• No se han encontrado resultados

Nuevos actores: conflictos políticos, migración y relación con la autoridad

CAPÍTULO IV. RESULTADOS DE LA INVESTIGACIÓN

2. Nuevos actores: conflictos políticos, migración y relación con la autoridad

122

REFLEXIONES FINALES

1. Introducción

Esta investigación tiene como objetivo comprender la importancia de los migrantes organizados en los conflictos políticos que estructuran el sentido de comunidad. San Miguel Tlacotepec, en el corazón de la Mixteca oaxaqueña, constituye un caso metodológicamente estratégico por su historia de conflictividad y de participación de los migrantes organizados desde la década de los ochenta del siglo XX.

A partir de los principales hallazgos de este estudio, se puede concluir sobre dos ámbitos empíricos con consecuencia teóricas: en primera instancia, la relación entre migración y conflictos a través de la formación de nuevos actores políticos; y en segunda instancia, las bases de las disputas simbólicas y morales en esos conflictos con consecuencias en el sentido de comunidad.

123

De esta manera, el juzgamiento de los líderes migrantes hacia las cofradías tuvo una lectura de crítica al partido dominante. Mientras los migrantes estaban movilizando una demanda soterrada en la voz de muchos de ellos situados en los campos agrícolas de México y Estados Unidos, señalaban los endeudamientos asociados a las fiestas como una razón detonante de su migración.

Esto introdujo la concepción de un sentido distinto de justicia en la comunidad que desafiaba las clasificaciones sociales entre la gente de razón y gente de costumbre.

La experiencia compartida de despojo tanto de los líderes como de un buen número de tlacotepenses (jornaleros agrícolas) permitió sentar las bases de legalidad de estos nuevos actores a partir de un nuevo discurso del bien comunitario; más también evidenció a los migrantes como poseedores de recursos económicos para financiar las actividades comunitarias, lo que permitió poner en duda a los actores que obtenían prestigio por las vías tradicionales y afirmaban su carácter superordinado al subvencionar las fiestas. Este proceso se puede considerar como una primera capa del conflicto.

La segunda capa corresponde a las alianzas que establecen los migrantes en las comunidades de origen. Debido a que fue posible identificar en San Miguel Tlacotepec la alianza que se generó entre los migrantes organizados y los maestros locales, se permitió el inicio de un proceso hegemónico que colocaba en el centro al antagonismo entre este grupo y los priistas locales. Los migrantes y maestros pretendían reducir el papel de las autoridades tradicionales que coincidían con la ideología del partido hegemónico. Los mecanismos que utilizaron para convertirse en gobierno local es un aspecto que condensa la experiencia de estos actores en movimientos populares: la protesta, la presión y el despliegue de acciones públicas que los hicieron enfrentar a los priista y se incorporan como prácticas políticas legitimadas por la comunidad.

La tercera capa del conflicto alude a las subordinaciones de género en la política comunitaria.

Las mujeres aparecen como personajes clave para generar las bases de legitimidad de los actores comunitarios, y en la disputa faccional de 2001 se colocan como generadoras de un lenguaje contencioso que posiciona a uno u otro líder. Además, crean una forma de hacer política cuyo foro principal es la asamblea comunitaria y también fungen como articuladoras de los discursos de unidad basados en principios morales. Tal como se ha planteado, si bien las mujeres se encuentran en un ámbito en el que se mantienen las jerarquías de género, éstas han utilizado estrategias que les han permitido tomar presencia en la toma de decisiones, desempeñándose

124

como consejeras de los esposos y reforzando de esta manera el principio de “amor al pueblo” y

“querer al pueblo” para criticar la extracción de los recursos económicos por parte de los líderes, partidos y organizaciones.

2.1 Liderazgos y relaciones con la autoridad comunitaria.

En el entendido de que existen diferentes tipos de líderes, toma relevancia el caso de Arturo Pimentel, el líder migrante/popular. Se considera que el liderazgo de este migrante se constituyó como una figura superpuesta a la autoridad formal, de un redistribuidor y como “gran hombre”, en términos de Sahlins (1979). Mientras que Juan Gutiérrez, el maestro, lo hizo como una figura que creó lazos institucionales al convertirse en diputado y luego en funcionario del gobierno estatal, generando otro tipo de intermediación y configurándose como un gestor y redistribuidor.

