de las familias tradicionalmente dedicadas a la producción comercial, con lo que se busca la permanencia de las nuevas generaciones pero alrededor del ofrecimiento de experiencias directamente en los lugares donde se produce el café que incluyen visitas a las fincas ambientadas para que los visitantes puedan hospedarse y vivir la experiencia de la selección, transformación y degustación del café. En este rubro ya se han iniciado las fincas que hacen parte del “eje cafetero”. Al ser este un espacio donde el café inició su expansión a partir de la colonización apoyada con recursos del Estado colombiano, las condiciones de operación, procesamiento y comercialización son diferentes a las que existen por ejemplo en el Cauca, hacen posible el desarrollo de condiciones de infraestructurales de mayor atractivo turístico. El turismo cafetero está asociado también en algunos lugares al turismo de aventura donde son importantes los paisajes naturales como el Valle del Cocora, poblaciones locales con estilos de vida relajados como Salento, en Armenia, que ya forman parte del “paisaje cultural cafetero”, reconocido por la UNESCO.
El involucramiento de sectores de gobierno como el Ministerio de Defensa se planteó como una demanda fundamental para convertir a los territorios cafeteros en espacios seguros para los turistas extranjeros “porque es la imagen del país”, y lo que se busca es ampliar o modificar la que se tiene de Colombia como productor de cocaína y promotor del narcotráfico.
En México, algunas experiencias del turismo vinculado al café basadas en experiencias cooperativas de producción, las han puesto en marcha las bases de apoyo zapatistas y la Tosepan Titatanaiske de Puebla. Por su parte, la CESMACH también ha iniciado propuestas de visitas a los lugares donde sus miembros producen el café con apreciación y valoración de los procesos sucesivos de producción. Estos son esfuerzos colectivos de producción, comercio y reconocimiento justo a la relación valor-trabajo. Falta replicarlos.
En 2019, una noticia dentro del gremio cafetero posicionó nuevamente el debate inacabado sobre el comercio internacional del café, la situación de vulnerabilidad de los productores debido a las fluctuaciones de los precios internacionales del grano, y cuáles podrían ser las estrategias para una comercialización alternativa, más equitativa entre países exportadores e importadores, y con remuneraciones más justas para los pequeños y medianos productores. La declaración del director de la Federación de Cafeteros respecto a la posible salida del café colombiano de la bolsa de Nueva York, aspecto que fue respaldado por el director de extensionismo del Cauca, en entrevistas.
“Quien dijo esa frase que “el café debe salir del Contrato C de la Bolsa de Nueva York, fue el gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, don Roberto Vélez Vallejo, pero realmente lo que decía no es que se salga sino dejar de tener de referente para el café la bolsa de Nueva York. Debe haber alternativas en las que los caficultores puedan llegar a tener mejores precios, y no estar basados solamente en la cotización de la bolsa de Nueva York. Porque en la bolsa de Nueva York negocian todos los contratos de materias primas bajo el contrato que llaman Contrato C, pero allí entre quienes negocian café ¿hay algún caficultor, metido en ese tipo de negocios? No hay ninguno. ¿Hay algún torrefactor de esos?
Tampoco lo hay, o sea que son unos intermediarios, especuladores del negocio del café que están intermediando eso para tener un producto ahí que no beneficiaría al productor ni beneficiaría al torrefactor, a ninguna de las dos puntas de la cadena. Por eso es lo que decimos, tratemos de poner el Contrato C y tratemos de poner en contacto el productor con el consumidor final. Pues si nosotros hacemos que nuestra cadena de valor del café tenga menos intermediarios va a haber un valor que se transfiera desde aquí hasta acá y del que puedan beneficiarse las dos puntas. Yo creo que el final de la historia ahí es que si el café deja de ser económicamente viable para los 82 países productores de café en el mundo entonces habrá que buscar otra alternativa y se van a ir de este negocio pero también cuando se aparezcan estos productores de la materia prima, este torrefactor que se encuentra en el otro extremo de la cadena se van a ver afectados. Entonces lo que están buscando es tener un contacto directo y compartir ese valor final del café entre toda la cadena de producción. De crecimiento y en toda la cadena de valor de la caficultura. Es una apuesta yo creo que difícil, pues el mercado lo mueve, pero debe haber una alternativa. Lo que hicimos en Toribío, lograr vender un café a 19 dólares cada libra pone al caficultor en una posición totalmente diferente que al que los está vendiendo a otro precio.
