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Puede contenerse la violencia con medidas preventivas?

In document MATAMOROS ViOLENTO - Repositorio COLEF (página 176-182)

Artemisa López León

ciudadana y el capital social:

¿Puede contenerse la violencia con medidas preventivas?

Artemisa López León

“Todas las decisiones para llevar una vida normal en Tamaulipas giran alrededor de la violencia” (Correa, 2013:146). Desde 2010 se hizo evidente que la entidad se convirtió en un campo de batalla entre grupos del crimen organizado y de éstos con las fuerzas armadas: el Ejército, la Marina, los federales. Al parecer, el Estado ya no es el único dueño legítimo del derecho a ejercer la violencia y el crimen organizado controla diversas facetas de la vida social y económica (Correa, 2013:159).

Como expresa Zárate (2013:163), la guerra contra el narco- tráfico no fue el único tema en el discurso del presidente de México, Felipe Calderón (2006-2012), pero sí su discurso preeminente. En Tamaulipas (particularmente en la frontera) la violencia alteró radical- mente la vida de los fronterizos: el accionar de las bandas delictivas la volvió una zona muy vulnerable por el comercio y cruce de mercancías, entre las que se incluyen la droga y la mano de obra mexicana y centro- americana (Jurado, 2013a:7).

La historia de Matamoros se vincula al comercio por su privile- giada ubicación geográfica: es la frontera más cercana del centro del país a Estados Unidos y ha contado con un puerto marítimo –hace dos siglos en Playa Bagdad, Matamoros y actualmente en Puerto isabel, Brownsville, Texas–. En 1775, la ganadería y las actividades comercia- les atrajeron a los colonos a la región. Durante la segunda mitad del siglo

xix

se vivió una importante época de esplendor comercial debido a la producción e industrialización del algodón (Zárate, 2005:39, 41 y 85).

[ 179 ]

“Todas las decisiones para llevar una vida normal en Tamaulipas giran alrededor de la violencia” (Correa, 2013:146). Desde 2010 se hizo evidente que la entidad se convirtió en un campo de batalla entre grupos del crimen organizado y de éstos con las fuerzas armadas: el Ejército, la Marina, los federales. Al parecer, el Estado ya no es el único dueño legítimo del derecho a ejercer la violencia y el crimen organizado controla diversas facetas de la vida social y económica (Correa, 2013:159).

Como expresa Zárate (2013:163), la guerra contra el narco- tráfico no fue el único tema en el discurso del presidente de México, Felipe Calderón (2006-2012), pero sí su discurso preeminente. En Tamaulipas (particularmente en la frontera) la violencia alteró radical- mente la vida de los fronterizos: el accionar de las bandas delictivas la volvió una zona muy vulnerable por el comercio y cruce de mercancías, entre las que se incluyen la droga y la mano de obra mexicana y centro- americana (Jurado, 2013a:7).

La historia de Matamoros se vincula al comercio por su privile- giada ubicación geográfica: es la frontera más cercana del centro del país a Estados Unidos y ha contado con un puerto marítimo –hace dos siglos en Playa Bagdad, Matamoros y actualmente en Puerto isabel, Brownsville, Texas–. En 1775, la ganadería y las actividades comercia- les atrajeron a los colonos a la región. Durante la segunda mitad del siglo

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se vivió una importante época de esplendor comercial debido a la producción e industrialización del algodón (Zárate, 2005:39, 41 y 85).

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180

Durante el siglo

xx

, se imprimió una nueva dinámica económica a Matamoros con la construcción del ferrocarril Matamoros-Monterrey (1905) y de dos puentes internacionales (1905 y 1917), la apertura de la carretera Matamoros-Victoria (1928), el programa de inversiones en obras de riego que facilitó la producción de algodón en la década de 1930 (Cueva, Mendoza, Zárate y Quintero, 1998:91), el progra- ma de industrialización transfronteriza que arrancó en Matamoros en 1966, con la instalación de la primera maquiladora (Zárate, 1999:21), y hoy en día la vocación industrial de Matamoros se complementa con actividades agrícolas vinculadas a la producción de sorgo.

Sin embargo, a la par de estas prósperas actividades comerciales se ha podido documentar que desde principios del siglo

xix

, se desarrolló el comercio clandestino y a mediados de ese siglo, se dio un importante crecimiento del contrabando que desde entonces el gobierno falló en detener (Valerio-Jiménez, 2013:114,145). El siglo

xx

fue particular- mente rentable para los negocios ilícitos, especialmente en las décadas de 1980 y 1990 (Correa, 2013:140).

Todo ello ha contribuido a que históricamente en Matamoros se promueva “el contrabando de mercancías y con ello la creación de organizaciones delictivas y el desarrollo de la corrupción aduanal.

