CAPĺTULO V. DE LAS ESTADĺSTICAS A LAS BIOGRAFĺAS
V.4 El retorno
“El regreso de una madre o padre a la familia al salir de la cárcel es un reto para todos los involucrados [ya que este] cambio puede ser tan perturbador como lo fue el mismo
131
encarcelamiento” (Robertson, 2007:7), por ese motivo y buscando comprender un poco más su experiencia, se le pidió a las entrevistadas que hablaran del momento en que terminaron su sentencia y se enfrentaron a la deportación, así como del proceso que vivieron al momento de regresar con sus seres queridos. Cómo se incorporaron al mundo laboral y cómo enfrentaron psicológicamente su regreso, ya que, como indica Robertson (2007), es una experiencia igual de difícil que el encierro.
A partir de la información proporcionada por ellas, fue posible conocer el proceso que atraviesan una vez que son liberadas, experiencia que no terminó ahí, pues señalan que viven con ella el resto de sus vidas debido a que no todas logran superarla. La primera en responder la última parte del cuestionario fue Dalila.
Judith: ¿Cuándo finalizó tu sentencia?
Dalila: En noviembre del 2010, no recuerdo exactamente el día, creo que fue el 16 o algo así, no recuerdo exactamente.
Judith: ¿Pensaste en alguno momento en volver a traficar con droga?
Dalila: Sí, porque no tenía trabajo y el dinero que supuestamente yo había dejado ya no estaba, entonces sí era como de que tengo que hacer algo […]; ya después pensé,
“pierdes más de lo que ganas”.
Judith: ¿Cómo fue el proceso al volver con tu familia, con tus amigos y con tus hijos?
Dalila: Le afectó muchísimo [a la familia] porque yo era como que el pilar de… para empezar mi casa, mis hijos siempre vivían conmigo y dependían de mí y de mi familia también, porque era de, “¿dónde nos vamos a ver?”, “en la casa de Dalila”, o sea, ya todos… Era como el punto de reunión, que llegaban mis hermanas y todos a mi casa o, si no, yo organizaba, no pues, con mi mamá y así; entonces, cuando pasó esto, todos, como que hubo una separación también entre la familia fíjate […] mis hijos, los más chiquitos, de hecho el más chiquito no vive conmigo y el otro niño pues tenía dos años, ese sí era como que un abrazo y no me abrazaba y él era cariñoso, entonces sí fue un poquito, pero con los más grandes no tanto, como que ellos sí se acordaban un poquito más de mí, entonces ya mi hija me ayudó con mi otro niño, que dale esto a mamá, y ahorita otra vez ya vuelve a abrazarme y a besarme como antes.
Judith: ¿Cuánto tiempo tardaste en buscar trabajo, cuánto en conseguirlo?
Dalila: Pues yo salí en noviembre y empecé a trabajar en abril.
Judith: ¿Buscaste ayuda psicológica?
Dalila: No.
Judith: ¿Cuánto tiempo tardaste en olvidar la experiencia que viviste?
Dalila: No te olvidas de un día a otro, igual todavía recuerdo y… pero a personas que están ahí o así, pero sí tardé un poquito en ubicarme, como que ya estaba aquí, que ya, […] Yo creo que ya cuando empecé a trabajar, ya fue así como empezarme a
132
adaptar y como empezar a olvidar un poquito más, pero los primeros días sí me acordaba… […] de la rutina que ya me había hecho cuando estaba ahí.
Judith: ¿Sientes que te afectÖ de forma negativa?
Dalila: Pues no de forma negativa porque aprendí muchísimo, yo siento que me ayudó a mí como persona dentro de todo lo que viví, sí me ayudó.
Judith: ¿En qué te ayudó?
Dalila: Este, a salir adelante, porque, por ejemplo, pude terminar la preparatoria allá, pude encontrar trabajo [gracias a eso].
Judith: ¿Cuándo terminó tu sentencia?
Belén: el 3 de junio del 2010.
Judith: ¿Qué pensabas hacer cuando salieras?
Belén: Pues a dedicarme a mis hijos, quería reponer poquito el tiempo que había estado sin ellos, […] quería trabajar, aunque ya es hora de que no me pongo a trabajar.
Judith: ¿Cómo afectó a tu familia el hecho de que estuvieras detenida?
Belén: Pues sí afectó, en forma de que hubo algunos pequeños detalles ahí.
Judith: ¿Cómo cuales?
