LO OBSERVABLE: PRODUCTOS, DESECHOS Y RESIDUOS DE LA PRODUCCIÓN ÓSEA
4. PIC DE LES MORERES (Crevillent, Alicante)
I. Emplazamiento
El yacimiento se encuentra situado sobre la ladera meridional del cretón rocoso denominado Pic de les Moreres, a la margen derecha del paso que la Rambla de Crevillent abre entre la Sierra, en el paraje denomi- nado “Els Pontets”. Coordenadas UTM: X: 690599 Y:
4237670. Altura s/n/m: 270 m.
II. Información arqueológica
Las primeras noticias publicadas sobre el yaci- miento se deben a J. L. Román Lajarín (1975:47-63), quien presentó y estudió un conjunto de materiales arqueológicos procedentes de prospecciones superfi- ciales que están depositados actualmente en el Museo Arqueológico Municipal de Crevillent.
El asentamiento fue excavado en 1982 por A. Gon- zález Prats (1983; 1986a; 1986b), siendo considerado como el Sector XIII del conjunto arqueológico de la Sierra de Crevillent (gonzález Prats, 1986b: 145). El excavador distinguió 6 fases, siendo la fase IV la que ha proporcionado los restos de la unidad ocupacional más antigua, de planta ortogonal (gonzález Prats, 1986b: 159) y con unas dimensiones de aproximada- mente 5 x 2,20 m.
La fase VI también ha proporcionado importantes datos acerca de la urbanística del poblado. Se trata de una unidad doméstica de grandes dimensiones y ro- bustos muros, con planta rectangular, con unas medi- das máximas de 8 x 5,80 m., presentando la misma alineación que los restos de la casa de la fase IV.
Todas estas unidades de ocupación fueron cons- truidas con zócalos que presentaban la dirección de la pendiente, existiendo fuertes diferencias de altitud entre los muros orientales y occidentales, lo que ha propiciado un importante arrasamiento como conse- cuencia de fuertes procesos erosivos. El alzado de es- tas unidades de ocupación terminarían, posiblemente, en un techado a una vertiente siguiendo la línea de in- clinación de la ladera (gonzález Prats, 1986a: 160).
Por el momento no se ha publicado ninguna dis- tribución microespacial de los productos y contextos localizados, ni se han definido áreas de producción, consumo o almacenamiento.
III. Valoración cultural y cronología
J. L. Román Lajarín (1975: 60-61) consideró a partir de los materiales recuperados que era un yaci- miento de la Edad del Bronce de difícil clasificación dentro de los dos círculos culturales a los que podía pertenecer, teniendo en cuenta su posición geográfica:
el Bronce Argárico o el Bronce Valenciano.
Después de sus excavaciones, A. González (1986a:
197) se decantó a favor de su participación cultural junto a los asentamientos meridionales. Los elemen- tos que le sirvieron de argumento fueron la ausencia
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Figura IV.3.8_San Antón o Laderas del Castillo.
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IV - LO OBSERVABLE: PRODUCTOS, DESECHOS Y RESIDUOS DE LA PRODUCCIÓN ÓSEA
Figura IV.3.9_San Antón o Laderas del Castillo (1-6), Hurchillo (7), Pic de les Moreres (8-9), Figuera Redona (10- 11) y Caramoro I (12-13).
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de asas en las formas 5 y la presencia de formas 6 de Siret. No obstante, la ausencia de enterramientos den- tro de las zonas de hábitat le hizo mantener aún en una cierta cuarentena sus afirmaciones. La atribución cronológica propuesta para el yacimiento se fijó en- tre el 2000 y el 1700 cal BC, a partir de la presencia de determinados objetos cerámicos como las formas 5 y 6 de L. Siret, de brazales de arquero y de un frag- mento de cerámica campaniforme localizado por J. L.
Román Lanjarín en sus prospecciones, unido a la data- ción efectuada a partir de restos óseos procedentes del estrato I que proporcionaron una fecha de 4070 ± 140 B.P. considerada algo elevada por su excavador (gon-
zález Prats, 1986a: 210) y descartada posteriormente como defectuosa por otros investigadores (castro, lully micó, 1996: 31).
