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RECONSTRUCCIÓN TOTAL DEL SEÑORÍO

In document EL SEÑORÍO DE VILLENA EN EL SIGLO XV (página 185-200)

La anarquía en las sierras, en el reino de Murcia y la frontera, y la vin- culación al rey de Navarra del poderoso clan del almirante Enríquez, em- peoraron aún la situación y pusieron nervioso al condestable, que comenzó a actuar con precipitación no exenta de torpeza. Era, probablemente, lo que más convenía a Juan Pacheco, que en lugar de apoyar al que fuera su alia- do, comienza por entonces, junto al Príncipe, su táctica habitual de “ama- gar y no dar”44, de alternar los períodos de alboroto y sosiego, exhibiendo su fuerza sin dejar nunca claro contra quién se dirige. Tanto es así, que en junio de 1447 Juan II creía muy posible una vinculación entre ellos y Man- rique, por lo que pide a Cuenca que no atienda eventuales llamamientos de su hijo a favor del conde de Paredes y de otros caballeros45. Poco tiempo

año anterior a esa fecha.

43. Toma de posesión de Medellín, 16 de marzo 1447, AHN, Nobleza, Frías, C 704, D.

3. Confirmación posterior C 659 C 26 y C 111 D 1.

44. L. Suárez Fernández, Nobleza y Monarquía (puntos de vista sobre la Historia polí- tica Castellana del siglo XV). Valladolid, 1975, p. 170.

45. T. Iglesias Mantecón, Índice... p. 38.

después, pese a estas precauciones, Diego Hurtado de Mendoza provocaba disturbios de consideración en esa misma plaza.

Iniciado el verano de 1447, tropas de don Enrique y de los dos hermanos se concentran con ruido en Almagro y Segovia, no se sabe muy bien si ame- nazando a Rodrigo Manrique (que, sin embargo, había requerido su ayuda);

o al propio Condestable, que entonces intentaba atraerse a los Enríquez y había pedido al rey que reuniera a las suyas contra el príncipe. La crónica parece inclinarse más bien por esto último46. Sin embargo, el partido del príncipe de Asturias se limita e esperar los acontecimientos, obligando a don Álvaro a intervenir en todo y dar pasos en falso, adquiriendo la imagen de un claro dictador al que todos rechazan.

Cuando Alonso Fajardo, con apoyo de tropas de los reinos de Valencia y Granada, recibe más refuerzos de Rodrigo Manrique y cerca en Molina a don Pedro Fajardo (hijo de Alonso Yáñez y nuevo adelantado), don Álvaro de Luna envía un ejército en apoyo de este último, al que había concedido la merced de Jumilla (20 de junio de 144747). En octubre, el rey recibe en Soria a los embajadores de Aragón e intenta detener desesperadamente una nueva invasión, pero, rotos los tratos, el obispo Carrillo y el de Santillana lanzarán un ataque preventivo a Torija, lo que significaba que la guerra era un hecho48. El concejo de Murcia expulsará el 2 de diciembre de 1447 a los simpatizantes de don Pedro Fajardo y de su madre, y los aragoneses entra- rán en el reino y cercarán Molina durante algunos días. En enero de 1448, un ataque sorpresa aragonés tomará en la frontera de Cuenca el castillo de Huélamo, que será recobrado por Diego Hurtado de Mendoza, tan poco de fiar como los enemigos49. En el mes de febrero don Rodrigo Manrique se

46. “...Ordenó que el rey secretamente mandase llamar las más gentes que haber pudie- se, lo qual así se hizo, pero no se pudo tan secreto hacer, que el Príncipe e los que con el estaban no conociesen bien que contra él se ayuntaba aquella gente. E luego el prinçipe mando al marques de Villena e al maestre su hermano e al conde de Castro que juntasen sus gentes en Almagro, y él asimesmo mandó llamar todas las suyas, e así se comenzó muy grand rotura del reyno”. Crónica de Juan II, p. 652.

