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Relaciones comunitarias y el habitus de ser padrote

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CAPÍTULO 4. TRATA DE MUJERES PARA PROSTITUCIÓN FORZADA EN EL ESTADO DE TLAXCALA

4.4 Cuna de padrotes

4.4.1 Relaciones comunitarias y el habitus de ser padrote

Sin falta, el 26 de septiembre de cada año tiene lugar la festividad patronal en honor de San Miguel Arcángel en la cabecera municipal de Tenancingo. Lo que según dicho por los pobladores, es la celebración más grande de la comunidad, seguida del Carnaval de los charros en tiempo de cuaresma. Cabe destacar que no se trata de cualquier festejo, puesto que vienen familiares lejanos de diferentes parte: “(…) vienen de Nueva York y otras tantas partes de los Estados Unidos, de Guadalajara, Guanajuato, de Tijuana, de muchos lugares donde están trabajando, viene para la fiesta” (Rigoberta, trabajo de campo 2017). Varias mujeres esperan con ansias la llegada de sus hijos o maridos para los festejo, pues serán los padrinos de la fiesta e incluso aseveran el haber hecho buenas limosnas al sacerdote de la iglesia de San Miguel Arcángel para las reparaciones del recinto religioso y la celebración.

Dicen que es la cuna de los tratantes, los hombres más buscadas en Estados Unidos son padrotes tlaxcaltecas, el problema estaba localizado en el municipio de Tenancingo, desafortunadamente no solo es ese municipio, hay muchos municipios del sur donde los papás van educando a los niños desde muy pequeños para que ellos sigan el “oficio” que ellos llaman para tener muchas casas, mucho dinero, muchas mujeres y muchos carros. Ellos se convierten como los buenos de las comunidades, tienen favores en las fiestas, hay a quienes muchas veces se les buscan para ser padrinos, para que le den un regalo bueno a los niños, hay municipios en los que también a sus mujeres las explotan y hay municipios en los que tienen como principio que con la familia no se meten (García, María Guadalupe, Centro Fray Julián Garcés:

2018).

Por otro lado, tenemos la opinión de aquellas personas que desaprueban la manera en cómo obtienen el dinero y que se refieren a los padrotes y sus familias de manera peyorativa, como los malos del pueblo. Tal como se nota en el testimonio de algunos de sus habitantes:

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En esos días es mejor quedarme en mi casa porque vienen esos hombres que explotan a las mujeres y son muy prepotentes. Ellos se sienten los amos y dueños de Tenancingo porque apadrinan la fiesta, hasta le dan dinero al sacerdote para que le haga sus arreglos al templo (Karla, trabajo de campo 2017).

Además:

(…) y es que aquí los que tienen el dinero son los padrotes. Ya nada es como antes, en la feria casi siempre hay muertos porque ya borrachos se agarran a balazos por pleitos de mujeres (Joaquín, 86 años, trabajo de campo 2017).

Acá donde vivo hay vecinos que se dedican a prostituir mujeres en contra de su voluntad. Hace poco oí los gritos de una mujer que pedía auxilio. Brinqué la cama, de donde estaba medio dormido, y salí a la puerta para ver si podía ayudarla.

Ahora me arrepiento mucho de haber salido porque el “vecino” la pateaba y cuando me vio la metió a su casa jalándola de los cabellos. Tengo impotencia de no haber podido haber hecho nada por ella, ahora tengo miedo, por ella, por mí y por mi familia, porque si hubiera llamado a la policía él sabría que fui yo y la iba agarrar contra nosotros (Faustino, trabajo de campo 2017).

Por esto y con base en la revisión bibliográfica y las entrevistas realizadas, llama la atención que la mayoría de las referencias indiquen que los padrotes enganchan sobre todo a mujeres de otros municipios de Tlaxcala o de otras partes de la República Mexicana. Esto nos hace inferir que además del miedo que infunden en la población, pudiese haber a nivel comunitario ciertos “códigos implícitos” de manera que quienes no se dedican al negocio de la trata y prostitución de mujeres no denunciarán a quienes si lo hacen en tanto no se metan con las mujeres de la localidad. De la misma manera, las familias que no están de acuerdo con el proceder de los tratantes toman precauciones y evitan que sus hijos e hijas se involucren en tales actividades.