IV. Productos óseos
De este yacimiento sólo se tiene constancia de la existencia de dos punzones de hueso, publicados por A. González (1986: 199, fig. 38). El primero corres- ponde claramente al tipo A121c (Fig. IV.3.9.8), lo- calizado en el nivel IIc, al igual que la pieza restante que, con reservas, se ha incluido en el tipo A221 (Fig.
IV.3.9.9).
5. FIGUERA REDONA (Elche, Alicante) I. Situación
Actualmente desaparecido, el yacimiento se en- contraba ubicado en el extremo norte de la ciudad de Elche, en una zona en la que a mediados de la década de 1960 se estaba produciendo la expansión del núcleo urbano. Hoy su sitio lo ocupan los barrios del Llano y de Carrús, junto a la línea férrea a su paso por la mar- gen derecha del río Vinalopó. Coordenadas UTM: X:
701129 Y: 4238468.
II. Información arqueológica
El yacimiento se conoce al menos desde principios del siglo XX, y se menciona en repetidas ocasiones en los trabajos que dejara publicados P. Ibarra (1926).
Dada la proximidad del lugar a la ciudad, a lo largo del tiempo se recogió un buen número de restos ar- queológicos que terminaron depositados en las depen- dencias del Museo Arqueológico Municipal de Elche, y de los cuales dio cuenta A. Ramos Folqués (1989), quien también dejó inconclusa, aunque parcialmente publicada, la excavación que en 1965 realizara en el yacimiento.
Dadas las características de las ocho estructu- ras circulares excavadas en el terreno que A. Ramos Folqués (1989: 14- 15) nos describe, resulta evidente que no se trataba en ningún caso de fondos de cabaña, sino de silos o fosas amortizados repletos de material arqueológico. Aunque es aventurado indicar su posi- ble extensión original, para M. Hernández (1982: 33)
el yacimiento pudo alcanzar una superficie de unos 14.000 m², en la que también podrían incluirse los ve- cinos enclaves de La Reja y La Rata, tal y como indi- cara A. Ramos Folqués (1989: 16).
Carecemos de un estudio analítico exhaustivo de los materiales arqueológicos recogidos en este yaci- miento, aunque disponemos de algunos estudios refe- ridos básicamente a los objetos de la colección de P.
Ibarra, realizado por M. Hernández (1980).
En el interior de los silos excavados se registraron restos de fuentes de base plana, ollas, y cazuelas de ce- rámica de diversos tipos y tamaños, así como diversas piezas líticas, tanto molinos de mano como hchas y azuelas de variadas dimensiones. Entre los productos lí- ticos tallados destacan las láminas y las puntas de flecha de sílex, contándose entre estas últimas desde los tipos romboidales y foliáceas hasta las de pedúnculo y aletas.
III. Valoración y cronología
De acuerdo con el conjunto de datos disponibles acerca de este enclave, parece posible señalar una cro- nología de entre mediados del IV y mediados del III milenio cal BC, dentro de lo que se ha definido como Neolítico IIB en la secuencia regional (BernaBeu auBán, 1995). Sin embargo, cabe también señalar la presencia de un fragmento de cerámica campaniforme en el lugar conocido como La Reja (ramos Folqués, 1989: 16), que como ya se ha indicado formó parte del mismo yacimiento. Puede razonablemente suponerse, por tanto, que la vigencia del asentamiento se prolon- gó algo más en el tiempo.
IV. Productos óseos
Del yacimiento se han publicado algunos produc- tos óseos, parte de los cuales han sido ya analizados (Pascual Benito, 1998). Los incluidos por nosotros en el inventario son dos punzones del tipo A121a (Fig.
IV.3.9.10-11) depositados en el Museo Arqueológico de La Alcudia de Elche, aunque en el Museo Arqueo- lógico Municipal de esta misma ciudad existen otros que no hemos tenido ocasión de analizar (ramos Fol-
qués, 1989: 13).
6. CARAMORO I (Elche, Alicante) I. Emplazamiento
El yacimiento se ubica sobre un espolón rocoso situado a la margen izquierda del río Vinalopó, en el extremo norte del paraje conocido como Aigua Dolça i Salà, y actualmente muy próximo al trazado de la Autovía A7 que comunica Alicante con Murcia. Se en- cuentra a 142 m s/n/m. Coordenadas UTM: X: 700770 Y: 4240977.
