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Prácticas pedagógicas

2. MARCO CONCEPTUAL

2.3. Prácticas pedagógicas

Esto sugiere que el papel del maestro no se limita a enseñar contenidos disciplinares de forma mecánica y desligada de las realidades, necesidades y expectativas de los educandos;

más bien supone una práctica reflexiva, que a partir de la relación adecuada con sus estudiantes, permita la formación de los sujetos en todas sus dimensiones del desarrollo (cognitiva, comunicativa, corporal, ética, estética y afectiva). Cabe señalar que la práctica pedagógica no se refiere solo al “hacer”, también es necesario “saber".

Por ello Hamburger (2012,) menciona que:

Cuando se habla de práctica pedagógica, se alude al conjunto de acciones, medios, recursos, estrategias y procesos que se dan en el acto de educar. De esta manera, se puede afirmar que en la práctica pedagógica se fusionan teoría y acción; es decir, el saber producido por la pedagogía se hace evidente en la escuela, en el ejercicio cotidiano y repetitivo, por tanto son los educadores, quienes responden por esta fusión pues son ellos quienes asumen directamente la tarea de educar (p. 116).

Entendiendo entonces que la práctica está estrechamente ligada al saber, es responsabilidad del docente conocer su campo de acción: los contextos educativos, las necesidades de sus estudiantes, los propósitos de la formación, los diferentes métodos de enseñanza, entre muchos otros, que le permitan orientar su quehacer de tal manera que asuma prácticas pedagógicas adecuadas, de cara a los diferentes retos que puedan presentarse en el aula, entre ellos la diversidad y los ritmos de aprendizaje de sus educandos.

Por consiguiente, la práctica pedagógica no solo debe involucrar las técnicas y las teorías, es necesario que esté mediada por la disposición humana moral, ética y política,

(entendiendo este último no como el adoctrinamiento partidista, sino como la postura crítica que el docente asume al ejercer su quehacer), pues le permitirán reflexionar y actuar sobre el qué, el cómo, el porqué de su labor y sobre todo el papel que su función tienen en la sociedad.

Desde esta perspectiva, el concepto que más se acerca a los intereses investigativos y al de escuela inclusiva es el de Barragán (2012), quien define las prácticas pedagógicas como las “Intencionalidades del ejercicio docente que van de lo posible a las acciones concretas que involucran la ética, la moral y la política.” (p. 25). A partir del saber disciplinar, las técnicas, los métodos, las estrategias de enseñanza y el papel social que cumple; logrando actuar y reflexionar permanentemente su práctica, con la clara finalidad de hacer las cosas bien. Asimismo este autor señala que “La práctica pedagógica es una cuestión de la disposición humana, más que de replicabilidad de técnicas” (p. 23).

Teniendo en cuenta estos conceptos Barragán establece unas características que le son propias al quehacer docente.

Saben sobre cómo aprendemos, que hace referencia a los conocimientos sobre las teorías del aprendizaje a partir de las dimensiones del desarrollo.

Preparan de manera singular su clase, desde el diseño de técnicas que le permitirán

alcanzar los objetivos propuestos con sus estudiantes, desde una perspectiva clara de humanidad.

Confían en sus estudiantes, porque tienen una concepción positiva y diversa de los estudiantes, sin prejuicios ni paradigmas sociales, permitiendo motivar el logro máximo de su aprendizaje.

Dirigen sus clases de modo que salen de lo tradicional, a partir de la reflexión permanente de sus prácticas que le permiten innovar en su quehacer diario, buscando alcanzar el aprendizaje efectivo de todos sus estudiantes.

Evalúan rigurosamente a las personas a su cargo y a sí mismos, se concibe la evaluación no como un método de eliminación, sino más bien como un proceso de formación y crecimiento del docente y sus estudiantes.

Tratan a los estudiantes como seres humanos, el docente comprende que su labor pedagógica se centra en seres humanos, en este sentido asume la educación de los mismos con sentido ético, moral y político.

2.3.1. Dominios propios del maestro que permiten modificar o trasformar sus prácticas.

Barragán (2012), establece los dominios que son propios de los docentes para el desarrollo de su práctica pedagógica, entendiendo dominio desde la visión del autor, como:

La facultad por la cual alguien puede disponer de aquello que de suyo le pertenece con miras a ejercer algún tipo de transformación. En este caso la práctica pedagógica exige ciertos dominios, que le son propios al maestro y por ello puede ejercer algún tipo de modificación” (p. 26).

Los dominios que propone el autor son los siguientes:

Dominio crítico de las concepciones sobre la humanidad. Visión que el profesor tenga de lo humano. Asumir críticamente las relaciones culturales, políticas, morales, éticas y axiológicas (teoría del valor), para transformarlas.

Dominio de las acciones que lo identifican como profesor. (Comprenderse como maestro), conocer qué es lo que hace y cómo lo hace. Lo que le permitirá el ejercicio de unas prácticas auto-reflexionadas, desde una disposición ética.

Dominio de sus horizontes práxicos y técnicos. Entendida la

“Praxis como el conjunto de acciones técnicas que con reflexión se encarnan en la realidad, el profesor debe dominar las técnicas propias de su saber pedagógico, pero a la vez, reconocer que tales actividades tienden a fines individuales y sociales (p. 28).

Dominio de la teoría que sustenta sus acciones educativas. “Comprender sobre teoría educativa, fundamentos educativos, epistemológicos y filosóficos de las prácticas pedagógicas” (p. 33). Toda acción está motivada por horizontes teóricos. Desde “la comprensión del mundo”, debe dominar los horizontes pedagógicos, las competencias y desempeños, el papel de la evaluación, comprensión sobre el currículo, promover los cambios educativos y los conocimientos científicos que se originan en la educación.

Dominio de conocimientos disciplinares. “Reflexionar rigurosamente, pero fundamentalmente actuar” (p. 34). “Actuar de manera decidida”, enseñar conocimientos para un fin social, es deber de los maestros comprender los campos del saber que brindan un horizonte general de las disciplinas desde una perspectiva humana. A partir de la reflexión, se establece que acciones concretas se realizan, que horizontes teóricos se poseen a nivel pedagógico, epistemológico y filosófico, el tiempo en el que se realizan las estrategias, los procesos de autoevaluación y evaluación, las herramientas que se usarán para sistematizar las experiencias, los recursos que se disponen para el desarrollo de la práctica, el valor que dichas

acciones tienen para el docente, los estudiantes, la institución y la sociedad con el fin de reflexionar pero sobre todo actuar.