47. A. Antolí, Historia de Jumilla... p. 51.

48. Zurita, Anales... XV-LVIII.

49. En febrero de 1448 hay cartas en que el rey manda a Cuenca, Huete, Requena, Utiel y Moya recobrar el castillo de Huélamo, del que se había apoderado el rey de Navarra. En febrero y Marzo, Cuenca escribe al condestable, a Diego Hurtado y al conde de Castro, sobre ciertas prisiones de vecinos de Torralba hechas por Gómez Carrillo; y al rey, maestre de Santiago y A. Pérez de Vivero, sobre escándalos promovidos por vecinos de Cuenca y de la comarca en el castillo de Cuenca. El 9 de junio escribe a Diego Hurtado para que no promueva más escándalos y no traiga al castillo pertrechos de guerra (T. Iglesias Mante- cón, Índice... p. 138).

reunirá en Lorca con Alonso Fa- jardo y con 200 moros que éste le proporciona atacará las villas de Molina y Librilla. El ejército real del mariscal Fernández de Córdoba, con quien van el obis- po y el oidor Alonso de Zayas ocupaba Molina el 16 de mar- zo, pero no logrará pacificar el reino. Al contrario, Manrique, con refuerzo de 150 jinetes mu- sulmanes, y colaboración del regidor Arróniz, consigue entrar en Murcia –donde también recibe fuerzas aragonesas, y acaba estableciendo una tregua que mantiene en precario la autoridad monárquica, y que dura muy poco, además. En Cuenca, mientras tanto, también hay inquietud: el obispo Barrientos, por orden de don Álva- ro, expulsa por la fuerza, tras violentos combates en los que se incendiaron un centenar de casas, incluidas las del Ayuntamiento y las de los Mendo- za50, al alcaide don Diego Hurtado de Mendoza, sospechoso por ser el sue- gro de Manrique; pero esta ciudad será en adelante un objetivo claro del rey de Navarra, seguro de encontrar entre sus habitantes a muchos resentidos.

Quizá el mayor error que entonces cometió don Álvaro de Luna –no imputable a él, sino, tal vez, al príncipe- sería no aceptar las condiciones de Rodrigo Manrique, que ofrecía renunciar al maestrazgo de Santiago y someterse a cambio de algunas encomiendas para sus servidores y de la po- sesión de Alcaraz, a cambio de su villa de Paredes de Nava (como aquella ciudad pertenecía al Príncipe, éste recibiría la de Huete como compensa- ción51). Después de un par de meses de contactos, que serán torpedeados por el rey de Navarra, y muy probablemente por Pacheco y el príncipe de Asturias, Manrique comenzó una gran ofensiva con ayuda de Diego y Alonso Fajardo y de los reyes de Aragón y Navarra. Los moros saquearían la población de Cieza, llevándose de allí más de 1.000 prisioneros y 200 doncellas; y aldeas de Alcaraz, como Ayna, cuyas gentes recordarían lue- go durante muchos años cómo sus convecinos habían acabado cautivos en Granada52. Al tiempo, los Manrique continuarán luchando por el reino de

50. Quintanilla Raso, “Política ciudadana y jerarquización del poder…” p. 246.

51. J. Torres Fontes, Don Pedro Fajardo... p. 37. Crónica del Halconero, p. 496.

52. J. Torres Fontes, “La Frontera de Granada...” p. 204. Xiquena, castillo de la frontera.

Murcia 1979, p. 91 y sigs.

Cuenca

Murcia y las sierras de Segura y Socovos contra el adelantado Fernández de Córdoba53, al que derrotarán en la emboscada de Hornos, vengando así la toma de Alhambra y de Yeste, donde el mariscal había capturado 30 escuderos suyos54. Con su inhi- bición –o su complicidad- se ha- bía permitido igualmente a los moros la ocupación de Huéscar, estratégica plaza que el propio don Rodrigo había conquistado,

pero que a tenor de la voz popular de la comarca, vendió al rey de Granada.

Pérdida muy sensible para el rey de Castilla, pues esta plaza fuerte había sido siempre, y será en el futuro, la cabeza de puente para las algaradas musulmanas en toda la frontera.

Toda esta inquietud revalorizará la importancia estratégica de las tierras del príncipe, Pacheco y don Pedro Girón –aún desavenidos con el rey de Castilla- tanto en el marquesado de Villena como en Alcaraz y en las enco- miendas calatravas. Junto con los dominios de Pérez de Vivero en el valle del Júcar –que partían en dos el viejo Marquesado- y a las escasas plazas que seguían aún obedeciendo al rey y al condestable, estas tierras formaban un escudo frente a Murcia y su reino, Manrique, los Fajardo, los moros de Granada y alguna eventual invasión desde el reino de Valencia. Pacheco lo sabía y lo haría pesar en sus negociaciones, aunque probablemente a él le convenía más que al propio monarca evitar una vuelta del navarro (éste se proponía recobrar sus antiguos señoríos y los de su sobrino, don Enrique Fortuna, y parece que incluso lo tenía pactado con el príncipe55). Como demostración, Alonso Téllez “el Viejo”, el administrador de las tierras del príncipe y padre de Pacheco, destacará hasta Hellín a su sobrino homónimo con peones y jinetes de las tierras de ambos, para seguridad de esta zona limítrofe con el reino de Murcia.

