II.2. La política social en México: La pobreza y su medición
II.2.4. De “pobreza y vulnerabilidad social” al “Desarrollo de Capacidades”
La conceptualización de la pobreza ha continuado modificándose y de acuerdo con Boltvinik y Hernández (1999: 12), tenemos que a fines de la década de los ochenta y principios de los noventa: “Debido a que en este periodo coyuntural caracterizado por un mundo globalizado, el factor estratégico de la competencia global es el referente a las capacidades humanas movilizadas en la actividad económica”. En concordancia con ello, se conceptualizó a la pobreza de dos maneras, por una parte, se le consideró un estado de carencia de ingresos monetarios y, por otro, como una falta de capacidades (Álvarez, 2008).
Esta nueva forma de concebir la pobreza llevó a que al menos en el medio académico y desde la perspectiva de las agencias de desarrollo, hablar de pobreza ya no sólo representa marginación e informalidad, y los términos de vulnerabilidad y exclusión social pasaron a jugar un papel más relevante.
Townsend (1979) hace una crítica sobre las tres concepciones de pobreza que se desarrollaron en el siglo XX, cuestionando el concepto de subsistencia pues no debe asumirse a las personas simplemente como entes individuales con necesidad de reemplazar constantemente sus fuentes internas de energía, sino que también son seres sociales que tienen que desempeñar papeles sociales diversos. En ese sentido, considera la concepción de necesidades básicas como una ampliación del concepto de subsistencia y la cuestiona por su escasa o nula
26 fundamentación en la elección de rubros. Townsend defiende el enfoque de la privación relativa, y se ha convertido en su teórico principal.
La versión de Townsend de la pobreza es más integral y suma una serie de factores que en su conjunto la caracterizan de una forma más completa. En términos generales plantea que los individuos y las familias están en pobreza si carecen de recursos para obtener los tipos de dieta que les son necesarios, no pueden participar en las actividades que se acostumbran socialmente en condiciones adecuadas. En sus propias palabras, plantea que “sus recursos están gravemente por debajo de los que dispone el individuo o la familia promedio que resultan, en efecto, excluidos de los patrones ordinarios de vida, costumbres y actividades” (Townsend, 1979: 12). En resumen, para Townsend la pobreza es aquella situación en la que se encuentran quienes no tienen los recursos suficientes para satisfacer sus necesidades, sin restringirlas a las condiciones más elementales de subsistencia.
A partir de la segunda mitad de los noventa y de las conclusiones de la Cumbre de Copenhague (1995), los temas de la pobreza empezaron a jugar un papel más importante en las agendas de los gobiernos y el rol central en el desarrollo social lo ocuparán las personas; los organismos internacionales (ONU, BM, FMI, BID, etcétera) igual ceden tal atención a las personas y el discurso de la “pobreza”, desde entonces, cede al del “desarrollo de las capacidades”.
En este tenor, similar a los planteamientos de Townsend, la pobreza adquiere una nueva caracterización: no es pobre sólo aquél que carece de recursos e ingresos para satisfacer sus necesidades básicas y tampoco cuenta con los servicios públicos más elementales para vivir dignamente; serán pobres quienes además de carecer de ingresos, están faltos de servicios públicos básicos como salud, educación, agua potable, etcétera. Desde la Cumbre de Copenhague de 1995 la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) plantea que los pobres, adicionalmente a todo lo anterior, carecen de oportunidades, son marginados y excluidos de la toma de decisiones y de las diversas políticas sociales. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo
27 (PNUD) señala que en la pobreza no sólo existe un bajo nivel de ingresos, sino también deficiencias en los sistemas de salud, educación y servicios públicos, lo que necesariamente limita a las personas para ejercer sus derechos humanos, políticos, ciudadanos y sociales.
La nueva conceptualización de la pobreza conduce a nuevos planteamientos sobre la forma de medirla y considerar lo que debe entenderse por falta de capacidades.
Uno de los instrumentos para hacerlo es el Método de Medición Integrada de la Pobreza (MMIP), el índice del progreso social-privación vital de Desai, la línea de pobreza objetiva; pobres de verdad, Índice de Desarrollo Humano (IDH), etcétera.
De acuerdo con algunos autores el método más integral para la medición de la pobreza es el MMIP porque integra las variables de los métodos de LP y NBI.
Además, que nos da oportunidad de a la población recién empobrecida y a la que tiene un carácter más estructural (Boltvinik, 2003; Boltvinik y Damián, 2003).
En política social los términos que representan los principales retos son los de exclusión y vulnerabilidad social. Fuentes (2000) menciona que excluir es apartar y, entonces, ignorar, haciendo de los excluidos figuras que no participan, debido a la voluntad de otros en la dinámica productiva y en las decisiones de la estructura social.
De acuerdo con la CEPAL (2001), la vulnerabilidad social, se traduce en aquellas condiciones de riesgo, inseguridad e indefensión que sufre un individuo o grupo social.
En el mundo globalizado, México no podía sustraerse a la aplicación de las políticas de combate a la pobreza que señalan y de alguna manera imponen organismos internacionales como el FMI, el Banco Mundial y el BID, obligando a nuestro gobierno a atender, como lo dictan dichos organismos, los fenómenos de la pobreza, la marginación, la exclusión y la vulnerabilidad social.
En concordancia con las políticas de los organismos internacionales citados, en el sexenio de Ernesto Zedillo (1994-2000) y particularmente en 1997, se creó el Programa Educación, Salud y Alimentación (PROGRESA), con el propósito de combatir la pobreza extrema. Con este programa se pretendía disminuir los índices de pobreza a través de la inversión en capital humano. El programa otorgaba
28 directamente subsidios a las familias en situación de pobreza del medio rural, al margen del desarrollo comunitario local, su centro era la familia y el individuo.
En términos económicos, el capital humano es conceptualizado como el valor de las posibilidades de percibir renta de individuos, incluye la capacidad y el talento innato, así como la educación y las cualificaciones adquiridas. Los elementos principales del factor capital humano son la educación, la salud y la alimentación (Stanley, 1989). Como indica Hipólito Mendoza (2011), PROGRESA fue sólo un paliativo más en el combate en la pobreza, no representó un medio innovador que diera lugar a la atención de las causas de la misma: una vez más se asumió una política clientelar y poco transparente en la administración de los recursos aplicados.
En el sexenio de Vicente Fox (2000-2006), en el segundo año de gobierno, se inició con el Programa de Desarrollo Humano OPORTUNIDADES que retomaba los planteamientos centrales de PROGRESA y puede considerarse como su continuador. En OPORTUNIDADES se recuperan tanto las conceptualizaciones de la pobreza como la filosofía para combatirla o enfrentarla, así como las reglas operativas de funcionamiento, como los requisitos para acceder a sus apoyos, la celebración de asambleas comunitarias, etcétera.
Si centramos la atención en lo referente a las políticas públicas, podemos afirmar que OPORTUNIDADES es la concreción del modelo incremental de Lindblom (1996), toda vez que se retoman los aspectos medulares de PROGRESA y sólo se le hacen modificaciones menores. Con OPORTUNIDADES, al igual que con PROGRESA, sólo se atienden algunas necesidades básicas, por lo que la atención al desarrollo humano que se incluye en su nombre es limitado. Consecuentemente, la conceptualización de la pobreza y los mecanismos para combatirla parecen disociados o pobremente relacionados.