Y en ese caso 40 caficultores del departamento del Cauca son la muestra que se puede hacer, vender un café a mínimo 2 dólares con 50 centavos la libra, eso ya es un precio justo, mínimo a eso. Entonces esa es una propuesta ha hecho el gerente, el dejar como único referente para el café, la bolsa de Nueva York, porque como uno ve las cosas, es un sistema perverso, un sistema de especulación del mercado. Lo que están negociando son documentos no el café
en la vida real. Esa es la posición de él, y la compartimos sin duda.” (Solarte, 2019).
Un elemento básico a considerar en una nueva dinámica de comercialización del café, tiene que ver con los sectores que tercian la compra y en ello extraen una parte más del capital que el campesino cafeticultor ha depositado con su trabajo.
Sean pequeños coyotes en las plazas de mercado, grandes gremios cafeteros a nivel nacional que aseguran la compra del grano, o enormes empresas compradoras que compran a mejores precios y lo revenden en el extranjero, las relaciones sociales de producción están dominadas por la intermediación de la compra, que es reflejo de la extracción y acumulación de capital en esta actividad productiva.
Una nueva dinámica de comercio del café, pondría en un lugar privilegiado a los pequeños productores, pero no de manera individual, lo cual sería sumamente difícil conociendo de antemano las pautas que impone el capital a nivel mundial:
la división internacional del trabajo en la que el pequeño campesino que es a la vez la base sine qua non en el mercado del café, resulta el más castigado por su constitución como pequeño productor que sólo posee su fuerza, la de su familia y la tierra; por la misma labor que le genera un complemento para su sobrevivencia pero a la vez lo hunde. La conjunción de los esfuerzos campesinos ya demuestran desde hace tiempo y con experiencias ejemplares, que lo colectivo puede y debe suplir a los sectores que no sólo tercian la compra sino que también eliminan una parte constitutiva de la producción de café en sus determinaciones sociales y no sólo económicas, es decir, los elementos culturales y simbólicos en los que nacen, florecen y se transforman las matas de café, y que identifican tanto a los granos como a las familias que lo procuran.
Elementos que observamos entre las familias indígenas cafeticultoras en Los Altos y en el Cauca, que nos proponemos comprender a través del intercambio dialógico que ya se ha iniciado y que se expresa en los siguientes apartados.
3 “Estuvo feo, pero sí lo vivieron y con chicote”
Utilizamos la categoría de formación social para comprender la participación de México y Colombia como países productores en el comercio internacional de café, así como para indagar el devenir histórico de las economías campesinas de Chiapas y el Cauca que obtienen un ingreso complementario por esta actividad.
A nivel nacional, su desarrollo como economías agroexportadoras está sustentado en el nivel conceptual de las relaciones de producción, lo que es igual a relaciones de explotación del trabajo campesino y de la acumulación de capital en forma de fuerza de trabajo.
Proponemos un esbozo para abordar cómo las formaciones sociales mexicana y colombiana se vinculan respectivamente a la economía mundial a través de la división internacional del trabajo agrícola, considerando el desarrollo de la caficultura como una de las actividades más importantes en el perfil productivo de ambos países. De las respectivas historias de la cafeticultura mexicana y colombiana, con sus propios cambios en el carácter diacrónico del tiempo, se desprenden relaciones sociales de producción, formas de trabajo y extracción de excedente en su especificidad geográfica. Pero tanto en México como en Colombia, la economía campesina como forma social del trabajo, de la que hace parte el café, se vincula al mercado internacional de manera sustantiva.