53. M. Rodríguez Llopis, Conflictos fronterizos y dependencias señorial: La encomien- da de Yeste y Taibilla (siglos XIII-XV). Albacete, IEA, 1982, pp. 96-97.

54. Rades y Andrada, Chrónica de las tres órdenes y Caballerías de Santiago, Calatraua y Alcántara… Toledo, 1572, p. 61.

55. L. Suárez, Enrique IV de Castilla, Ariel, Barcelona, 2001, p. 83.

Ayna, población saqueada por los moros

Quién sabe si también proyectaba Pacheco, con pretexto de asegurar mejor el control de la Mancha albacetense, hacerse con Chinchilla, posi- ción dominante en la zona del sur del marquesado, poniendo fin así a una situación ambigua y conflictiva; o si acaso fue sólo algún rumor traído por agentes del rey de Navarra el desencadenante de una lucha de bandos en esta población. El hecho es que en a finales de febrero de 1448 los disturbios provocan la alarma de Chinchilla, y un concejo formado por personas sin ninguna adscripción determinada se reúne en la cámara, sin el corregidor, y decide elegir 37 hombres buenos “diputados” para “fauoresçer e esforçar la justiçia […] por quanto en la dicha çibdad de poco tiempo a esta parte son mouidos algunos escandalos e ruydos por algunos vezinos de la dicha çibdad, e porque entienden que es seruiçio de Dios e del sennor Prinçipe, e bien publico de la dicha çibdad”. Un numeroso grupo de vecinos –en el que no se cuentan los Pinar, los Soriano, los Plazuela, los Requena, ni Lope de Chinchilla, ni otros conocidos amigos del marqués- se comprometerá a denunciar a los alcaldes y ayudar a parar cualquier conspiración o alboroto armado (algo muy semejante a lo que un mes antes habían realizado los vecinos de Cuenca ante los producidos por la facción de Diego Hurtado de Mendoza56, que domina el castillo y en los meses siguientes comienza a dotarlo de pertrechos de guerra contra la voluntad del rey y del concejo).

Los alcaldes, que no quieren complicaciones, pondrán como tenientes a dos hombres comunes (aunque uno de ellos cederá a su vez el oficio a Ruy Martínez de Vala de Rey) y todo quedará en una asonada, que el príncipe de Asturias mandará investigar. Pero los promotores de “escándalos y rui- dos” saldrán muy bien librados esta vez por la inactividad de los alcaldes que habían de castigarlos –el principal de ellos Ruy Martínez, un claro partidario del marqués- y el posterior perdón que otorgará Pacheco. Proba- blemente esto evitó el adelanto de la entrega formal de la ciudad al marqués de Villena, pero no evitará que siga la tensión en los meses siguientes, que en septiembre de 1448 no haya elección de oficios –aunque sí está en Chinchilla el bachiller Pedro Sánchez de Arévalo, nuevo corregidor, que toma juramento tan sólo a los jurados57- y que se escuchen quejas contra el

56. T. Iglesias Mantecón, Índice…, p 138. Juramento de 17 de enero de 1448.

57. El 7 de octubre toma el corregidor el juramento a los jurados, y unos días después, el 22 de octubre, ya aparece rodeado de nuevos regidores (de los que no nos consta que fueran elegidos, y sí que algunos de ellos ya habían colocado tenientes en sus cargos).

Ignoramos si hay alcaldes, pero sí hay alguacil, un cierto Juan de Arévalo, ajeno a la ciu- dad, y muy probablemente pariente del corregidor. Junto al corregidor aparecen también algunos “escuderos” vecinos de San Clemente, y un “corredor” –verdugo- al que el con- cejo contrata en ese día. Todo apunta hacia una imposición del marqués de Villena, que

comportamiento de Benito Martínez y Ruy Martínez de Vala de Rey, los al- caldes a quien los regidores acusan en abril de su poco interés en aplicar la ordenanza “de los roydos e armas” (lo que es casi un reproche de estar en connivencia con los alborotados), advirtiendo a la vez que será culpa suya

“sy males o muertes recresçieren” 58. Y aunque no poseemos noticias del momento, es posible también que en Almansa se hubieran producido inci- dentes de consideración y algún golpe de mano (el 16 de agosto de 1448 el rey de Navarra escribe en Zaragoza a su lugarteniente en Orihuela sobre la libertad de la familia del vecino de Almansa Juan de Iniesta; y unos años después, sabemos que Pacheco devolverá los bienes embargados a un Juan de Alarcón, “al tiempo que el castillo de la dicha mi villa de Almansa me fue furtado por Juan de Iniesta”59).

