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LA PERCEPCIÓN DE LA CIENCIA: UNA COMBINACIÓN DE OPINIÓN Y ACTITUD

REFLEXIONES AL HILO DE LOS RESULTADOS DE LA ENCUESTA

CAPÍTULO 7: LA PERCEPCIÓN DE LA CIENCIA: UNA COMBINACIÓN DE OPINIÓN Y ACTITUD

QUE DEPENDE DEL TIPO DE CIENCIA

Ana Muñoz van den Eynde

INTRODUCCIÓN

El origen de las encuestas de percepción social de la ciencia y la tecnología se puede situar en la década de 1950. Desde sus inicios presentan dificultades metodológicas que comprometen la validez de los resultados y limitan el alcance de las conclusiones que se pueden extraer. Hay varias razones que contribuyen a explicar estas dificultades, todas relacionadas con el hecho de que, si bien es verdad que no existe un método científico único, también lo es que quienes se dedican a la ciencia comparten una cultura metodológica distintiva (Ziman, 1998/2003) que, sin embargo, no parece estar suficientemente incorporada en la investigación sobre la relación entre ciencia y sociedad. Por ejemplo, la teoría es un elemento clave de la cultura de la ciencia, pero en este campo no solo no se ha desarrollado un marco conceptual, sino que tampoco existe acuerdo sobre la definición, los significados o los propósitos del objeto de investigación. Otro elemento clave es el desarrollo de los instrumentos que permitan obtener datos objetivos. Para que sean fiables hace falta un diálogo entre la conceptualización y la operativización (Hox, 1997). Pero en el campo PUS se han diseñado ítems y cuestionarios sin un desarrollo conceptual previo en el que se defina qué se quiere medir y, en consecuencia, cómo debe hacerse (Pardo y Calvo, 2002). Por tanto, hay limitaciones relacionadas con el diseño del cuestionario, es decir, con la forma en que están redactadas las preguntas que lo componen o incluso con el tipo de preguntas que se incluyen; hay otras relacionadas con el análisis de los datos obtenidos. No son los únicos problemas, pero son las dos que han guiado el desarrollo de nuestra investigación sobre los estilos de pensar la ciencia.

Respecto a la primera cuestión, en el diseño de las encuestas de percepción social de la ciencia pocas veces se ha tenido en cuenta que las opiniones manifestadas por quienes responden están sujetas a una gran variedad de efectos de respuesta. Es decir, lo que se dice tiene mucho menos que ver con la opinión de quien responde de lo que se piensa y, en cambio, está muy influido por el propio proceso de responder a la encuesta y por el contexto en que se realiza. Un sesgo importante es la deseabilidad social, es decir, la tendencia de las personas a decir lo que creen que proporciona una mejor imagen de sí mismas.

Por otro lado, formular una pregunta y elegir la escala de respuesta no son decisiones triviales; la realidad que ofrecen las encuestas depende de las preguntas que se formulen, pero también de la escala de respuesta que se utilice. Como se observa a partir de los resultados del Capítulo 3 y Capítulo 4, el relato sobre la percepción de la ciencia que construimos a partir de las respuestas al cuestionario LAIC cambia considerablemente según nos centremos en las afirmaciones positivas o en las negativas. En términos generales, la ciencia es una actividad bien valorada, aunque, como

vamos a ver, la percepción no es uniforme ni homogénea, depende del tipo de ciencia. En todo caso, esto significa que no es socialmente deseable manifestar una actitud negativa hacia la ciencia. Pero es que además resulta imposible hacerlo, aunque exista la disposición a ello, cuando los cuestionarios solo incluyen preguntas que presentan una imagen positiva de la ciencia. La consecuencia más directa es que obtenemos una imagen ficticia de la relación entre la ciencia y la sociedad. También tiene consecuencias metodológicas, la más evidente es que no hay, o hay muy poca variabilidad en los datos y, por tanto, no discriminan (Muñoz van den Eynde y Luján, 2014). El análisis estadístico, por definición, necesita variabilidad. Cuando no hay discriminación, no hay variabilidad y, por tanto, no hay información que obtener. Sin información válida y fiable corremos el riesgo de llegar a conclusiones equivocadas. Por ejemplo, la Encuesta de Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología realizada por FECYT tiene entre sus preguntas fijas una para medir el interés general por la ciencia. En concreto, la pregunta dice: “Me gustaría saber si está usted muy poco, poco, algo, bastante o muy interesado en ciencia y tecnología”. Las cifras en las distintas ediciones de la encuesta han cambiado muy poco. Los resultados se presentan en la Tabla 14 y en la Figura 72 e indican que la mayor parte de las personas encuestadas se consideran algo interesadas por la ciencia.