Las diferencias entre ambos liderazgos se expresan con mayor claridad entorno a las características atribuidas por sus seguidores, que expresa una disputa por la representación cultural. Arturo Pimentel pasó de actuar de buena fe a “hacerle daño al pueblo”, según algunos testimonios, recalcando que lo importante para sus seguidores radica en el primer aspecto, “su buena fe”, que lo llevó a desempeñarse como redistribuidor de los recursos del Estado y de las comunidades satélite al interior de la comunidad, elementos que lo colocaron como benefactor y protector de la comunidad. Además, su liderazgo adquiere mayor densidad simbólica con su muerte debido a su sacrificio por el pueblo.

El carisma basado en su personalidad, por el contrario, es un fenómeno de carácter colectivo.

En este aspecto es importante hacer notar, tal como ha señalado Zárate (1994: 158), que para el caso de los purépechas, la personalidad del líder es producto de la combinación de diversas tradiciones culturales. Para el caso de Arturo, en este estudio se considera que su carácter está delineado por la tradición comunitaria, por el nacionalismo derivado de su breve formación como profesor, por las luchas populares y obreras de corte socialista, y por el movimiento de migrantes en Estados Unidos de corte democrático. De ahí que haya adquirido una identidad excepcional a los ojos de algunos activistas y de sus seguidores. Sin embargo, al asumir el papel de guardián y benefactor de la comunidad, recurrió a la manipulación en aras de conservarse como el único líder. Su “buena fe” terminó en 2001 cuando se muestra iracundo e injusto en la destitución de Ramiro León. Aunque tal como se ha advertido, para aquel momento ya era

125

cuestionada su personalidad entre los migrantes organizados de California, quienes lo identificaban más como un cacique o caudillo que como un líder democrático.

Las críticas al líder asumen que éste se volvió un «extractor del pueblo», «abusivo»,

«mujeriego», entre otros calificativos. En este sentido, en este estudio no es posible definir si su estilo de liderazgo lo coloca como un cacique o un caudillo más bien habría que problematizar si los migrantes crean otras formas de caciquismo y si éstas difieren del de otras figuras autoritarias no-migrantes. Es posible considerar que el líder se convierte en la voz de una comunidad que carece de mecanismos para colocarse en la esfera pública, de ahí la necesidad y el poder que alcanzan los mediadores (Lomnitz, 1999: 1948). Por otra parte, el carácter simbólico que adquieren los líderes se manifiesta en los recuerdos de sus seguidores, quienes asumen que la historia de estos personajes es la de ellos y ellas mismas y de su visión del orden social.

Con respecto al conflicto, los nuevos liderazgos introducen nuevos recursos que les serán disputados hacia la primera década del siglo XXI. Estos recursos son su influencia en las redes migratorias, pues los recursos del Estado son manejados por las financiadoras en Estados Unidos. Además de esto, es capaz de construir un tejido de apoyo local basado en el compadrazgo, la amistad y las relaciones familiares, sin mencionar la disputa por el manejo mismo de la organización con Juan Gutiérrez.

El éxito de estos nuevos líderes radicó en insertarse en una cultura política patrimonial local que se conecta a la idea de autoridad como un padre que guía (Bartolomé, 1997), presente en las comunidades mixtecas y no como un ruptura con esa lógica. No obstante, en San Miguel Tlacotepec ha existido un ethos que justifica el autoritarismo, a partir de lo que Lomnitz (2005) ha llamado reciprocidad negativa que justifica la presencia y un lenguaje estatal y la inauguración de una relación recíproca a partir de un acto coercitivo. Es esta la crítica que hacen a Arturo Pimentel, pues el daño a la comunidad se basa en haber adquirido, al paso de los años, un carácter más autoritario y abusivo con quienes colaboraba al no poder insertarse como una figura de autoridad que basara su legitimidad en algo más allá que el respeto, el cual pierde rápidamente al introducirse un elemento democratizador importante: el de la rendición de cuentas exigido por los migrantes en California.

126

3. La costumbre revisitada: bases morales de los conflictos y sentido de comunidad

Documento similar