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Pinturas de castas

Capítulo II. Personajes y su cotidianidad

2.2 Pinturas de castas

Aunque no cumple con las características correspondientes a estas series, existe un lienzo perteneciente a una colección privada de la ciudad de México, que tiene en una inscripción al reverso el título de “Calidades de las personas que habitan en la ciudad de México”. En esa pintura se condensaron los diversos individuos de ambos sexos, según su adscripción racial, que trabaja o pasean al frente de unas construcciones de madera, con techo de dos aguas, que alojan unas tiendas que denominaban cajones, como fondo aparece un edificio con un texto que lo identifica como “El Parián”, el antiguo mercado que se ubicó en la plaza mayor de la ciudad.

Las pequeñas figuras están cuidadosamente pintadas con su indumentaria característica y lleva cada una, un número en la parte superior, que permite identificar en la nomenclatura que aparece inscrita en la parte posterior de la pintura.

Casi todas las series de los cuadros de castas son anónimas, hasta ahora sólo se han localizado cinco firmadas, una por Ignacio de Castro, en Francia; otra de José Joaquín Magón, en España, y tres de Miguel Cabrera, en México y estados Unidos.

El primero de estos artistas trabajo en la ciudad de México n el siglo XVIII, el

segundo en Puebla, durante la mitad del mismo siglo, al igual que Cabrera, quien gozó de gran prestigio en la Nueva España, por su abundante obra.

Se ha considerado que todas las serien fueron pintadas en el siglo XVIII, afirmación sustentada por las características de la indumentaria y los objetos que figuran en los fondos de las escenas, pueden datarse con alguna precisión como de las segunda mitad del siglo XVIII.

Imagen 17. “Cuadro de Castas” óleo sobre tela Anónimo, s. XVIII.

Museo Nacional del Virreinato. Tepotzotlán México. Imagen tomada de la página electrónica Commons.

La calidad de las pinturas varía de manera notable de una a otra serie, participan de todas las virtudes y defectos de la pintura novohispana del siglo XVIII, pero destacan de manera notable por su tema y por el cuidado que pusieron los artistas en representar los detalles de indumentarias y objetos, que les dan un carácter realista y veraz. Este carácter realista, es excepcional dentro del enorme cúmulo de la pintura colonial religiosa, donde las representaciones de temas profanos y civiles son en verdad escasas.

Los personajes que forman las escenas, están pintados con cuidado y su indumentaria fue registrada con una delicada minucia, que copia de la realidad las más ricas telas o los más astrosos andrajos. Se representa con todo verismo el aspecto físico de los individuos, si bien en algunos casos se enfatiza el color de la piel y los ojos, y la textura del cabello, que en algunos cuadros llega a exagerarse para marcar las diferencias raciales, acentuando así su carácter documental.

En algunos casos las figuras están representadas de cuerpo entero y en otras de tres cuartos. Cada uno de los miembros de la pareja figura desempeñando un trabajo, que corresponde al tipo de indumentaria y está relacionado con la escala social, a la que pertenecía. El niño siempre acompaña a uno de los personajes, de preferencia a la madre, quien lo sostiene en brazos o deja que se sujete a su falda, dependiendo de la edad con que se le represente, que es muy variable, pero sin rebasar nunca la infancia.

En algunas de las series, las más realistas, las parejas aparecen riñendo mientras el niño llora asustado; en otros se representó a la madre que amenaza, golpea o sujeta, en actitud de reprender al niño.

El fondo de las escenas puede estar pintado en una sola tonalidad, sin elementos figurativos, o bien estar elaborado para dar un mayor realismo, pero por lo general se pintaron la parte exterior o interior de un edificio, según el trabajo u oficio de las parejas.

En el caso de los interiores, aparece la habitación con los útiles del oficio del padre, con el mobiliario característico del lugar o bien, en una buena parte de los cuadros, hay escenas que se desarrollan en la cocina donde la mujer desempeña sus labores.

Todos los detalles, aún los más pequeños, están ejecutados con cuidado y realismo, en algunos casos las frutas, animales y útiles de cocina, se disponen en el fondo o forman parte de la escena principal, a semejanza de los cuadros de las naturalezas muertas o alacenas

En las series conocidas, cada escena o cuadrete, lleva un número que corresponde al lugar que ocupa, dentro de ella, además de un texto, con la designación de los progenitores y la el producto, de acuerdo a la taxonomía empleada. En el primer cuadro de algunas series el texto se inicia con la palabra “generación de”, situando a continuación el nombre del miembro masculino o femenino de la pareja, luego la preposición “y” o “e”, para seguir con la designación del otro miembro de la pareja y después el verbo “produce” o “nace”, y el apelativo que corresponde al niño.

