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La negociación

CAPĺTULO IV. DE LAS ESTADĺSTICAS A LAS BIOGRAFĺAS

IV. 3 12 historias

IV.5 La negociación

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En una negociación por lo menos se debe cumplir un punto, el cual consiste en que ambas partes gocen de un poder más o menos igual; en el momento en que una de las partes tiene todo el poder, se pierde la posibilidad de lograr una verdadera negociación (García, 2009). En el narcotráfico se da la situación anterior, quien está a la cabeza de una organización delictiva tiene el poder y quienes laboran para él pocas veces pueden negociar con sus jefes. Lo anterior puede confirmarse haciendo una revisión a las entrevistas realizadas, en donde tan sólo cinco de las doce mujeres entrevistadas trataron de negociar las condiciones de trabajo; más que una negociación, puede decirse que fue un reclamo ante el inminente riesgo de ser detenidas, incluso una de las entrevistadas no estuvo de acuerdo en el pago que recibía por la droga que cruzaba. El resto de las mujeres entrevistadas aceptaron el trato desde un inicio, sin dar pie a una negociación entre ambas partes.

En las doce entrevistas realizadas se indicó que al momento de iniciarse en el narcotráfico, se les dijo cómo iban a trabajar, dónde recogerían la mercancía en México, hasta dónde debían entregarla al cruzar el vecino país, así como la forma de pago. Además se les indicó que en caso de ser descubiertas no delataran a alguien y, en algunos casos, que las ayudarían si eran detenidas al cruzar la droga. Todo indica que era un monólogo, en donde el único que hablaba es el que contrataba y las entrevistadas aceptaban sin poner condiciones a las indicaciones que recibían. Sin embargo, los desacuerdos surgían cuando estaban trabajando.

Zila, en algunas ocasiones, llegó a sentirse amenazada; pues le decían que sabían dónde vivían ella y sus hijos, dónde vivía su madre, tenían fotos de sus hijos. Incluso le decían que si llegaba a salir algo mal, ellos tenían ubicada a su familia; pero esa situación no la atemorizaba, ya que ella sentía que de alguna manera tenía el control y los retaba.

Judith: ¿Con qué los retabas?

Zila: Con la droga que me decían que pasara, porque yo les decía que si yo quería, yo la pasaba y si no, no; a mí me necesitaban ellos para hacer lo que ellos querían y quien los tenía al mando, según yo… yo era la fuerte, yo era la inteligente, porque ellos me ocupaban a mí y yo no a ellos, así lo miraba yo.

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Aun cuando reconoció que nunca puso condición, su declaración anterior permite darse cuenta que tampoco obedecía las reglas al pie de la letra. Por otra parte, el caso de Belén es diferente porque ella sí llegó a negociar o, más que negociar, a poner condiciones cuando sentía que podía ser descubierta.

Judith: ¿Ponías condiciones?

Belén: A veces sí, no me gustaba cuando me traían las cosas, el carro, a veces miraba cosas que no me gustaban.

Judith: ¿Cómo qué?

Belén: Una vez me trajeron el carro, quebrado el vidrio, y miraba así detallitos que no…

Judith: Si mirabas esos detalles, ¿no lo cruzabas?

Belén: No lo cruzaba.

Y aunque no es en sí una negociación, al menos no aceptaba al pie de la letra las órdenes que recibiera; opone resistencia a lo que ella considera un trato injusto, un carro que llama la atención por algún desperfecto y probablemente la ponga en evidencia.

El caso de Dalila es muy similar al anterior, ya que ella no se sentía cómoda con el carro que usaba para cruzar la droga, y su única solicitud era que lo cambiaran. De ahí en fuera nunca puso algún tipo de condición, el acuerdo ya estaba dado desde un inicio y ella lo aceptaba.

Judith: ¿Alguna vez pusiste condiciones?

Dalila: Este… no… alguna vez sí les pedí que me cambiaran de carro porque era como que cada que pasaba, si era este… era como un carro muy… como te digo…

que siempre lo revisaban, que llamaba mucho la atención, entonces sí yo les decía que me dieran otro tipo de carro.

Judith: Nunca te dieron otro carro.

Dalila: Nunca.

María fue una de las mujeres que también puso condiciones, pero no fue al inicio, sino cuando estaba traficando la droga, es decir, en plena operación. Tampoco es una negociación propiamente dicha, pero al menos hizo valer su voz, aun cuando estaba en desigualdad de poder.

105 Judith: ¿Llegaste a poner condiciones?

María: Sí, después.

Judith: ¿Qué tipo de condiciones?

María: Que si ya estaba más grande el paquete, ya tenía que ser más; me tenían que pagar por lo que llevaba, no por viaje.

Al parecer, el desacuerdo tenía que ver con el pago que recibía por su trabajo. Desde un inicio el acuerdo era que le pagaban por viaje, sin embargo, el tamaño de los paquetes fue creciendo sin que el pago aumentara, situación que molestaba a la entrevistada, ya que podía ser descubierta con mayor facilidad, y aunque estaba en desigualdad de poder, expresó su inconformidad.

En la mayoría de las entrevistas no hubo una negociación por parte de las mujeres, quizá por la inexistencia de igualdad, algo difícil de ocurrir en este tipo de relaciones laborales. Además pudo influir su condición de mujeres y el hecho de formar parte del eslabón más bajo en esta actividad; esto les impide negociar sus condiciones de trabajo, el pago que reciben y hasta la magnitud de su responsabilidad. Es importante decir probablemente la situación no cambie con los hombres denominados “burreros”, ya que también pertenecen al escalafón inferior.