Capítulo 2. Incorporación de la Antártida al territorio argentino
2.1. Normativa
2.1.1. Política antártica
2.1.1.1. Primeras iniciativas antárticas (1900-1940)
Las primeras tentativas con relación a la Antártida que contaron con algún tipo de patrocinio de parte del estado argentino, provinieron del Instituto Geográfico Argentino (IGA), una sociedad científica fundada en 1879, que, si bien era formalmente privada, tenía estrechos lazos con el gobierno nacional. Desde este instituto, se propusieron tres expediciones científicas a la Antártida en los años 1880, 1882 y 1886, que finalmente no se llegaron a realizar (Capdevila y Comerci, 2013).
También podemos mencionar una solicitud realizada en 1894 por el ciudadano Luis Neumayer para explorar los territorios situados al sur de la Patagonia, que en ese momento se denominaban tierras de Grand, y correspondían a lo que actualmente conocemos como península Antártica (Fitte, 1974). A través de una resolución rubricada por el presidente Luis Sáenz Peña, se autorizó la solicitud, pero aclarando que “No podrá
en ningún caso el recurrente proceder a explotar, ya sea por su cuenta o la de terceros, las riquezas minerales o vegetales de las comarcas que recorra; debiendo en oportunidad elevar al Gobierno un informe detallado sobre los estudios y observaciones verificados en los territorios de que se trata.” (resolución s/n). Si bien no se tienen registros de que la exploración propuesta por Luis Neumayer se haya llevado a cabo, Capdevila y Comerci (2013) sostienen que su autorización constituyó un acto de ejercicio de soberanía del estado argentino sobre una parte de la Antártida, que se consideraba perteneciente a su territorio.
Lo que se conoce como el “primer plan antártico” del estado argentino, consistió en una serie de actividades llevadas adelante en el contexto de las expediciones antárticas organizadas por el VI Congreso Internacional de Geografía (Coli, 2013). Sin embargo, consideramos que es un tanto aventurado hablar de la existencia de un plan, ya que, por un lado, advertimos, que las actividades que se realizaron con relación a la Antártida estuvieron determinadas por requerimientos de otros países, antes que por la iniciativa del propio gobierno argentino, y por el otro, se puede decir que tenían un carácter tentativo. Por estas razones, preferimos hablar de las primeras iniciativas antárticas, para referirnos a las actividades que los organismos del estado argentino, en especial la marina, llevaron adelante en las primeras décadas del siglo XX, que revisaremos a continuación.
Efectivamente, en el mencionado congreso, celebrado en Londres (Reino Unido) en 1895, se le había solicitado al gobierno argentino instalar un observatorio meteorológico y magnético en la isla de los Estados, para hacer “…que las observaciones que se realizaran en otros lugares antárticos, especialmente dentro del sector argentino, pudieran ser comparadas” (Comisión Nacional del Antártico, 1948:38).
En 1901, el presidente Julio Roca dio lugar al requerimiento, iniciando la colaboración del estado argentino en la expedición antártica internacional. No sólo se instaló el observatorio de la isla de los Estados, sino que, además, se promovió la inclusión de oficiales de la marina en alguna de las expediciones que explorarían diferentes zonas de la península Antártica. Tal fue el caso del alférez José Sobral, quien formó parte de la expedición que comandó el geólogo sueco Otto Nordenskjöld, a cambio de abastecimiento de carbón y otros víveres por cuenta del gobierno argentino (Puglisi, 2018). Además, la marina contempló la posibilidad de poner en funcionamiento otra estación meteorológica en la isla Wandel (península Antártica) y adquirir barcos balleneros, o adecuar los existentes para la navegación en el océano Antártico, iniciativas que finalmente no se concretaron (Coli, 2013; Torchio, 2021).
Con respecto a la expedición comandada por Nordenskjöld, se sabe que recorrió el noreste de la península Antártica entre los años 1901 y 1903. Sin embargo, el barco que debía llevarlos de regreso al continente americano naufragó en las aguas congeladas del océano Antártico, motivo por el cual sus integrantes debieron ser rescatados por la marina argentina. El rescate de la expedición sueca fue un acontecimiento ampliamente celebrado y difundido, tanto en el ámbito local como en el mundial, e hizo comprender a las autoridades del gobierno que estaban dadas las condiciones para emprender una actividad antártica más sistemática (Coli, 2013; Torchio, 2021).
Paralelamente, otra expedición liderada por el naturalista escocés William Bruce navegó el mar de Weddell. Debido a complicaciones similares a las de la expedición sueca, sus integrantes debieron invernar en las islas Orcadas, en donde edificaron un refugio y estación meteorológica a la cual llamaron “Omond House”. A su regreso, William Bruce recaló en Buenos Aires, en donde negoció el traspaso de este establecimiento en favor del estado argentino. La transferencia, si bien figuró como una donación, se trató de una venta por la cual el estado argentino pagó la suma de 5.000 pesos, que se efectivizó en 1904 (Coli, 2013).
En efecto, a través de un decreto rubricado por Roca, se autorizó a la Oficina Meteorológica Argentina (Ministerio de Agricultura) a recibir y tomar posesión de esa instalación y establecer un observatorio meteorológico y magnético (decreto s/n).
También se estipuló que las dotaciones de personal serían reemplazadas anualmente por la marina, y se estableció una estafeta postal (Ministerio del Interior). Entre los fundamentos del precitado decreto, se mencionaba la “…alta conveniencia científica y política de extender a dichas regiones las observaciones que se hacen en el Observatorio de la Isla de Año Nuevo y en el Sur de la República.” Esta determinación, resulta ser de gran importancia, ya que el observatorio de las islas Orcadas fue el primer asentamiento permanente en la Antártida, así como “…el punto más meridional habitado del planeta en ese momento y que lo ha sido en forma continua hasta nuestros días, lo que dio como resultado la mayor serie sin interrupciones de mediciones meteorológicas antárticas durante cuarenta años” (Fontana, 2020:38).
Pese a estos incipientes avances, el interés de los siguientes gobiernos hacia esa región se redujo considerablemente en las décadas posteriores, limitándose únicamente a dar continuidad a los relevos anuales de las dotaciones del personal destinado a las islas Orcadas. Algunos autores, como Coli (2013) y Puglisi (2018), explican que esta disminución del interés se debió a dos motivos. Por un lado, al cambio de rumbo político que tuvo lugar en la década de 1910, y por el otro, al naufragio del barco ballenero
Austral, una embarcación que se destinaría a reemplazar a la antigua corbeta Uruguay.
Como consecuencia de esto último, además, estuvo la imposibilidad de instalar la otra estación meteorológica proyectada por la marina para la isla Wandel.
2.1.1.2. Centralización del tratamiento de los asuntos antárticos (1940-1951)