Nivel de interés 2004 2006 2008 2010 2012 2014 2016 2018 2020 Muy poco

interesado/a 23 18,8 14 8,4 7,7 7,4 12,9 10,2 9,1

Poco interesado/a 20,3 18,2 17,9 18,6 18,3 16,5 18 19,8 19,5

Algo interesado/a 20,1 29,8 29,4 37,2 31,2 37 30,9 31,6 33,5

Bastante

interesado/a 25 20,4 23,8 24,7 27,7 25,5 25,2 25,5 25,4

Muy interesado/a 11,5 12,9 14,8 11,2 15,1 13,5 13 13 12,5

Tabla 14. Interés general por la ciencia (%). Fuente: FECYT

Figura 72. Interés general por la ciencia (%). Fuente: FECYT

Los porcentajes de personas algo interesadas oscilan entre el 20% de 2004 (el año en que las cifras de interés son notablemente más bajas) y el 37% diez años después. Podemos observar también cómo ha ido disminuyendo el porcentaje de personas muy poco interesadas, especialmente entre 2010 y 2014. Hubo un repunte en 2016, pero la tendencia decreciente ha vuelto a aparecer en las ediciones posteriores.

En todo caso, como se puede ver en la Figura 72, aproximadamente el 60% de la población está muy poco, poco o algo interesada, y el 40% está bastante o muy interesada, pero, en las distintas ediciones, el porcentaje medio de personas muy interesadas en la ciencia es el 10%. En cambio, en el último Eurobarómetro sobre ciencia y tecnología (European Commission, 2021b), cuyo trabajo de campo se realizó entre abril y mayo de 2021, se han utilizado solo tres niveles de respuesta: nada interesado/a, moderadamente interesado/a y muy interesado/a. El resultado obtenido indica que un 14% se declara nada interesado, un 45% moderadamente interesado y otro 40% muy interesado.

No hay duda de que se trata de un resultado muy engañoso. A pesar de que la suma de estar muy interesado y bastante interesado en la encuesta de FECYT ofrezca un resultado similar (40%), no permite decir que hay un 40% de la población muy interesada. Tampoco nos permite decir que el 85% de la población española tiene un interés moderado o muy alto en la ciencia, aunque sea un

“dato” socialmente deseable. Las respuestas obtenidas en el Eurobarómetro permiten hacer esa afirmación. No es falsa si tenemos en cuenta los datos, pero no tiene validez externa, es decir, no representa adecuadamente la realidad. Si, como hemos señalado, la disposición a participar en un estudio de percepción social de la ciencia puede utilizarse como indicador del interés por la ciencia, las tasas de participación que hemos obtenido en este proyecto muestran una realidad radicalmente diferente.

Por otro lado, cuando no disponemos de las mismas preguntas, resulta imposible comparar los datos obtenidos en diferentes estudios. En el Cuestionario LAIC hemos incluido también una pregunta sobre el interés como posible indicador de actitud positiva hacia la ciencia. Es cierto que el interés es, sobre todo, un factor motivacional que se caracteriza por la disposición a adquirir conocimiento sobre el tema que se trate (Krapp y Prenzel, 2011). Como tal factor motivacional, es una disposición y, por tanto, tiene mucha relación con las actitudes, que dan lugar a disposiciones hacia el objeto de actitud o interés. En todo caso, para medirlo hemos presentado el interés como un hecho, “Me interesa la ciencia” y hemos preguntado por el grado de acuerdo con la afirmación en una escala de 0 a 10. La media es alta (7,6 - ver el Capítulo 3). Si combinamos las distintas categorías para formar cinco, igual que en la encuesta de FECYT, encontramos que el 1,7% estaría muy poco interesado en la ciencia; el 2,8% poco interesado; el 23,7% algo interesado; el 35,1%

bastante interesado; y el 36,7% muy interesado. Se puede decir, con muchas precauciones, que el interés por la ciencia manifestado por las personas que han formado parte de nuestro estudio es notablemente más alto que el dato obtenido por FECYT.

