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Planteamiento del problema y pregunta de investigación

In document MARÍA DE LOS ÁNGELES DELGADO CARRILLO (página 41-44)

Se ha estimado que la población actual duerme cerca de una hora menos que hace un siglo, esto es una reducción de 20 a 25% de nuestro tiempo de sueño, (Van Cauter, 2007; Howard, 2000): Esta situación tiene su origen desde principios del siglo XX, con la invención de la bombilla eléctrica y la luz artificial, lo que nos ha permitido manipular la duración, el inicio y el termino del tiempo de nuestro dormir lo que nos ha dado acceso a realizar múltiples actividades durante el periodo de oscuridad transformando a la sociedad en una sociedad activa durante las 24 horas del día.

Esto se ha visto agravado por los incesantes cambios tecnológicos, sociales, culturales y económicos recientes, como la televisión, internet, diversión y entretenimiento nocturnos, estudiar de noche, videojuegos, alargamiento o combinación de jornadas laborales, etc. En este contexto, parte del mundo sigue funcionando durante la noche, lo que implica que hasta una quinta parte de la fuerza laboral en países desarrollados funcione con sistemas de turnos nocturnos o rotatorios (Oblitas, 2006). Esto conlleva graves problemas en nuestro dormir (Harma, 1998; Monk, 2003), que se han traducido en importante problemas de salud (Garbarino, 2002; Díaz-Campo, 2008).

Este fenómeno es un problema y es preocupante debido a que la evidencia acumulada sugiere que el dormir de manera adecuada y suficiente es un factor determinante para mantener la salud, pues forma parte de los estilos de vida, y nos afecta de manera general como un determinante de la salud, entendiendo este como

"el conjunto de factores sociales, políticos, económicos, ambientales y culturales que

Jornadas laborales nocturnas y su influencia en los estilos de vida

ejercen gran influencia en el estado de salud" (OMS, 2005). Además de la privación de sueño por cuestiones laborales o personales, los trastornos de sueño, cerca de 90 diferentes, son la otra causa de somnolencia diurna excesiva, el síndrome de apnea obstructiva del sueño y el insomnio son los más prevalentes, por nombrar algunos. De manera empírica, se reconoce que cerca de la mitad de los pacientes con somnolencia excesiva que acude a las clínicas de trastornos del dormir, han sufrido accidentes de tránsito y, un porcentaje aún mayor, accidentes laborales. Diversos estudios han vinculado el sueño acortado o insuficiente, generalmente definido como dormir menos de 8 horas por noche, con alteraciones metabólicas y cognitivas, y como consecuencia, deterioro en la calidad de vida y el aumento del riesgo de sufrir accidentes y múltiples condiciones adversas de salud, reconocidas como serios problemas de salud pública, tales como enfermedades cardiacas, cáncer, obesidad y diabetes, depresión y burnout (Díaz-Campo, 2008), así como deterioro cognitivo que se expresa en disminución del rendimiento, la atención, la capacidad y velocidad de respuesta, la memoria, ejecución de acciones complejas como la realización de operaciones matemáticas y la inestabilidad para cumplir con las funciones neuroconductuales de la vigilia, ligando incluso al malfuncionamiento inmune

(Drummond, 2000; Spiegel, 1999; Van Dongen, 2003). Los experimentos de

restricción crónica de sueño, el tipo de pérdida de sueño sobrellevado por muchas personas, con fragmentación y acortamiento prematuro del dormir, demuestran que los déficits cognitivos se acumulan con el tiempo hasta niveles severos, sin que el individuo perciba alteración alguna. Diversos estudios han puesto de manifiesto, como sello distintivo de la privación del sueño, lapsos con déficit cognoscitivo cada

Delgado Carrillo María de los Ángeles-2013

vez más largos y frecuentes que implican cambios que se distribuyen en diversas regiones del cerebro.

La privación de sueño y sus secuelas como la somnolencia diurna son un grave problema desde la visión de la Promoción de la Salud pues como podemos apreciar, las evidencias nos muestran que la falta de sueño tiene un gran impacto, desde respuestas celulares (Huang, 2011; Poe, 201 O) e inclusive alteraciones a nivel social y en los estilos de vida (Bixler, 2009). Asimismo, el acortamiento del sueño se ha relacionado con enormes costos sociales y económicos. En los países desarrollados se han medido los costos directos (uso de servicios médicos para tratamiento y diagnostico) e indirectos (accidentes, pérdida de horas laborales y escolares) y se han estimado en miles de billones de dólares (National Sleep Foundation, 2005). Se ha establecido que los costos generados por esta problemática, en los Estados Unidos es de aproximadamente 50 mil millones de dólares por año (Leger, 1 994), y que los accidentes relacionados con trastornos del dormir o con privación de sueño superan los 100,000 eventos por año, produciendo cerca de 1 500 muertes directas en ese mismo país (citado en: Fundación Científica y Tecnológica, Asociación Chilena de Seguridad, 2008). Todo lo anterior convierte a la privación de sueño y la somnolencia excesiva diurna en un grave problema de salud pública no reconocido

(McCarty, 201 0), no solo en Estados Unidos, sino en el mundo. Además, es un

problema desde la mirada del promotor de la salud pues el dormir es un componente de los estilos de vida y en pocos estudios o ninguno se ha hecho una evaluación integral del estilo de vida (Macedo de la Concha, 2001 ), y por ende no es tomado en cuenta como un derecho humano. Por lo cual es una necesidad imperiosa no sólo

Jornadas laborales nocturnas y su influencia en los estilos de vida

generar investigación relacionada con el dormir sino cuestionamos sobre el dormir y sus alteraciones por lo menos relacionadas con el trabajo que forma y deforma al ser humano.

Pregunta de investigación

Todo lo anterior nos genera algunas preguntas ¿Qué alteraciones genera la privación de sueño por jornadas laborales nocturnas en los estilos de vida? ¿Es el trabajo nocturno y/o la somnolencia diurna factores de riesgo para la salud?

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