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El establecimiento de la Compañía Lancasteriana en 1822 significó una realidad para la sociedad mexicana que buscaba disminuir los índices de analfabetismo, pues con su método de enseñanza mutua, es decir los alumnos más avanzados enseñaban a sus compañeros principiantes, se logró que el número de alumnos inscritos en zonas urbanas aumentara pues atendía también a los niños pobres. Tal fue el éxito de la Compañía Lancasteriana que para 1842 tuvo a su cargo la Dirección General de Instrucción Primaria en todo el país –misma que duró aproximadamente tres años-. Las primeras escuelas normales fueron establecidas bajo el régimen lancasteriano –refiriéndonos a normales como lugar en el que se norma la enseñanza- en un curso que iba de los cuatro a los seis meses (SNTE, 2012: 3).

Una vez considerado el magisterio como carrera, en Orizaba, Veracruz en 1887 se inauguró una escuela que contaba con un Plan de Estudios de 49 cursos en 4 años; y en el mismo año se inaugura en la Ciudad de México la Escuela Normal para Profesores, sumando así para 1900 cuarenta y cinco escuelas. Tan solo unos años después -1906- se crea la Escuela Nacional de Altos Estudios, encargada de formar a los profesores de Alto Nivel e Investigadores, reuniendo a los mejores en ciencia y arte que coordinaban la

investigación científica del país. Sin embargo este crecimiento se vio interrumpido por una crisis provocada por la Revolución Mexicana (SNTE, 2012:4).

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) es heredera de la Universidad de México, su fundación data del año 1955, que se gestó por Cédula Real. Su organización fue similar a la Universidad de Salamanca. Es decir, formada por cuatro facultades

“mayores” –Teología, Cánones, Leyes y Medicina-, una “menor” –Artes- y cátedras varias (UNAM, 2013).

En septiembre de 1910 la educación media superior y superior mexicana se reorganizan y vigorizan con la inauguración de la Universidad Nacional de México, que reúne a escuelas nacionales fundadas a lo largo del siglo XIX -Preparatoria, de Jurisprudencia, de Medicina, de Ingenieros, de Bellas Artes- y a la recién creada Escuela de Altos Estudios (UNAM, 2013).

Esta institución fue la primera en ofrecer cátedras en el continente americano. En ella se formaron los propios doctores que conformarían el claustro universitario, así como los profesionales del periodo virreinal -clérigos, abogados, administradores y médicos-.

Durante el primer siglo de vida independiente de México, la Universidad es clausurada y reabierta en diversas ocasiones, y se fundan nuevos colegios o establecimientos de educación en sus diferentes tipos y modalidades (UNAM, 2013).

En la etapa de la postrevolución se buscó una educación orientada hacia el pueblo. Se estableció la educación rural, la educación indígena y la enseñanza técnica. El término de justicia social modificó el sistema de enseñanza. La secretaría de instrucción pública fue sustituida por la Secretaría de Educación Pública (SEP) en 1917 (SEP, 2011).

Para ese periodo el proyecto de la SEP contempló una estructura departamental similar a la planteada por las instituciones de educación superior. Asumiendo el cargo de secretario, José Vasconcelos realizó una ardua labor con la educación. En el año de 1921 la plantilla de maestros de educación primaria era de 9, 500; para 1929 llegó a los 25 mil. En ese año hubo una expansión de escuelas preparatorias (SEP, 2011).

Esta influencia también tuvo su efecto en la fundación de las universidades estatales como la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (1917), la Universidad de Sinaloa (1018), la Universidad de San Luis Potosí (1923), la Universidad de Yucatán (1922),

Universidad de Nuevo León (1933), la Universidad de Puebla (1937) y la Universidad de Sonora (1942) (Maya, 2012:106).

Por su parte, el Instituto Politécnico Nacional (IPN) surge en 1932, con la idea de integrar y estructurar un sistema de enseñanza técnica, en este proyecto participaron destacadamente el licenciado Narciso Bassols y los ingenieros Luis Enrique Erro y Carlos Vallejo Márquez. La institución se cristalizó en 1936, gracias a Juan de Dios Bátiz entonces el senador de la República y el general Lázaro Cárdenas del Río presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, quien se propuso llevar a cabo los postulados de la Revolución Mexicana en materia educativa; dando origen al IPN (IPN, 2013).

La educación superior mexicana de carácter público se distinguía por su fisonomía dual determinada por la presencia de dos tipos de instituciones diferentes entre sí, que coexistirían por varias décadas: las universidades y los tecnológicos. La educación técnica tuvo que hacerse por iniciativa y bajo el control del Estado, en parte debido a la renuencia de las universidades de esos años a hacerse cargo de la formación de hombres calificados en el manejo de la técnica (Ruiz, 2011: 38).

En el siglo XIX la necesidad de varios países emergentes vieron la fundación de las escuelas técnicas superiores una vía idónea de “alfabetización” del conocimiento científico y técnico entre los gremios artesanales, que permitieran entender códigos de operación, mantenimiento y reparación de las máquinas más sofisticadas de la época, indispensable para el desarrollo económico y el progreso material (Ruiz, 2004. Citado por Ruiz, 2011:37).

La creación de estos institutos se realizó mediante la intervención directa del Estado, buscando alcanzar los siguientes propósitos:

 Preparar recursos humanos con las habilidades y conocimientos basados en la ciencia, los avances tecnológicos, siguiendo los códigos de racionalidad y abstracción necesarios para la comprensión y operación de la nueva maquinaria de la producción manufacturera.

 Construir una capacidad tecnológica que sirviera de sustento al proceso de industrializador y, con ello asegurar una armónica articulación al capitalismo industrial imperante en esos años.

 Crear los cimientos para favorecer la intensificación de la actividad febril con base en la nueva división del trabajo y el cambio tecnológico, que rompería con la producción artesanal (Ruiz, 2011: 39).