II. Información arqueológica
El yacimiento fue excavado por primera vez en 1986, efectuándose una campaña dirigida por R. Ra-
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IV - LO OBSERVABLE: PRODUCTOS, DESECHOS Y RESIDUOS DE LA PRODUCCIÓN ÓSEA
mos Fernández (1988) cuyos resultados serían publi- cados algunos años más tarde. Sin embargo, con mo- tivo de la construcción de la autovía que une Alicante con Murcia, cuyo trazado afectaba a parte del yaci- miento vecino de Caramoro II (gonzález Pratsy ruiz segura, 1992), se llevaron a cabo nuevas actuaciones en 1989 y 1993, que vinieron a completar y en parte a modificar algunos de los datos proporcionados por la primera intervención.
A tenor de las informaciones publicadas por R.
Ramos (1988: 94) el yacimiento presentaba al menos dos niveles de ocupación entre los que, sin embargo, no era posible señalar diferencias evidentes en cuanto al material arqueológico registrado. Las excavaciones de A. González y E. Ruiz (1995) vinieron en cierto sentido a corroborar esta información, registrándose varias superposiciones de muros y de diversas estruc- turas que ratifican la existencia de al menos dos fases constructivas en algunas de las zonas excavadas.
Ya la primera intervención realizada puso al des- cubierto la estructura urbanística básica del asenta- miento, con un complejo entramado de construcciones creadas a base de muros adosados en el extremo sep- tentrional del yacimiento a modo de bastión defensivo, que le confería la forma “arriñonada” con que se ha descrito la planta (ramos Fernández, 1988: 95).
Abundando en su carácter de fortificación, los re- sultados de la excavación realizada años más tarde por A. González y E. Ruiz (1995) revelaron la presencia de nueve habitáculos de funcionalidad diferente: un bastión construido con un perímetro de mampostería y un relleno de bloques al que se une una posible lí- nea de muralla, muy destruida y un muro cuyo traza- do longitudinal y progresivo engrosamiento hacia su extremo norte definía la organización general del es- pacio habitado. Éste aparecía ahora constituido como un ámbito de ingreso a la fortificación (vivienda A) defendido por un muro incurvado por su parte occi- dental, y por un grueso torreón de planta de tenden- cia circular por la oriental, en donde aparecían restos, al parecer, del gozne de un portón de madera con el que se cerraría el acceso al interior del poblado. Desde este habitáculo, al parecer dotado de bancos de mam- postería adosados a la pared oriental en un segundo momento, se daba paso, a través de un vano de 1m de amplitud conformado por jambas y losas planas, a una habitación que haría las veces de distribuidor, a modo de pequeño patio o porche cubierto, pues desde ésta se podía acceder al resto de unidades habitacionales registradas: las designadas como viviendas C, D, y E.
Entre la primera y la última se disponía un pasillo alar- gado, de apenas 0,50 m de anchura, interpretado como desaguadero.
En las breves reseñas publicadas hasta la fecha no se proporcionan detalles sobre posibles áreas de acti- vidad reconocidas durante las excavaciones, sino tan sólo algunos datos acerca del material arqueológico registrado, entre el que destaca la presencia de formas
cerámicas claramente emparentadas con la esfera cul- tural argárica, tales como las copas y los pies de copa, que sobresalen de entre un nutrido conjunto de ollas y tinajas de almacenamiento, en general de acabados más imperfectos que los vasos carenados o los cuen- cos.Además de recipientes cerámicos se han registrado también algunos objetos metálicos, entre ellos un es- coplo y una punta de Palmela, así como algunos dien- tes de hoz de sílex, varios molinos de mano, un hacha de piedra pulida y una pesa de telar de barro con cuatro perforaciones.
III. Valoración y cronología
A pesar de que su primer excavador, R. Ramos Fer- nández (1988: 97), definió al yacimiento como per- teneciente a la cultura del Bronce Valenciano, parece poco discutible el argarismo del mismo a tenor de la existencia de copas, decoraciones bruñidas al interior de algunas vasijas y la presencia de una inhumación en el interior de una de las unidades habitacionales, a los que A. González y E. Ruiz (1995: 100) añaden otras características como el empleo de la técnica de
“espina de pez” en el alzado de algunos de los muros registrados en el yacimiento.