Belén: Pues que dejaron de hablarle a mi esposo y todo.
Judith: ¿Tu familia?
Belén: Sí, porque piensan que por culpa de él yo hice esto, pero no entienden que fue mi culpa, fue mi culpa, yo lo quise hacer.
Judith: ¿La relación con tu esposo, con tus hijos?
Belén: Pues no, no fue tanto, porque siempre estuvieron conmigo.
Judith: ¿Cuándo finalizó tu sentencia?
Eva: 8 de noviembre del 2009.
Judith: ¿Cómo afectó a tu familia?
Eva: Cuando yo llegué, me costó mucho trabajo ganarme más a mi hija, a la mayor, […] todo el tiempo que estuve allá, ella llegó a pensar que yo estaba de vacaciones, y vivía allá con otra familia, ella sí lo llegó a pensar, y eso no estaba bien, mejor preferí decirle […] Ella sabe donde estuve.
Judith: ¿Cómo fue el proceso de adaptarte nuevamente a la libertad?
Eva: Fue muy difícil adaptarse otra vez a la sociedad, tu mundo lo haces allá, ese mundito allá se queda, allá se debe quedar porque tú no perteneces a ese lugar, tú perteneces aquí, pero como te haces a la idea de que tu lugar es ahí [la prisión]… es difícil, pero te adaptas, porque aquí está lo que tú quieres, lo que tú has vivido siempre.
Judith: ¿Pensaste en volver a traficar, cuando regresaste?
Eva: No, y créeme que no volví a ver a ese tipo de personas, pero muchos conocidos míos han vivido siempre de eso… las oportunidades siempre se pueden dar, pero a manejar, trasnocharme, ya no.
Judith: ¿Cuánto tiempo tardaste en empezar a buscar trabajo?
133
Eva: Más bien me metí a estudiar… se puede decir que vivo de mis rentas, de una casa que [teníamos] en común mi esposo y yo, me he dedicado más a lo que es mi casa, mis hijos.
Judith: ¿Actualmente no trabajas?
Eva: Actualmente no trabajo, sólo me dedico a lo que es maquillaje y uñas, pero es por citas, no tengo un horario fijo.
De acuerdo a Robertson (2007), no existe un acuerdo respecto a si se le debe decir a los hijos/as que su padre/madre está en prisión, ni cuándo se debe hacer. Para Eva, el momento indicado fue cuando supo que su hija mayor creía que estaba de vacaciones, que tenía otra familia y que se había olvidado de ella y su hermano. En algunos casos, mantener en secreto el encarcelamiento puede disminuir el trauma que el acontecimiento significa; sin embargo, aquellos niños que no saben lo que está sucediendo pueden volverse “ansiosos y temerosos” (Parker y Alison 2001 en Robertson, 2007:11).
Judith: ¿Cómo fue el proceso para adaptarte nuevamente a la libertad?
Raquel: Me sentía muy rara, me sentía… volteaba para todos lados… no creía que estaba libre, sentía algo muy extraño, duré bastantes días para poder adaptarme, sólo me la quería llevar en mi cuarto encerrada […] tardé más del mes en adaptarme de nuevo.
Judith: ¿Pensaste en algún momento en volver a traficar con droga?
Raquel: No, jamás.
Judith: ¿Cuánto tiempo tardaste en empezar a buscar trabajo?
Raquel: Duré como unos ocho meses, sin trabajar, buscaba trabajo pero no había, habían cerrado muchas fábricas […]. Empecé a trabajar con una señora en un taller de costura, de ahí me salí porque quise estudiar para las uñas [acrílicas].
Judith: ¿Cómo fue el proceso de adaptarte nuevamente a tu familia, a la libertad?
Sarai: Me pasó igual como estaba allá, rápido me adapte allá y rápido me adapte aquí.
Judith: ¿Pensaste en algún momento en volver a traficar con droga?
Sarai: Algunas veces sí, algunas veces miraba yo que no estaba bien y que ahora estaba mucho más feo que cuando uno empezó.
Judith: ¿En qué aspecto?
Sarai: Más peligroso, en la manera que hay muchas muertes, antes yo creo que no había tantas, en las garitas están muy duros.
Judith: ¿Cuánto tiempo tardaste en buscar trabajo?
Sarai: Yo salí en marzo, encontré trabajo en enero, nueve meses.
Judith: Mientras, ¿quién te mantenía?