Hay otro ítem del Cuestionario LAIC que nos permite hacer alguna comparación muy aproximada.

En las dos ediciones de 2018 y 2020 se incluyó en la encuesta de FECYT una pregunta relacionada con la capacidad para entender la ciencia que se atribuyen las personas. En concreto, se les pidió que dijeran hasta qué punto estaban de acuerdo con la frase “La ciencia es tan especializada que

me cuesta entenderla”. Para responder se les ofreció la tradicional escala de respuesta Acuerdo/Desacuerdo de cinco puntos, con el punto intermedio indefinido (“Ni de acuerdo ni en desacuerdo”). Los resultados se muestran en la Figura 73. Hay dos cuestiones a tener en cuenta. Por un lado, existen algunas diferencias entre 2018 y 2020, especialmente en los porcentajes de las opciones “Ni de acuerdo ni en desacuerdo” y “De acuerdo”. En 2020 hay un trasvase del “De acuerdo” hacia el “Ni de acuerdo ni en desacuerdo”. También hay una ligera disminución en los valores extremos. Este fue un resultado que se repitió en las respuestas a todas las preguntas en la edición de 2020, realizada durante la pandemia de COVID-19, es decir, la tendencia a optar por la opción de respuesta intermedia. En todo caso, es posible afirmar que las personas encuestadas por FECYT manifestaron dificultades para entender la ciencia. En torno a la mitad de ellas estuvo de acuerdo o totalmente de acuerdo con la afirmación, otro 25% en desacuerdo y el 25% restante seleccionaron la opción intermedia.

En nuestro estudio la frase a valorar es más breve: “Me cuesta entender la ciencia”. La puntuación media se sitúa un poco por debajo del valor medio (4,5). Si repetimos la estrategia de colapsar las 11 categorías de respuesta en cinco (0-1, 2-3, 4-6, 7-8 y 9-10) el 17% está muy poco de acuerdo; el 17,1% está poco de acuerdo; el 41,5% algo de acuerdo; el 17,2% bastante de acuerdo y el 7,2% muy de acuerdo. Los resultados en este caso son algo más parecidos a los obtenidos por FECYT, sobre todo si tenemos en cuenta las dificultades para comparar las escalas de respuesta (una es bipolar con 5 puntos, y el punto intermedio indefinido; y la otra unipolar con 11 puntos, todos ellos igualmente significativos). En todo caso, nuestros datos muestran que las personas que han participado en el estudio tienen las mismas dificultades para entender la ciencia que la población general y, en cambio, un mayor interés, que no se traduce en una actitud positiva hacia la ciencia, como hemos visto en el Capítulo 5. Por lo tanto, el interés no es equiparable a actitud positiva. Eso explica por qué no podemos incluirlo como indicador de este tipo de actitud, como vamos a ver un poco más adelante.

Figura 73. Acuerdo con la frase “La ciencia es tan especializada que me cuesta entenderla”. Fuente:

FECYT

Por lo que respecta al análisis de los datos, es otro elemento central de la cultura de la ciencia (Ziman, 1998/2003). Sin embargo, es habitual que los estudios de percepción social de la ciencia se

basen en análisis descriptivos. Un análisis de ese tipo nos permite saber, por ejemplo, el porcentaje de personas que están poco, algo o muy interesadas por la ciencia y la tecnología, pero no podemos extraer mucha más información. Por otro lado, suele ser habitual utilizar las variables sociodemográficas para obtener perfiles de ciudadanos interesados en ciencia y tecnología. El análisis descriptivo nos permite decir si hay más hombres interesados, o más mujeres. Pero no podemos afirmar si esas diferencias son significativas, es decir, si existen realmente. Y, lo que es aún más importante, un análisis descriptivo no permite estudiar qué está detrás de las respuestas obtenidas, por qué las personas encuestadas responden del modo en que lo hacen (Muñoz van den Eynde y Luján, 2014). Para contribuir a paliar este problema, en lo que resta de capítulo vamos a centrarnos en desentrañar qué se esconde detrás de la dimensión actitudinal del Cuestionario LAIC.