Por lo que respecta a la cronología del emplaza- miento, la ausencia de dataciones radiocarbónicas obliga a realizar estimaciones a este respecto a partir del registro material. Para R. Ramos Fernández (1988:
97) el enclave debía situarse en una etapa de pleno desarrollo del Bronce Valenciano, entre 1500 y 1150 a.C. En cambio, A. González y E. Ruiz (1995) parecen abogar más bien por una cronología antigua, dentro del proceso de implantación del Grupo Argárico en la zona meridional alicantina, aunque no llegan a de- cantarse claramente al respecto, dada la indiscutible amplitud cronológica que en general presentan los ele- mentos sometidos a análisis para tal menester.
IV. Productos óseos
En el Museo Arqueológico Municipal de Elche se conservan diversos productos óseos procedentes del yacimiento, la mayor parte de los cuales se exhiben en una de las vitrinas del museo. Según nuestras ob- servaciones, entre estas piezas podemos distinguir con claridad un ejemplar de punzón del tipo A111 y otro del tipo A121b, así como un gran cincel del tipo E111, sobre lo que parece una tibia de caballo o bóvido. Sin embargo los objetos más numerosos son los adornos, entre los que encontramos un importante lote de bra- zaletes de marfil.
No obstante, de todo el conjunto sólo se han in- cluido en nuestro inventario las dos piezas publicadas hasta el momento, y que corresponden a un botón pris- mático triangular de doble perforación en “V” –Q132 (Fig. IV.3.9.12)– y una porción de brazalete con extre- mos perforados –B121a (Fig. IV.3.9.13)–, ambos ela- borados en marfil. De éste último tipo, sin embargo, se
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muestran en las vitrinas del museo al menos otros dos ejemplares.
7. PUNTAL DEL BÚHO (Elche, Alicante) I. Situación
En cada uno de los espolones rocosos que constitu- yen la alineación montañosa conocida como Serra del Búho se localizaron cuatro yacimientos arqueológicos publicados como Sierra del Buho I, II, III y IV, corres- pondiendo el número II con el yacimiento conocido como Puntal del Búho (román lajarín, 1980). El ya- cimiento se encuentra sobre la margen izquierda del río Vinalopó, próximo al Pantano de Elche y a unos 5 km al Norte de esta localidad. Altura s/n/m: 209 m.
Coordenadas UTM: X: 700468 Y: 4242314.
II. Información arqueológica
A pesar de que nunca ha sido excavado de manera sistemática, las actividades desarrolladas por el Centro Excursionista de Elche y por otros aficionados locales han dejado al descubierto diversos muros y restos de estructuras que parecen indicar un sistema de aterraza- miento en la ladera meridional del cerro, única en la que era posible establecer el asentamiento, y que en la ac- tualidad se encuentra cubierta por gran cantidad de pie- dras y material arqueológico, entre el que sobresale un importante número de molinos y molederas de piedra.
Mención especial merece el hallazgo de una tumba en cista de mampostería en la que se halló un indi- viduo inhumado junto con un recipiente cerámico de forma esférica (ramos Folqués, 1987), materiales ac- tualmente depositados en el Museo de La Alcudia de Elche.
III. Valoración y cronología
El hallazgo de un pie de copa y la existencia de inhumaciones dentro del espacio habitado determina- ron desde el principio la adscripción cultural argárica que se otorgó a los yacimientos de la Serra del Búho (román lajarín, 1980; hernández Pérez, 1986), cir- cunstancia que los nuevos datos ofrecidos por la in- vestigación más reciente vienen a corroborar (jover maestrey lóPez Padilla, 2004).
IV. Productos óseos
Del yacimiento del Puntal del Búho sólo hemos podido analizar un fragmento de punzón que provisio- nalmente se ha clasificado como A211 (Fig. IV.3.10.1), depositado en el Museo Arqueológico de La Alcudia.
8. TABAYÁ (Aspe, Alicante) I. Situación
El yacimiento se ubica en la cima y laderas de un espolón que domina la garganta que forma el Vinalopó
a su paso entre la sierra del mismo nombre, al este y la sierra de La Temerosa, al oeste. El área por la que se extiende el yacimiento ocupa desde aproximadamente los 260 m hasta los 325 m s/n/m. Coordenadas UTM:
X: 698848 Y: 4245371.
