CONTEXTO ECONÓMICO
2.2. Periodo de la sustitución de importaciones
Entre las décadas de 1940 y 1970 la economía mexicana experimenta un largo proceso de in- dustrialización por sustitución de importaciones (ISI) en el cual destaca la amplia protección del Estado para la actividad industrial nacional. El avance principal del proceso fue la producción domestica de los bienes de consumo durables dirigida esencialmente al mercado interno. Dos resultados relevantes de la ISI fueron el registro de ritmos altos de crecimiento económico y la mejoría del bienestar social en el país.
El programa de sustitución de importaciones, que inicia aproximadamente en los últimos años de la década de 1940, representa un proceso de fuerte organización interna de la economía donde el Estado desempeña importantes acciones directas e indirectas. De manera directa, el Estado fungía como proveedor de infraestructura básica y como inversionista en actividades estratégicas para abastecer insumos necesarios que dinamizaran el avance industrial.
Por otro lado, de manera indirecta, mediante su política económica, vino a garantizar una am- plia estructura de protección y estimulo a la industrialización con el propósito de apoyar el crecimiento económico del país (Ayala, 2003). En particular, la intervención estatal directa se complementaba con los condicionantes de la política comercial que incluían: la imposición de aranceles, el otorgamiento de subsidios y la aplicación creciente de permisos previos a la im- portación (Ros, 1990). Todos estos elementos generaron una estructura de protección intensa, coordinada por el Estado para motivar la actividad industrial orientada principalmente al merca- do nacional.
Dentro del proyecto de estimulo a la industria por el camino de la sustitución de importaciones, la inversión privada que promoviera el desplazo de importaciones podría confiar, entre otros aspectos, en que la competencia del exterior sería suprimida, que gozaría de un régimen de exención de impuestos y derechos de importación sobre maquinaria y materias primas y que tendría acceso a créditos gubernamentales relativamente baratos (Vernon, 1970).
Con base en el programa de la Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI), la década de 1940 indicaba, pues, el inicio de una expansión industrial nunca antes experimentada en el país. Ello, a su vez, significaba la transformación de una economía predominante rural a una sociedad de carácter urbano. Desde que la sustitución de importaciones comenzó en México, el sector agropecuario generó estímulos complementarios para la promoción industrial. Éstos se pudieron apreciar tanto por el lado de la demanda, con la migración de la población local en el sentido campo-ciudad que aumentó la demanda de bienes industriales en el país, como por el lado de la oferta, con el aporte de insumos para la industria a través de la transferencia de mano de obra, el suministro de materias primas y el superávit comercial del propio sector primario que representaba, durante un buen lapso, la disponibilidad de divisas para adquirir insumos importados vinculados con la industrialización por sustitución de importaciones.
Entre 1940 y 1981, el índice de sustitución de importaciones, que indica la participación porcen- tual de las importaciones en la oferta interna de bienes y servicios, mostró la caída de su valor, modificando así la estructura de la producción interna. Motivada por la ISI y por el buen desem- peño de la inversión, la metamorfosis de la estructura de la producción nacional se proyectó al PIB, que mostró un crecimiento promedio anual de 6.5 por ciento durante todo el periodo.
A pesar del sistema interno de protección, la demanda de importaciones, por parte de la activi- dad industrial, rebasó la capacidad de exportación del país, lo que provocó diversos desajustes comerciales y financieros (Cárdenas, 2003). Bajo estas circunstancias, como aconteció también en otros países, el cambio en las estructuras de la producción interna y del comercio exterior no fue un factor trascendente para el desenvolvimiento integral de la actividad económica de México (Falck, 2007).
La situación vivida por México en este periodo, fue un escenario abordado por Michael Ka- lecki (1970) en donde argumenta que: “Cuanto mayor sea la dependencia de una economía a las importaciones y cuanto más difícil le sea expansionar sus exportaciones por medio de la devaluación, tanto más pronto podrá alcanzar su punto máximo el auge por las exportaciones nacionales. El empeoramiento de la relación real de intercambio entre los productos nacionales y los extranjeros hace que el ingreso real producido por una unidad de producto agregado sea
decreciente”. La situación mexicana coincidió casi totalmente con lo que la teoría de Kalecki predecía.
Por tal motivo, con el paso del tiempo, el desarrollo industrial del país, inicialmente considerado como “milagroso”, terminó por mostrar las restricciones del sector para conformar sus cade- nas internas de producción. En este sentido, como las principales líneas de la política industrial prácticamente no se modificaron en la década de 1970, el sector agropecuario, hasta entonces principal soporte financiero interno del programa, tuvo serias limitaciones para seguir desempe- ñando este papel cuando la mayor importación industrial coincidió con la caída de la producción y exportación agropecuarias.
En su intento por contrarrestar la desaceleración de la economía, la respuesta del gobierno fue expandir el gasto público que atendía una variada gama de asuntos. Sin embargo, este meca- nismo elevó el déficit fiscal y el desequilibrio de la cuenta corriente de la balanza de pagos de México. Ambos desajustes fueron compensados por medio del endeudamiento externo y de la exportación de petróleo, una situación que no podría ser sostenible más allá del corto plazo. Fue en este escenario donde el índice de sustitución de importaciones señalaba que la participación de las compras foráneas en la oferta total subió a 28 por ciento en 1981, mostrando, desde otra perspectiva, los límites de la ISI en el país . Durante la década de 1970, junto al retroceso de la sustitución de importaciones, el crecimiento promedio del PIB empezó a perder dinamismo, y el déficit comercial creció con rapidez multiplicando su valor promedio anual por 6.2 veces entre el inicio y el término de dicho proceso, pese al aporte de las ventas externas de hidrocarburos.
Este desfase estructural-financiera se identificó también como el “agotamiento de la capacidad instalada” para la ISI en México, cuando la orientación económica en la última fase de la mis- ma no propició el aprovechamiento de los cuantiosos recursos que ingresaron al país por la exportación de hidrocarburos y por préstamos foráneos con la actividad productiva local. Ante este panorama, al no modificarse en mucho el proceso interno de acumulación de capital, su esquema provocó que la economía mexicana se topara con fuertes dificultades para mantener la modalidad de su funcionamiento, determinando en buena medida la crisis del sector industrial en particular y de la economía nacional en general.