a juntarse con su primo, quien en ese entonces trabajaba para los Zetas en la colonia. En ese tiempo era común que algunos
134 adolescentes trabajaran haciendo mandados, limpiando o lavando coches para los Zetas.
Muchos de ellos, al adquirir mayores responsabilidades tenían oportunidad de ganar más dinero. Antonio habló con él cuando Jhona comenzó a tener otros trabajos en la organización:
“cuando lo vi arriba de las trocas, le dije […] no pues ya tú sabes qué haces. Pero me dijo, pues qué más me queda que alivianar a la jefa. Después cambió, ya no era él mismo, se veía nervioso, ya no la rebanaba108”.
Los vecinos que hablaron sobre la muerte de Jhona, lo presentaban como una figura heroica, resaltando la valentía que implica enfrentarse a los militares y el acontecimiento en torno suyo se construye como una narrativa épica:
María: Esa colonia (Las Palmas) tiene unas calles cerradas y fue donde él ya no tuvo salida.
Antonio: Los soldados lo venían correteándolo, eran dos trocas de soldados, pero chocaron de frente con una troca y uno de ellos se volteó y las otras se le pegó a Jhona, pero se metió en una colonia en donde no tenía salida. No alcanzó ni a bajarse109 (entrevista, 4 de octubre, 2019).
Antonio me contó que después de su muerte, los jóvenes del barrio le dedicaron un corrido: “de cara a la muerte”. Esta canción se convirtió en el tema con el que identifican a Jhona. Aunque el narcocorrido trata sobre un ajuste de cuentas, Antonio dice que se reapropió para recordar la muerte de Jhona:
Cara a la muerte
Cuando llegaron las balas No era advertencia Ni coincidencia
Era la muerte en mi cara Tiempo que es vida Blanco ala mira
Asesinato me tenían rodeado En mi mente, mi familia En minutos repasé mi vida Puse fuerza, en mi cabeza Subí tiro a mi cuarenta Les di pelea110.
Jean-Louis Dédotte (2004) en su artículo titulado “las paradojas del acontecimiento de una desaparición” menciona cómo la “exposición de sí”, es una condición de la acción
108 Expresión que en el norte de México se utiliza para decir que una o más personas se juntan para divertirse.
109 Antonio y María no recuerdan exactamente la fecha de lo ocurrido. Sin embargo, la narrativa coincide con un enfrentamiento sucedido en diciembre del 2011, en donde 5 presuntos miembros de un grupo delictivo perdieron la vida por arma de fuego, cuatro en la ampliación del libramiento Pérez Treviño al oriente de la ciudad y el otro en Las Palmas II. En esta colonia, según el ejército, se aseguraron armas largas, cargadores de armas, cartuchos y vehículos. Un vehículo del ejército, por exceso de velocidad, se volcó en el libramiento Pérez Treviño (El Universal, 2011).
110 Ortiz, Gerardo, “De cara a la muerte”, Morir y existir: En vivo, Del Records Inc, 2011 [en línea], disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=6-0FQHfYfgg
135 política que le es arrebatada a la persona desaparecida y que esta carencia lo sitúa fuera de la ley absolutamente. En el barrio, ser un desaparecido y habitar entre la vida y la muerte marca una diferencia con aquellos que se expusieron a una muerte violenta. A la persona desaparecida, en el fondo, se le asigna una parte de responsabilidad por ser un desaparecido, mientras quien fue asesinado, se asume como un sacrificio. La insistencia de relacionar a las personas desparecidas con posibles homicidios muestra la necesidad de buscar sentidos a la desaparición. Si bien en estas narrativas se le asigna a la persona desaparecida la responsabilidad de su desaparición, también, al considerar al desaparecido como parte del mundo de los muertos, evoca el descanso eterno del ausente como una forma en la que se expresa el duelo colectivo que elabora la comunidad. Sin embargo, esta no se expresa a los familiares de personas desaparecidas como un acto de respeto a quienes aún tienen la esperanza de encontrar su ser querido con vida.
4.3 La construcción de la narrativa oficial sobre las personas desaparecidas en el barrio