II. Información arqueológica
El emplazamiento dispuso en su momento de unas condiciones geográficas privilegiadas: abundancia de agua ante la presencia a sus pies del cauce del río Vi- nalopó, que en este tramo discurre de forma encaja- da, y una amplia visibilidad que le permitió ejercer un control visual considerable de su entorno, en especial hacia el norte y el sur. La extensión superficial que se le calcula en función de la presencia de rellenos sedimentarios, restos materiales y los resultados de las excavaciones realizadas a finales de la década de 1980 por M. Hernández Pérez, supera las 0,5 Ha. Sin embargo, el hecho de que el lugar haya sido ocupado durante más de un milenio de forma ininterrumpida y que la zona ocupada en cada fase arqueológica haya sido aparentemente muy dispar, impide precisar cuál fue la extensión real del asentamiento en cada uno de los momentos de ocupación reconocidos (hernández Pérezy lóPez mira, 1992; hernández Pérez, 2009).
A comienzos de los años ochenta J. F. Navarro Mederos (1982)hacía ya referencia a las continuas rebuscas clandestinas que habían alterado de for- ma importante el relleno sedimentario de varias zo- nas del yacimiento, además de destacar un conjunto cerámico muy relevante que se adscribía al “Bronce Tardío”. Más tarde se publicaron algunos materiales claramente argáricos (hernández Pérez, 1983) y se daba referencias de la presencia de diademas de plata, así como de algunos fragmentos cerámicos campani- formes (BernaBeu auBán, 1984) que evidenciaban su larga ocupación.
En 1987 M. S. Hernández iniciaba un proyecto de excavaciones sistemáticas con el objetivo de conocer la secuencia arqueológica del mismo. Estas actua- ciones continuaron durante tres campañas más, hasta finalizar en 1991. Por el momento, se han publicado algunos artículos sobre estos trabajos que han venido, por un lado, a reconocer plenamente el “argarismo”
del asentamiento (hernández Pérez, 1990), y por otra la importancia alcanzada por el enclave en momentos del Bronce Final, al documentarse la ocupación tanto de la cima y ladera septentrional, como de la ladera meridional (hernández Pérez y lóPez mira, 1992).
Aunque posteriormente se han divulgado ciertos con- juntos materiales (molina mas, 1999; de miguel iBá-
ñez, 2004; Belmonte mas, 2004) y algunos detalles referentes a partes del registro documentado (hernán-
dez Pérez, 1997, 2009), la memoria de los trabajos permanece aún inédita en lo sustancial. Es por ello que los datos que a continuación exponemos sobre el yaci- miento se deben a la amabilidad de su director, que nos ha permitido referirlos aquí.
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IV - LO OBSERVABLE: PRODUCTOS, DESECHOS Y RESIDUOS DE LA PRODUCCIÓN ÓSEA
Figura IV.3.10_Puntal del Búho (1) y Tabayá (2-12).
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Entre los años 1987 y 1991 se abrieron 16 cortes estratigráficos de distintos tamaños y en diferentes lu- gares del asentamiento. En los cortes efectuados en la zona alta del emplazamiento se pudo reconocer una profunda alteración del sedimento generada por pro- cesos erosivos de ladera, de manera que la potencia estratigráfica no superaba en ningún caso los 0,40 m, conservándose en algunos trazas de muros pertene- cientes a unidades habitacionales adscribibles al Bron- ce Final (hernández Pérezy lóPez mira, 1992: 5). En el corte 4 se localizó un tramo de muro compuesto por una alineación de piedras al que se asociaba un con- junto de cinco vasijas cerámicas de pequeño tamaño, decoradas con acanaladuras, situadas de forma para- lela al mismo y sobre los restos de un pavimento de tierra y cenizas endurecidas. Por tanto, parece posible inferir que esta zona del yacimiento estuvo ocupada por unidades habitacionales cuyo zócalo, al menos, era de mampostería local, y cuyo espacio interno se encontraba acondicionado mediante pavimentos de tierra y cenizas. La presencia de diversos restos de va- sijas de distintos tamaños, de restos líticos y de fauna, nos permite inferir la presencia de áreas de consumo en su interior, aunque no sea posible precisar su posi- ble sincronía.