Pero también se registró en algunos momentos históricos, el turismo de consumo de bebidas alcohólicas y de diversión nocturna” (Jurado, 2013b:208).

Durante el siglo

xxi

, el comercio ilícito se ha vinculado a la ge- neralización de la violencia en Matamoros, posteriormente sólo en el estado y actualmente en muchas entidades de México. El 25 de enero de 2010 puede ubicarse como la fecha en que se desencade- nó una violencia social sin precedentes en Tamaulipas. Esto ocurrió con el enfrentamiento entre el Cartel del Golfo (

cdg

) –emergido en Matamoros, su principal centro de operaciones– y los Zetas, un grupo de desertores de élite de las fuerzas armadas de México que durante varios años estuvieron al mando del

cdg

y fungieron como su brazo armado, para luego independizarse y con ello empezar una guerra por el territorio. La ola de violencia que desató la ruptura entre ambos

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grupos dejó más de mil muertes vinculadas al narcotráfico en la entidad y ha traído graves consecuencias: el cruel deceso de cientos de migran- tes, el éxodo de personas en la frontera y eventos tan violentos como narcobloqueos, secuestro de autobuses de pasajeros, ataques a cuarte- les militares, prácticas brutales para generar terror entre miembros de los grupos delictivos, fugas de reos de las penitenciarías y secuestros, todo ello en un contexto caracterizado por la corrupción de funciona- rios gubernamentales y extorsiones a comercios (Correa, 2013).

En el último semestre de 2012 y el primer semestre de 2013, en la zona metropolitana de Matamoros hubo un incremento de 23.5 por ciento en el número de homicidios vinculados al crimen organizado (Guerrero Gutiérrez, 2013:23-24). Así mismo, Matamoros se ubicó en el puesto 114 del Índice de Violencia Municipal 2012 y los homi- cidios fueron el indicador más elevado de violencia en este municipio (

ccspjp

, 2013).

Esta violencia tiene consecuencias en la vida cotidiana de los mata- morenses que de manera involuntaria, entran en contacto diariamente con los grupos del crimen organizado –comercializadores de gasolina, dirigentes de centros nocturnos y hasta vendedores ambulantes o au- toridades municipales–, cuya presencia se hace visible en los espacios públicos que se convierten en un riesgo latente. De la misma manera, la presencia del crimen organizado es visible en diferentes conductas de los matamorenses, existen recreaciones y actitudes que reflejan la aceptación de una realidad inevitable (Jurado, 2013b:231-234).

Esta grave problemática, sumada a las pugnas por el territorio en

otras zonas del país –particularmente en la frontera norte, Sinaloa y

Michoacán–, contribuyó a que la seguridad pública se convirtiera en

el eje rector de los esfuerzos gubernamentales, a través de una estra-

tegia integral focalizada en la prevención del delito con participación

ciudadana. A continuación se discutirá esta suposición, a partir de los

hallazgos encontrados sobre Matamoros por los autores de este libro.

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Durante el siglo

xx

, se imprimió una nueva dinámica económica a Matamoros con la construcción del ferrocarril Matamoros-Monterrey (1905) y de dos puentes internacionales (1905 y 1917), la apertura de la carretera Matamoros-Victoria (1928), el programa de inversiones en obras de riego que facilitó la producción de algodón en la década de 1930 (Cueva, Mendoza, Zárate y Quintero, 1998:91), el progra- ma de industrialización transfronteriza que arrancó en Matamoros en 1966, con la instalación de la primera maquiladora (Zárate, 1999:21), y hoy en día la vocación industrial de Matamoros se complementa con actividades agrícolas vinculadas a la producción de sorgo.

Sin embargo, a la par de estas prósperas actividades comerciales se ha podido documentar que desde principios del siglo

xix

, se desarrolló el comercio clandestino y a mediados de ese siglo, se dio un importante crecimiento del contrabando que desde entonces el gobierno falló en detener (Valerio-Jiménez, 2013:114,145). El siglo

xx

fue particular- mente rentable para los negocios ilícitos, especialmente en las décadas de 1980 y 1990 (Correa, 2013:140).

Todo ello ha contribuido a que históricamente en Matamoros se promueva “el contrabando de mercancías y con ello la creación de organizaciones delictivas y el desarrollo de la corrupción aduanal.

Pero también se registró en algunos momentos históricos, el turismo de consumo de bebidas alcohólicas y de diversión nocturna” (Jurado, 2013b:208).