Imagen 18. De español y mestiza castiza. Óleo sobre tela S.XVIII.

Museo de América, Madrid. Imagen tomada del libro García S.

(1989) Las Castas Mexicanas. Un género pictórico Americano.

México Olivetti. pp. 82

Imagen 19. De español y negra Mulata. Óleo sobre tela S.XVIII. Museo de América, Madrid. Imagen tomada del libro García S. (1989) Las Castas Mexicanas. Un género pictórico Americano. México Olivetti. pp. 146

Estos textos pueden ir pintados encima de las figuras, directamente sobre el fondo, también dentro de una banda o en un espacio rectangular tratándose de cuadretes dentro de un solo lienzo, aunque por lo general se pintan en la parte baja dentro de una cartela circular, ovalada o mixtilínea. En algunas pinturas se suelen colocar textos con los nombre populares de las frutas que se encuentran representadas.

No existe una sola clasificación para todas las series, por lo que se presentan diferencias en los textos de una a otra. Únicamente tienen correspondencias las designaciones de las mezclas de los tres grupos

raciales primarios; españoles, indios y negros. Casi en todas se encuentra coincidencia en las cinco primeras pinturas, a las que corresponden los textos:

- De español(a) e indio(a): mestizo(a).

- De Mestizo(a) y español(a): castizo(a).

- De castizo(a) y español(a): español(a).

- De español(a) y negro(a): mulato(a).

- De español(a) y mulato(a): morisco(a).

Los nombres de los productos que corresponden a las mezclas anteriores, difieren notablemente de una serie a otra, ya que los apelativos de los productos de las mezclas no corresponden siempre

a los mismos progenitores, ni el tipo de éstos a productos similares.

La nomenclatura empleada es muy variada y abundante. Entre los términos que figuran con mayor frecuencia para designar los productos de las mezclas se encuentran los de albino, chino, torna atrás o salta atrás, lobo, grifo, cambujo, albarazado, cuarterón, barcino o bararcino, coyote, coyote mestizo, chamiso, gíbaro, zambaigo, calpamulato, tente en el aire, genízaro, no entiendo y ahí te estás.

Imagen 20. “Castas”. Anónimo. Óleo / tela. Castillo de Chapultepec, México

Términos pintorescos, que en buena parte proceden de los utilizados para designar animales, en especial de ganadería caballar, que resultan en unas confusas y complicadas clasificaciones raciales.

A pesar de representar difíciles clasificaciones, los cuadros de castas fueron considerados como un testimonio veraz de la existencia de castas, que algunos autores tratan de explicarempleando las clasificaciones raciales inscritas en estos cuadros.

Esta información, sugiere que los cuadros de castas fueron pintados para mostrar las mezclas raciales de la población de la Nueva España, empelando clasificaciones eruditas, que nunca

tuvieron una aplicación en la práctica. Es importante señalar, que en un buen número de las series conocidas, se incluye una pintura que representa a los “gentiles”, “indios salvajes” o “indios apaches”, donde también figura una pareja con su pequeño hijo, luciendo un atuendo muy estilizado, formado por un faldellín y tocado de plumas, armados con arcos y flechas. Además en algunas, además de las mezclas raciales aparecen representados clérigos, alabarderos e indios de

la sierra. Por los contenidos que expresan los cuadros de castas de la Nueva España, se puede afirmar que fueron ideados por Fernando de Alencastre Noroña y Silba, duque de Linares, Marqués de Valdefuentes, Porta Alegre y Govea, trigésimo quinto Virrey de la Nueva España, que gobernó del 15 de enero de 1711 al 15 de agosto de 1716, para mostrar en Europa los diversos tipos humanos de su virreinato, y algunos los pintó Juan Rodríguez Juárez. Otras series, fueron mandadas pintar por el obispo auxiliar de Puebla Juan Francisco de Loaiza, entre 1743 y 1747. Su autor fue Luis Berrueco, pintor poblano.

Imagen 21. Autor: Francisco Chapera. Título: chino o India: Genízaro.

Imagen tomada del libro García S. (1989) Las Castas Mexicanas. Un género pictórico Americano. México Olivetti. pp. 146

Datos que sugieren que este tipo de pinturas, se originó en la primera mitad del siglo XVIII, en las ciudades de México y Puebla, con objeto de mostrar como una curiosidad a los europeos el tipo físico, indumentaria y oficio de las diversas mezclas raciales de la Nueva España, utilizando clasificaciones eruditas, donde se reunieron términos de origen popular, empleados para designarlas con carácter despectivo, realizadas como motivo de curiosidad para las mentalidades ilustradas del siglo XVIII.

2.3 Retrato de la familia Fagoaga Arozqueta a los pies de la virgen de Aránzazu