Ya en el mes de abril se había establecido una tregua entre los reyes de Navarra y Castilla, y el primero marchó de Valencia a Zaragoza, a celebrar sus cortes; pero eso no implicaba que todos los problemas interiores fueran a resolverse; sobre todo la fuerte rebelión de Rodrigo Manrique, que había recibido el plácet del pontífice a su elección de maestre y seguía ocupando numerosos castillos santiaguistas, ni que Juan de Navarra dejara de ayu- dar a sus parciales, recibiendo a otros conspicuos partidarios que tenía en Castilla, e impartiendo instrucciones por correo60. Entre mayo y junio de 1448, Gómez Manrique había pedido desde Murcia refuerzos de Orihuela para esta ciudad, como había prometido el de Navarra, y otros en apoyo de Rodrigo Manrique, que estaba combatiendo Molina y Albudeite61. No sería de extrañar que los sucesos de la villa de Almansa tuvieran igualmente re- lación con acciones fronterizas, aunque esto no consta expresamente.

Otro error de don Álvaro consistió en atender la propuesta del príncipe y Pacheco, expresada por boca del obispo Fonseca62, de un gobierno dual

“manu militari” hubiera restaurado el orden en Chinchilla. Bien es cierto que apenas dos meses después hay ya otro alguacil, Gonzalo Ruiz de La Almarcha, vecino de Chinchilla.

A. Pretel Marín, Chinchilla medieval, pp. 252-253.

58. A. Pretel Marín, Chinchilla medieval, pp. 248-253.

59. El 1 de julio de 1454. A. Pretel Marín, Almansa medieval... p. 116. Acaso estos dis- turbios justifiquen la pérdida de la antigua ordenanza de la redonda de Almansa, que se vuelve a rehacer el 1 de julio de 1456, al haberse perdido la antigua “por algunos debates”

(A. M. Almansa, LCO, Fol. 26), aunque también es cierto que entre esas dos fechas hubo otros momentos de inquietud.

60. Zurita, Anales... XV-LIII.

61. M. Rodríguez Llopis, CODOM, XVII; Docs 60-65.

62. Fue éste quien convenció al condestable Luna de las grandes ventajas que tendría aliarse con Pacheco, “mostrándole cómo seyendo juntos con el rey y el otro con el prínçi-

en defensa del reino, que condujo en mayo de 1448 al golpe de Záfraga, con la ilegal prisión de los condes de Alba y Benavente y otros sospechosos (el almirante Enríquez y el conde de Castro consiguieron, no obstante, es- capar a Aragón, con ayuda del clan de los Manrique). Un golpe autoritario que indignó a todo el mundo, pero del que don Álvaro habría de figurar como único culpable, pues los inspiradores escurrieron el bulto de inme- diato, manteniéndose al margen, y casi en rebeldía, como si ellos también hubieran sido víctimas de aquella “tiranía”, y pidiendo entre tanto nuevas compensaciones (como la concesión de Logroño al Príncipe de Asturias, que dejará el castillo en manos de Pacheco, y la de Peñafiel para Girón).

Por un breve momento estuvieron a punto de lograr otro nuevo destierro de don Álvaro, ahora impopular, y el control absoluto del monarca, pero el inmediato ataque aragonés permitió rehacerse al condestable, hombre insustituible en momentos tan críticos.

De entonces adelante, el de Luna y el príncipe, sin confianza ninguna, se verán obligados a atender la defensa del reino cada uno por su lado, sin más causa común que la de defenderse de los mismos contrarios, con los que cada uno negociaba sin contar con el otro. Mientras tanto, Pacheco y Girón continuaban comprando lealtades a costa de las rentas y tierras de realengo: el primero de agosto de 1448, en El Paular, él y su protector garantizaban la concordia firmada por don Pedro Girón y el comendador mayor de Calatrava, y unos días después, éste recibiría del monarca otros dos centenares de vasallos63. Obviamente, ganaba el maestre Girón, que ta- paba la boca con sus dádivas a uno de los hombres que podían complicarle el maestrazgo, y perdía la Corona. Todo para lograr el necesario apoyo de aquellos intrigantes, que sin embargo estaban en contacto secreto con el rey de Navarra y sus secuaces (el príncipe llegó a prometerle Murcia y su reino a cambio de su ayuda64).