Durante el siglo

xxi

, el comercio ilícito se ha vinculado a la ge- neralización de la violencia en Matamoros, posteriormente sólo en el estado y actualmente en muchas entidades de México. El 25 de enero de 2010 puede ubicarse como la fecha en que se desencade- nó una violencia social sin precedentes en Tamaulipas. Esto ocurrió con el enfrentamiento entre el Cartel del Golfo (

cdg

) –emergido en Matamoros, su principal centro de operaciones– y los Zetas, un grupo de desertores de élite de las fuerzas armadas de México que durante varios años estuvieron al mando del

cdg

y fungieron como su brazo armado, para luego independizarse y con ello empezar una guerra por el territorio. La ola de violencia que desató la ruptura entre ambos

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grupos dejó más de mil muertes vinculadas al narcotráfico en la entidad y ha traído graves consecuencias: el cruel deceso de cientos de migran- tes, el éxodo de personas en la frontera y eventos tan violentos como narcobloqueos, secuestro de autobuses de pasajeros, ataques a cuarte- les militares, prácticas brutales para generar terror entre miembros de los grupos delictivos, fugas de reos de las penitenciarías y secuestros, todo ello en un contexto caracterizado por la corrupción de funciona- rios gubernamentales y extorsiones a comercios (Correa, 2013).

En el último semestre de 2012 y el primer semestre de 2013, en la zona metropolitana de Matamoros hubo un incremento de 23.5 por ciento en el número de homicidios vinculados al crimen organizado (Guerrero Gutiérrez, 2013:23-24). Así mismo, Matamoros se ubicó en el puesto 114 del Índice de Violencia Municipal 2012 y los homi- cidios fueron el indicador más elevado de violencia en este municipio (

ccspjp

, 2013).

Esta violencia tiene consecuencias en la vida cotidiana de los mata- morenses que de manera involuntaria, entran en contacto diariamente con los grupos del crimen organizado –comercializadores de gasolina, dirigentes de centros nocturnos y hasta vendedores ambulantes o au- toridades municipales–, cuya presencia se hace visible en los espacios públicos que se convierten en un riesgo latente. De la misma manera, la presencia del crimen organizado es visible en diferentes conductas de los matamorenses, existen recreaciones y actitudes que reflejan la aceptación de una realidad inevitable (Jurado, 2013b:231-234).

Esta grave problemática, sumada a las pugnas por el territorio en

otras zonas del país –particularmente en la frontera norte, Sinaloa y

Michoacán–, contribuyó a que la seguridad pública se convirtiera en

el eje rector de los esfuerzos gubernamentales, a través de una estra-

tegia integral focalizada en la prevención del delito con participación

ciudadana. A continuación se discutirá esta suposición, a partir de los

hallazgos encontrados sobre Matamoros por los autores de este libro.

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La política de seguridad pública:

Prevención del delito con participación ciudadana

Como se comentaba en el capítulo introductorio de este libro, durante el sexenio de Felipe Calderón la política de seguridad tuvo como premisa central que las acciones preventivas eran sustanciales para combatir el crimen organizado y que la ciudadanía debería ser un activo copartícipe –desde la formulación hasta la ejecución de planes y programas– en la prevención del crimen así como en el combate y la sanción de delitos.

Como complemento de la prevención del delito, la estrategia de se- guridad que se implementó durante el gobierno de Calderón incluyó el uso del poder o factor militar, tuvo como principales características la monopolización de la seguridad nacional por parte de los militares, la baja profesionalización de los cuerpos de seguridad pública estatales y municipales, los desequilibrios en el desarrollo policial, la crisis y la mediocridad en el sistema de justicia penal en los estados, un sistema penal inquisitivo o inquisitorio y la descomposición social en algunas regiones del país. Sin embargo, fracasaron los esfuerzos del gobierno por combatir al narcotráfico e imponer el orden, la tranquilidad pública y la paz social (Moloeznik, 2013:15-16), lo que se corrobora al revisar los índices de violencia que prevalecen en el país, los delitos vinculados al narcotráfico y los recientes enfrentamientos violentos entre grupos del crimen organizado y civiles, conocidos como autodefensas.

El supuesto central de la política enfocada en la prevención del de- lito se sintetiza en la definición de violencias (en plural), que sirvió de base para los diagnósticos de las violencias sociales que se realizaron en las zonas más violentas del país, con recursos del Subsidio para la Seguridad Pública Municipal (Subsemun). De acuerdo con la incide Social, el organismo encargado de desarrollar los lineamientos generales de la visión, estas son violencias “susceptibles de contenerse, erradicarse o canalizarse positivamente con medidas de prevención social” (incide Social, 2011) y pueden definirse como:

Construcciones sociales, económicas y culturales, e incluso políticas. Son de diverso tipo según quién las comete, los que son víctimas, la forma en

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