Al contrrario de lo registrado en la zona más ele- vada de la ladera, la zona de abancalamientos situada enla terraza inferior presenta una historia deposicional y ocupacional bastante más compleja, que abarca des- de al menos el último tercio del III milenio hasta fina- les del II milenio cal BC. La secuencia más completa se ha obtenido en el corte 8, donde se han podido docu- mentar cuatro niveles arqueológicos diferenciados que se corresponden aproximadamente con otros tantos momentos de ocupación. El más antiguo se registró en un espacio muy reducido de los cortes 8 y 11. Se trata de un nivel de ocupación detectado al interior de una unidad habitacional que se asienta sobre la roca base, y que pertenece por tanto al momento fundacional del poblado en este sector. En su interior se documentó una parte de un banco o vasar asociado a un pequeño silo o vertedero relleno de restos de fauna, carbones y cerámica. Junto a éstos, se documentaron fragmentos cerámicos con decoración incisa (hernández Pérez, 1997: 102). Sobre los estratos que colmatan estas es- tructuras se localiza un segundo nivel en el que se re- gistra la deposición continuada de varios niveles de ocupación. Aparentemente, estos pavimentos estaban constituidos por tierras arcillosas verdosas con nume- rosos restos materiales, cubiertos posteriormente por una capa de cenizas que actuaría como un nuevo suelo de ocupación. Esta serie de pavimentos reiteradamen- te amortizados presentan una disposición con una lige- ra inclinación hacia el Norte, asociándose en el corte 8 a un muro longitudinal con dirección Este- Oeste y ligeramente inclinado, que constituye el muro media- nero que separa dos unidades habitacionales dispues- tas de forma paralela. Más al Oeste, en el corte 7, y
sobre uno de los suelos de ocupación correspondiente al interior de una unidad habitacional de la que no po- demos precisar las dimensiones, se documentaron al menos cuatro molinos barquiformes de gran tamaño y algunas molederas, así como varios nódulos y núcleos de sílex y una azuela, lo que nos permite reconocer la existencia de un área de transformación de grano y el almacenamiento de bloques silíceos de materia prima (jover maestre, 1997).
Estos estratos están alterados en algunos puntos por la excavación de fosas empleadas como continen- tes funerarios. En el corte 8 se practicó una fosa para introducir una urna en la que se inhumó a un niño, mientras que en el corte 11 se localizaron otras dos fosas, una para inhumar directamente a un individuo adulto sin ajuar y en el segundo caso para encajar en su interior una cista de mampostería en la que se enterró a un individuo adulto al que se asociaba una alabarda y un vaso cerámico de la forma 5 de L. Siret (hernández Pérez, 1990). En el corte 13 se documentó otra cista de mampostería de otro individuo adulto masculino, al igual que en el corte 16 (de miguel iBáñez, 2004;
hernández Pérezy lóPez Padilla, 2010).
Esta sucesión de suelos estaban cubiertos por un estrato que se ha interpretado como resultado del de- rrumbe y destrucción de las paredes de las viviendas, sobre el que se superponían otros dos estratos, uno de tono marrón claro y otro, el superficial, de tono pardo- grisáceo, en los que dado el grado de arrasamiento no se documentaron construcciones. Estos estratos se caracterizan por unas enormes cantidades de material cerámico muy fragmentado y restos líticos cuya con- centración y heterogeneidad invitan a pensar que se trate de áreas de desecho.
El registro artefactual obtenido en este yacimiento se puede calificar sin duda de abundante, buena parte del cual ha sido objeto de análisis en diferentes traba- jos que, no obstante, no han sido en su mayor parte divulgados. Tan sólo contamos con estudios del instru- mental metálico (simón garcía, 1998) y de una parte importante del material cerámico correspondiente so- bre todo a las últimas fases de ocupación del poblado (hernández Pérezy lóPez mira, 1991; molina mas, 1999; Belmonte mas, 2004).
III. Valoración y cronología
Desde el primer momento en que el yacimiento aparece referenciado en las publicaciones de carácter científico, se destaca la presencia de elementos que invitan a pensar en su adscripción argárica (navarro mederos, 1982; hernández Pérez, 1983), extremo que se vería confirmado posteriormente, tras el ha- llazgo y documentación de una sepultura en cista de mampostería cuyas características y ajuar resultaban claramente argáricas (hernández Pérez, 1990), lo que permitía añadir nuevos argumentos al debate en torno al trazado de las fronteras “culturales” entre el Grupo Argárico y el “Bronce Valenciano” (de Pe-