El manejo integral de cuencas busca además de la gestión de los recursos hídricos y el control de los procesos que los degradan, la conservación del resto de los recursos na- turales dentro de la cuenca como son el suelo, la vegetación y la fauna. Esto obliga a pensar independiente de la escala en que se esté trabajando (comunitario, local o regio- nal) en la necesidad de un contexto con alto grado de participación social en donde la cooperación y la coordinación son condición indispensable para el éxito del instru- mento. La forma de esta participación está determinada por los objetivos del proyecto,
involucrados en la problemática y la capacidad de decisión sobre el uso y manejo de los recursos naturales (nivel de gobernanza) (Cotler & Caire, 2009).
Por cooperación se entiende la disposición de los actores, colectivos e individuales para lograr un objetivo determinado de beneficio común. La coordinación es un concepto que responde a la necesidad de combinar las acciones de manera estratégica para la consecución del objetivo deseado, es un proceso dinámico y complejo de pensamiento que considera las múltiples relaciones entre actores y recursos. No se trata de ordenar solamente las acciones sino también de establecer tiempos y formas específicas de al- canzar lo establecido atendiendo la lógica de los procesos naturales y sociales que se desarrollan en un sistema (Cotler & Caire, 2009).
La participación social debe incorporarse desde el inicio del proyecto, desde la defini- ción de objetivos y la elaboración del plan de manejo correspondiente. Además es “un elemento indispensable a lo largo de las diferentes etapas del proceso pues legitima el plan de manejo e incrementa el apoyo social, complementa la información sobre los problemas ambientales de la cuenca, facilita la determinación de prioridades y favorece la construcción de consensos” (Cotler & Caire, 2009, pág. 128).
El supuesto básico del manejo integrado de cuencas como herramienta para la gestión integral de los recursos naturales es que exista la voluntad de cooperación y la capaci- dad de coordinación entre actores independientes los cuales deben ser conscientes de que interactúan y son interdependientes, para que busquen realizar acciones conjuntas para el logro de un objetivo común que debería ser mantener la integridad funcional de la cuenca. Lograr esto, implica resolver los conflictos de intereses sobre las formas de aprovechamiento. Tal y como lo expresan Colter y Caire:
“El compromiso de los diferentes actores para realizar acciones conjuntas de manera coordinada no es una actitud espontánea y voluntaria. Generalmente sus decisiones y acciones se encuentran determinadas por el entramado institucio- nal en el que se mueven los actores, incluyendo el mercado, así como por sus propios intereses y recursos. ” (Cotler & Caire, 2009, pág. 129).
Si no existen las condiciones para que se produzca la voluntad de cooperación y coor- dinación de acciones será necesario crear los mecanismos adecuados para promover- las. Esto es posible mediante el dialogo entre actores, reconociendo las necesidades e intereses que son afectados por el proyecto del manejo de cuenca y construir conjunta- mente las soluciones pertinentes en cada caso bajo el principio de ganar – ganar (Cotler
& Caire, 2009).
Estos actores varían dependiendo del tamaño de la cuenca y pueden incluir desde los gobiernos federal, estatal y municipal con diferentes niveles en la capacidad de regula- ción y operación directa de programas para la restauración ambiental, hasta los propie- tarios de las tierras que hacen uso de recursos naturales como el agua, suelo y vegeta- ción, así como también los productores y los habitantes de la cuenca, especialmente cuando se trata de microcuencas (o cuencas de menor tamaño) donde se realiza el tra- bajo a nivel comunitario. Para que el enfoque opere con éxito cada uno de los actores debe conocer las funciones que cumple en el área que se encuentra de la cuenca, reco- nocer la importancia de su función para el resto de la cuenca y aceptar el compromiso de realizar las acciones que le corresponden para contribuir al equilibrio y funcionali- dad de la cuenca (Cotler & Caire, 2009).
Para generar un sistema de coordinación adecuado se requiere de mecanismos espe- ciales para obtener distintos insumos necesarios para promover la confianza entre los actores, tales como: la generación de información sobre las problemáticas en la cuenca, las alternativas propuestas para solucionarlas, los reportes de avances de los trabajos, los impactos logrados, la retroalimentación del proceso, entre otros. También son ne- cesarios los mecanismos de gobernanza o estructuras que funcionen como espacios donde se encuentren autoridades gubernamentales y actores sociales que permitan di- fundir, comunicar y dialogar sobre la información generada y sistematizada, los objeti- vos y los obstáculos encontrados, y proponer los mecanismos alternativos para solu- cionar los problemas. Estos espacios contribuyen con la retroalimentación necesaria para el plan de manejo, el cual debe pensarse como un mecanismo dinámico que man- tengan las relaciones de confianza de los actores (Cotler & Caire, 2009).
La participación social se puede definir como la forma en que las personas que perte- necen a una comunidad intervienen en las decisiones colectivas, lo que también incluye el sentido de responsabilidad que cada persona debe asumir sobre las consecuencias en el manejo de cuencas. La participación puede ser clasificada con base en el grado de incidencia que tienen sobre el proceso de toma decisiones. Hay que tener presente que utilizar metodologías participas (como talleres) no garantiza que exista una participa- ción activa. En el caso del manejo de cuencas la participación social en la planeación debe poder contribuir a dos objetivos: a) comprender los procesos socioeconómicos que producen la degradación de los recursos naturales, y b) conseguir que éste se tra- duzca en acciones y resultados evidentes en beneficio de los habitantes (dimensión so- cial y económica) y de la cuenca (dimensión ambiental) (Cotler & Caire, 2009). La expe- riencia realizada con la consultora SyDeC responde al primer objetivo, mientras que la segunda experiencia realizada en la microcuenca responde al segundo objetivo.
Los mecanismos para la participación social pueden ser diferentes dependiendo de la dimensión de la cuenca y de los objetivos que hayan planteado como parte del proyecto, y adecuados a las distintas etapas del proyecto. Finalmente hay que tener en cuenta que la participación puede tener diferentes niveles y expresarte de forma distinta según la etapa del proyecto (Cotler & Caire, 2009).
Para el caso que nos compete, la participación social se dio en el nivel de consulta donde fueron consultadas por agentes externos que escucharon sus puntos de vista y pudieron opinar sobre los proyectos y acciones a implementarse, pues correspondía a la etapa de diagnóstico y elaboración de insumos para la planeación. Lo ideal será que conforme avance la planeación, más actores participen y mayor sea su nivel de incidencia en las decisiones.