De acuerdo con Romano Garrido (2011), muchas veces la población expresa que el padrote no toca a las mujeres de la comunidad, que solamente busca enganchar a quienes viven fuera de Tlaxcala para llevarlas y forzarlas a trabajar. Sin embargo, al interior de algunas familias, con la naturalización y aceptación de esta práctica, las niñas de la comunidad, de 12 ó 13 años de edad, comentan en sus pláticas a quien les gustaría como padrote para trabajar con él, y evidentemente los jóvenes de esa misma edad desean convertirse en padrotes. Por ende, la práctica de la trata se naturaliza y se reproduce de una forma mecánica.

Con lo anterior, es evidente que hay códigos que se apartan un poco de lo dicho en relación a la dinámica comunitaria, ya que la tolerancia y el silencio de la población se debe también

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y como ya se mostró, a los intereses y beneficios económicos que la comunidad puede percibir a partir del negocio de los padrotes. De esta manera, aunque con pocos elementos, se podría afirmar que parte de la población de Tenancingo tolera y no denuncia la situación de trata, por las posibilidades de paliar un poco la precaria situación económica que padece la región. Por ende, la figura del padrote dentro de las comunidades y en particular en ésta ha adquirido un estatus relevante al concentrar varios tipos de poder, en otras palabras, el poder económico, el respeto social, miedo, el enganche y la prostitución de mujeres.

Y es que para el caso de las comunidades del sur de Tlaxcala los padrotes son esenciales no solamente por ofertar mercancías en el mercado de mujeres, sino también por la construcción de “mercancías sexuales”, si así se les puede llamar. En otras palabras, el cosificar y mercantilizar el cuerpo de las mujeres tiene por objetivo la sumisión del sexo para saciar los deseos carnales de los consumidores. En este contexto local, este grupo de varones llamados padrotes han hecho de la apropiación y explotación sexual del cuerpo de las mujeres la base de su poder, como enseguida se cita:

(…) vi a muchos hombres de mi época hacer dinero sin trabajar. Varios se fueron al Distrito Federal y regresaron con coches de lujo y muy bien vestidos. Ellos trajeron el mal ejemplo a Tenancingo y cada vez vamos de mal en peor porque cada vez más niños quieren ser padrotes. Aquí el único valor es el del poder y el dinero. Aquí las mujeres sólo valen por su cuerpo (Faustino, trabajo de campo 2017).

En términos de Bourdieu (1990) se puede hablar del oficio del padrote como un ethos, que según el autor “(…) es un conjunto objetivamente sistemático de disposiciones con dimensión ética, de principios prácticos (la ética es un sistema intencionalmente coherente de principios explícitos) (…) la fuerza del ethos está en que es una moral hecha hexis, gesto, postura” (Ibídem: 154). Así y continuando con su propuesta “(…) la noción de habitus engloba la de ethos (…), los principios prácticos de clasificación que son constitutivos del habitus son indisociablemente lógicos, axiológicos, teóricos y prácticos (en cuanto decimos blanco y negro estamos diciendo bien o mal). Al estar dirigida hacia la práctica, la lógica práctica implica valores, es algo inevitable” (Ibídem: 154).

Por ende, el ethos que es el padrotismo en la región queda englobado por la noción de habitus, que representa “el conjunto de esquemas generativos a partir de los cuales los sujetos perciben el mundo y actúan en él. Estos esquemas generativos son socialmente estructurados

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porque han sido conformados a lo largo de la historia de cada agente y suponen la incorporación de la estructura social yd el campo concreto de relaciones sociales en el que el agente social se ha conformado como tal” (Ibídem: 155).

Por lo que, el “ser padrote” en las comunidades de Tlaxcala es entendido como un conjunto de “disposiciones” o “esquemas de obrar, pensar y sentir asociados a la posición social” en el que además se agregarían las relaciones asimétricas de poder entre los géneros y la imposición de una masculinidad hegemónica que en palabras de Raewyn Connell (2015) “es aquella que legítima el patriarcado y segura la dominación de los hombres y la subordinación de las mujeres. Prescribe la heterosexualidad forzada como constituyente de la identidad de género y de la práctica en función del género y posee el monopolio de la violencia” (pág. 75).

Además, la autora sostiene que la masculinidad se reproduce gracias al trabajo de socialización, sobre todo en la familia y en la escuela, en otras palabras, “la masculinidad es transmitida del padre al hijo y del hermano mayor al hermano menor”, en esta dirección, el ser padrote es un proceso que se aprende con la socialización, no en vano la explotación sexual en la región no se reconoce como una actividad aislada, sino como un negocio donde hombres jóvenes y niños aspiran a convertirse en padrotes cuando sean mayores.

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