Con los buenos oficios de mosén Diego Fajardo, don Rodrigo Manrique y Alonso Fajardo habían concertado una nueva alianza con el rey de Na- varra para mutua defensa frente al Condestable, al marqués de Villena y a don Pedro Fajardo, a los que se acusaba de tener humillada a la nobleza y de tiranizar a la ciudad de Murcia65. Y aún era peor: los difíciles tratos em-

pe los gobernarían a su querer”. (Crónica de Juan II, p. 656. Suárez Fernández, Nobleza y monarquía... p. 125).

63. Col. Salazar y Castro, M- 51, Fols. 194-194 v, 195-196, 196-198, 198-200, 200- 202.

64. Zurita, Anales... XV-XVI.

65. J. Torres Fontes, Don Pedro Fajardo... p. 37. Zurita, Anales... XV-LIV.

prendidos con Alfonso el Magnánimo para que no prestara cobertura a un nuevo proyecto de invasión de su hermano se vinieron abajo: el mismo Al- fonso V se adhería desde Civita Vechia a los primos Fajardo y a Manrique el 15 de octubre de 1448. El navarro atacó, diciendo proteger a la ciudad de Murcia (que le había pedido su socorro contra el adelantado), y de paso aceptó la protección de Cuenca, que le habían ofrecido Diego Hurtado y su hijo, a cambio de su ayuda para recuperar Salmerón y Valdeolivas. Dudaba si empezar por Cuenca o por Murcia, pero se decidió por la primera opción y otorgó garantía los Mendoza de que, si fracasaban y perdían sus tierras, les recompensaría en Aragón con Alcolea de Cinca. Hecho esto, atacó por todas las fronteras, sin atender mensajes del príncipe de Asturias en que le requería a trabar otra alianza contra el condestable. Al tiempo, los Fajardo en tierras de Socovos, y Manrique en Segura, hacen guerra también contra don Álvaro, facilitando así las algaras de tropas granadinas contra tierras del príncipe y el marqués de Villena.

El príncipe y Pacheco hubieron de pechar con su parte en la guerra: desde fines de 1448 moros y manriqueños saqueaban aldeas de Alcaraz y el término de Hellín, donde 150 jinetes granadinos provocaron un grave descalabro venciendo Alonso Téllez Girón “el Mozo”, que salía a cortarles el paso por el puente de Isso y sólo consiguió perder 200 peones y muchos caballeros y dejar indefensa la frontera de Murcia66. El desastre de Hellín –o de Los Calderones, por el nombre del campo de batalla- hizo cundir el pánico en todo el marquesado en los días finales de 1448 y principios del año que siguió67. Las fuentes musulmanas se hacen eco de esta situación, aunque sitúan los hechos, y la misma batalla, más “cerca de Chinchilla”, quizá por ser ciudad mucho más conocida68. Lo cierto es que a comienzos de 1449

66. La Crónica de Juan II del Halconero Pedro Carrillo de Huete (Ed. Carriazo, Madrid, 1946, p. 628) narra esta batalla en términos bastante semejantes a los que relataba, más de un siglo después, La relación de Hellín a Felipe II, aunque el protagonista, Alonso Téllez, desaparezca en ésta y sea sustituido por un desconocido, un tal Holguín, natural de Truji- llo, capitán de cien lanzas a caballo. Alguna otra versión, sin ningún fundamento, dice que el derrotado fue Fernando de Castro, mariscal de Castilla.

67. Véanse nuestros libros Chinchilla medieval, pp. 259-260 y Hellín medieval, p. 107.

68. “Como supiese el rey Aben Ozmin que los reyes de Aragón y Navarra estaban des- avenidos con el rey de Castilla, les envió sus cartas y con mensajeros muchos ricos pre- sentes, paños de oro, armas y caballos enjaezados, y concertó con ellos alianza contra el rey de Castilla, y que mientras los de Aragón y Navarra le hacían guerra por sus fronteras Puente de Isso

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